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SAN MARTÍN - CAMPA EL ESPAÑAL - CARROCERA Un mensaje en la piedra
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Nuestra ruta comienza en el apeadero que FEVE tiene en San Martín. Salimos en dirección a la carretera y caminamos por ella hacia la derecha; nada más pasar una casa de piedra con un par de cipreses que dejamos a la derecha, tomamos un camino que sube entre la tapia de piedra de esta posesión y un arroyo que baja. Llegamos a la carretera y a la iglesia de San Martín, que conviene visitar, aunque hoy no podemos entrar. Un desocupado paisano nos cuenta que esta construida sobre otra mucho más antigua, “del tiempo de los romanos ”, nos dice, y en ella está el sepulcro del Rey Aurelio. Pasamos entre su parte posterior y una casa con mirador, entrando por una caleya ascendente. Este camino es ancho y está empedrado con piedras grandes muy bien colocadas; siempre ascendiendo, pasamos una casa con lavadero y fuente. Dejamos a la izquierda unas cuadras alargadas y de planta baja, que en sus buenos tiempos fueron las escuelas donde venían los escolares de todos estos alrededores, cuando por aquí había niños. Seguimos el camino para llegara al lugar de Baraosa, de quien sabemos su nombre porque charlamos con los vecinos de una casa que nos lo dicen, y nos cuentan cosas curiosas sobre el lugar. Nos dicen, y así lo contamos aquí, que en esta misma casa en la que viven ellos, parece que vivió también el rey Aurelio en sus tiempos. Seguimos nuestro camino y en menos que se piensa nuestro camino desemboca en la carretera; la cruzamos para entrar en otro camino de frente que ahora es algo más estrecho y pendiente. Cuando termina un muro de cemento que sujeta el terreno, nosotros giramos bruscamente a la derecha, abandonando el camino que sigue de frente. Pasamos por debajo de un pasadizo que da servicio a una buena casa y entramos en La Rotura; continuamos unos metros para pasar por debajo de un hórreo, ya que el camino está construido así, cosa curiosa que nunca habíamos visto. Llegamos a una carretera y giramos a la izquierda para caminar por ella durante algún tiempo, pues algunos de los caminos que podrían evitarla están, según nos cuentan, intransitables o perdidos. Pasamos el desvío que lleva a Pumarada, que vemos cerca, allá abajo y seguimos subiendo por la carretera hasta llegar a un lugar llamado La Peruyera. Dejamos una entrada a la derecha que conduce a unas casas y a una antena y luego unas casitas más adelante en la carretera. Pronto veremos una especie de caseta de ladrillo a la derecha de la carretera y que es un notable punto de referencia. A la izquierda baja un camino que conduce hacia Carrocera, con apeadero de FEVE; a la derecha sube otro por el que entramos. Es otro de los magníficos caminos que en tiempos formaron la red que comunicaba los distintos puntos de estas tierras. Está perfectamente empedrado, ajustadas de tal manera sus piedras entre sí, que casi no se ven resquicios entre ellas. Subimos despacio y con alguna parada de vez en vez, no para descansar, sino para contemplar el paisaje que se va abriendo hacia la izquierda.
Llegamos a Llaneces de Pedriego. Si continuáramos hacia la izquierda entraríamos en este lugar, donde podríamos saludar al buen amigo Tomás, al lado de su chimenea nos calentamos cuando hicimos la ruta de “La Quemá”, cuya descripción pueden encontrar los lectores en la Página de Inicio. Pero nos queda mucho por recorrer, por lo que caminamos unos pasos a la derecha y en la intersección con un camino que sale a la izquierda, entramos por él, siguiendo un trozo de la ruta PRAS 194, con la intención de llegarnos hasta La Campeta. Subimos hacia una torreta metálica, pasando entre ella y una cabaña. Dejamos luego la intersección con un camino de la ruta 194 que sale a la izquierda y seguimos subiendo sin dejar la pista que llevamos. Pronto veremos una salida a la derecha, flanqueada por dos postes de la ruta y que puede confundirnos: no entrar por ella y seguir subiendo hasta llegar a La Campeta. Allí podemos hacer un breve descanso, para reponer fuerzas, para contemplar el amplio paisaje que desde allí se divisa y para recordar rutas que ya se han hecho o preparar otras, porque desde aquí se abarca un amplio panorama por donde hemos andado muchas veces. Salimos de allí siguiendo de frente respecto a la marcha que traíamos; entramos por un camino en dirección a una torreta eléctrica a cuyo lado salen varios caminos, tomando nosotros el de la izquierda. Desde allí vemos perfectamente parte de la mencionada ruta de La Quemá, destacando, blanca en el centro de la loma, la ermita del Cristo de la Paz. El camino que llevamos se deja andar bien y es agradable disfrutar del paisaje que vamos recorriendo. Arriba, en un coto, a la izquierda, destacan una antena y una caseta que nos puede servir de punto de referencia, pues luego hemos de pasar por su base. Seguimos por el sendero que llevamos ; enlazamos con una pista más ancha en la que caminamos hacia la izquierda, para llegar en no mucho tiempo a la base de la antena. Allí hay tres caminos, tomando nosotros el de la derecha, para llegar en poco a una pequeña explanada con una verja de cierre de finca a la derecha. La pista sigue a la izquierda, pero siempre hay quienes gustan de atajar, por lo que puede subirse por un sendero de pezuña, en bastante pendiente, que atraviesa el monte bajo y que enlaza arriba, cuando casi no queda resuello, con la pista que seguimos los más prácticos y prudentes. Ahora vamos a llegar a un punto muy curioso, cerca de la campa de El Españal (campa L'Españal): a la derecha del camino, pasan desapercibidas unas piedras grandes, medio ocultas por la maleza y que forman un casi desconocido dolmen megalítico. Conviene curiosear un poco y fijarse en los grabados que se ven en las piedras que lo forman. Ofrecemos aquí un par de fotografías para que los lectores se hagan una idea de lo que allí se ve. Los que andamos estas rutas nos vemos obligados a invitarte a que compartas algún día, las satisfacciones que los componentes de este grupo sentimos en rutas como ésta.
Seguimos el camino; llegamos a una campera con una cabaña a la izquierda y seguimos con nuestra ruta hacia arriba; un camino atraviesa el monte bajo hasta enlazar otra vez con la pista, caminando ahora con Peñamayor a la derecha, en una vista muy amplia y hermosa. Alcanzamos otra pequeña campera en la que entramos, abandonando la pista que nos traía y que se nos marcha de frente. Una señora mayor que se dirige a Cuestespines, nos acompaña un buen rato contándonos cosas que vemos a la vez que caminamos: la casa "de la electricidad", la escuela adonde ella iba de pequeña, "este prao era de mi güelo"... y mil cosas más que se le apelotonaban entre los labios, pues su buena memoria era más rápida que las palabras. Al pasar junto a una cabaña medio derruida, que nos quedaba a la mano derecha, la buena mujer se paró de repente y nos contó una historia que no me resisto a repetirla, pues los caminos no son sólo para andarlos, sino para contarlos.
“En las navidades del año cuarenta mi padre venía de noche para casa con la paga de la semana; al llegar a esta cabaña le salieron unos “fugaos” [maquis] que le dieron el alto y le quitaron los cuartos. Mi padre comenzó a llorar y a dar grandes voces diciendo: ¡mejor me dais cuatro tiros,… que le habéis quitado el pan a mis hijos! A lo mejor se les movió el corazón o cogieron miedo de que alguien oyera las voces que daba mi padre, el caso es que le devolvieron el dinero y mi padre y llegó loco de contento a casa”
Esto es lo que contaba la buena mujer cuando estábamos ya a la altura del área recreativa de Teyera Vallina; seguimos un poco más y en una bifurcación, se despidió, marchando a la derecha mientras nuestro camino doblaba ligeramente a la izquierda, en dirección a unas casas, una de ellas de color amarillo, muy vistosas y remozadas. Ante ellas sale un camino a la izquierda que va a La Llonga y otro a la derecha que es el nuestro; Se deja a la derecha una pequeña campa con fuente y abrevadero y se sigue la pista. Dejamos la entrada a una casa solitaria que luego vemos abajo a la derecha. En algunos tramos hay que salirse de la pista y caminar por el monte pues el camino se encuentra casi siempre inundado porque andan por aquí muchas motos y esas otras máquinas que todo lo destrozan con sus cuatro ruedas y forman unas roderas tan profundas que los caminos no pueden desaguar. Hay varias maneras de encontrar la pista que lleva a la Campa de San Juan; podemos seguir la senda que se hizo para la conducción de agua, cuyas bocas de hierro, redondas y grandes se ven de trecho en trecho. No hay pérdida y en poco llegaremos a una caseta blanca de la traída de aguas; luego pasamos un depósito de agua que se deja a la izquierda y bajamos unos metros hasta enlazar con una pista que, hacia la izquierda, nos lleva a la campa de San Juan. Desde allí caminamos por la carretera hacia la izquierda para bajar a El Corvero y luego, a La Encarnada. Hemos de caminar un buen tramo de carretera, siempre en bajada. Pasamos el campo de fútbol y luego las obras del enorme viaducto que se está construyendo y por aquí hemos de llevar atención, pues junto a unas casas, hay una entrada a la derecha de la carretera que baja hacia el río. Entramos en ella, caminando hacia la izquierda nada más pasar el pequeño puentecillo y después de andar unos minutos, entramos en la senda peatonal que nos llevará, con el río y la carretera a la izquierda, hacia La Encarná, La Huerta, y La Hueria, todo conocido y caminado de otras rutas, hasta llegar al apeadero de Carrocera, donde podemos tomar el tren de FEVE. Hemos hecho una agradable caminata que nos ha servido para conocer lugares por los que hemos pasado tantas veces sin detenernos y que casi no sabíamos que existían, y en los que hemos echado no más de 18 Km., ni menos de 16. Si os animáis a hacer algún día este camino, esperamos que os guste tanto como a nosotros. |