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POR EL VALLE DEL CUNA Mártires y casonas
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Hemos llegado en el tren a la estación de RENFE en Mieres, desde donde salimos para iniciar esta ruta. Comenzamos la caminata siguiendo, durante unos metros, el paseo fluvial en dirección a El Pedroso. Nada más pasar un supermercado, sale una calleja desde la que se divisa un puente peatonal. Entramos por allí, pasamos el puente y en menos que se cuenta estamos en Requejada de Acá. Seguimos por su calle principal, con las vías y la carretera abajo a la izquierda. Junto a una casa de dos pisos, con barandilla torneada en el primero y galería forrada en el segundo, sale a la derecha un camino ligeramente ascendente que nos sacará de Requexada. Se dejan a la izquierda las escuelas y al llegar a una casa de piedra de dos pisos, se va hacia la derecha, siguiendo las señales del PR38 que van apareciendo. Acaban las últimas casas y seguimos el camino de cemento siempre en ascenso y con arbolado en sus dos costados. Se deja a la izquierda una casa blanca con mirador de aluminio. En poco nos veremos entrando en Espineo, y, en unos pasos vemos el lagar de “Sidra Panizales”. A la derecha de la puerta de entrada sale una caleya ascendente; una indicación de la ruta nos manda subir por allí, dejando a la derecha, nada más entrar una fuente del año 1950, la pobre ya cegada.
Sin dejar el camino llegaremos a la primera casa de Paxio que veremos a la izquierda, solitaria, antes de entrar en la carretera. Esta carretera nos llevaría a Mieres si caminamos a la derecha, y a la izquierda hacia el valle de Cuna. Caminamos por la carretera hacia al izquierda. Dejamos una intersección con parada de autobús cerca de unos indicadores de carreteras: a Paxio , a Mieres , “a Valdecuna 3Km” que es lo que nos faltará para llegar a donde queremos. Seguimos caminando hacia otro cruce de caminos, donde sale una carretera a la derecha, que no tomamos, y que lleva a La Tazá y Caboxal; nuestra ruta sigue de frente por la carretera, desechando también una pista muy aparente en bajada hacia la izquierda. Un poco más adelante, en una bajada de la carretera, sale a la izquierda un camino. Entramos por él hacia unas casas que se divisan abajo; vamos a visitar un bonito lugar llamado Biesca. Nada más entrar vemos a la derecha una pequeña y hermosa capilla bajo la advocación de la Virgen de Las Nieves. Atravesamos el pueblo, pequeño y muy poco conocido por encontrarse casi fuera de la vista de la carretera, pero hermoso y con méritos suficientes para dedicarle unos minutos. Salimos por un camino que deja a la derecha una fuente y un lavadero de 1917, recién restaurado, y enlazamos otra vez con la carretera que habíamos abandonado arriba. Seguimos carretera abajo y en poco tiempo se llega a Viade, cuyo palacio queda casi oculto desde la carretera, abajo y a la izquierda. “Perteneció a la antigua familia de los García de Tuñón formada por generaciones de escribanos, notarios y altos funcionarios emparentados entre sí y dueños de enormes posesiones. Es un típico palacio rural asturiano con hermosas galerías y balcones”. No es visitable, pero si puede accederse, se contemplaría el edificio que se da en la foto. Como curiosidad puede contemplarse un eucalipto a la entrada con muescas formando escalones, “que eran para subir y vigilar durante la guerra”, nos dice un amable paseante que se nos agrega a las puertas del palacio y que ya no nos dejará en una buena parte del camino. En poco más se llega a la intersección con la carretera que lleva hacia la derecha al el valle del Cuna. Desde este punto nos dicen los indicadores que hemos quedado atrás Paxio a 3’5 Km. y Xiana a 6’5 Km. En pocos minutos nos vemos entrando en Valdecuna. Llegamos a la iglesia que merece la pena visitar; está bajo la advocación de Santa María de Valdecuna y destaca en ella el retablo central de estilo barroco tallado en madera. Hay bastantes reclinatorios con nombres de las personas devotas que los usan todavía. Según cuenta nuestro espontáneo acompañante, el templo fue incendiado en la revolución de Octubre del 34. A la derecha del altar mayor hay unas sepulturas de los Vázquez de Prada, y a la izquierda, de los García de Tuñón, familias que por lo mucho que beneficiaron al templo, tenían “derecho de escaño” o “derecho de tarima”.
Pasamos el puente y continuamos nuestro camino por una carretera estrecha para llegar en muy poco tiempo a El Valletu, (El Vallitu, o Valleto), donde destaca la casa solariega de los Vázquez Prada. Está habitado y es una magnífica construcción de estilo barroco con arcos en la planta baja y un magnífico zaguán. En la entrada de la posesión hay una curiosa pila de piedra para “salar”, construida de una sola pieza, y que mide dos bastones de larga y más de un bastón de ancha. Hay varias construcciones más como el llagar, las cuadras o viviendas originales, todo de piedra y perfectamente construidas; entre todo ello destaca un curioso palomar redondo, de piedra, de los que por aquí van quedando pocos. (Km. 5,4 de la ruta) Después de esta agradable visita continuamos nuestra ruta, pasando Villamartín y, después de haber andado unos 6 Km. desde la salida, nos encontramos en Insierto. Después de subir una buena cuesta hay una hermosa panera (a la que volveremos dentro de unas líneas); cobijados en ella se encuentran un carro del país y una "carreña" muy bien conservados. Por allí, a la izquierda hay unas casas donde se puede pedir la llave del santuario de los mártires, hasta donde nos queda aproximadamente medio kilómetro. Sigue la subida por la carretera y cuando coronamos, se ve a la izquierda y abajo el santuario de los santos Cosme y Damián. Está en un lugar muy agradable, donde se respira paz y sosiego. Visitamos el templo en el que destaca el altar mayor donde se encuentran los dos hermanos: San Cosme está a la izquierda con una probeta en una mano y un libro en la otra; San Damián, a la derecha, prepara con el mortero alguna medicina. Entre ellos está San Esteban que según nos cuenta nuestro enterado y reciente amigo, era el titular de primitiva iglesia. [Si no se encuentra uno con muchas fuerzas o no se desea caminar tanto, volveremos a la panera de Insierto que vimos unas líneas arriba. Allí sale un camino de cemento que deja a la derecha la panera y en descenso nos lleva en unos minutos a enlazar con la carretera Valdecuna-Cenera, evitando el recorrido de Gallegos a Cenera] Seguimos la carretera y sobre el kilómetro 8 nos encontramos entrando en Gallegos. La iglesia está dedicada a San Pelayo; nuestro hombre que “todo lo sabe” nos cuenta la historia del niño Pelayo del que se enamoró el califa árabe y ante su desaire, le cortó la cabeza. Cerca está la antigua escuela, hoy convertida en museo etnográfico que merece la pena visitarse. Desde allí caminamos hacia el centro del pueblo, donde destaca un grupo de hórreos que se ven por allí. También hay que llegarse hasta la casona de los Bernardo de Miranda, casona rural de piedra con balcón corrido y balaustrada. Hace unos años presentaba una curiosidad: la puerta principal tenía la mitad derecha tapiada e independiente de la otra mitad. Ante nuestra extrañeza nos cuentan que fue heredada por dos hermanos y al repartirla no se pusieron de acuerdo, por lo que uno de ellos decidió resolver así su parte. Nos hemos prometido volver pronto a recorrer esta ruta por lo agradable y procuraremos enterarnos de la casona está arreglado. Salimos de Gallegos ahora por la carretera que baja hasta Cenera. Por aquí se encuentra un montículo, documentado como castro y llamado Recastiello, donde se cuenta que hubo una ermita dedicada a Santa Ana.
Carretera abajo sin dejarla en ningún momento, llegamos a Cenera (Km. 12); es una pequeña localidad con un pasado de cierta importancia, igual que los dejados atrás. Eso se refleja en los recuerdos de las familias de abolengo que tuvieron aquí y en los alrededores, sus casas solariegas y los palacios y casonas que todavía se conservan. En Cenera se deben visitar los dos palacios: el “Palacio de Abajo” y el “Palacio de Arriba” El Palacio de Arriba perteneció a la familia de los Bernardo de Miranda, y lo vemos al entrar en Cenera, situado en una finca con tapia de piedra y arbolado. Este palacio parece que es del siglo XV, formado por una casona y capilla, que ahora está bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción, que se llamó de San Ildefonso y más tarde de San Antonio. Todo está construido de mampostería y sillares, así como pequeñas construcciones anejas entre las que destaca un curioso palomar cilíndrico. Dicen que dentro hay una sala con el suelo ajedrezado donde antiguamente los dueños jugaban al ajedrez, empleando a los niños de los alrededores como piezas del juego. Hoy está reconvertido en un hermoso hotel.
.El Palacio de Abajo se encuentra en el centro de la localidad; es de estilo barroco rural asturiano y perteneció a la familia de los Cachero Miranda. El amable paisano de estos contornos que se nos unió en Viade, nos da todas estas informaciones; se nota que ha leído mucho sobre su tierra. Algunas cosas que nos cuenta se pueden contrastar pero otras han de tomarse como fiables “dentro de lo que cabe”. Cuenta que esta familia de los Cachero Miranda edificó este palacio cuando “los echaron del Palacio de Arriba”, aunque no sabe a qué se debió la expulsión. También dice que uno de los dueños, “muy rico y muy piadoso, que murió sin herederos, tenía la costumbre de dar pan a doce pobres una vez al año". [Desde Cenera hay autobús urbano que puede trasladar a los caminantes perezosos hasta Mieres]. Dejamos Cenera, atravesamos el puente y tomamos la carretera en dirección a Valdecuna, dejando a la izquierda el área de descanso de El Canto. Seguimos el camino y, al llegar a una casa que tiene el número 31, entre ella y una hermosa casa de piedra, ambas frente a una parada de autobús, sale el camino opcional que baja de Insierto y que se dirige al santuario de los mártires Cosme y Damián que se ve en el alto. Este sería el camino de subida para los que quieran evitar el recorrido desde Gallegos a Cenera, como ya se indicó antes. Llegamos a Valdecuna cerrando el circuito y caminamos en dirección a Paxío, por la misma carretera por la que entramos en Valdecuna, pero al llegar a una explanada a la derecha, que parece que fue campo de fútbol, sale un estrecho camino, llamado Camino Real de El Pedroso, por donde entramos en dirección a una vieja y destartalada casa; a la derecha corre un arroyuelo y en poco tiempo nos ponemos en el típico pueblo de El Pedroso junto al río Cuna. Pasamos por debajo del viaducto y enlazamos con el paseo fluvial donde seguimos hacia la izquierda, llegando en unos tres kilómetros más a la estación de Mieres. |