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Desde Tudela de Veguín a Mieres Cemento, chimeneas, minas y antenas | |||||||||||||||
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Comenzamos la ruta en la estación que RENFE tiene en Tudela de Veguín; al salir de ella caminamos hacia la derecha por una carretera paralela a las vías, que, un poco más adelante, las atraviesa y nosotros con ella. Por allí vemos la señal blanca y roja del sendero de gran recorrido GR 105.1, "ruta de las peregrinaciones" que lleva desde Mieres a Covadonga y que nos acompañarán en una gran parte del camino. Dejamos las instalaciones de la cementera, pasamos un puente y caminamos hacia la izquierda. Vemos por allí un antiguo “potro de herrar” y al dejar las últimas casas, tomamos la carretera en ascenso, caminando desde aquí con el arroyo de Fuentes Calientes que irá con nosotros a una mano o a la otra según lo haya encauzado la pendiente del camino. Un poco más de caminar y veremos los restos de un molino, una plantación de kivis y una torre de conducción eléctrica donde leemos en su placa: “CT El Valle”, por lo que sabemos que estamos ya en El Valle. A la derecha comenzamos a ver las escombreras y las primeras instalaciones de la vieja mina, hoy sin producción, llamada, también, mina “El Valle”, y ahora no hay que explicar por qué. Luego pasamos un cartel que indica "a Las Quintanas", pero al que no hacemos caso, pues seguimos con el camino que traíamos. Pronto veremos a la derecha, medio escondida por el arbolado y la maleza, una chimenea de buen tamaño, así como restos de otras destartaladas instalaciones de la mina. Sigue ascendiendo la pista y nos ponemos en una bifurcación interesante: hacia la derecha continúa la pista principal, llaneando, pero nuestro camino sigue a la izquierda, por otra pista algo más estrecha y en ascenso, a la que da paso un cartel que dice “zona de seguridad”; se trata de una zona vallada con alambre, y que a una mano y a la otra, nos acotará el camino hasta coronar la cumbre. Pasamos el paredón de un cargadero de mineral y por allí nos fijamos que el suelo de la pista está formado de cantos rodados que tienen un buen tamaño, cantos que también se aprecian en el ribazo de la izquierda. Dejamos otro desvío, mientras el bosque de castaños y robles acompaña a la pista siempre en ascenso. En un recodo, vemos una bifurcación que sale hacia la derecha y que no seguimos, continuando nuestro camino al frente; a unos pasos dejamos una desviación que marcha a la izquierda, pero nosotros nos revolvemos con la pista a la derecha y en ascenso, en algunos momentos bastante fatigoso, si tenemos en cuenta que la subida nos trae casi desde las instalaciones de la cementera.
Encontraremos varios puntos con salidas de la pista que no debemos seguir, ni marear a los lectores con tantos desvíos que no se siguen; baste con decir que tenemos que caminar siempre en subida y hacia unas matas de pinos que se ven a la derecha. En un rato de caminar, nos encontramos casi arriba; a la derecha y al fondo vemos lasa canteras de la cementera, mientras pasamos una hilera de pinos de buen tamaño que nos llevan a una pequeña subida con la que coronamos, ¡ya era hora!, nuestra subida. Desde allí tenemos una hermosa vista; hacia atrás contemplamos una buena parte de Langreo, desde Villa a la izquierda, la Felguera, la central de Lada… Un poco más a la izquierda se distinguen las canteras y Tudela de Veguín; a nuestra derecha en el sentido de la marcha, se ve Oviedo, el Naranco y un poco más hacia su izquierda se ve humear la central de Soto de Ribera. Al frente de nuestro camino se distinguen dos casetas de telecomunicaciones con sus antenas por donde pasaremos en poco tiempo.
Ahora distinguimos perfectamente el pico Escobín al que sube la pista y nosotros con ella. La subida es pendiente y costosa, pero desde arriba hay una hermosa vista; una señal geodésica y una placa en la que se puede leer: “Pico Escobín o Picayo, 714 metros”. La bajada es pendiente y nos dirigimos hacia unas antenas que vemos desde hace un buen rato y que nos sirven de referencia. Llegamos a la campa de El Trave; dejamos a la izquierda la entrada a un sendero señalizado llamado “La ruta del mercurio” y continuamos de frente, caminando por la cresta que nos deja muy buenas vistas a las dos manos; a la derecha se nos abre el valle de San Frechoso, bonita caminata que pueden ver los que pinchen en el caminante.
Continuamos bajando por la pista que nos llevaría, si la siguiéramos, a La Rebollada, luego a La Peña y de allí a Mieres. Pero nuestra intención es dejar pronto esta pista ancha y en descenso, a veces bastante acusado. Por eso, en curva que se revuelve hacia la derecha, vemos que hacia la mano izquierda sale una pista más estrecha y llana por la que entramos. No tiene señales que indiquen que la ruta sigue por allí, pero pronto vemos una medio borrada en el tronco de un árbol, lo que nos confirma que caminamos con acierto. Al poco veremos la chimenea cuadrada del respiradero de la mina del Torronal, que nos puede servir de orientación, pues pasaremos a su lado dentro de unos minutos; aprovechamos para contemplarla, así como los restos del viejo y destartalado extractor que se encuentra cerca de ella.
Bajamos por un sendero a veces pendiente y llegamos a un punto en el que confluyen varios caminos. El nuestro sigue a la izquierda girando bruscamente y en descenso. Unos metros más, y el arbolado se abre a la derecha, permitiéndonos ver prados bien cuidados. Podíamos seguir por la pista, ahora de cemento, en ligera bajada y luego en ligero ascenso también; pero sabemos de un sendero que sale a la izquierda, medio disimulado entre la maleza, y se mete en el monte, corriendo paralelo al camino de cemento. En poco, vuelve a enlazar con el camino de cemento que traíamos y en ese punto nos dirigimos hacia la izquierda, llegando pronto a un eucalipto de muy buen tamaño, a las ruinas de unas casas de piedra y, un poco más adelante, a unas casitas muy bien situadas.
Caminamos ahora por un estrecho sendero, con el valle y la carretera de San Tirso abajo; llegamos pronto a una vieja fuente con lavadero y abrevadero entre un castañedo de árboles de buen porte. Luego enlazamos, al lado de una casa, con una pista en descenso en la que si vamos con cuidado veremos a la izquierda una entrada o respiradero que lleva a la chimenea que vimos arriba. Un poco más adelante enlazamos con otra pista que nos baja a un lugar donde varios carteles indican direcciones de la ruta y caminamos hacia la derecha. Nos metemos entre las casas que forman el barrio de Alperi; sin casi darnos cuenta hemos llegado a La Peña y nos dirigimos a Mieres. Pasamos el lavadero de carbón de El Batán y buscamos la estación de RENFE, donde daremos por terminada esta caminata, que puede tener unos dieciocho kilómetros, o algo así.
Opción de bajada a Mieres por la pista:
Comenzamos el camino de bajada por una pista ancha y con descenso pendiente en algunos tramos; pasamos una casa de piedra en ruinas con sillares en las esquinas y en una de ellas, la señal de la ruta. Estamos atravesando un bosque de robles y castaños, siempre en bajada. Vemos a la izquierda la chimenea de lo que se llamó El Terronal, donde hubo unos hornos de mercurio. Se llega a un caserío de piedra, bien construido, con mirador forrado de madera y acristalado, que dejamos a nuestra mano derecha y en poco tiempo enlazamos con la carretera que, hacia la izquierda, nos lleva a La Rebollada. En el entronque hay un cartel con la ruta que hemos encontrado y que se llama “Ruta de las Peregrinaciones Mieres Covadonga” . Entramos en La Rebollada donde hay una fuente junto a la parada del autobús; seguimos adelante dejando a la izquierda la iglesia y entrar en La Peña. Luego dejaremos atrás el lavadero Batán, de Hunosa y seguimos hacia la estación de RENFE.
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