Caminando por Tuilla

EL CIELO ABIERTO

 
 
 

Puntos de referencia:  Puente sobre el Candín – senda El Trole y túnel – La Braña – PRAS 43 – fuente de Montellerón – fuente de Santa Cuda – camino empedrado a la izquierda – dos casas –  carretera y casa con señal de la ruta – la Fuentona – bifurcación y camino de tierra – finca con alambrada y La Tornera – carretera, camino a la derecha y El Ceacal – casita baja y camino junto a una cochera – sendero estrecho y en ascenso – pico El Ceacal – carretera – minas de cielo abierto – cortadura en la roca y lagunas – caseta con antena – camino a la derecha – casería y camino de hierba – torre metálica – tapia de piedra con señales de la ruta – fuente, lavadero y carretera en Baeres de Arriba – bifurcación: Tuilla y Baeres de Abajo – molino – El Fondaque – estación de FEVE en Tuilla.

 

Llegamos a la estación de FEVE en Tuilla de donde salimos por su parte posterior; pasamos el puentecillo que salva el río Candín y subimos por una calle pendiente que nos va a llevar a las afueras.

Arriba enlazamos con una senda peatonal que viene de la izquierda, desde el llamado “Mechero de Saús” y se dirige a La Braña; esta ruta, puesta en servicio recientemente numerada como PR AS218, lleva por nombre “Senda de El Trole”. Mirando hacia la derecha vemos a unos metros la entrada a un túnel, que conocerán quienes siguen estas rutas y del que hablamos en la ruta llamada  “Desde Valdesoto a La Moral”. Ha de actualizarse lo indicado allí sobre el paso y la iluminación del túnel, ya que ahora la técnica y la modernidad hacen que se ilumine automáticamente al paso de los caminantes. Siguiendo esta cómoda ruta llegamos a La Braña, donde termina junto al parque, pudiendo contemplar en  un cartel sus características. Allí mismo vemos un indicador de otra ruta, la PRAS43 que nos manda a El Ceacal y que vamos a seguir.

Tomamos un camino de cemento que, en ligero ascenso, se mete  entre las casas de La Braña; pronto comienza una pista de tierra, ancha, llana y de muy buen caminar que atraviesa un bosque y se alarga con el arroyo de La Braña que baja a la derecha. En poco tiempo nos ponemos en la fuente de Montellerón y seguimos  un camino agradable de andar y que un poco más adelante comienza ligeramente a subir; está bien marcado y no tiene pérdida. Este camino conserva restos de piedra bien colocada en el firme lo que indica la importancia que tuvo en tiempos para los trajines de las gentes de estos alrededores. Pronto alcanzamos otra fuente con abrevadero en la que el paso del tiempo ha desgastado la inscripción que tenía, permitiéndonos entender una inscripción algo así como “Riva …”. Matas de azafrán silvestre colorean de violeta los claros del bosque y, en algunos trozos, los bordes del camino. Sin darnos casi cuenta nos ponemos en la fuente de Santa Cuda, un agradable rincón que ha vivido momentos mejores.  A la izquierda de la fuente sube un estrecho camino empedrado, con piedras resbaladizas por la humedad del lugar. Entramos por él y caminando por entre el bosque y adquiriendo altura poco a poco llegamos a un llano, conocido como “Castañeo Alto”; allí vemos un par de casas medio abandonadas, una de ellas pintada en la parte superior de azulete y seguimos nuestro ascenso por el agradable camino casi todo él tapizado de erizos que los castaños dejan caer en las fechas en que realizamos esta caminata. Un poco más arriba, el sendero entronca con la carretera y desde allí podemos ver a la derecha las alturas donde se excavaron las minas a cielo abierto y por donde pasaremos más tarde.

Fuente de Montellerón

A la izquierda de la fuente de Santa Cuda, donde se formaba un agradable rincón, sigue el camino.

Caminamos hacia la derecha pasando una casa de piedra a unos metros; en pocos minutos nos ponemos junto a otra casa, también de piedra, que vemos a nuestra izquierda, un poco elevada de la carretera, y con un gallinero de alambrada en la esquina. Allí sale un camino con un letrero de la ruta que nos invita a seguir por allí a El Ceacal. Entramos por la pista de cemento y en unos momentos nos ponemos en la Fuentona, aumentativo de una fuente y lavadero, del año 1925 y “reformada por Miguel en el 91”, según dice en un cartel. ¡Bien por este desconocido Miguel!

Seguimos hacia la izquierda sin abandonar las señales, hasta llegar a una bifurcación. De frente el camino de cemento se dirige hacia unas casas, pero nosotros entramos por la derecha tomando un camino de tierra en ligero ascenso; luego el camino llanea, deja a la derecha la entrada a un par de casas y a nosotros nos permite caminar agradablemente, contemplando el paisaje que ahora se abre a la izquierda y la explosión de setas que las lluvias de estos días y la buena temperatura han traído. Dejamos una casa de piedra, encalada y con las ventanas y las puertas de color verde, mientras el camino se estrecha cada vez más, se hace más pendiente, con ribazo a los dos lados y atraviesa un monte de castaños con algunos prados que con el paso del tiempo se van asilvestrando.

Poco a poco estamos a la altura de una finca con muro de cemento en la base y alambrada arriba; a la izquierda sale un estrecho camino, con suelo de piedra, muy bien enlosado y con una señal que indica que por allí se baja a Tuilla. Nuestro camino sigue ascendiendo por un camino ancho y bien empedrado que nos mete en La Tornera. Pasamos por entre sus casas para llegar a una carretera donde caminamos hacia la izquierda, en dirección a unas viviendas que vemos cerca y un poco en alto. En un par de minutos veremos un camino que sale a la derecha, con una señal de la ruta nos invita a seguir por allí. A pocos pasos, a la derecha se deja una fuente con lavadero y luego, las primeras casas de El Ceacal, lugar al que acabamos de llegar. Al final, frente a una casita baja que hay a la derecha, se toma un camino que gira radicalmente a la izquierda, junto a las puertas de chapa de una cochera. El camino está bien señalizado con las señales blanco-amarillas de la ruta, pero hay que llevar un poco de atención en este lugar, renunciando a seguir la tentadora pista que aquí mismo sigue al frente. Quedamos El Ceacal a la izquierda mientras ascendemos por un camino de cemento que termina frente a la entrada de una finca; allí continúa a la derecha convertido en un sendero estrecho y pendiente por el que entramos. Es otro de los antiguos caminos cuya memoria queremos conservar siempre que se pueda, empedrado como se aprecia en los restos, pero ahora utilizado sólo por algunos despistados como nosotros y los pocos animales que los habitantes de estos contornos bajan y suben de cuando en cuando a los pastos. Se estrecha el camino y se abre a la izquierda en una vista muy luminosa y amplia, pues estamos llegando a la altura del pico El Ceacal. Poco a poco van desapareciendo los castaños y con ellos el bosque mientras se mantienen algunos robles; aparecen de repente los helechos que invaden los alrededores y casi hacen desaparecer el camino, alcanzando una altura que casi superan a los caminantes. Vemos al frente las antenas del pico El Ceacal y entramos a la pista que lo bordea, dejándolo a nuestra derecha. Ahora la vista se hace todavía más amplia, desde otro ángulo que nos permite ver de frente la silueta de Peñamayor. Pasamos un campera que dejamos a la derecha y entramos en una carretera que nos es bastante conocida pues son varias las rutas que hemos traído por aquí.

Para los lectores que conocen los recorridos de CAMINANDO POR ASTURIAS, les recordamos la ruta “De Ciaño a La Curuxona”, pues durante unos kilómetros vamos a recorrerla en sentido contrario al que se describe allí.

Por la izquierda, la carretera va a hacia La Camperona, y por la derecha, que es hacia donde caminamos, la carretera nos llevará hasta las minas a cielo abierto, luego a las charcas y más allá hasta el Mayáu Solís. Pasamos esa casa de piedra hermosamente reformada que siempre nos llama la atención a nuestro paso, y entramos en la pista de tierra que no vamos a dejar en bastantes kilómetros. Siguiendo las señales de la ruta, que aparecen repetidamente y que no nos van a dejar perder, aunque sea la primera vez que la recorremos, alcanzamos  las explanadas de las minas a cielo abierto. Allí, los que lo deseen pueden bajar a Tuilla y cerrar así el circuito, dando por terminada la caminata. Puede bajarse por cualquiera de las pistas que se aprecian muy bien desde aquí arriba.

El camino sigue a la izquierda de la Fuentona
Joven ejemplar de amanita muscaria que destaca en el camino

Nuestro camino continúa de frente buscando esa cortadura significativa y las charcas que se encuentran junto a ella. Un poco de camino y nos encontramos junto a ellas, las sobrepasamos y dejamos luego a nuestra espalda, buscando el Mayáu Solís. Caminando que te caminas, después de vueltas y revueltas, siempre por buenas pistas, nos vamos acercando a él. Antes de llegar vemos a la derecha una caseta con una antena; la rebasamos y entramos por un camino que sale a la derecha, marcado con la señal blanca y amarilla que nos viene guiando.

[Una pequeña advertencia; Hemos subido, según nos dice el compañero que todo lo mide y todo lo apunta, más de 400 metros de desnivel  y que ahora hemos de bajar. El camino que llevaremos presenta algunos tramos de buena pendiente en bajada, atraviesa un bosque frondoso y húmedo y en días de lluvia puede embarrarse. Estas cosas que no presentan ningún inconveniente para los caminantes acostumbrados a estos caminos, pudiera incomodar algo a otros, por lo que se aconseja a éstos llegarse hasta el Mayáu Solís y bajar por la pista de cemento que allí sale a la derecha, siguiendo a la inversa el camino que se describe en la citada ruta de “Ciaño a La Curuxona”]

Seguimos nosotros por la entrada marcada con las señales, dejando unos pinos de buen porte y una casa de labor a la entrada; veremos luego  una casería a la izquierda y donde parece que termina el camino. Pero no es así pues continúa de frente por un camino de hierba que se dirige hacia una torre metálica en la que vemos una señal de la ruta. Estamos atravesando un bosque muy frondoso de castaños y alguna mata de robles; la pista se extiende siempre  en un descenso y muy acusado en algunos lugares, como ya se ha indicado. No se deja la pista principal por ninguna de las salidas que encontremos. Pasaremos una intersección donde vemos dos caminos hacia la derecha que no seguimos, continuando con el nuestro de más anchura, que sigue hacia la izquierda; pasamos luego un regato y una pasadera que atraviesan el camino; alcanzamos, más abajo, una tapia de piedra que vemos a la izquierda con señales de la ruta, y un camino que se incorpora al nuestro por atrás, desde unas casas que medio se entrevén; seguimos de frente y enlazamos con una carretera, justamente al lado de una fuente y lavadero. Hemos llegado a Baeres de Arriba y caminamos hacia la derecha por la carretera, poniéndonos, en menos de lo que se cuenta, en una intersección.

[Una opción más: La carretera continúa al frente, en dirección a La Moral, adonde se llega en un kilómetro; luego se atraviesan las vías, se pasa el molino de Luisa, el puente de madera y el centro social de la Alegría, para llegarse a Tuilla]

Estamos a la mitad de nuestra caminata y podemos contemplar lo que hemos recorrido y adivinar lo que nos queda.

Nosotros entramos hacia la derecha para llegar en unos momentos a Baeres de Abajo. En la primera casa de la izquierda, sale un camino que desciende y seguimos por él; un poco más adelante se convierte en una estrecha carretera que da servicio a fincas y casas de campo y, sin dejarla, llegamos al molino de El Rozao, que conocemos de la ruta “De Valdesoto a La Moral” y que se aconseja volver a darle una lectura. Por allí podríamos entrar por la pasadera y el prado por donde bajamos en esa ruta, para llegar al túnel y entrar en Tuilla. Pero el compañero que tiene empeño en contar los kilómetros de la ruta oficialmente marcada, es muy puntilloso y nos hace seguir de frente por la antigua pista hoy asfaltada; pasamos el puente, nos metemos por entre las casas de El Fondaque; pasamos la vías y caminando hacia la derecha, por la acera de la carretera, nos ponemos en Tuilla en poco tiempo. Allí tomaremos el tren de FEVE para dirigirnos cada uno a su origen, después de haber recorrido esta hermosa ruta que ha hemos pasado tantas veces y que nos prometemos volver a recorrer de nuevo.

Añadido: nuestro compañero, el que todo lo mide con sus aparatos, tiene un mosqueo de campeonato, pues su “cuentaloquesea” le marca doce kilómetros. No hagan caso; esta ruta anda entre diecisiete kilómetros o así, y si es más o menos, ¡qué importa, con lo guapa que es!

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