PEREGRINOS AL BORDE DE LA MAR

de Ribadesella a Colunga

 
 
 

Puntos de referencia: Puente de Ribadesella; rotonda con barco; Abeo; playa de Vega; arroyo del Acebo; Berbes; casa de piedra y ruedas de carro; carretera y arroyo; señal a la derecha entrando en el concejo de Caravia; sendero estrecho; arenal de Moris; camino con quitamiedos de troncos; rústico puentecillo; costa a la derecha; La Espasa; parada de ALSA;  puente; finca de Entreplantas; eucalipto grande; stop; casa de color azulete; arroyo y puentecillo; palacio de Bueño; curva y torre eléctrica, Covián; Ferrero, Colunga (Señales: mojones con la concha de peregrinos o flechas amarillas)

 

Desde Ribadesella hasta el arenal de Morris

Los caminantes, metidos hoy a peregrinos, hemos llegado en FEVE  a Ribadesella. Bajamos desde la estación hasta el puente, lo cruzamos y caminamos hacia la derecha en la salida para avanzar por el paseo de la playa. Caminamos un buen rato contemplando la mar y esta maravillosa playa. No le faltan ganas a los peregrinos de cambiar hoy la caminata por un día de playa, pero lo convenido ha de cumplirse y cuando termina el paseo junto a la playa, llegamos a una rotonda en la que hay un barco varado en el centro, como adorno y recuerdo del lugar marinero que acabamos de abandonar. A la derecha, una señal manda a Tereñes, y otra de frente nos invita a caminar hacia a San Pedro, guiados por un mojón del Camino, invitación que aceptamos entrando por allí.

... hasta Colunga

Llegamos a San Pedro en unos cuatro kilómetros, por una carretera muy agradable de andar y sin tráfico alguno que interrumpa nuestro paseo. El pueblo, según se lee en un cartel, es San Pedro de Llama, del concejo de Ribadesella. Hay unas bonitas casas muy bien arregladas y unas gentes muy amables que dan charla a los caminantes. La última casa a la izquierda, de una planta, mantiene un escudo sobre la entrada. Seguimos caminando y en poco  llegamos a una carretera estrecha que sale a la izquierda hacia Abeo; animamos a los caminantes a que se lleguen a este casi desconocido lugar.

Volvemos al punto en que dejamos el camino para visitar Abeo y tomamos un camino de cemento que tiene a la entrada un mojón del Camino. Pronto se convierte en una pista de tierra, ancha y muy agradable de caminar, con hermosas vistas como las que hemos traído desde bastante atrás. Aunque se lleva un buen trecho desde la salida, el camino no ha presentado dificultades y además invita a ligeras paradas para empaparse del paisaje que estamos atravesando.  Nuestra ruta desemboca en una carretera asfaltada y caminamos hacia la derecha; al otro lado se divisan unas enormes canteras.

Fachada de Ribadesella

Barco en seco

Un poco más adelante, y desde un alto, comienza a verse la mar, y el camino se convierte ahora en una pista de cemento con una faja de cantos rodados  por el centro, muy coqueta y arreglada, que baja dando vista a las casas y a la playa de Vega, que ofrecemos en la fotografía y en donde entramos a lo largo de una calle que desciende y atraviesa este hermoso lugar. 

Al llegar abajo, dejamos a la izquierda una capilla. En la confluencia con la carretera se camina hacia la derecha y un poco más adelante se pasa un puentecillo sobre el arroyo del Acebo. El lugar invita a hacer un descanso; por propia experiencia se aconseja que no sea muy prolongado, pues lo agradable del lugar puede animar a los peregrinos a visitar alguna de las casas de comidas y dar aquí por terminada la caminata, volviendo después de la sobremesa por el lugar que se ha venido y tomar el tren de FEVE. Esta opción sí que es recomendable para las personas que sólo quieran darse un paseo o "no estén de andar".

Los caminantes, hoy metidos peregrinos, seguimos nuestro camino dejando la playa y caminando por una senda con cerca de troncos a nuestra mano derecha; luego un mojón nos indica que abandonemos la pista que traemos para tomar un camino a la izquierda con el suelo empedrado de rebollos. No olviden los peregrinos que si aumentan los montones de piedras colocados sobre los mojones se le concederán "las mercedes convenientes al anima y las necesarias para el cuerpo". Al llegar a una intersección, se ve en el vértice otro mojón que manda ahora ir a la derecha, entrando en un camino de hierba con alambrada y ribazo a ambos lados y muy agradable de caminar. En este sendero, con la playa abierta a la derecha y un azul impresionante, debemos llevar recorridos entre ocho o nueve kilómetros.

Luego el sendero se ensancha y se convierte en una pista ancha hacia la izquierda y en ligera subida. Arriba caminamos hacia la derechas; a la mano izquierda se ven unas casas, a la vez que se ensancha el camino muy bien marcado por las señales y que discurre paralelo a la carretera. Luego encontramos a la derecha un camino de cemento por el que entramos, y en no mucho tiempo llegamos a Berbes. Se sigue una senda de hierba en dirección a una antena de telefonía; la pasamos y caminamos unos metros por la carretera hasta encontrar una caleya a la derecha y una señal en la casa que veremos y que nos manda seguir por allí . Se baja  durante unos minutos hasta llegar a una carretera estrecha por la que caminamos, para entrar luego en otra más ancha que se cruza; veremos enseguida junto a una tapia con una higuera, un poste de cemento; por allí se ve la señal que da entrada a una caleya que desciende junto a un caserío; es una caleya que al principio parece muy oscura y no muy buena de andar, pero que en unos metros nos lleva hasta otra carretera más ancha que tomamos hacia la izquierda, mandados por las señales amarillas que se ven en una piedra de frente.

Esta pequeña distancia nos separa de Abeo, desconocido, pero que se merece una visita

Sólo caminamos unos metros por la carretera, pues muy pronto otra señal nos manda tomar un camino de hierba y muy poco andado, que desciende ligeramente. Desembocamos junto una casa solitaria, de piedra y muy aparente, con tejado a dos aguas, y que tiene en la fachada unas ruedas de carro muy decorativas, dando todo ello la impresión de haberse colocado con muy buen gusto.

Vemos otra vez la carretera, entramos por ella y caminamos hacia la derecha. Caminamos un buen rato con las precauciones que hemos de llevar por el tráfico hasta entrar en el concejo de Caravia. Hemos de prestar atención pues buscamos un camino a la derecha que siempre tuvo una señal indicando la continuación de la ruta con los mojones correspondientes, hoy desgraciadamente desaparecidos. Se trata de una pista en ligero ascenso y que curvea al principio. Se llega por esta pista hasta unas torretas metálicas y una antena de telefonía que se pasan; arriba se ve un poste con la señal de la ruta  invitándonos a seguir por allí. Bajamos por un estrecho sendero que marcha en dirección a la mar y que durante unos metros nos va a hacer añorar el buen camino que hemos traído hasta aquí. Es una senda que hace unos años se encontraba en tan deplorable estado que se tenía como un punto negro de la ruta, pero que ahora se recorre con facilidad; abajo comenzamos a descubrir el  arenal de Moris.  Pronto se convierte en un camino carretero más ancho, por donde bajamos en dirección a una casa que divisamos allá abajo. Llegamos a la carretera y nos encontramos en el aparcamiento del arenal de Moris, donde es conveniente hacer un alto en el área de descanso o en algunos de los establecimientos de playa.

Vega y su playa

Subimos por la carretera aprovechando un paseo con quitamiedos de troncos, hasta llegar a una señal que nos invita a entrar hacia la derecha tomando un camino de tierra en dirección a la mar. Atravesamos un prado siguiendo las roderas bien marcadas que se distinguen perfectamente en él; a la salida se ve la señal de la ruta que nos orienta bien, aunque no haría mucha falta pues no hay pérdida posible. Hemos de pasar prados y "pasaderas" sin dejar nunca el camino que se aprecia en la hierba. Llegamos a un arroyo que salvamos por un rústico puentecillo que lo atraviesa, marchando en la salida hacia la derecha. Seguimos caminando ahora junto al acantilado; atravesamos prados siempre con la mar a la mano derecha y con un camino bien señalizado mientras disfrutamos de unas magníficas vistas de La Espasa, La Isla, Tazones

Con este bonito paisaje, casi sin darnos cuenta, llegamos a  La Espasa. Como en la mayoría de las rutas que se proponen, damos varias alternativas y aquí hay otra: las personas que no se encuentren con ganas o con fuerzas para seguir pueden dar por terminada la caminata y  tomar aquí el autobús, saliendo a la izquierda por entre las casas; cuando se alcanza la carretera, se camina hacia la izquierda y en unos minutos se ve la parada de ALSA. A nosotros nos queda un buen trozo de camino pero es completamente llano, y seguimos caminando de frente. Pasamos más adelante la playa y subimos a la carretera y  hacia el puente, que se atraviesa, para seguir por la acera unos metros. En poco, en un aparcamiento, se abandona la acera y se entra a la derecha mandados por una señal; en la intersección con otra carretera más estrecha, hemos de girar a la izquierda, dejando allí una finca con los muros cubiertos de hiedra, llamada Entreplantas. Enlazamos a otra carretera y vamos a la derecha unos metros; luego veremos una señal que pone Santiago de Gobiendes. Pasando un eucalipto de un buen tamaño, se puede ver un mojón del camino que nos manda a la derecha, hasta llegar a un stop; allí entramos a una carretera  por cuya acera caminamos durante unos metros. Muy pronto el camino entra a la izquierda por una caleya que discurre paralela a la carretera.

Agradable rincón para un descanso

Rustico puentecillo

Dejaremos a la derecha una casa de color azulete, de una planta, mientras caminamos ahora por un senda agradable para compensar tantas entradas y salidas a carreteras. Pronto alcanzamos un arroyuelo que tiene a la derecha un mínimo puentecillo, como de juguete, de piedra y con arco ojival que se aprecia en la fotografía, continuando por este bucólico camino que presenta restos  de haber tenido muy buen empedrado. Caminando, alcanzamos un punto significativo: a la izquierda hay una gran placa solar y a la derecha una finca con casona y capilla restauradas y que se llama “El palacio de Bueño”. Entramos ahora en una carretera sin tráfico que seguimos de frente, y pasamos una casa de estilo montañés y otra con palmera. Un poco más adelante sale una pista de tierra por la que no se entra, mientras que seguimos por la carretera que traíamos y que ahora asciende suavemente. En una curva del camino, a la derecha se ve una torre de alta tensión y a la izquierda sale una pista en la que entramos guiados por la señal y en muy pocos pasos, entrar en una carretera que tomaremos hacia la izquierda. En unos metros entramos a la derecha por un camino, continuación del que traíamos y desde el que ya damos vista a Colunga

Hemos pasado Covián y llegamos a otra carretera que cruzamos para entrar, siguiendo una indicación que nos manda a Ferrero, por una especie de pista o carretera en ligera bajada. Llegamos a Colunga; pasamos la capilla de Loreto, y cuando lleguemos a la confluencia con la carretera nos dirigimos hasta el busto de “ D. Paco, hijo predilecto de esta Villa ”, y allí, cómodamente sentado en un banco, puede descansar sus pies el caminante, después de haber andado unos veinticuatro kilómetros, y, mientras espera al autobús, debería contemplar del otro lado de la carretera uno de los más bellos edificios modernistas de Asturias.

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