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PUENTE LOS FIERROS - CAMPOMANES ¡Qué pena, que ya no tengas camino ...! | ||||||||||||||||
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Salimos de la estación que RENFE tiene en Puente los Fierros; caminamos en dirección a Campomanes por la acera-paseo, llevando a la izquierda el río y a la derecha una buena valla de protección que nos separa de la carretera y de su tráfico. En poco se llega a la curva y al puente peatonal, que se pasa hacia la izquierda en dirección a la ermita. – Esta ermita se llama de San Bartolo, y yo que ustedes subiría hasta Fresnedo por la carretera porque el camino está medio cerrado – nos dice un paseante de pocas palabras, pero, por lo que vimos luego, muy acertadas. Por allí se ven varias señales: del Camino de Santiago, de la Ruta de la Plata y del PRAS98, que nos acompañarán hasta Herías. Entre la ermita y una casa sale un sendero que tomamos. Fue en sus buenos tiempos un hermosos sendero; nosotros lo hemos caminado en varias ocasiones y después de unos años, la nostalgia de los caminos que hemos recorrido en esta hermosa tierra, nos ha hecho volver, a pesar de los avisos sobre el abandono en que se encuentran. El camino está comido por la maleza, pero mal que bien, y con ayuda de los bastones, nos abrimos camino y en unos minutos de subidas, paradas y dudas sobre la conveniencia de volver abajo, nos ponemos en Fresnedo. Allí nos aseguramos que habría sido mejor subir por la carretera, lo que aconsejamos a futuros aventureros.
Por allí continúa el camino ancho que ahora se ve muy poco pisado y convertido en un mínimo sendero que muchas veces casi se cierra. Luego asciende muy suavemente atravesando un bosque de castaños de muchos años. Dejamos a la derecha un crestón de roca que casi tocamos con la mano, y pasamos un ligero descenso del camino con unas buenas vistas sobre la derecha, contemplando esa ladera del valle del Pajares que vamos a tener a la vista durante toda la camita. Un poco después encontramos un tramo en el que el camino se ve casi totalmente invadido por cotoyas, por lo que hay que caminar con cuidado, no sólo por las molestias, sino por el desnivel que se presenta a la derecha. Más adelante encontramos otro punto conflictivo que va a poner a prueba el espíritu de aventura con que hemos tomado, ¡ a la fuerza !, nuestra caminata de hoy, pues no hay salidas del camino y la única alternativa es volver a Los Fierros: un desprendimiento de la izquierda del monte ha invadido el camino con árboles y piedras de buen tamaño. Hay que saltar como se pueda y con las debidas precauciones… Pasamos un ligero regato que cruza el camino y pronto llegamos a una pequeña cortadura en la roca que veíamos desde hace un buen rato. Se nos ofrece desde allí una vista muy amplia y agradable del valle: Congostinas, Casorvida, Malvedo …, y allá arriba la vía del tren que ha retrocedido varios kilómetros para ganar altura salvando túneles entre vueltas y revueltas, y donde destaca un puente-viaducto de tres arcos. Llegamos a una alambrada con la que caminamos unos minutos, alcanzando luego una pequeña cascada que nos cae de la izquierda y nos metemos en otro punto ce conflicto: durante unos metros el camino se ve entorpecido por una maraña de zarzas que nos impide pasar. Unos lo intentan por la izquierda, otros cortan o doblan lo que pueden, y entre arañazos de unos y juramentos de los más, nos vemos del otro lado jurando no volver por aquí … ¡hasta otra vez! Para los que se han ortigado las manos o las piernas, uno de los caminantes ofrece un antiguo remedio que elimina de repente los ardores, para lo que ha de recitarse hasta que desparezcan:
“ortigarme, ortigarme, ya me ortigué; con el nombre de Cristo, me curaré” Pasamos una casa de piedra que nos queda a la izquierda, invadida por las ortigas hasta la altura de la puerta; descendemos luego con el sendero que lleva prados a la derecha y más adelante, con tapia de piedra y grandes castaños a las dos manos. Alcanzamos una bifurcación; dejamos el sendero que baja a la derecha y unas señales de la ruta nos animan a seguir al frente. Llegamos en unos minutos a un grupo de cabañas en mal estado, que forman el mayau San Miguel. A la derecha se ve la ermita dedicada a este santo, casi escondida entre las zarzas, como si intentara disimular el estado de abandono en que se encuentra. Un poco más adelante, a la derecha y escondida entre la maleza se ve la fuente que tan buena agua ofrecía y a la que ahora casi no podemos acercarnos. Encontramos otra intersección y caminamos por la derecha en descenso, poniéndonos pronto en otra, en la que ahora caminamos hacia la izquierda guiados por una señal de la ruta. El camino corre ahora flanqueado por tapias de piedra y prados a las dos manos y llega pronto a la altura del cementerio de Herías. En unos pasos llegamos a la fuente y lavadero donde nos hemos prometido un buen descanso. También hemos de visitar su iglesia de San Claudio, de mucha antigüedad si hacemos caso de la fecha de 1175 que se puede ver en el pórtico. El camino continúa de frente; pero en esta ocasión nos hemos propuesto subir hasta el santuario de Bendueños adonde nos manda una señal junto a una hermosa casa que se ve junto a la fuente. Para subir tomaremos la carretera, con algunos tramos de buena pendiente pero que se camina bien. Arriba encontraremos una caleya que viene de izquierda a derecha; a la mano izquierda se ve una cruz de piedra y una inscripción que invita a rezar la salve; este cruce es un punto significativo a donde volveremos al regreso del santuario.
Seguimos la carretera y en poco tiempo descubrimos a lo lejos la torre del santuario y las casas de Bendueños, que pasamos, para llegar por la izquierda hasta el mismo santuario donde puede hacerse una parada para reponer fuerzas. De regreso, llegamos hasta “la salve” y desde allí podríamos bajar hasta Herías por la carretera que subimos. Invitamos a tomar el camino de la izquierda según venimos y que llanea, abandonando otro más estrecho y que baja muy pendiente a la izquierda nada más entrar. Este camino ancho y de buen andar se convierte luego en un sendero estrecho que gira de repente a la derecha y en una buena bajada nos lleva al sendero que salía de Herías y que habríamos tomado allí. En la confluencia está la señal del camino de Santiago, viéndose Herías a la derecha y continuando nuestra marcha hacia la izquierda en dirección a Campomanes, por un camino de muy buen caminar. Hay que llevar cuidado, porque en cierto momento va a salir a la derecha un sendero señalado con la señal del camino, no muy destacada y que baja bastante pendiente. Tendremos precaución en la bajada porque las piedras son resbaladizas con la humedad y la pendiente es bastante acusada, mientras se atraviesa un tupido bosque de viejas hayas y recios robles. En poco se baja a las primeras casas de Campomanes, se atraviesa la localidad y luego la carretera de Pajares para llegar a la estación de ferrocarril, donde se da por terminada esta accidentada caminata que puede habernos llevado unos catorce kilómetros.
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