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LA CASCADA DE BUANGA
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Queremos comenzar esta ruta desde Trubia. Hemos llegado allí desde Oviedo en el autobús urbano, apeándonos en la parada de La Iglesia; atravesamos la carretera, el puente sobre el río Trubia y nos ponemos junto a la iglesia dedicada a Santa María. Allí arranca nuestra caminata que puede hacerse por dos caminos: a la izquierda de una posesión con un caserón antiguo rodeado de una buena tapia, sale la “ Senda Verde de Turón”, por la que se ha caminado en la ruta “de Oviedo a San Andrés” que puede verse en estas páginas. Hoy caminaremos por la derecha del caserón, entre la tapia de éste y el río; el camino-carretera que llevamos no tiene tráfico ya que sólo sirve de servicio a las fincas y caserías que se extienden a sus lados. Al otro lado de las fincas y prados vemos, paralela a nuestra marcha, la Senda de Turón a la que luego nos incorporaremos. Al frente, a lo lejos, el valle parece cerrarse con las alturas de las montañas, mientras que un poco más cerca, casi a la mano, destaca, puntiagudo, el pico Buanga, o Guanga, que puede apreciarse en la fotografía, llevando hasta San Andrés el río Trubia con nosotros. Llegamos a una finca con vivienda y panera junto a la que sale un camino que permite pasar bajo la Senda de Turón para incorporarse a ella quienes quieran hacerlo. Los caminantes que lo deseen, pueden seguir la marcha que traemos, hasta llegar a una cabaña de madera muy arreglada y coqueta, donde no hace tanto tiempo hubo un molino de maquila. De allí sale hacia la izquierda un sendero que los metería también en la Senda de Turón. Nosotros entramos hoy por el camino junto a la panera para llegar a un grupo de casas que forman lo que se conoce como La Llana. Desde allí seguimos el camino tranquilo en dirección San Andrés, presentándonos en El Pedregal, pequeño y muy bonito pueblo, en el que nos detenemos unos momentos y no para descansar, sino para verlo con detenimiento, pues merece la pena. Al salir de allí, se ven ya las casas de San Andrés hasta donde nos queda un suspiro nada más.
Enlazamos con la carretera y caminamos hacia la derecha buscando el puente de piedra que cruzamos, viendo a su salida la parada de autobús a Trubia y Oviedo; a la izquierda hay una fuente que mana abundantemente y ofrece un agua fresca y muy rica de beber. Frente a ella se conserva un antiguo artilugio empleado en otros tiempos para herrar a los animales y que se conoce con el nombre de “potro”. Como son cosas que el tiempo va borrando, y muchas gentes de ahora no las conocieron, tienen una muestra en la fotografía. Caminamos unos metros por la carretera en dirección a Trubia y pronto encontramos a la izquierda un caleya con piso de cemento y algo pendiente que tiene a la entrada un azulejo con la imagen de un oso. Es una de las muchas marcas que encontraremos a lo largo de todo el camino que vamos a recorrer, pues el ayuntamiento de Oviedo lo ha marcado y bautizado como “ruta del oso”, denominación que no se debe confundir con la ruta tradicionalmente conocida también con este nombre. Es un camino con pendiente que, poco a poco, se eleva, dejando la carretera y San Andrés, abajo. Llegamos a una bifurcación en cuyo vértice hay una portilla. Tomamos el camino de la izquierda orientados por un azulejo de la ruta y un panel informativo que vemos allí. Comienza ahora un camino de tierra que corre entre tapias de piedra; en la siguiente desviación, caminamos hacia la izquierda por un camino ascendente y bordeado por una tapia medio derruida, en dirección hacia una cabaña de piedra. Llegaremos a un peñasco grande, donde hay otra bifurcación y dejamos la de la izquierda que va a una cabaña; al lado del peñasco sale un camino más estrecho por el que subimos. En la próxima bifurcación entramos por el camino de la izquierda muy estrecho y en subida, con tapia de piedra medio caída a ambos lados. El piso está empedrado en algunos sitios y pronto se convierte en una senda de pezuña, con una cortadura de una brusca inclinación a la izquierda, y por donde sabemos que baja el arroyo de Buanga, aunque no lo vemos desde aquí, oculto por vegetación. A la derecha se ve la pared rocosa a la que tenemos que llegar, mientras caminamos ahora por un sendero estrecho, pendiente y un poco costoso de subir, atravesando un frondoso bosque de castaños. Un poco más arriba el sendero casi desaparece y hay que llevar cuidado pues la roca desmenuzada en el suelo puede hacer resbalar. Se camina ahora hacia la pared rocosa que casi tocamos; se tuerce un poco a la izquierda en dirección a un peñasco puntiagudo que tocamos con la mano al pasar, llaneando luego un trecho hasta llegar a un bosquete de castaños. Salen de allí tres caminos: uno de frente que luego seguiremos, otro a la izquierda que llaneando nos llevaría a Buanga y que no seguimos, y otro más a la izquierda y en descenso, que vamos a seguir para llegar a la cascada. En el camino se dejan a la derecha las ruinas de una cabaña de piedra y un poco más abajo los restos del antiguo molino contiguo a la cascada. En unos pasos más vemos a la derecha la muralla rocosa desde donde cae el agua y también los restos del muro que formó la balsa del molino, así como el canal que llevaba el agua hasta él, todo ello rodeado de restos de piedras que se utilizaron en tiempos en su construcción, de troncos de árboles en descomposición, y el musgo y la humedad presentes en todo el ambiente.
Volvemos hacia al punto donde se dijo que salían los tres caminos y por allí se verán otra vez azulejos de la ruta que nos meten en una pista ancha; es un camino con ribazos a ambos lados y que se deja andar bien, mientras atravesamos un bosque de castaños, algunos de ellos de muy buenas dimensiones. No hay que dejar el camino principal, más marcado, por ninguna de las entradas y salidas que se verán a lo largo. En poco se pasa una casa de piedra y más allá el bosque se aclara a la derecha y se ve el valle con una vista muy agradable que llega hasta las fábricas de Trubia; allá a lo lejos y en lo alto, se adivina el monumento al Sagrado Corazón y la ciudad de Oviedo. A nuestra derecha, casi a vista de águila desde este privilegiado observatorio, vemos abajo un amplio valle y del otro lado, el recorrido que hicimos cuando caminamos en dirección a San Andrés. Unos pasos más adelante otro cartel informativo de la ruta nos da explicaciones de lo que venimos andando. Continuamos con nuestro camino pata llegar pronto a una tapia de piedra de media altura desde donde comienzan a verse la primeras casas de Perlavia. Pasamos al lado de un par de paneras a la entrada y atravesamos el lugar buscando la fuente que está a la salida; podemos descansar allí unos minutos apreciando la buena calidad del agua, que según nos dicen, “es mejor que la de la otra fuente”.
Caminamos luego unos metros hacia la izquierda y, junto a una cuadra de piedra con una característica pared curvada, enlazamos con un camino en el que marchamos hacia la derecha; unos pasos más adelante encontramos una bifurcación y dejamos el camino de la izquierda, todo ello con ayuda de los azulejos con la imagen del oso. A los lados del camino hay buenos prados cerrados con tapias de piedra o cercados con alambradas; de vez en vez se encuentran salidas a fincas que no deben confundirnos pues caminamos con la vista o la intuición hacia donde sabemos que está Trubia. Llegamos a un punto que puede confundir a los caminantes si la conversación o la contemplación de los alrededores les despista, como ocurrió a quienes nosotros sabemos. Se trata de una bifurcación en la que sale a la derecha un estrecho camino en bajada, empedrado y muy aparente para caminar, pero que no debe seguirse pues lleva a una finca sin salida. Entramos por la portilla que se ve a la izquierda, donde un azulejo de la ruta, estratégicamente colocado, advierte a los distraídos. Al pasar la portilla se sigue un camino ancho y llano que atraviesa unos prados para llegar pronto, con la senda más ancha, empedrada y en una pendiente algo acusada a una mata de eucaliptos. Al poco, vemos a la derecha una posesión con casa, cuadras y hórreos, todo ello en estado de abandono, mientras nuestro camino marcha ligeramente a la izquierda marcado con un azulejo de la ruta al lado de unos eucaliptos de buena talla. Seguimos con una bajada bastante pendiente, dejando a la izquierda una cabaña construida con bloques de cemento y un poco adelante, a la derecha, una finca, en la que el propietario, muy previsor, indica en un rústico letrero:
“No pasar, Finca con dueño No coger fruta”
Pronto alcnzamos unas viviendas y caminamos al frente guiados por un stop que vemos desde aquí; entramos en la carretera y marchamos hacia la derecha unos minutos. Estamos en Las Cuestas y pronto pasamos el centro social del mismo nombre. Unos pasos más adelante encontramos a la derecha una casa de piedra, de planta y piso, con las esquinas y los marcos de las ventanas fabricados de ladrillo; por allí mismo entramos por una caleya que seguimos hasta llegar abajo. Tomamos ahora un camino que sale a la derecha, con suelo de hierba que cubre lo que fue antaño un buen empedrado; corre entre tapias que cierran buenos prados y no lo dejaremos hasta alcanzar a otro grupo de viviendas donde comienza una pista ancha de, cemento y con un descenso muy acusado. En poco nos ponemos en la carretera de Trubia a San Andrés y caminamos hacia la izquierda, guiados por la iglesia de Santa María que veíamos desde hace un rato. Tomamos el autobús de vuelta a Oviedo en la misma parada que lo dejamos en la venida, dando por terminada la caminata de unos trece o catorce kilómetros bien contados.
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