|
DESDE PIEDRAS BLANCAS HASTA LA FERRERÍA El agua domesticada | ||||||||||||||||
Salimos de la estación de FEVE, en Piedras Blancas y caminamos unos metros en paralelo a las vías en el sentido de la marcha que traíamos. Buscamos una salida a la izquierda que veremos al lado de un pino y una torreta eléctrica. Salimos por allí para caminar por una estrecha carretera que pronto atraviesa otra; estamos pasando por un lugar poblado que se llama Balbonel. Llegamos a la capilla del Santo Ángel de la Guarda, en la que destaca una hermosa ventana de piedra, abierta en la pared que linda con la carretera. Puede observarse en el detalle de la fotografía, la cruz y la roseta que los antiguos canteros grabaron en el dintel de esa ventana, y no por azar.
Llegamos a una intersección y allí continuamos por el estrecho camino en ascenso que sale a la izquierda. Enlazamos arriba con la carretera y pasamos el puente sobre la autovía. Ahora la carretera asciende ligeramente para pasar pronto otro puente y en poco tiempo llegamos a La Braña. En los postes comienzan a verse dos señales paralelas en color rojo oscuro y que seguiremos viendo a lo largo de nuestra marcha, pudiendo, por el momento, servirnos de guía. Dejamos a la izquierda una casa grande y nueva, con una panera de buenas dimensiones; nada más pasarla sale un camino a su lado por el que entramos, llevando la tapia de esta finca a la mano izquierda; pronto el suelo se presenta de tierra y de hierba, de buen caminar y en descenso, de manera que, en menos que se tarda en pensar, nos lleva a las primeras casas de Las Barzanas. Entroncamos con una carretera estrecha, y vemos en la tapia una flecha que nos invita a caminar hacia la derecha. Aconsejados por un amable vecino, seguimos de frente sin hacer caso a la señal, tomando como referencia una casa que se ve a lo lejos y que destaca entre las demás, por su color granate y con tres ventanas que miran hacia donde nosotros la vemos. Después de caminar muy poco, enlazamos con la carretera que hubiéramos llevado de seguir la señal, y allí caminamos hacia la izquierda . Pronto se verá un lavadero nuevo con una fuente y un banco que invitan a un agradable descanso y hacia allí nos dirigimos. Se llama la fuente de El Caño, y no tiene uno, sino tres, y muy abundantes por cierto. Se sigue de frente para pasar unas casas de labor antiguas; llegamos a la carretera y nos dirigimos hacia la derecha, caminando por ella un trecho hasta llegar a la casa que nos sirvió de guía cuando entramos, no hace mucho, en Las Barzanas. Es, en efecto, una hermosa casa de planta baja, dos pisos, galería acristalada y con una panera nueva y muy bien trabajada, enfrente .
Nada más pasar esta casa se ve una indicación: “Las Meruxeras, 0’6 Km.”, y allí nos metemos hacia una carretera estrecha y sin tráfico; a la izquierda se deja una casita de una planta con un curioso nombre: “La Zarina”. Llegamos a una vieja y pequeña edificación de piedra con otra un poco mayor a su lado; es el Molino de “El Rizoso”, donde sólo pueden apreciarse unos restos de lo que fue la salida de agua; el canal se puede ver una vez que pasemos la casa. Unos pasos adelante hay una bifurcación: de frente sale el PRAS49 que llevaría a La Ferrería y adonde el dueño del molino nos dice que se tardará en llegar sobre una hora, pues él calcula que habrá unos tres o cuatro kilómetros. A la izquierda sale otra carretera que seguimos para llegar a Las Meruxeras. Ascendemos ligeramente por la carretera que atraviesa un monte de eucaliptos con algunos prados que se abren de vez en vez a sus lados. En poco tiempo damos vista al acueducto que atraviesa el valle de una a otra ladera. Tiene once arcos y los del medio son de considerable altura. Este acueducto se construyó para traer el agua desde el río Narcea hasta las instalaciones de ENSIDESA y “forma parte de una obra de envergadura y aplicación de la ingeniería a la industria”, como nos explica “el alemán”, un querido colega de andaduras, así llamado por su nacionalidad, y que nos acompaña en muchas de nuestras salidas. Ya esperábamos hoy que nos hablaría “del agua domesticada”; no acaba de entender por qué aquí se derroche el agua dejándola marchar libre al mar, teniendo regiones sedientas a pocos kilómetros. En una curva de la carretera encontramos a la izquierda un punto de referencia muy interesante: de allí sale una ruta hacia La Ramera; otra ruta nos invita a caminar por la caleya que sube hasta el extremo izquierdo del acueducto y luego a Pipe; la tercera ruta nos indica seguir por la carretera hacia las casas que se ven ligeramente arriba y de allí a La Ferrería. El camino más corto para seguir nuestra ruta, sería tomar la carretera de la derecha. Pero entramos por el camino ascendente en dirección al extremo izquierdo del acueducto, adonde llegamos en unos minutos y desde donde podemos contemplar el discurrir del agua y la considerable altura y longitud de este acueducto. Seguimos caminando para entrar en Pipe, un pequeño, pero hermoso y acogedor lugar. Puestos en la carretera vamos a caminar hacia la derecha pues si se camina hacia la izquierda llegaríamos a las cuevas de Arbedales, cosa que nos prometemos intentar en otra ocasión. Caminamos por la carretera dejando a la derecha la "Finca Toldao", una hermosa posesión donde corren libres unos nerviosos caballos; luego quedamos a la izquierda las casas de Lago, Llago o Llao, que de todas estas maneras parece que se llama. Pasamos con la carretera por debajo de uno de los arcos del acueducto, en el que apreciamos ahora su nombre: La Castañalona”. Cuando llegamos a las casas de la izquierda, en vez de cerrar el circuito dirigiéndonos al punto por donde entramos, vemos un camino que sale junto a la última casa y entramos por él. [ Véase la nota al final ] Es un camino en ligero ascenso que atraviesa un bosque de eucaliptos; pasamos una casería y allí mismo termina el camino de asfalto para seguir con otro más estrecho y piso de tierra. Al poco de llegar a lo más alto del camino, nos encontramos con una bifurcación; unas señales de ruta indican que de frente nos llevaría a Pillarno, mientras que nosotros, siguiendo la que indica a La Ferrería, tomamos, hacia la derecha, un sendero más estrecho y en descenso. El camino que hemos elegido está muy embarrado y hay que caminarlo con precaución, no porque presente peligro alguno, sino por el riesgo de resbalar y caer en el barro con el consiguiente rebozo. No es muy largo, y entre las protestas de unos y los “rezos por lo bajo” de otros, enlazamos abajo con una carretera en la que caminamos hacia la izquierda. Luego ascendemos por ella con prados abiertos a los lados hasta enlazar, arriba, con otra un poco más ancha. En la confluencia caminamos hacia la izquierda, después de ver señales indicadoras de la ruta y restos de otras destrozadas, y no por el paso del tiempo. Seguimos caminando hasta una bifurcación y un “ceda el paso”, donde una señal manda a la derecha, para ir a Pillarno por carretera, y otra, que seguimos de frente, nos invita a caminar hacia La Ramera.
Pocos minutos más y dejamos a la izquierda la entrada a una casería y una especie de transformador eléctrico mientras que nosotros seguimos caminando por la carretera que traemos, en ligero ascenso. Pasamos La Ramera de Abajo y poco después nos encontramos en una bifurcación, caminando hacia la derecha junto a una casa de un llamativo color verde. Se acaba el cemento y comienza una pista de tierra, descartando la entrada alquitranada a la izquierda que lleva a unas casas. En poco llegamos a lo más alto y volvemos a encontrarnos caminando, casi sin darnos cuenta, por una carretera que nos lleva hasta una intersección. [Al llegar a este punto hay que señalar que todas estas carreteras se han formado sobre antiguas pistas, arregladas ahora para el servicio de las caserías de estos lugares, pero que no tienen peligro por el tráfico, pues puede transcurrir toda la caminata sin encontrar un solo vehículo.] Habíamos quedado en la intersección, y allí nos damos cuenta que hemos llegado a Los Calbuetos, llamados también Los Calgüetos y seguimos con nuestro camino, de frente. Pasamos las viviendas que forman este lugar y caminamos por una tranquila carretera por parajes muy agradables y en ligero descenso, con un arroyo a la izquierda que no vemos al principio, pero del que oímos su agradable rumor que nos sirve de compañía. De entre los árboles comienzan a destacar unos tejados que nos indican la proximidad de La Ferrería, lugar que conocemos de muchas otras y muy agradables visitas. Entramos en el lugar, atravesando su rústico y conocido puente sobre el río Ferrería; tenemos la intención de parar un rato para descansar un poco en este agradable y acogedor lugar. Es un sitio lleno de encanto, que debe su nombre a la existencia en sus buenos tiempos de industrias dedicadas al hierro; todavía se conservan restos de algunos molinos. Como dato curioso de la vida industriosa de este lugar ha de comentarse que en la salida para subir al monte Pulide, en una de las paredes de un antiguo edificio podía leerse, otras veces que por allí pasamos, este cartel: “”LA BRILLANTINA” de La Ferrería, Eléctrica y Molinera, año 1922”. De ello no deja de hablarnos “el alemán” que sigue con su rollo del “agua domesticada”,... ¡y puede que razones no le falten!.
La Ferrería fue declarada en 1955 el pueblo más bonito de Asturias, y para animar a quienes no lo conozcan, les decimos que no ha perdido su encanto, como dan fe las fotografías que pueden verse aquí. Salimos por la carretera dejando a una mano “la casa azul” y a su lado un mojón de piedra con las indicaciones de la ruta. Caminamos unos minutos y pronto pasamos con la carretera bajo otro acueducto del canal; inmediatamente, y en la misma pared de la base del acueducto vemos la curiosa señal de la “ruta del agua” y, a su lado, un sendero que sube. Entramos por él y arriba vemos el canal, caminando hacia la izquierda con el agua que baja con nosotros; no abandonaremos el canal hasta llegar al apeadero de Santiago del Monte. Al rato de caminar comenzamos a ver las vías del tren y un poco más allá vemos a la izquierda una subestación eléctrica de FEVE. Allí mismo hay una baranda-quitamiedos de palos redondos y un respiradero del canal; a la izquierda se ve un sendero medio escondido que baja hacia las vías y entramos por él. Atravesamos las vías y caminamos hacia la derecha para llegar al apeadero donde tomaremos el tren y daremos por terminada esta caminata de unos catorce o dieciséis kilómetros. Nota al final: Después de hacer este recorrido, nos han comentado que "debe cerrarse el circuito" caminando hasta la pista que arranca en las inmediaciones del molino de El Rizoso. De esta manera se camina por pista evitando un trozo que a veces puede encontrarse algo embarrado. Lo indicamos sin asegurarlo pues no hemos hecho ese recorrido. |