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EL TENDEYÓN CON EL SAMUÑO EN LAS BOTAS | |||||||||||||||||
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Salimos del apeadero de FEVE en Ciaño, pasamos por delante de su iglesia y caminamos hacia el chalé de Enernalón, para continuar por la carretera que lleva al cementerio. Cuando tuerce la carretera hacia la derecha, caminamos unos metros de frente hasta el final de la defensa metálica que llevamos a la izquierda. Por allí mismo se verá un sendero de pezuña, medio escondido por la maleza, y la señal blanca y amarilla de la ruta. Se conservan todavía unas tablillas de la PR-AS 44, que indican "a La Nueva y a El Corralón". Caminamos por este sendero junto a una tubería de buen tamaño, y luego, sobre las losas que la cubren, pues continúa enterrada hasta donde se verá. A la izquierda vamos a llevar toda esta primera parte del camino, la carretera que va a La Nueva y muchas viviendas que se levantan a lo largo de ella. Por este sendero ahora tan estrecho, circuló en tiempos un tren minero, del que se oyen rumores de que intentan rescatarlo con fines turísticos. Pasamos una intersección con un camino que nos baja de la derecha y más adelante atravesamos otro camino de cemento que baja a la carretera, aunque nosotros seguimos con el nuestro. Llegamos a una pequeña explanada donde acaban las casas que llevábamos a la mano y tomamos un sendero que sale al frente, caminando otra vez sobre las losas que cubren la tubería, por el camino que sigue muy bien indicado con señales de la ruta. A la izquierda veremos los restos de las antiguas explotaciones mineras, con nombres que van quedando para el olvido: La Vasconia, Carbones Asturianos… y a su lado, el río Samuño que baja. Cruzamos otro camino asfaltado que lleva a la carretera, mientras seguimos por nuestro camino de losas, dejando abajo un edificio de la mina, reformado, donde puede leerse “Hunosa cielo abierto”. En pocos metros se nos acaban las losas, bajamos unas escaleras y atravesamos la carretera para caminar, guiados por las señales que no faltan, hacia una vieja bolera.
Tomamos ahora una pista ancha y llana, que en otros tiempos fue la base de otro ferrocarril minero que venía del pozo de La Nueva y de otros más que se verán pronto. Atravesamos un pasadizo con una meseta arriba, con palos redondeados que la limitan. Nada más pasarlo, se ven a la derecha unas escaleras que suben a la meseta. Allí podemos ver la bocamina de “La Trechora” y la explanada de maniobras, ahora reconvertida en una mínima pero muy agradable área de descanso. Un panel explicativo da detalles de todo esto a quines quieran enterarse de ellos. Frente a la bocamina hay un saliente por donde podemos asomarnos a contemplar los restos de lo que fue el cargadero. Bajamos otra vez al camino para seguir nuestra ruta que no tiene pérdida, y caminando siempre con el río Samuño a la izquierda, llegamos pronto a una explanada, también de maniobras, de las minas que funcionaron en otros tiempos. A la izquierda se ven los restos de otro cargadero y arriba la carretera. Por allí se verá otro cartel con explicaciones muy curiosas, del socavón Emilia, del plano inclinado que veremos unos pasos más adelante y que “salvaba un desnivel natural de más de 20 metros”, llamado el plano “Tilano”. En menos de lo que se tarda en leer el cartel, nos encontramos frente al pozo y la entrada a uno de los niveles de la mina, de donde sale un verdadero arroyo. Subimos las escaleras colocadas ahora para facilitar la subida, y sobre todo la bajada, de los caminantes; dejamos el pozo a la derecha para caminar por un paseo con bancos situados para descanso de los paseantes y llegamos pronto a La Nueva. Dejamos el pozo San Luis a la izquierda, atravesamos la plaza y salimos por la carretera que lleva a Urbiés, y que aquí recibe el nombre de calle de Los Cuarteles. Unos pasos antes de llegar al kilómetro 4, que se ve sobre un mojón “de los de antes”, veremos a la derecha una salida de la carretera y unos carteles de ruta. Hacemos caso al que nos invita a seguir por la izquierda y que dice “PR-AS 164 El Tendeyón”. Al poco de caminar llegamos a una bifurcación en la que seguimos el camino de la izquierda, horizontal y paralelo al río. Luego dejamos a la derecha un antiguo cargadero de la desaparecida mina La Vasconia y llegamos a otra bifurcación donde tomamos el camino de la derecha, con una pendiente suave. Estamos ahora en otro camino magníficamente empedrado, testigo de esas construcciones de los antiguos, y empleado en sus tiempos como la salida natural a Urbiés.
Llevamos el río Samuño casi en nuestras botas y al poco de caminar por un paseo muy agradable, vemos un molino y nos sentimos obligados a pasar el rústico puentecillo para contemplar de cerca esa reliquia . En una placa se explica con orgullo filial, que el molino de “Rufo y Fina, los molineros”, fue restaurado por su hija. Está abierto, cosa que se agradece y demuestra la confianza de la cariñosa hija, y el respeto que hasta ahora le han guardado los visitantes. Es muy primitivo, pero con mucho encanto, como puede apreciarse en la fotografía. Dejamos el molino y un poco más arriba se adivinan los restos de la presa y el canal que llevaba el agua. Pasamos un puente, seguimos el camino y dejamos a la izquierda un muro de contención decorado con algunas placas de piedra natural; al pasarlo vemos una pista que nos llega de la izquierda, formando todo ello un punto de referencia que ha de recordarse para más tarde. Pasamos un puente y luego otro más, y, si no hemos perdido la cuenta, puede que todavía otro. Abajo, del otro lado del río vemos la carretera y unas casas que forman un lugar que ya se verá. Muy cerca de nosotros vemos un peñón erguido entre la maraña de vegetación; pasamos otro puente que da comienzo a una pendiente bastante acusada, por lo que ha de tomarse el camino con cierta calma. Para despistar y que no se nos tache de flojos, se disimula como algunos saben muy bien: deteniéndose a contemplar el paisaje y alabarlo con admiración, cosa que aquí no sería ninguna exageración, pues ciertamente hay unos alrededores muy agradables.
Llegamos a unas casas que nos reciben junto con un lavadero y una fuente; estamos en Tendeyón, de Abajo, como nos puntualizan unos vecinos que nos van a servir de mucha ayuda. Tenemos una buena perspectiva del valle y es un punto estratégico para entender un par de rutas que no teníamos muy claras y que nuestros informadores nos aclaran: “ allí abajo, Pumarón; a la derecha verán la carretera, pero antes está la subida hacia el cordal de Urbiés; de frente pueden subir al Mayau Miguel, luego pueden bajar por la carretera unos metros y, pasando El Llano, meterse otra vez en la ruta … Continuamos nuestro camino haciendo caso a la última indicación de nuestros informantes, dejando para otro día el recorrido por el Mayau Miguel, que conocemos de otras caminatas En poco tiempo llegamos al cruce que nos dijeron arriba. Encontramos en primer lugar unas tablillas de la ruta y en una vemos que manda hacia la derecha: PR AS 164 La Colladiella. Seguimos de frente hacia las casas que forman el pueblo de Pumarón. Del otro lado de la carretera se ve la subida al mayau Miguel, anunciado por otra tablilla de ruta.
Caminamos por la carretera hacia la izquierda, pasamos El Llano y buscamos una entrada a la izquierda que encontramos como a cosa de unos doscientos metros. Es una pista que nos llevará con mucha comodidad al punto del muro de contención que se indicó más arriba. Allí caminamos allí a la derecha para desandar todo el camino que se hizo en la venida. Llegamos a La Nueva y luego a Ciaño, con la ventaja que tienen las rutas de ida y vuelta: permiten, a la vuelta, que podamos dejar en nuestros ojos, detalles que perdimos antes. Llegamos al apeadero de donde partimos, hasta donde calculamos que habremos recorrido entre quince y diecisiete kilómetros, con la seguridad de haber pasado un día muy agradable.r
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