DESDE MIERES HASTA SOTO DE REY

Por el puente "de la perra"

 

 
 

Puntos de referencia: Estación de Mieres – La Peña – antiguas instalaciones mineras – camino de cemento a la izquierda de la carretera – caleya – bocamina – casa blanca de ventanas verdes – casas de La Carba – pista ancha – punto con tres caminos – bosque de eucaliptos – torre de alta tensión y chimenea – pasar alambrada – pared rocosa – alambrada que baja del pico – “pasadera” y mojón geodésico – chabola de chapas y cierre de portilla – El Padrún – carretera de Valmurián – Llandellana de Abajo – Sardín – estación de RENFE en Soto del Rey.

 

Salimos de la estación que tiene RENFE en Mieres, utilizando, como hacemos siempre en nuestros desplazamientos, los medios públicos. Pasamos el antiguo puente de “la perra”, así llamado porque en sus tiempos cobraban una "perra" por pasarlo, aunque ahora cobrarían mucho más pues está muy remozado y coqueto. Callejeamos por la ciudad en dirección a la antigua carretera de Oviedo  que tomamos hacia la izquierda buscando La Peña. A la izquierda queda el antiguo lavadero de “El Batán” y seguimos hasta la intersección con la AS245, que sale a la derecha; entramos siguiendo un indicador que manda a San Tirso y a Langreo.

Seguimos carretera arriba, pasando la iglesia y el colegio “La Peña”. Ya se divisan las antiguas instalaciones para el tratamiento del cinabrio y la obtención del mercurio de la mina que por aquí se encontraba. Los depósitos oxidados, el esqueleto del castillete, las naves y otras instalaciones derruidas, nos dan una idea de la importancia que todo esto representó en otros momentos para las gentes de esta zona.

Ermita de La Rebollada

Enfrente mismo de las instalaciones, sale a la izquierda un camino de cemento, bastante pendiente, que tomamos para seguir nuestra ruta. En la primera bifurcación, caminamos con el camino que marcha a la izquierda. Más arriba en una curva muy cerrada a derechas, abandonamos la pista de cemento para tomar una caleya que sale a la izquierda. Es un camino de tierra, ascendente y con trazas de haber tenido su importancia, lo que se nota en los trozos muy bien empedrados que se conservan en algunos tramos. En un momento de la subida, junto a un tronco se ve un entrante que da paso a una especie de gruta excavada en la roca. Puede ser la entrada un tanto tenebrosa de una bocamina o un respiradero o boca auxiliar de las varias que había por estos lugares. Se llega más arriba a otra intersección, dejando el camino de la izquierda, que llanea, y siguiendo una curva a la derecha y en subida. Caminando, caminando, nos encontramos con  una casa blanca y de ventanas verdes, cercada de alambrada y a donde también llega el camino de cemento que abandonamos abajo.

Seguimos nuestro camino dejando la casa a la derecha y  entramos por  un sendero con empalizada a la izquierda, tomando como referencia un grupo de casas blancas que se ven a media ladera y las que hemos de llegar. Pasamos una fuente y por un camino bueno de andar, alcanzamos el grupo de casas citado, y que están en lo que se conoce como “La Carba”; es un lugar muy soleado y con unas vistas que invitan a descansar un buen rato y a conversar con las gentes de buena conversación y ganas de ello que viven allí.

Seguimos nuestra andadura por una pista un poco más ancha que el camino por donde hemos llegado, pues circulan por allí coches hasta las casas. En un punto de la bajada puede atajarse por un sendero de pezuña bien marcado que sigue de frente y en pocos metros va a dar a la misma pista, cosa que ahorra no mucho tiempo. Llegados otra vez a ella, tomamos ahora a la derecha y ascendemos, por una pista ancha y de buen andar. Pronto estaremos en un punto en el que hay tres o cuatro caminos; se toma el de la derecha, siempre en ascenso y atravesando un bosque de eucaliptos y con fuertes repechos en algunos momentos, pero que, tomado con calma, no se sube tan mal. En un breve  llano, desechamos el camino que sale a la izquierda, y tomamos uno que llanea durante  unos metros para tomar muy pronto uno en ligera curva de izquierdas y en subida. Se abre pronto un claro hacia la derecha, dejando ver al caminante la carretera y todo el valle que dejamos antes abajo. En la próxima intersección caminamos hacia la izquierda en dirección a una torre de alta tensión que asoma arriba, y a la conocida chimenea de las instalaciones mineras por donde tenemos que pasar. Más a la derecha se divisan las antenas del camino que conduce al pico Escobín. Dejamos a la derecha una cabaña de piedra, derruida, y en muy poco llegamos a la chimenea cuadrada que era el respiradero de las instalaciones. Allí mismo se ve el canal de aspiración formado por bovedilla de ladrillos y los restos oxidados de lo que debió ser el ventilador.

Seguimos ahora con la mirada en el pico Bua, Gua o Boa, que de esas maneras y alguna más lo llaman los mapas y un paisano, que por aquí andaba con los caballos y así nos lo dijo. Seguimos hacia una cuadra de piedra y una casa que se ve a su lado, pero sin entrar en el camino que conduce hacia ellas, caminando de frente en su intersección. Pasamos luego alambrada con dos postes que cierra la pista y nos dirigimos hacia una cresta rocosa que tenemos al alcance de la mano.

Desde allí se divisa un magnífico paisaje, con una panorámica de Mieres a la izquierda y abajo; más allá se ve la cordillera tocando con el cielo, al frente los valles de este lado de Mieres, con la mina de La Nicolasa; la zona de Baiña y Lloreo. Seguimos nuestro camino con la pared rocosa a la derecha y casi al alcance de  nuestra mano, con una hilera de abetos, muy alineados pero  con poco fuste y que durante unos metros nos acompañan por un camino de pezuña, pues la pista acabó junto a la pared rocosa. El estrecho camino corre ahora a media ladera y con una buena pendiente a la izquierda, advirtiéndonos los pequeños agujeros que se ven de vez en vez, de la atención y el cuidado que hay que llevar ahora para no hacer una pisada en falso, lo que nos daría, como poco, un buen susto.

Estamos caminando ahora con el pico a la derecha, pero no intentaremos por aquí su ascensión, dada la pendiente que presenta. Un poco más adelante comenzamos a ver las chimeneas y los humos de la central térmica de Soto de Ribera, que nos van a servir de referencia a lo largo de lo que nos queda de camino. A la izquierda seguimos viendo una continuación del agradable paisaje que se decía antes; ahora vemos las instalaciones industriales y toda la zona de Baiña y Lloreo.

Llegamos de nuevo a la alambrada que baja del pico y es continuación de la que dejamos atrás. Es el punto por donde puede subirse en un cómodo paseo que no nos durará más de media hora, para volver a bajar a este mismo punto y continuar el camino que traíamos, caminando hacia una especie de conglomerado de cantos rodados que están a la mano. Entramos por una pasadera y caminamos por un camino de pezuña frecuentado por los caballos que pastan por aquí, y tomando siempre como referencia las chimeneas de la central. Se pasa un mojón geodésico cilíndrico, sin identificación alguna y en bajada, pasando luego a una chabola construida con chapas, que dejamos a la izquierda.  Pasamos luego un cierre de la pista con un letrero que nos dice: ”Por favor, cerrar la portilla”, cosa que todo caminante sabe que debe de hacer aunque no se lo indiquen.

Casona de la familia Hevia-Ponte, en Sardín

Comienza aquí una pista de muy agradable caminar, con muy bonitas vistas también y que no hemos de pararnos en referir, sino en invitar a venir por aquí al que las quiera contemplar. Dejamos a la derecha una cabaña de piedra y un depósito de agua, donde comienza una pista de cemento que baja curveando hasta dar vista a una casa de un destacado color; estamos entrando en El Padrún y caminamos hacia la derecha cuando enlazamos con la carretera. En unos metros vemos a la izquierda de la carretera un antiguo mojón kilométrico y de información, de los que por aquí no quedan muchos y que en sus caras dice: “ a Oviedo 14; a Lena 19, al límite de la provincia 25”, con la curiosidad de indicar la abreviatura de kilómetro de la manera Kº.  A la derecha está la sidrería Ángel, que se cita aquí por varios motivos, y no sólo por la especialidad en “tortilla de picadillo”, sino por otros que pueden contemplar los que por aquí vengan.

 

[Es un recuerdo vivo de lo que eran las antiguas tiendas en las que se vendía de casi todo. Todavía conserva su mostrador ancho y de madera, viejo y desgastado, adecuado para su función de “mostrar” las mercancías ..., con su antigua balanza. Un paño de la pared se ve cubierto de una estantería de múltiples y estrechos cajoncillos, conservando sus letreros todavía, aunque ya ilegibles, y en los que se guardaba la mercancía fina; debajo, los grandes cajones de tapa inclinada y abatible, donde se tenían al alcance del cogedor la sal gorda, el pimentón de Aldeanueva, los garbanzos de la Bañeza, ... Acabando de llenar el paño de la pared, estantes repletos de botellas acostadas y que, a lo que se ve, ninguna boca va a beber ya, y ninguna mano quitará la capa de polvo que las cubre... En la pared frontera destacan un escudo del águila imperial de Toledo con su dos espadas y un poco a la derecha, el retrato del Jefe del Estado anterior, Francisco Franco. Una especie de museo de recuerdos se encuentra en la pared izquierda y que no se describe para quedar al lector con las ganas ... y animarlo para que se dé una vuelta por aquí, que se detenga y lo contemple con sus propios ojos. En las vigas de madera que forman el techo se ven todavía innumerables clavos de los que colgaban jamones y embutidos, como se encarga de contarnos su dueño, con mucho detalle y con un tanto de melancolía. Un saludo, amigo y a seguir con ese ánimo]

Ermita de San Antonio,  a la salida de Sardín

Seguimos carretera adelante y en unos pasos encontramos una señal del Camino de Santiago que da entrada a una carretera que baja hacia Casares y desde allí se bajaría hasta Olloniego. Pero nuestra ruta no es así; a la izquierda vemos un indicador  que nos manda  hacia Valmurián, entrando por una estrecha carretera sin tráfico, muy agradable de caminar. Como en cosa de diez minutos se llega a una bifurcación; la carretera sigue hacia la izquierda, pero nosotros tomaremos una pista ancha que sale a la derecha con una señal que dice: “Sardín y Soto de Ribera”. Damos vista enseguida a la torre de las canteras de Valmurián, con un gran roquedo a la derecha y una enorme hendidura de extracción de piedra separada y a la izquierda. Pasamos las instalaciones sin entrar en una carretera que curvea a la izquierda y en bajada, pues nosotros seguimos nuestro agradable caminar por la pista-carretera. Caminamos de frente y pronto vemos otra indicación donde se nos dice que por allí iríamos a Llandellena de Arriba si caminamos hacia la derecha. Sabemos que es un lugar que merece una visita y así lo recomendamos si se tienen ganas y tiempo, pero hoy caminaremos hacia la izquierda, marchando hacia Llandellana de Abajo.

Entramos en este bonito lugar, formado por casas muy antiguas y hermosas, de fachadas de piedra, muchas de ellas con  mirador, formando todo ello un conjunto que se deja mirar con agrado. Seguimos camino y en menos que se cuenta, llegamos a otro indicador que señala a “Sardín” y que nos manda hacia la izquierda llevando a la mano la alambrada de una granja de gallinas. Entramos en esta agradable localidad en busca de la casona blasonada de los Hevia Ponte. La pasamos y un poco más adelante encontramos la ermita de San Antonio, de la misma familia, rincones muy agradables que se dan en estas fotografías. Seguimos caminando por esta carretera sin ninguna fatiga pues no presenta dificultad; luego comienza a descender con bastante pendiente y con curvas muy pronunciadas, bajando y curveando en busca del nivel del río. Enlazamos con otra carretera más ancha que tomamos hacia la izquierda. Llegamos al puente y lo pasamos buscando la estación de Soto de Rey donde vamos a tomar el tren después de haber recorrido unos 16 ó 18 km en un paseo muy agradable.

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