CANDÁS - LUANCO - BAÑUGUES

POR "LA SENDA NORTE"

 

Puntos de referencia: Apeadero de FEVE en Candás y salida hacia Luanco – cementerio, sendero, prado y “casa Piedra” – edificio de Proyecto Hombre y sendero – arroyo de La Granda y playa de San Pedro – subida hacia Antromero y sendero bordeando la costa – enlace con la Senda Norte – carretera en ligero descenso – stop, parada de autobús y entrada a la derecha – playa de Aramar, puente y subida – calle Carpinteros de Ribera y bajada a "El Dique" – puentecillo sobre el arroyo Caneo, prado y entrada en Luanco – final del paseo  y escaleras – parque-paseo, final y entrada en Senda Norte – ensenada de Muniello, escaleras y área recreativa – Bañugues, puente y carretera junto al arroyo de Llantada – enlace con carretera – instalaciones polideportivas y entrada en Luanco.

 

Salimos del apeadero que FEVE tiene en Candás y caminamos en dirección a la salida que lleva a Luanco. Pasamos la iglesia parroquial de San Félix y, al llegar a la entrada al cementerio, marchamos hacia allí, dejándolo a la izquierda. Hacia la derecha vemos un prado y buscamos, a la entrada, un sendero medio oculto entre la hierba por el que nos metemos. Tenemos que bordear el prado, caminando hacia la derecha, con el pedrero de Rebollares a la mano. Pero el dueño del prado, ha segado amablemente un trozo del mismo, y nos dirigimos hacia una nave alargada de la “casería Piedra"; junto a la nave arranca un camino que lleva a una estrecha carretera en la que caminamos hacia la derecha y por la que podríamos seguir nuestro camino. Pero nos dirigimos a un edificio, del Proyecto Hombre, de buen tamaño con verja que lo cierra, adonde llegamos en un par de minutos, dejándolo a la mano derecha. Cuando termina la tapia vemos un sendero que nos baja al pequeño arroyo de La Granda; lo salvamos por un cascajal y entramos en la playa de San Pedro; al final de ella tomamos a la izquierda una subida hacia Antromero, por la que caminamos unos metros. A la derecha veremos un pequeño terraplén con una alambrada que cierra unos pequeños huertos. Allí mismo sale un sendero que bordea toda la costa, llevando la mar a la derecha, y a la izquierda, cultivos, pequeños prados y casas de fin de semana. No dejamos este sendero hasta enlazar con uno de los tramos de la Senda Norte que nos va a llevar hasta nuestro destino. Hacia la derecha nos queda la isla de Antromero, la punta del Cabrito, la playa de “los cristales” y restos de artilugios que se emplearon en otros tiempos para subir las algas que se recogían en buena cantidad en estas playas.

Atrás dejamos la costa de Candás, con el faro que se recorta a lo lejos.
Nos queda poco para llegar a Luanco; desde aquí vemos la isla del Carmen con su ermita.

Dejamos un aparcamiento a la izquierda y en pocos minutos enlazamos con una carretera; sale por la derecha otra más estrecha y en ligero descenso por la que entramos, para llegar en muy poco tiempo a un stop de la carretera de Candás a Luanco. Caminamos unos metros hacia la derecha, pasando muy pronto la marquesina de una parada del autobús y un mojón kilométrico de buen tamaño, “de los de antes”. Unos pasos más y entramos,  también hacia la derecha, por una caleya que desciende entre la carretera y unas pequeñas casas. Ahora podemos contemplar un paisaje de postal: cerca de nosotros tenemos la isla del Carmen con su ermita del mismo nombre; a la izquierda la playa de Aramar y allá al fondo la villa de Luanco con su fachada marítima, animándonos a llegar a ella.

Pero antes conviene hacer un pequeño descanso en el área que se encuentra en Aramar, con mesas, bancos y fuente. Seguimos luego nuestro camino pasando el puente sobre el arroyo de La Gallega y dejando a la mano el molino de Aramar. Entramos en una calle-carretera en ligera subida que nos llevaría a enlazar con la carretera de Luanco; antes de entrar en ella, en una pequeña plaza, caminamos hacia la derecha para bajar por la calle “Carpinteros de Ribera”. Dejamos una desviación que nos sale a la derecha y seguimos nuestro camino, llegando pronto a lo que llaman "El Dique". Allí hubo en sus buenos tiempos unos astilleros de ribera, de lo que todavía quedan unas naves y restos de aquella actividad. Sin bajar a la playa, junto a una nave alargada con el tejado a ras de suelo, vemos a la izquierda un sendero por el que caminamos, dejando el destartalado edificio a la mano. Pasamos un elemental puentecillo que cruza el arroyo Caneo, subimos unas rudimentarias escaleras formadas con baldosas recicladas, y llegamos a un prado. Aquí se nos despide un jubilado muy amable, pero un poco pesado, que nos viene acompañando desde Antromero y que se ha encargado de darnos todos estos detalles y otros muchos que no hacen falta aquí.

Fachada marítima de Luanco.

Pasamos un prado por el borde y caminamos hacia unas casas que se ven cerca; al llegar a ellas, buscamos la bajada para entrar en Luanco, tomando a la derecha la travesía Samarincha, una estrecha calle con escaleras y que elegimos por su curioso nombre. Tenemos que atravesar la villa  a todo lo largo, lo que nos va a permitir una visita turística a paso de caminante. Dejamos a la derecha la playa de la Ribera; pasamos por delante de la torre del Reloj; caminamos por el Paseo del Muelle, observamos de pasada el palacio de los Méndez Pola y nos detenemos, ¡cómo no!, en la iglesia parroquial de Santa María. Luego pasamos la playa y caminamos hacia el final del paseo, en dirección a unas escaleras que nos van a subir a un hermoso parque, paseo y área de descanso con una magnífica vista sobre la costa y una panorámica completa del camino que traemos.

Torre del Reloj en Luanco

Al final de este paseo llegamos a una pequeña explanada y un poco más adelante vemos a la izquierda un cartel que nos indica la continuación de la Senda Norte. Entramos por ella y no la dejaremos hasta el final de nuestro recorrido. Desde ella podemos contemplar mientras caminamos, unos magníficos paisajes de esta costa acantilada, recortada y agreste. Si queremos detenernos en su contemplación o bien tomar un ligero descanso, habrá bancos y miradores estratégicamente colocados al efecto. Al fondo vemos la pista, con el característico color amarillo de la tierra que forma su piso, y que se dirige hacia el cabo de Peñas cuya silueta destaca adentrándose en el mar, coronado por el faro.

El luanquín Palacio de los Méndez Pola

Con algunas subidas y bajadas de buena pendiente, con vueltas y revueltas para adaptarse al contorno, llegamos a un tramo de cemento, con un descenso de buena categoría que nos mete en la ensenada de Muniello; atravesamos la playa de Cantos Rodados y subimos algo más de sesenta escaleras, según dice el compañero que todo lo mide y todo lo cuenta, y llegamos a un área recreativa que atravesamos. Del otro lado continúa la senda que no presenta ninguna dificultad ni pérdida y que nos lleva en no mucho tiempo hasta la ensenada de Bañugues. Acaba aquí este tramo de la Senda Norte y tomamos una carretera sin tráfico que nos lleva a la playa de Bañugues, donde hay un área con bancos y mesas para el descanso.

Pasamos por la iglesia parroquial de  Santa María

Para continuar nuestro camino de regreso a Luanco vamos a tomar una carretera que sale antes de entrar en el puente, llevando el arroyo, que se llama de Llantada, a la derecha. Es una carretera que no tiene tráfico y que deja pronto unas casas, conocida una de ellas con el nombre de “molino de arena”. Casi en un cuarto de hora enlazamos con una carretera de más tráfico en la que caminaremos hacia la izquierda, sin peligro alguno pues tiene una buena acera que nos llevará en muy poco tiempo hasta unas instalaciones deportivas y luego a una rotonda. No entramos en ella, porque nos metemos por una calle-carretera a la izquierda que nos pone en las primeras casas de Luanco. Llegamos a la intersección con una carretera, la calle Madrid, y caminamos, buscando la estación de autobuses donde daremos por terminada esta agradable caminata que nos ha llevado como unos dieciséis kilómetros o así.

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