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Salimos del apeadero que FEVE tiene en Candás y caminamos en
dirección a la salida que lleva a Luanco. Pasamos la iglesia
parroquial de San Félix y, al llegar a la entrada al cementerio,
marchamos hacia allí, dejándolo a la izquierda. Hacia la derecha
vemos un prado y buscamos, a la entrada, un sendero medio oculto
entre la hierba por el que nos metemos. Tenemos que bordear el prado,
caminando hacia la derecha, con el pedrero de Rebollares a la mano.
Pero el dueño del prado, ha segado amablemente un trozo del mismo, y
nos dirigimos hacia una nave alargada de la “casería Piedra"; junto
a la nave arranca un camino que lleva a una estrecha carretera en la
que caminamos hacia la derecha y por la que podríamos seguir nuestro
camino. Pero nos dirigimos a un edificio, del Proyecto Hombre, de buen tamaño con
verja que lo cierra, adonde llegamos en un par de minutos, dejándolo
a la mano derecha. Cuando termina la tapia vemos un sendero que nos
baja al pequeño arroyo de La Granda; lo salvamos por un cascajal y
entramos en la playa de San Pedro; al final de ella tomamos a la
izquierda una subida hacia Antromero, por la que caminamos unos
metros. A la derecha veremos un pequeño terraplén con una alambrada
que cierra unos pequeños huertos. Allí mismo sale un sendero que
bordea toda la costa, llevando la mar a la derecha, y a la
izquierda, cultivos, pequeños prados y casas de fin de semana. No
dejamos este sendero hasta enlazar con uno de los tramos de la Senda
Norte que nos va a llevar hasta nuestro destino. Hacia la derecha
nos queda la isla de Antromero, la punta del Cabrito, la playa de
“los cristales” y restos de artilugios que se emplearon en otros
tiempos para subir las algas que se recogían en buena cantidad en
estas playas.
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| Atrás
dejamos la costa de Candás, con el faro que se recorta a
lo lejos. |
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| Nos
queda poco para llegar a Luanco; desde aquí vemos la
isla del Carmen con su ermita. |
Dejamos un aparcamiento a la izquierda y en pocos minutos enlazamos
con una carretera; sale por la derecha otra más estrecha y en ligero
descenso por la que entramos, para llegar en muy poco tiempo a un
stop de la carretera de Candás a Luanco. Caminamos unos metros hacia
la derecha, pasando muy pronto la marquesina de una parada del
autobús y un mojón kilométrico de buen tamaño, “de los de antes”.
Unos pasos más y entramos, también hacia la derecha, por una caleya
que desciende entre la carretera y unas pequeñas casas. Ahora
podemos contemplar un paisaje de postal: cerca de nosotros tenemos
la isla del Carmen con su ermita del mismo nombre; a la izquierda la
playa de Aramar y allá al fondo la villa de Luanco con su fachada
marítima, animándonos a llegar a ella.
Pero
antes conviene hacer un pequeño descanso en el área que se encuentra
en Aramar, con mesas, bancos y fuente. Seguimos luego nuestro camino
pasando el puente sobre el arroyo de La Gallega y dejando a la mano
el molino de Aramar. Entramos en una calle-carretera en ligera
subida que nos llevaría a enlazar con la carretera de Luanco;
antes de entrar en ella, en una pequeña plaza, caminamos hacia la
derecha para bajar por la calle “Carpinteros de Ribera”. Dejamos una
desviación que nos sale a la derecha y seguimos nuestro camino,
llegando pronto a lo que llaman "El Dique". Allí hubo en sus buenos
tiempos unos astilleros de ribera, de lo que todavía quedan unas
naves y restos de aquella actividad. Sin bajar a la playa, junto a
una nave alargada con el tejado a ras de suelo, vemos a la izquierda
un sendero por el que caminamos, dejando el destartalado edificio a
la mano. Pasamos un elemental puentecillo que cruza el arroyo Caneo,
subimos unas rudimentarias escaleras formadas con baldosas
recicladas, y llegamos a un prado. Aquí se nos despide un jubilado
muy amable, pero un poco pesado, que nos viene acompañando desde Antromero y que se ha encargado de darnos todos estos detalles y
otros muchos que no hacen falta aquí.
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| Fachada
marítima de Luanco. |
Pasamos un prado por el borde y caminamos hacia unas casas que se
ven cerca; al llegar a ellas, buscamos la bajada para entrar en
Luanco, tomando a la derecha la travesía Samarincha, una estrecha
calle con escaleras y que elegimos por su curioso nombre. Tenemos
que atravesar la villa a todo lo largo, lo
que nos va a permitir una visita turística a paso de caminante.
Dejamos a la derecha la playa de la Ribera; pasamos por delante de
la torre del Reloj; caminamos por el Paseo del Muelle, observamos de
pasada el palacio de los Méndez Pola y nos detenemos, ¡cómo no!, en
la iglesia parroquial de Santa María. Luego pasamos la playa y
caminamos hacia el final del paseo, en dirección a unas escaleras
que nos van a subir a un hermoso parque, paseo y área de descanso
con una magnífica vista sobre la costa y una panorámica completa del
camino que traemos.
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Torre del
Reloj en Luanco |
Al
final de este paseo llegamos a una pequeña explanada y un poco más
adelante vemos a la izquierda un cartel que nos indica la
continuación de la Senda Norte. Entramos por ella y no la dejaremos
hasta el final de nuestro recorrido. Desde ella podemos contemplar
mientras caminamos, unos magníficos paisajes de esta costa
acantilada, recortada y agreste. Si queremos detenernos en su
contemplación o bien tomar un ligero descanso, habrá bancos y
miradores estratégicamente colocados al efecto. Al fondo vemos la
pista, con el característico color amarillo de la tierra que forma
su piso, y que se dirige hacia el cabo de Peñas cuya silueta destaca
adentrándose en el mar, coronado por el faro.
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El
luanquín Palacio de los Méndez Pola |
Con
algunas subidas y bajadas de buena pendiente, con vueltas y
revueltas para adaptarse al contorno, llegamos a un tramo de
cemento, con un descenso de buena categoría que nos mete en la
ensenada de Muniello; atravesamos la playa de Cantos Rodados y
subimos algo más de sesenta escaleras, según dice el compañero que
todo lo mide y todo lo cuenta, y llegamos a un área recreativa que
atravesamos. Del otro lado continúa la senda que no presenta ninguna
dificultad ni pérdida y que nos lleva en no mucho tiempo hasta la
ensenada de Bañugues. Acaba aquí este tramo de la Senda Norte y tomamos una
carretera sin tráfico que nos lleva a la playa de Bañugues, donde
hay un área con bancos y mesas para el descanso.
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Pasamos
por la iglesia parroquial de Santa María |
Para
continuar nuestro camino de regreso a Luanco vamos a tomar una
carretera que sale antes de entrar en el puente, llevando el arroyo,
que se llama de Llantada, a la derecha. Es una carretera que no
tiene tráfico y que deja pronto unas casas, conocida una de ellas
con el nombre de “molino de arena”. Casi en un cuarto de
hora enlazamos con una carretera de más tráfico en la que
caminaremos hacia la izquierda, sin peligro alguno pues tiene una
buena acera que nos llevará en muy poco tiempo hasta unas
instalaciones deportivas y luego a una rotonda. No entramos en ella,
porque nos metemos por una calle-carretera a la izquierda que nos
pone en las primeras casas de Luanco. Llegamos a la intersección con
una carretera, la calle Madrid, y caminamos, buscando la estación de
autobuses donde daremos por terminada esta agradable caminata que
nos ha llevado como unos dieciséis kilómetros o así.
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