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DESDE CIAÑO HASTA LA CURUXONA
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Puntos de referencia: Apeadero de Ciaño – carretera – paso a nivel – Barrio El Pontico – caleya ascendente – Las Piezas – carretera a Ronderina – Ronderina y salida por camino de tierra – enlace con carretera y llegada a Pajomal – mojón kilométrico y camino a la derecha – camino de tierra y enlace con carretera – Cuetos - Mayau Solís – torre metálica y antena – bifurcación y pista a la izquierda – pared rocosa – campa – excavaciones – lagunas – pista en subida – pico y antena de referencia – camino pendiente – tapia con cupresos – La Rina – carretera – La Camperona – El Plano – ermita y camino a la derecha – inicio de la Ruta del Carbón – sendero en descenso por bosque – casa de color azulete – enlace con carretera – apeadero de La Curuxona.
Salimos del apeadero de FEVE en Ciaño y, sin cruzar la pasarela, bajamos a la carretera antigua para caminar hacia la derecha, entre la autopista y la vía del tren. Llegamos a un paso a nivel que veremos a la derecha de la carretera que llevamos y atravesamos por allí; nos encontramos con tres carreteras estrechas y caminamos por la del medio, donde vemos un letrero que dice “Barrio El Pontico”. Subimos por una caleya que discurre entre unas casas que forman el citado barrio. Pasamos "El Río”, que hace referencia seguramente a un arroyo que baja por la derecha. Es una caleya que asciende en bastante pendiente y deja pronto a la derecha los restos de un antiguo lavadero comido por la humedad y los años. Seguimos subiendo y llegamos a Las Piezas (Les Pieces). Enlazamos con una carretera más ancha y caminamos en ella hacia la derecha; subimos curveando hasta encontrar un indicador que nos manda a Ronderina. Entramos por allí, marchando ahora por una estrecha carretera-caleya, sin tráfico y muy apropiada para caminar con tranquilidad. Al poco de abandonar las últimas casas de Las Piezas, la carretera atraviesa un frondoso bosque de robles y castaños, con una hondonada a la derecha salpicada de algunos prados por donde discurre el arroyo que vimos abajo y que recibe el nombre de arroyo Valdubón, según dice, con mal aire, un paisano al que preguntamos y que, de seguro, es forastero, pues las gentes de por aquí son mucho más amables y conversadoras. Llegamos en un tranquilo paseo a Ronderina donde vemos un puñado de casas y un lavadero y fuente de 1965. Al terminarse las casas acaba esa especie de carretera por donde hemos venido y comienza un camino de tierra bien marcado, que no abandonaremos por ninguna de las salidas hacia prados o caserías de los alrededores. Como en un cuarto de hora, más o menos, enlazamos con una carretera en la que caminamos hacia la derecha. Hemos entrado en Pajomal, donde hacemos una pequeña parada al final, junto a un antiguo mojón kilométrico que tiene el número 3. Por allí sale una caleya de cemento que nos lleva a un camino de tierra con alambrada a la izquierda y seto a la derecha. Caminamos por allí hasta que este sendero entronque con una carretera; allí vamos hacia la derecha, caminando por ella un buen trecho. Unas veces subiendo, bajando otras, pero siempre curveando, nos lleva a Cuetos (unos 4 kilómetros) desde donde tenemos una magnífica avista. Hay un indicador y seguimos por la carretera, pero en la primera curva nuestro grupo se divide en dos opciones: unos quieren seguir por carretera para llegar al Mayau Solís y otros deciden entrar por un camino que nos han comentado que llevará luego al mismo sitio.
Seguimos caminando por la carretera y veremos que pronto dejamos a la derecha la desviación a Rondera y en poco más se entra en el concejo de San Martín del rey Aurelio. A unos metros del indicador del Concejo sale a la izquierda una pista de cemento larga y bastante empinada por la que subimos. Arriba, en la última curva, a la derecha hay una casa con alambrada. Subimos ligeramente unos pasos más y llegamos hasta una fila de viviendas que forman lo que se conoce como el Mayau Solís; caminamos hacia la izquierda por una pista asfaltada al principio y de tierra luego, hasta llegar a una curva que gira a la izquierda y en bajada. No caminamos por allí, pues nuestra ruta sigue de frente por un camino de tierra y en dirección a una torre metálica y una caseta blanca con antena, entre las que pasamos. Encontramos por allí las señales blanca y amarilla del PR que viene de Tuilla. Seguimos la pista hasta una bifurcación en donde se camina hacia la izquierda, para llegar a una pared rocosa con vetas de carbón y una charca en la base. Por allí sigue el camino marcado. Pasamos entre dos pequeños postes de hierro con la señal del camino en el de la izquierda y se llega a una pequeña campa que se atraviesa. Seguimos de frente por una ancha pista de las antiguas excavaciones de las minas a cielo abierto, que desciende marcada con las señales del PR. A la derecha dejamos las lagunas de la excavación y abajo a la izquierda podemos contemplar Baeres, Tuilla, y otras localidades de los alrededores. A la altura de las lagunas, a la izquierda continúa una parte de la pista por donde se llega en poco tiempo a Tuilla, pudiendo dar por terminada la caminata quienes lo deseen. Al final se da la explicación de esta bonita y más cómoda y corta bajada (*). Nosotros curveamos a la derecha, en dirección a las charcas, dejándolas abajo y a la derecha, pues la pista asciende poco a poco, perdiéndolas de vista a nuestra espalda en una de las revueltas del camino que llevamos. Tenemos ahora Tuilla a la izquierda y tomamos como referencia un pico que se ve al frente, una antena y un camino que destaca por su color y al que luego llegaremos.
Se ven señales de vez en vez pintadas en el suelo, pero a veces se pierden con el paso del tiempo por lo que habrá que llevar un poco de cuidado, hasta que encontremos un lugar en que el camino desciende un poco hacia la derecha y curveando y, viendo ya las señales de la ruta otra vez, se ensancha muy cerca ya del camino-pista bastante pendiente que veíamos como referencia. Esta última subida nos lleva hacia una pista ancha donde vemos una tapia con cupresos y una casita de piedra dentro; a la derecha distinguimos la silueta de Peñamayor. Luego llegamos a un lugar llamado La Rina, con una bonita casa de piedra a la izquierda y otras un poco más adelante. Comienza ahora una carretera asfaltada que nos lleva en muy poco a La Camperona. Hay un área recreativa con mesas y bancos para un pequeño descanso y una fuente con agua abundante. Pasamos El Plano y seguimos de frente hasta encontrar a la izquierda una pista de cemento, que baja y por la que entramos, en dirección a una ermita que dejamos a la izquierda. A unos pasos veremos un sendero que sale a la derecha, estrecho y en bajada, por el que entramos. Pasamos una fuente y una caseta de bloques prefabricados y bajamos de continuo, hasta llegar a una carretera que se atraviesa. Entramos por un camino, continuación del que traíamos; llegamos a la intersección con otra carretera y la atravesamos caminando hacia una casa de color blanco y con amarillo bordeando las ventanas, junto a la que hay un letrero que indica “Ruta del Carbón”. Esta es otra bonita ruta que ahora vamos a seguir en parte. Llevamos un sendero muy agradable de andar, que atraviesa un frondoso bosque de castaños y robles con un arroyo a la izquierda, y cuyo rumor nos acompañará hasta abajo. Dejamos a la derecha una casa de color azulete y en poco tiempo llegamos a las ruinas de un antiguo molino y a la carretera. Allí caminaremos durante unos minutos hacia la izquierda siguiendo la “Ruta del Carbón”. Pronto llegamos a unas viviendas, algunas de ladrillo y antiguas, que formaron parte de las antiguas instalaciones mineras tan abundantes en otros tiempos por toda esta zona. Dejamos la carretera para tomar una pista ancha que en unos minutos nos llevará hasta las vías del apeadero de la Curuxona; las cruzamos y allí daremos por terminada esta bonita caminata que nos habrá llevado unos dieciséis o dieciocho kilómetros de andadura.
Si los caminantes disponen de tiempo, al enlazar con la carretera junto a las ruinas del molino, pueden caminar hacia la derecha un corto trecho para visitar el “Mechero de Saús”, un curioso fenómeno donde una llama continua brota de la tierra por la combustión de los gases que se producen en galerías de antiguas explotaciones mineras. Luego habría de volverse al antiguo molino y seguir la carretera de frente hasta el apeadero de FEVE. (*) +++++++++++++++ A la derecha están las charcas y el cortado vertical; de frente se ve el pico Ceacal con la antena en su cumbre; a la izquierda tenemos una zona de restos de la mina y más abajo, Braña del Río y luego Tuilla. Dejamos las señales del PR que nos han acompañado y caminamos hacia abajo tomando como referencia lo que parece una finca cercada con una alambrada y una caseta dentro. Llegamos a ella y caminamos para rodearla llevándola siempre a la mano izquierda. Es una finca de la antigua propiedad de la mina que se ha empleado para plantaciones de arbolado. Después de algunas vueltas y revueltas, siempre en descenso, la pista se convierte en carretera que da servicio a unas casas que encontramos a la derecha. Las pasamos y llegamos a La Tornera, otro grupito de casas; al lado de una de ellas, a la derecha, sube una caleya que sube hacia La Ceacal, guiados por una señal de la PRAS 44, que vemos en el comienzo. Pero nuestro rumbo sigue con la carretera para pasar pronto una casa alargada, de piedra, que vemos a la derecha, reformada con buen gusto, de ventanas grandes y cuyos detalles resaltamos porque se lo merece, pero además porque nos sirve de punto de referencia: unos pasos más allá sale a la izquierda un camino por donde entraremos. Es un antiguo camino que los lectores de CAMINANDOPORASTURIAS pueden ver en "Tuilla y el cielo abierto", o lo habrán recorrido, pero en sentido inverso al que hacemos ahora. Este camino, empedrado y curvea para llevarnos primero a un par de casas, una de ellas con un desvaído color azulete, que forman lo que se llama "Castañeo Alto", cosa que sabemos porque así nos lo han dicho los dueños de la casa azul. Pronto llegamos a la fuente de Santa Cuda, que formaba hace no mucho tiempo, un agradable rincón, hoy muy deteriorado. Pronto llegamos a la fuente de Montellerón, dejamos las piscinas y las casas de Braña del Río y nos ponemos en la senda de "El Trole", magníficamente acondicionada para el paseo. Atravesamos el túnel que se ilumina al paso de los caminantes y nos damos de vista con Tuilla y su estación de FEVE que nos espera abajo, cerrando de esta manera un paseo de lo más agradable. |