CABAÑAQUINTA-ORILLÉS- SANTANA

La "caña" del San Fernando

 
 
 

 

Puntos de referencia: Apeadero de FEVE en Cabañaquinta – dos opciones para llegar a Serrapio – fuente y capilla de Santa Rita – camino de subida a la iglesia de San Vicente – carretera de Orillés – Orillés – panel de la ruta – ermita de San Roque – fuente, lavadero y salida – comienzo de la senda, bifurcación – puente – subida y explanada del pozo S. Fernando – pista de regreso – bifurcación y castaños quemados – mata de pinos, arriba – bifurcación al caserío deTablizo – bajada a El Casar – apeadero de Santa Ana.

 

Comenzamos esta caminata en la estación de Cabañaquinta a donde hemos llegado en FEVE, con  la intención de dirigirnos a Serrapio, para lo que tenemos dos opciones:

[Opción una: Podemos caminar por la carretera paralela a las vías; pero hay demasiado tráfico inconveniente que los caminantes siempre intentamos evitar. Pero si nos decidimos por esta opción, en unos minutos veremos a la derecha una subida de cemento y una hermosa casa a la entrada, con columnas de hierro, a la que llaman “El Palacio”. Por allí nos metemos, ahora ya sin cuidado del tráfico, hasta llegar a  la plaza donde se encuentran la fuente y la ermita de Serrapio]       

[Opción  dos: es la inversa del recorrido en la ruta “Ermita de la Virgen de Vierres” que puede verse en estas páginas de CAMINANDO POR ASTURIAS y que indicamos a continuación.]

Caminamos desde la estación de Cabañaquinta hacia la población y subimos luego unos metros por la carretera AS252 que lleva hasta La Collaona. Pero sólo caminamos por ella unos minutos, pues en cuanto podemos pasamos a la izquierda para buscar un camino que lleva hasta Serrapio. Dejamos un depósito de agua a la izquierda y luego caminamos por una calle que nos pone en una plaza donde damos de frente con una magnífica fuente de 1880. A su izquierda se encuentra la ermita de S. Francisco de Asís, ahora dedicada a Santa Rita; en lo alto hemos visto hace un buen rato la iglesia parroquial de San Vicente. Desde la plaza caminamos hacia la izquierda buscando la carretera por la que caminamos unos metros, bajando también hacia esa mano. Pronto encontramos un camino empedrado que sale a la mano derecha y que nos llevará con mucha comodidad hacia la iglesia de S. Vicente y al cementerio. Desde allí podemos contemplar una panorámica con Serrapio al pie, y más allá, el río Aller, el valle, Soto y las alturas que cierran por todos los lados una hermosa vista.

Entramos en Serrapio desde la carretera

Ermita de San Francisco de Asís o de Santa Rita

Entramos en la carretera y caminamos hacia la izquierda. Es una carretera con muy poco tráfico, por la que se camina sin peligro y cómodamente, en una subida que no molesta, y en menos de dos kilómetros nos encontramos en el indicador de Orillés (Uriés). Cuando llegamos a las primeras casas, vemos un panel de la ruta PR-AS 205; un poco antes de él, sale a la derecha una caleya hacia la ermita de San Roque, austera pero con un cierto encanto que nos hace detener en ella. La dejamos para caminar hacia la izquierda bordeando el pueblo en busca de una fuente de la que nos hablaron abajo. Tiene fecha de 1909, varios caños de abundante y fresquísima agua, bebedero y un torrente a su lado. Un poco más adelante y siempre en el límite del caserío dejamos un lavadero casi embutido en la misma roca y delante de él, un potro de herrar. Callejeamos un poco por el pueblo que merece un recorrido con calma, para contemplar sus antiguas y típicas viviendas muy bien conservadas, muchas de ellas reformadas sin perder su encanto original, junto a una buena colección de hórreos.

Volvemos al lavadero para continuar con nuestro camino y salir del pueblo por un camino de cemento en ligero ascenso, con valla a la izquierda. Llegamos en unos metros a una bifurcación y allí se ven dos postes de ruta con indicaciones del citado PR 205, a la derecha hacia “Campa Espinera” y hacia la izquierda hacia el “Pozo San Fernando”, que es nuestro destino próximo. Entramos a esta mano por un cómodo camino en ligero descenso, rodeado de prados y arbolado de castaños, viéndose en algunos claros, hileras de colmenas, que en todos estos contornos tienen fama de dar  una miel de gloria. Dejamos una desviación que llanea hacia la derecha y continuamos en descenso, animados por un cartel de la ruta que nos indica bajar por allí. Comenzamos a ver el reguero del “valle de Orillés” mientras seguimos nuestro cómodo y agradable paseo rodeados de un bosque cada vez más espeso, salpicado de algún pequeño prado y con restos de algunas corras, hoy sin uso, pero muy utilizadas antaño para almacenar el fruto de los castaños tan abundantes en estos alrededores. Pasamos un puente peatonal que atraviesa el reguero y comienza ahora una subida bastante pronunciada y que ha de tomarse con la debida calma. No es larga y con las aguas del reguero a nuestra derecha, alcanzamos una explanada donde se ven unas mesas con bancos. Es el área de descanso del pozo San Fernando, cuyas instalaciones se ven al fondo y hacia donde dirigimos nuestros pasos.

Acabamos de pasar la fuente y salimos de Orillés dejando este rincón tradicional

Allá, a lo lejos, Orillés, al otro lado del valle

Un castillete estilizado y de buena altura se sitúa delante de la casa de máquinas. El pozo está tapado por una cubierta de reja que permite recuperar el eco de nuestras voces, con un cierto respeto que nos hace dar pronto un paso atrás. A la izquierda parece entreverse la entrada de una galería, cercana a restos de otras instalaciones. Tino, un veterano de la mina, curtido en los carbones del Polio y de Alemania, se encarga de ilustrarnos y ampliar las explicaciones que vemos en un cartel:

“El pozo perteneció en principio a la Sociedad Industrial Asturiana y su “caña” profundiza más de un kilómetro y se empleaba, al contrario que en la mayoría de los pozos, no para subir el mineral sino para bajar el que se extraía de estos contornos a través de la caña y mandarlo a unas instalaciones que había en las cercanías de Santa Ana donde se embarcaba en el ferrocarril”.

Las explicaciones siguen con la forma del arranque del carbón en aquellos tiempos y de la dureza y el riesgo de aquellos trabajos, adornadas con muchas anécdotas llenas de realismo y algo de romanticismo a la vez.

Volvemos a la entrada de la explanada, pero decidimos variar el itinerario de vuelta. En el entronque con la senda de subida se ven otros caminos, algunos con traza de no utilizarse corrientemente. Tomamos el que se dirige al valle, paralelo en principio con el de subida, horizontal y con un pequeño muro de contención a la entrada, abandonando otros que suben por la montaña. Es un camino llano y con una anchura propia de una pista de servicio de la mina. Curvea constantemente adaptándose a los caprichos del monte y en algunos lugares se encuentra bastante cerrado por la maleza. A la derecha se ven de cuando en cuando, restos de construcciones y algunas entradas excavadas en la roca, enmarañadas ahora por zarzas . Abajo a la izquierda la vegetación nos deja ver el valle y, a lo lejos, Orillés, recorriendo con la vista el camino que antes recorrimos con los pies.

El pozo San Fernando

Alcanzamos un punto donde el camino inicia un leve descenso, con una pista que baja hacia la izquierda y que no seguimos. Rodeándonos, unos castaños de muy buen tamaño destacan con sus troncos heridos por algún incendio. Encontramos otra desviación a la izquierda que tampoco seguimos, caminando de frente con prados que van apareciendo, cerrados con vallas de palos. Encontramos un camino que nos baja de la derecha y comenzamos a ver cerca de nosotros las matas de pinos que veíamos desde el otro lado del valle y cuyos restos de piñas, que han rodado por la ladera, encontramos al andar.

Caserío de Tablizo

Descendemos ahora con el camino más estrecho, encajonado entre un ribazo a la derecha, y ribazo coronado de un murete de piedra a la izquierda, para llegar pronto a una desviación que nos sirve de punto de referencia: Hacia la derecha se ve el caserío de Tablizo, a unos minutos de marcha y adonde podría llegarse por una pista que llanea, mientras que nuestra ruta tuerce bruscamente a la izquierda y en descenso, ancha y con roderas de vehículos. Caminamos por esta pista durante unos minutos para llegar pronto a las primeras viviendas de El Casar, donde comienza un estrecha carreterita que nos bajará en un buen rato de marcha, siempre en descenso, hasta Santa Ana, donde daremos por terminada esta caminata que nos ha llevado unos diez o doce kilómetros, y donde tomaremos el tren de FEVE.

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