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LA VIRGEN DE LA FLOR Por el Camino Real | |||||||||||||||
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Puntos de referencia: carretera de Quirós – viaducto de piedra – puente – indicadores de rutas de pequeño recorrido – casa “fuente l’ablanu” – puente rústico – antiguo molino – ermita de la Virgen de la Flor – puente y pista de subida – caseta de transformador – sendero – restos de poste indicador y camino a la derecha – cabaña de piedra en ruinas – pedrero – árboles cruzados en el camino – prado con tapia y cabaña – Majada de Bichares – pista de bajada – bifurcación – puente y carretera – camino real – ermita de La Flor – Piedracea – Palaciós – “barrio de abajo” – capilla – salida y enlace con el camino real – caminar hacia Pola – estación de RENFE.
Comenzamos la caminata en la estación de RENFE en Pola de Lena, bajamos hasta la intersección y llegamos a los indicadores; allí caminaremos hacia la derecha por la calle-carretera que va a Tablao. Cuando lleguemos al paso bajo las vías, sin pasarlo, se abandona la carretera y se camina hacia la izquierda para entrar por uno de los arcos del viaducto de piedra. Nos dirigimos ahora hacia un pequeño puente y al cruzarlo encontramos dos postes indicadores de sendas de pequeño recorrido, las PRAS 83 y 84, que dan entrada a lo que fue "camino real" y que nos va a permitir un agradable y cómodo paseo.
Este camino se alarga entre tapias de piedra y cierres de fincas, alguna vivienda y cuadras, llevando siempre a su lado el río Nareo a contramano, y una vegetación que hace todo el recorrido muy agradable. Dejamos a la izquierda una hermosa casa de piedra, muy reformada, con piso y sobrepiso, llamada “La fuente l’ablanu”, en la que se nota el buen gusto de sus dueños por haber conseguido una agradable armonía con los alrededores. El camino se hace muy bueno de andar, dejando adivinar en los restos del empedrado que se conserva en algunos tramos, la importancia y el uso que tuvo en otros tiempos; deben desecharse las desviaciones que se encuentren a ambos lados y, caminando caminando, verán pronto del otro lado del río y un poco en alto las casas de Palaciós, por donde, a la vuelta, cerraremos el circuito que nos proponemos hacer. Se llega a un rústico y elemental puente con barandillas de madera y al pasarlo, si camináramos unos metros a la derecha, encontraríamos una caleya que nos llevaría a Palaciós; sin embargo, nuestro camino sigue a la izquierda, pasado el puente, atravesando lugares de abundante vegetación, sobre todo de castaños, robles y avellanos. Acompañados del rumor del agua alcanzamos una cabaña que nos queda a la izquierda y que tiene junto a una de sus paredes una rueda de molino. Hoy es utilizada como cuadra, pero en tiempos fue un conocido "molino de rabil". Según nos cuenta un voluntarioso paisano de estos lugares, tomaba el agua en las inmediaciones de la ermita, trayéndola por un canal que hoy no se conserva. En unos minutos llegamos a la ermita de la Virgen de la Flor, en un entorno que invita a los caminantes, por lo menos, a un breve descanso.
[De todas las veces que hemos pasado por este agradable lugar, nuestro grupo sólo ha tenido una ocasión de visitar la ermita y obtener las fotografías que se acompañan. Puede que en el Ayuntamiento de Lena informen las posibilidades que hay para visitarla, para lo que puede contactarse con la dirección que indicamos en Información, de la Página de Inicio] Al llegar a este lugar se ofrece a los caminantes una alternativa por si quieren acortar el camino: A la derecha de nuestra entrada sale un camino de cemento que sube hacia unas casas que forman el pueblo de Piedracea. Quienes tengan suficiente con este paseo continuarán por aquí eliminando la parte de la ascensión que nosotros vamos a realizar. Luego continuaremos como ellos por aquí el final del recorrido. Nosotros atravesamos el río por su rústico puente y comenzamos la subida por una pista ancha que hay que tomar con la correspondiente calma debido a su pendiente, continua y muy acusada en algunos lugares. Llegamos a la caseta del antiguo transformador, blanca y alta, donde nos encontramos con Hilario, un amable vecino de Piedracea que nos da explicaciones de la ruta y detalles de los alrededores. Así nos cuenta que el transformador y los restos de instalaciones que se ven, así como las escombreras, ya casi ocultas por la vegetación, forman parte de una explotación minera “La Astur-Belga” que sacaba mineral de cinabrio. Luego en Mieres, junto con el que se extraía de otras explotaciones, obtenían el mercurio. Acaba allí la pista y comienza un sendero estrecho, con muy mal aspecto, invadido en trechos por la maleza y con piedras grandes seguramente desprendidas de las paredes de cerramientos de fincas. Parece que todos estos inconvenientes están puestos allí adrede para desanimar a los caminantes. Pero no lo consiguen, porque seguimos el ascenso; se nos ensancha algo el camino y sigue muy pendiente con un regato que baja a nuestra derecha. Un poco más arriba, el regato no tiene otro cauce que el camino que caminamos y lo invade, discurriendo por entre las piedras. Caminamos pisando por ellas, pero muy pocos metros, pues en poco, veremos los restos de un poste indicador de la ruta, caído en el suelo, que nos manda seguir por la derecha, abandonando el reguero. [Recorrimos hace no muchos años este sendero y estaba perfectamente señalizado, lo que hemos agradecido al Ayuntamiento de Lena. Hoy las señales se han perdido, borrado o la vegetación las ha invadido, por lo que muchos aficionados no se atreven a subir por estos caminos donde todavía tenemos la Naturaleza al alcance de nuestras botas y de nuestros sentidos. Animamos a los lectores de CAMINANDO POR ASTURIAS a que se animen a lo que está haciendo hoy nuestro grupo y ayuden a desbrozar en la parte que se pueda, y dejar señales en los puntos de duda, para que puedan seguir el camino los que vengan luego] Animados por el poste de señales y el triángulo y los dos circulitos en azul de la marca cicloturista que veremos más adelante en algunos lugares, continuamos por este sendero de la derecha, ahora más ancho y sin agua. Sigue durante un breve tramo con vueltas y revueltas, con piedras que hacen las veces de altos escalones y siempre muy pendiente. El compañero que todo lo mide, nos asombra diciendo que hay una pendiente del treinta por ciento, cosa que él sabe que nadie, amablemente, le cree. Luego se estrecha nuestra ruta, convirtiéndose a veces en un estrecho sendero de pezuña, mientras caminamos siempre con el rumor del agua a nuestra izquierda y abajo; vemos por allí algunos prados con su correspondiente cabaña y , al paso, otra cabaña de piedra medio derruida, que casi alcanzamos con la mano derecha.
Ahora encontramos un pedrero que al verlo nos dan como ganas de volver atrás si pudiéramos, tal es el desánimo que nos entra con las dudas sobre cómo se podrá pasar. No hay problema, ascendemos por él, y en unos metros se ve otra vez el camino que curvea sin dejar de ascender, a veces más que lo que quisiéramos, pues no se encuentran un par de metros de camino llano. Se hace más ancho luego y encontramos dos o tres cerezos de muy buen porte cruzados en el camino, derribados por algún ventarrón. Continuamos la subida ahora con una tapia de piedra a la derecha y cerramiento de palos a la izquierda. Dejamos una portilla que da entrada a un prado grande y con una cabaña en la parte de arriba, que casi tocamos con la mano al rodear luego el prado. Comienzan a verse más prados y sabemos que estamos llegando a una de nuestras metas. Un poco más de esfuerzo, un par de subidas bastante pendientes y nos encontramos en la majada de Vichares (Bichares), hasta donde hemos empleado una hora y media aproximadamente, en un cansino subir. A la izquierda una tapia de piedra cierra un prado y desde allí se ven unas cabañas; de frente, otra tapia y un par de cabañas más cerca, con sus obligados fresnos. En el suelo, una hierba fina hace el efecto de una cómoda moqueta. Para completar el descanso que hacemos aquí, se extiende al frente una amplia vista de la Sierra del Aramo y abajo, el valle del Nareo. Caminamos hacia la izquierda para tomar un pista ancha y siempre en descenso que nos llevará a la carretera de Tablao. Estamos atravesando un monte con arbolado de robles fundamentalmente y matorral, donde destacan matas de acebo de una altura que no se ve en todos los acebales, ya que es común ver aquí ejemplares de cuatro o cinco metros, o mas. Alcanzamos una bifurcación y caminamos hacia la derecha en un descenso bastante acusado. Hemos llegado a un hayedo con mucho arbolado, con ejemplares todos ellos de una buena talla, y abundancia de acebo como más arriba. Ignoramos una pista que atraviesa a la nuestra y seguimos siempre en bajada y curveando hasta llegar al puente y a unas construcciones desvencijadas de las minas que por aquí hubo. Caminamos hacia la derecha por una estrecha carretera sin tráfico, que hacia atrás lleva a Tablao. A los pocos minutos veremos un camino a la derecha por el que entramos, abandonando la carretera. Es continuación del “Camino Real de Quirós” que nos acompañó desde Pola de Lena hasta la ermita de La Flor y nos llevará hasta allí. Corre con el río a la derecha y se deja caminar muy bien, comparado con el bronco y áspero camino de subida. En unos diez minutos llegamos a la ermita y ahora seguiremos el camino junto con los compañeros que al principio eligieron la opción de no subir a Bichares.
Tomamos una pista de cemento, continuación del camino que traemos y dejando la ermita a la derecha entramos en Piedracea. A la izquierda de la carretera paramos en una hermosa fuente con dos generosos caños: ”Fuente Brava, 1902”; tiene también abrevadero y lavadero, ambos de buenas proporciones. Abandonamos el pueblo y continuamos unos minutos por la carretera para entrar en Palaciós. Nada más entrar, se ve a la derecha una barojiana tienda-cantina, de las pocas que nos quedan, arrinconadas en estos modernos tiempos por los supermercados. Allí nos informan de cosas muy agradables sobre el camino y otras historias y nos aconsejan dejar la carretera y volver por el camino real, porque “merece ver el pueblo de abajo”. Caminamos hasta la fuente, “Fuente’l Caño, y no porque necesitemos agua, que tiene tan buen beber como la Fuente Brava, sino porque queríamos echarle un vistazo al “Hórreo Las Cruces”, que está frente a ella. Parece ser que bajo este hórreo podían acomodarse los peregrinos para descansar un máximo de un día y una noche, recibiendo a la vez ayuda del vecindario para su alimentación. Hoy no puede contemplarse este hórreo, ¡bien que lo sentimos! como tuvimos la suerte de hacerlo en otros recorridos. Por allí mismo sale a la derecha un camino de cemento que lleva “al pueblo de abajo” y caminamos en dirección a una pequeña pero muy arreglada placita con fuente, abrevadero y lavadero, y a su lado una pequeña capilla dedicada a S. José Obrero. Tomamos la primera calle a la izquierda para salir del pueblo, caminando al lado de viejas casas de típica estampa asturiana. Pronto llegamos al puente donde nos proponíamos cerrar el circuito cuando vinimos; caminamos hacia la izquierda para desandar el camino en dirección a Pola de Lena siguiendo los mismos pasos que nos trajeron hasta aquí. Llegamos a la estación después de haber recorrido entre quince o diecisiete kilómetros de un paseo que ya pensábamos que no podía recorrerse. |