DESDE CARROCERA A LA CURUXONA

Pueblos vivos, caminos muertos

 
 

 

Puntos de referencia: Apeadero de Carrocera – senda – ermita – hogar social – La Huerta – desvío a El Portón – Llano Los Artos – pista ancha en subida – casa con zócalo característico y camino que sale a la izquierda – ruinas de cabaña de piedra – cuadras y entrada a pista – árbol pequeño y entrada a camino – alambrada y portilla – La Llonga, hórreo y salida – sendero, pasaderas y casa en lo alto – campera con abrevadero y fuente – pista y bocas de conducción de agua – caseta blanca y depósito – Campa de San Juan – instalaciones – antena – charca – enlace con carretera – El Plano – escuela, ermita y camino que baja – cruces con carretera – Ruta del Carbón – casa de color azulete – enlace con carretera – viejas instalaciones mineras – apeadero de La Curuxona 

 

Llegamos en FEVE al apeadero de Carrocera; comenzamos a caminar por la senda peatonal construida sobre lo que fue la vía del ferrocarril minero que sacaba el carbón de los pozos que estaban en producción por estos alrededores. Pronto dejamos a la izquierda una  ermita. Caminamos hasta el ambulatorio, a la izquierda del camino; junto a él está el hogar del jubilado y enfrente, al otro lado del río, están las “Escuelas de Niños y Niñas”, del año 1916, y ahora muy remozadas.

A poco más de dos kilómetros llegamos a La Huerta. A la derecha había lo que se llamaba el “molín de Blas”; un poco más adelante está la “fuente la Huerta”. Seguimos caminando para llegar al cruce donde indica, a la derecha, “Hulleras de Langreo” y al “Portón”, por donde va a seguir nuestro camino. A la entrada puede verse todavía la bocamina medio tapada de un antiguo “chamizo”. En un cruce seguimos de frente en dirección a las casas de lo que se llama “El Llano Los Artos”. A la salida hay un mínimo puentecillo, y a la izquierda entramos por una pista ancha y en subida, de cemento al principio y luego empedrada. El arroyo baja a la izquierda, y se abre paso atravesando un bosque; el camino nos lleva a Los Artos, donde no entramos, pues en la misma carretera bajamos hacia la derecha  hasta encontrar otro camino que, en una curva nos sale a la izquierda y por el que subimos. Un poco más arriba, marchamos hacia la derecha por un camino que en pocos pasos conduce a una pequeña explanada con una casa de zócalo de trozos de mármol. A la derecha, abajo se ven las construcciones de La Hullera.

De la esquina izquierda de la casa, sale un sendero empedrada, que se abre paso con dificultad para atravesar el monte, estrecho y bastante empinado. Pronto el camino tuerce a la derecha dejando otro camino que sube, y llega en poco tiempo a un camino más ancho, empedrado y con cerca de piedra a la derecha y ribazo a la izquierda. Alcanzamos las ruinas de una cabaña de piedra, casi comidas por la maleza; continuamos por la derecha tomando  un camino empedrado con ribazo a ambos lados.  Rebasamos un par de cuadras y las bordeamos dejándolas a la izquierda; pasamos unas puertas de verja entrando en una pista. Ahora tenemos que prestar atención a nuestra marcha pues vamos a intentar encontrar los restos del camino que traíamos abajo y que ahora ha desaparecido comido por los prados o por la maleza. En pocos metros distinguimos a la derecha un árbol pequeño y solitario que está a la entrada, casi inapreciable, de un prado. Entramos por allí, atravesando el prado, subiendo por un mínimo camino ligeramente marcado en dirección a una alambrada. Al legar a ella caminamos hacia la derecha en dirección a unas viviendas que vemos y llevando ahora la alambrada a la mano izquierda, hasta llegar a una portilla que pasamos, entrando en otro prado. A la izquierda se aprecia ahora el antiguo camino, estrecho y empedrado que antiguamente subía desde muy abajo y del que sólo quedan los restos que se ven aquí. Caminamos hacia arriba en dirección a las viviendas. Hemos entrado en La Llonga y nos dirigimos hacia un hórreo que vemos desde allí; tomamos una calle con suelo de cemento que sale hacia la derecha y que nos va a sacar del pueblo. Pasamos una pasadera junto a una cuadra y abandonamos el pueblo por un camino de hierba que atraviesa unos prados. Hay una vista muy amplia y agradable; a la derecha el valle desciende suavemente  formando una loma, llana y cuadriculada de huertos pequeños y prados muy soleyeros.

Al comienzo de la senda nos encontramos con esta preciosa ermita
Otoño desde La Llonga

Seguimos por el estrecho sendero que atraviesa los prados, aprovechando las pasaderas que los abren al paso y siempre con la vista puesta en unos árboles y una casa allá en lo alto, adonde hemos de llegar. Pasamos una pasadera con forma de ángulo y seguimos ganando altura hasta alcanzar una tapia de piedra con otra pasadera. Entramos por ella a un prado con un camino ancho que nos lleva hasta la salida formada por maderos atravesados, alcanzando la pista y la casa que habíamos visto desde abajo. A la derecha se ve un pinar y a una área recreativa llamada Teyera Vallina; pero nuestro camino rodea la tapia de la casa dejándola a la mano izquierda y entramos en una pequeña campera con un abrevadero y una fuente. En la bifurcación caminamos hacia la derecha buscando una pista hecha para la conducción de agua cuyas bocas, que aparecen de vez en vez, nos pueden servir de pista para seguir nuestro camino. Pasamos una caseta blanca de la traída de aguas y luego, un depósito de agua que dejaremos a la izquierda. Seguiremos bajando unos metros hasta enlazar con una pista más ancha; en ella caminaremos hacia la izquierda, en dirección a la Campa de San Juan, donde destaca el edificio del restaurante que nos viene sirviendo de referencia desde hace un buen trecho.

 Ahora ofrecemos, como en otras ocasiones, dos alternativas:

 

Opción corta: Tomamos la carretera que sale a la izquierda de la fachada del restaurante para bajar por ella hacia El Corvero; seguimos caminando siempre en bajada y pasaremos un cruce donde se ven indicaciones de: L’Edrau, La Llonga, Teyera Vallina, pero no entramos por allí, pues nuestra carretera sigue en bajada, tomando, al final, el camino que hicimos en la ida, para llegar al apeadero de Carrocera donde tomaremos el tren.

 

Opción que se hace : Salimos por el costado derecho del restaurante en dirección a las canteras o arenales que se divisan, entrando por la izquierda y tomando como referencia unas viejas instalaciones. En una intersección se desecha la pista que baja hacia la izquierda y seguimos hacia una antena de telefonía. Dejamos a la izquierda una charca y seguimos por la pista sin abandonarla en ninguna de sus salidas y  por la que vamos a caminar un buen trecho hasta que entronquemos con una carretera. Allí caminaremos hacia la derecha hasta llegar a El Plano. En la intersección, marchamos de frente unos metros, abandonando pronto la carretera para entrar  a la izquierda, en dirección a una vieja y solitaria escuela que se ve un poco en alto. Sin llegar a ella, frente a la ermita, sale hacia la derecha un sendero por el que entramos para evitar la carretera. Este sendero, muy bueno de caminar, fue en tiempos camino de subida y bajada para los habitantes del contorno; nosotros lo utilizaremos, cortando la carretera en varias ocasiones.

Acogedor rincón en La Llonga

Bajamos y entroncaremos por primera vez con la carretera que dejamos arriba; la atravesamos, entrando por el camino que vemos al frente, continuación del que traemos. Llegamos a unas casas y giramos a la derecha en cuanto podemos, en dirección a una casa que tiene al lado unos cipreses, y dos caminos; tomamos el de la izquierda, al lado de una tapia con dos ruedas de carro como adorno. Estamos bajando por una caleya flanqueada con alambrada y que nos llevará en poco a cruzar otra vez la carretera que baja más lenta, serpenteando y adaptándose a la inclinación del terreno. Nuestro camino, muy bien diseñado por los antiguos que lo caminaban a menudo, nos ahorra tiempo; en el cruce de la carretera se ve un eucalipto y el camino de continuación, por donde sigue nuestra bajada; volvemos a cruzar otra vez la carretera, entrando en el camino, también señalado por un eucalipto. Atravesamos ahora un frondoso bosque de castaños, abedules y monte bajo, hasta llegar, ¡cómo no!, otra vez a la carretera, que cruzamos y entramos en una calle en la que se ve un cartel que dice: ”Ruta del Carbón”. Dejamos a la izquierda una casa blanca, ribeteada de amarillo llamativo y que, junto con otras también muy arregladas, forman lo que se llama La Comba. Continuamos el descenso, llevando un sendero muy agradable de andar, que atraviesa un frondoso bosque de castaños y robles con un arroyo a la izquierda, y cuyo rumor nos acompañará hasta abajo. Dejamos a la derecha una casa de color azulete y en poco tiempo se llega a las ruinas de un antiguo molino y a la carretera. Allí caminaremos hacia la izquierda siguiendo la Ruta del Carbón.

A la derecha del camino, los caminantes llevan esta magnífica vista, con la mole de Peñamayor al fondo

(Si se dispone de tiempo suficiente, se puede caminar desde este punto un corto trecho hacia la derecha para visitar el “Mechero de Saús”, un curioso fenómeno donde una llama brota de la tierra por la combustión de los gases que se producen en galerías de antiguas explotaciones mineras. Luego habría de volverse hasta el punto de desvío seguir hacia al apeadero de La Curuxona)

Caminamos un trecho por carretera casi sin tráfico, pasamos junto a las antiguas instalaciones mineras y nos dirigimos al apeadero de la Curuxona, donde tomaremos el tren de FEVE, después de haber caminado durante unos 16 ó 18 Km.

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