Al pico Polio

 

 
 

Puntos de referencia: Ciaño – taxi – El Cabo – intersección con cabaña, izquierda y portilla – intersección con camino – cortadura vertical – cabaña de piedra, portilla doble y bebedero – pinos y camino de subida al Polio – otra cortadura vertical – alambradas y pista – campera y naves – antena y caseta pequeña – pista y alternativa – postes delgados de cemento – camino, cabaña y enlace con pista – área recreativa de Rozamayor – El Rancho – El Carbonero - Rozaes de Bazuelo – carretera y camino pendiente a la izquierda – camino de cemento - Mieres

 

Presentamos aquí una ruta en la que se hace imprescindible la utilización de dos tipos de transporte para su realización: hemos llegado a Ciaño en FEVE y desde allí tomamos un taxi que nos acerca hasta La Teyera para eliminar la subida por carretera que puede llevarnos más de dos horas y en unos minutos nos ponemos en El Cabo. Salimos de esta localidad por un camino de cemento que deja pronto a su derecha una fuente y un curioso muro adornado con reproducciones de herramientas empleadas por los mineros. El camino está marcado con las señales en blanco y amarillo que indican sendero de pequeño recorrido, y que nos acompañarán en una buena parte del camino. En la ligera subida del comienzo, nos queda a la izquierda un rosario de pueblos y aldeas diseminados por todo el valle y las laderas que lo limitan. Comienza pronto una pista de tierra,  ancha y muy buena de caminar que va dejando ver poco a poco las minas de cielo abierto que dieron fama a todos estos contornos. Tomamos luego una subida algo más pendiente, dando vista allá a lo lejos a un pico con una cortadura vertical, cerca del que pasaremos dentro de unos kilómetros.

Dejamos atrás El Cabo

Cicatrices de las minas "a cielo abierto".

Seguimos ganando altura con el camino, a la vez que dejamos buenos prados a la derecha, mientras que a la izquierda comienzan a verse fincas con tapia de piedra. Alcanzamos una intersección con una tapia a la derecha y dentro de ella una cabaña y que es un punto de referencia a tener en cuenta. De allí sale un pista horizontal que invita a seguirla; y puede hacerse, pues aquí casi todas las pistas llevan al Polio, pero nosotros seguiremos por la izquierda, junto a una portilla de madera y una tapia, por un sendero ligeramente ascendente en el que pronto vemos una señal de la ruta y una tapia de piedra un poco más arriba. Es un camino estrecho que se ve casi cerrado por tojos o cotoyas y también por ramas de brezo que alcanzan en algunos lugares un tamaño considerable, pero a pesar de ello, se deja caminar bien, arropados por un entorno tan agradable.

Cuando acaba la tapia de piedra, aparece a la derecha, en su lugar, un cable de acero de buen grueso, que hace de quitamiedos y da seguridad a los caminantes, para evitar riesgos en el desnivel de ese lado. Después de una subida nada pesada, enlazamos con un camino de mediana anchura; hacia la izquierda se dirige hacia una cabaña que tenemos casi a la mano, pero nuestro rumbo es hacia la derecha. La vegetación de arbustos que limita el camino a ambos lados deja ver un poco más allá, lo que ha quedado de las excavaciones a cielo abierto que tuvieron lugar durante tantos años en todos estos contornos. Caminamos hasta una pequeña cabaña de piedra que dejamos a nuestra derecha; el camino que nos acompaña se  hace más ancho, y se camina con mucha comodidad, a la vez que la vista se alarga y se ensancha. En  una curva a derechas sale de frente un mínimo sendero, que no seguimos, y que lleva a unos pinos y una cabaña, mientras que nosotros seguimos el camino que traemos. Hacia la derecha apreciamos en una vasta panorámica las minas, cuyas heridas vemos  cómo cicatrizan, afortunadamente, de año en año. Estos enormes desgarros y costurones se van suavizando, muchas veces con ayuda de maquinaria al efecto, y otras, de forma natural, dejando ver laderas que verdean donde hace no mucho tiempo presentaban un aspecto descarnado.

El puntiagudo pico del Polio

Pasamos cerca de la cortadura vertical que vimos hace un buen rato, dejándola arriba y a la izquierda y, sin abandonar la pista que traemos, vemos aparecer a lo lejos la silueta  característica del Polio, dejando entrever en la lejanía su pico con las antenas que allí se le espetaron. A la derecha, en una vista que alarga tanto que uno no sabe cuál es el límite, distinguimos algunas aldeas  más allá de lo que fueron las minas. Un paisano con el que nos detenemos unos momentos a charlar nos dice que allá abajo, en la vaguada, se ve el castillete y las casas de Rioturbio.

Caminamos hasta un alto, donde dejamos una pista que sale a la izquierda; y otra también a esta mano un poco más adelante, caminando ahora hacia una cabaña de piedra, muy bien arreglada y cercada por tapia. Pasamos una portilla doble, con un pequeño bebedero a la entrada y nos dirigimos hacia El Polio que ya casi parece que podemos tocar. Nos ponemos en los primeros pinos que nacen en la ladera del pico y por allí hay que buscar un camino, apenas marcado, que nos conducirá cómodamente a la cumbre; desde allí continúa el camino que desciende y enlaza luego  con la pista que siguen los que los que no hacen esta pequeña subida. Los que sigan la pista alcanzarán luego otra cortadura vertical, con signos todavía de las voladuras mineras, que queda a la mano izquierda.

Primera parte del camino. Luego describe un arco para llegar cerca del Polio y bajar a Mieres

Van apareciendo más pinos a lo largo del camino, teniendo desde aquí los caminantes una magnífica vista, que abarca un panorama amplio.; contemplamos, al fondo, Mieres, adonde llegaremos como final de recorrido, y más allá, la chimenea y el humo de la central térmica. Aparecen luego una serie de alambradas colocadas seguramente para delimitar la pista; entramos por ella y la seguimos curveando y descendiendo.  Se llega a una explanada que era en otros tiempos un cargadero de mineral y en donde todavía quedan restos de lo que fue la “Planta de cribado de Carbones Sánchez y Lago”, como se leía hace pocos años  un cartel, hoy desaparecido. Dejamos la explanada y atravesamos una pista para entrar por un amplio hueco de la alambrada hacia una campera que se divisa al frente. Vamos a seguir por un camino ligeramente marcado, que nos conduce a lo largo del cordal, dejando a los dos lados y al frente un paisaje muy agradable. Caminamos  resguardados por una loma de buenas dimensiones del fuerte viento que casi siempre sopla aquí con ganas, de la izquierda, pisando la pradera con un poco de recelo, algo así como si no quisiéramos alborotar la hierba que con tanto esmero peina  el viento.

Al terminarse la loma que nos resguardaba del viento, entramos en otra pradera y caminamos hacia una antena y una pequeña caseta que se divisa al frente y que nos servirá de referencia. No llegamos a ellas, pues antes, junto a un pequeño corral con cercas de tablas, caminamos hacia la derecha por una pista. Pronto veremos otra vez al fondo Mieres, que nos parece, engañosamente, casi a la mano, caminando ahora por una pista que se nos presenta ancha y que llanea, por donde se puede llegar, sin tomar ninguna entrada o salida de menor orden, hasta el área de descanso de Rozamayor. Sin embargo, nos han hablado de un camino que merecería la pena seguir; quienes lo deseen, abandonarán como nosotros la pista ancha para tomar otra que curvea a la derecha y desciende notablemente. Como característica para distinguirla bien, se notará que lleva a uno de sus lados una especie de cuneta-alcantarilla, limitada con piedras planas y grandes, que sirve como desagüe de las lluvias que concentran en estas laderas desprovistas casi de vegetación, donde se forman a veces grandes torrenteras.

A la izquierda del camino dejamos esta boca tenebrosa

Seguimos la pista que nos marca la alcantarilla y bajamos con ella curveando; mientras caminamos se ve un poco más arriba y a la izquierda, la pista principal y a los que caminan por ella buscando la seguridad y escapando de las rutas desconocidas. Pronto alcanzamos una pequeña mata de árboles y arbustos, a veces algo encharcada y que se atraviesa para buscar un sendero que sale al otro lado; pueden servirnos de guía unos postes de cemento, delgados, como de metro y medio de altos, que, espetados en el suelo y numerados, no sabemos con qué fin, nos van a acompañar durante un buen trecho.  Nos meten los postes en un camino que, a los pocos pasos, vemos bordeado de grandes rocas, y en poco tiempo dejamos atrás unos pinos y una cabaña medio derruida. Pasamos luego a otra cabaña de teja plana, situada en un lugar con cierto encanto como puede apreciarse en la fotografía. El camino es muy agradable de andar y nos alegra haberlo elegido en lugar de la pista que hemos caminado otras veces y que han seguido algunos de los componentes del grupo. Parece que fue muy utilizado para llegar a los pastos de estos alrededores y sobre todo como atajo, por los trabajadores que en aquellos tiempos venían andando hasta las explotaciones mineras.

Se ensancha luego el camino; van apareciendo más cabañas y vemos Mieres muy cerca. Enlazamos con la pista que traían nuestros compañeros y caminamos hacia la derecha, llegando en unos minutos al área de Rozamayor, donde hay bancos, mesas, por si se quiere pasar allí un rato de descanso. Decidimos seguir unos metros más y entrar en la carretera; allí podemos seguir por ella para llegar a Mieres. Nosotros entramos  hacia la derecha y en descenso ligero, por un camino de cemento, que nos lleva a un establecimiento llamado El Rancho, donde también puede hacerse un descanso.

Cabaña ganadera y , a su lado, el camino de bajada
Centro de Arte "Casa Duró", en Mieres, donde nuestro camino viene a desembocar

Se continúa la marcha en el sentido que traíamos y salimos por el extremo opuesto para alcanzar una intersección en donde caminamos hacia la izquierda. Es un camino ancho que se retuerce y desciende con bastante pendiente entre prados y arbolado; pasamos una pequeña aldea donde no encontramos a nadie para preguntar su nombre y por no saberlo y no encontrarlo en el mapa,  no tenemos seguridad en que se llame El Carbonero, como dice uno de los caminantes, al que no hacemos mucho caso porque casi nunca acierta. Pero es un punto de referencia interesante: a la derecha sale una carretera que lleva a Mieres, pero en el sentido de la marcha que traíamos, se ve el inicio de un sendero que parece poco apropiado para caminar. No es así, entramos por él y vemos que se deja caminar bien, bordeado de tapia y ribazo y se dirige a una torreta eléctrica. Muy pronto, bajando, bajando, veremos un lavadero y las primeras casas de Rozaes de Bazuelo; aquí sí encontramos unas gentes muy amables que nos dicen el nombre del pueblo y muchas cosas más, tales como que hay misa de tarde, que andan en fiestas y celebraciones, que han preparado frisuelos y … que nos invitan. Los caminantes se miran unos a otros y parece que han echado cuentas de que son demasiados para aceptar la invitación y, dando las gracias, se disculpan diciendo que tienen prisa para coger el tren de las seis.

Continuamos hacia la carretera y caminamos unos metros a la derecha; pero unos metros nada más, pues de inmediato sale un camino a la izquierda, bastante pendiente, por el que entramos, y que atraviesa un bosque muy tupido, abundante en castaños. Enlazamos con un camino de cemento y nos dirigimos hacia la derecha comenzando a ver las primeras casas de Mieres. A la izquierda se ven en primer lugar las antiguas instalaciones mineras con el castillete del conocido pozo Barredo; a su lado se ven lo que fueron instalaciones conocidas como “Fábrica de Mieres” con su característica chimenea, que sigue desafiando al tiempo.

En la placita donde desembocamos se encuentra la ermita de El Carmen, medio ahogada por los edificios de viviendas y a su lado el centro de arte "Casa Duró". Dejamos la plaza y nos dirigimos hacia la estación para tomar el tren de RENFE después d haber caminado, tranquilos, sin ninguna fatiga y por lugares muy agradables, durante unos dieciséis kilómetros, o algo más.

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