DESDE LAVIANA A TOLIVIA

Después de Dios, la casa de Quirós

 
   

Puntos de referencia: Puente peatonal – fuente Les Xinariegues – La Peruyal – Mardana –  Meruxalín – Los Cuarteles – Canzana – carretera y poste del PRAS166 – puentecillo y camino de tablas – otro puente y atravesar la carretera – Villoria – iglesia, puente y salida por camino de “regodones” – enlace con el sendero Puente de Arco a Tolivia – Valdelafaya – Tolivia – regreso con dos opciones

 

Salimos de la estación de FEVE en Pola de Laviana dirigiéndonos hacia el puente peatonal que pasa el Nalón; atravesamos el polígono industrial y llegamos a la fuente Las Sinariegas. A la derecha sale nuestro camino, de cemento, en pendiente y ancho, con el que poco a poco vamos tomando altura. Abajo y a la izquierda queda La Pola, que ahora vemos casi a vista de pájaro, mientras atravesamos un bosque de castaños; como en cosa de  unos dos kilómetros nos ponemos en La Peruyal, que es un cogollo de casitas muy arregladas y bien situadas en la subida. Continuamos nuestra caminata sin dejar esta pequeña carretera que, curveando y rodeada de grandes matas de castaños y prados, nos deja ver un par de casas de Mardana. Pero antes de llegar, observamos a la derecha una cortadura, una especie de trinchera por donde entra una pista; durante mucho tiempo ha estado medio cegada por el matorral  y no permitía el paso cómodo; perteneció a las antiguas minas de Coto-Bello y en este punto tomaba una curva para llevar el mineral a las instalaciones que hubo por esta cortadura.

Dejamos esta entrada y seguimos nuestro camino continuando por la pista de lo que fue la plataforma del ferrocarril de las minas citadas. Es una pista llana, como de dos bastones de ancha, con bonitas vistas a la izquierda, y con ribazo y elevación del terreno con monte a la derecha. Encontraremos varias caminos de salida a izquierda y derecha que debemos dejar, hasta llegar a uno ancho y pendiente, que sale a la izquierda, con un elemental indicador que nos dice que por allí se baja a Meruxalín y luego a Canzana. Puede bajarse por allí o continuar como nosotros hacemos por la pista, pues en ambos casos llegaremos en unos minutos al mismo sitio. Continuamos por la pista y llegamos a las casas que forman Meruxalín, tomando al final una pista que baja a la izquierda para encontrar el punto donde hubiéramos llegado por el camino anterior.

Dejamos Meruxalín caminando por una pista que ha servido desde hace muchos años de tránsito entre estos lugares y  que ahora está rejuvenecida pues le han puesto un piso de cemento. De frente vemos lo que fueron las minas  y sus escombreras que llegan a la misma pista. A la izquierda quedamos una vieja casa de piedra, en la que destaca una construcción añadida, de ladrillo formando una escalera y arcos que contrastan con la estructura antigua y que lleva varios años detenida. Alcanzamos una fuente, reconstruida al tiempo que la pista, con el hueco para dejar el vaso con el que los caminantes beberán cómodamente.

Todo este panorama se contempla desde Mardana
Por este camino bajamos de Meruxalín

Seguimos la bajada, bastante pendiente en algunos momentos y acompañados por el arroyo o río Meruxalín, aunque un paisano que limpiaba los matojos de un camino nos dijo que se llamaba L’Agüeria, que atraviesa con nosotros y la pista un bosque de castaños muy frondoso. Acaba el cemento y la pista se nos hace más familiar, con su piso de tierra como la conocimos de siempre.  A su lado, aparecen empalizadas de vez en cuando que antaño cerraban lo que fueron prados, ahora cubiertos de maleza. Llaneando ahora y por la senda que se hace cada vez más agradable llegamos en no mucho tiempo a una carretera. Estamos en Canzana y un cartel en la intersección nos indica los lugares a donde se va por ese camino que nosotros hemos traído: Prau, Cau (200 m), Meruxalín (2 Km) y Mardana (3 Km).

Caminamos hacia la izquierda por la carretera bajando por ella como unos diez minutos o así. Después, en una curva, veremos a la derecha un poste, una entrada y una valla de troncos que sigue paralela con la carretera. En la entrada hay postes indicadores de la ruta PRAS 166, hacia la izquierda; los que no se sientan con ganas de caminar mucho más, pueden seguir el camino flanqueado por troncos y llamado “Ruta de La Aldea Perdida”, llegando en muy poco a Entrialgo, para dirigirse de allí a Pola de Laviana.

Nosotros entramos por el camino de la derecha, siguiendo la continuación de la misma ruta que nos manda a Villoria. La pista, como de metro y medio de anchura tiene una leve subida al principio pero va a ser la única; es muy cómoda de caminar, rodeada de arbolado de castaños y avellanos que en estos alrededores se dan con generosidad y llevando en algunos momentos un agradable paisaje a la mano izquierda.  Pasamos un puentecillo sobre el río Villoria, o río La Molinera y llegamos a una carretera en la que no entramos, pues inmediatamente antes, un cartel de ruta nos invita a entrar por la derecha en un camino de tablas. Es muy cómodo de caminar y discurre entre la carretera y el río; está construido sobre lo que fue el canal de uno de los molinos de los que por aquí abundaron en otros tiempos. Pronto veremos una antigua presa que embalsaba el agua del río para mover el molino y cuya canal arranca a nuestros pies, así como la pequeña y desvencijada compuerta. Seguimos nuestro camino, ahora por una pista ancha y alcanzamos en poco tiempo una carretera; atravesamos un puente donde termina de momento el sendero;

El "puente romano", puente medieval con su arco abierto y muy atrevido
Casa-museo de Palacio Valdés en Entrialgo

Atravesamos la carretera, ligeramente en diagonal hacia la derecha, buscando la continuación de la senda entre un poste de la ruta y un árbol de buen tamaño, que parece colocado allí para que nos sirva de punto de referencia. Caminamos ahora por esta continuación de la senda para entrar en unos minutos en Villoria. Pasamos por la iglesia de San Nicolás, contemplamos el magnífico puente romano. Mientras andamos alrededor de la iglesia nos vienen recuerdos de lo que hemos leído alguna vez sobre la importancia que tuvo en tiempos este lugar y la aristocracia de los señores que lo poseyeron, los Álvarez de las Asturias y los Bernardo de Quirós. De ellos heredó la villa la leyenda que campea en su escudo: "Después de Dios, la Casa de Quirós"

Dejamos a la derecha las antiguas escuelas; caminamos buscando la salida de Villoria sin subir a la carretera ni buscar la senda de “Puente del Arco a Tolivia”, con la que pensamos enlazar unos metros más adelante.  Una caleya nos saca de Villoria para tomar un camino muy curioso empedrado con grandes “regodones” cantos rodados de buen tamaño muy bien colocados.  Entramos en el sendero que buscamos y caminamos hacia la derecha para dirigirnos a Tolivia, sin señalar ninguna característica del sendero pues tiene las mismas que el anterior, aunque repitamos la comodidad del camino y la tranquilidad del paisaje que nos acompaña. Pasamos el letrero de Valdelafaya y continuamos hasta encontrar una fuente con un enérgico e higiénico letrero. “Prohibido mear en el recinto de la fuente”.  Caminamos en la carretera hacia la izquierda, para llegar en unos minutos a Tolivia donde podemos descansar y reponer fuerzas si no lo hemos hecho ya por el camino, además de contemplar algunos ejemplares de hórreos, de los muchos que hubo por todos estos contornos.

El regreso ha de hacerse por el mismo camino al menos hasta el enlace con las sendas que van a Entrialgo y a Puente de Arco. Para ir hacia este lugar se sigue en la intersección hacia la derecha llegándose sin dejar la senda hasta el mismo puente, a cuyos pies arranca una senda ancha y llana que acompaña al Nalón hasta el puente de La Chalana y de allí se camina hasta la estación de FEVE.

La otra opción, que seguimos en esta ocasión, es volver hasta el punto en  el que confluían la carretera de Canzana y la senda, tomando ahora la que se indicó en su momento y que lleva a Entrialgo. Después de la obligada visita a la casa-museo de Palacio Valdés, caminamos hacia al puente peatonal que cruza la carretera desembocando en La Chalana y de allí como en la opción anterior llegamos a la estación de FEVE después de haber recorrido unos quince kilómetros de una hermosa, tranquila y muy agradable ruta.   r 

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