XIXÚN - MOLLEDO - EL BERRÓN

Los Payarones

 
 

 

Puntos de referencia:  Salida del apeadero de Xixún – carretera y entrada hacia  Nora – carretera y pista de cemento pendiente – El Merún – pista con algo de pendiente y bosque – casa con pozo – Molledo – capilla – salida de Molledo – camino y vista a la Peña Bobia – comienza camino de pezuña – finca con tapia de piedra y alambrada, entrar a la derecha – Los Payarones – pista de salida- portilla a la derecha y camino que atraviesa el bosque – columnas del viaducto – El Rual – bifurcación, camino a la derecha y El Molino – pista – Santa Marina – parada de autobús – carretera – El Berrón

 

Llegamos en FEVE a Xixún; cruzamos las vías y entramos en la carretera caminando hacia la izquierda. En unos metros se ve a la derecha un indicador que nos manda a Nora por una carretera estrecha y en ligera pendiente; en poco tomaremos un desvío a la izquierda que presenta una buena pendiente. En un alto llegamos al lugar llamado El Merún; un poco más adelante, en una bifurcación dejamos el camino estrecho de la izquierda y seguimos de frente; la carretera se convierte en una pista, primero de cemento, y luego de tierra, con una buena subida, atravesando un bosque de eucaliptos. Se sigue subiendo y más arriba se despeja de árboles a la derecha y se distinguen, a la derecha y abajo, una cantera y un bosque de robles. Seguimos con la subida hasta encontrar unas casas; dejamos en una curva, a la izquierda, una cabaña de piedra. El camino se revuelve a esa mano y encontramos una casa blanca de dos pisos, y a la derecha del camino un pozo con brocal y polea. Luego la pista enlaza con una carretera y entramos en ella caminando a la derecha; hemos llegado a Molledo ( “de Arriba y de Abajo”, nos dice un paisano con pocas ganas de conversación). Quedamos a la izquierda un camino y continuamos por la estrecha carretera al lado de una torre de transformación eléctrica que pone CT Molledo. Dejamos a la izquierda la capilla de San Fernando y un poco más adelante, un bar. Frente a él sale una carretera que baja y que no seguimos, pues nosotros caminamos por la derecha hacia la salida del pueblo, pasando junto a un hórreo.

Pronto encontraremos un camino que sale a la izquierda con la señal roja y blanca de GR y que dejamos para seguir adelante. En otra bifurcación no hacemos caso de la carretera que baja y seguimos por la que asciende en dirección a unas casas que se ven en el alto. Dejamos a la derecha una casa con panera y un poste con la señal del sendero GR de Oviedo a Covadonga y seguimos carretera arriba. Tomamos ahora un camino-pista de tierra  y comenzamos a ver la Peña Bobia, con un cortado a la izquierda y redondeada arriba y con lo que parece desde aquí un poste geodésico o algo parecido, luego a su derecha una pequeña vaguada y más a la derecha otra pequeña altura redondeada y más baja.

A la izquierda se ve un paisaje muy abierto y agradable de mirar mientras se toma un descanso. Llegamos a un lugar en el que sale una pista a la izquierda que rodea la Peña Bobia, pero nosotros vamos a seguir de frente, por un camino de pezuña, ligeramente en pendiente y con ribazo de más de un metro a ambos lados y que sirve de paso y además de escorrentía de aguas. El camino, estrecho, con cotoyas y zarzas que crecen a sus lados, se presenta un poco impertinente,  pero se deja caminar. Como no es muy largo, y además no hay otro sitio para subir, hemos de andarlo con cuidado, pero llegamos al final arriba, donde se nos abre de repente un bonito panorama. El sendero continúa convertido ahora en un camino ancho y llano y se dirige, allá a lo lejos, hacia una torre grande para el tendido eléctrico y luego, mucho más allá, hacia  una antena de telefonía. Esto lo sabemos bien porque lo hemos caminado en otras ocasiones, como saben los lectores que consultan estas rutas.

Hórreo a la salida de Molledo

Pero hoy no vamos a seguir por él. A nuestra derecha, en el mismo alto, vemos una finca cerrada por una tapia de piedra suelta y coronada con alambre de espino. En la misma esquina que está a nuestra mano, sale un sendero de pezuña medio oculto por la maleza, sobre todo de cotoyas (tojos), que se extienden por toda la explanada; el sendero continúa llevando la tapia a nuestra izquierda y se abre a una vista muy amplia sobre ambos lados, dirigiéndose, en ligera bajada, hacia una mata de eucaliptos que se ven cerca. A la izquierda, bastante distantes ya, se ven la torre y la antena; abajo, orientando nuestra mirada entre las dos y las tres del reloj, en el sentido en que caminamos, se ve una casería con un camino que se destaca bien y que nos va a servir de punto de referencia.

El camino es todo en descenso, atravesando monte bajo y matorral y nos lleva hacia una mata de árboles que se ven abajo. Llegamos a un castañal con ejemplares de muy buen porte, atravesado por el camino a veces oculto por la hojarasca abundante, pero que no se deja perder y que poco a poco nos va acercando a la casería. Atravesamos un pequeño prado donde pensamos que nos quedábamos sin camino, pero lo vemos a pocos metros, junto a unos árboles, al otro lado  del pequeño prado. Doblamos ahora hacia la derecha, en dirección a la casería, bordeando un prado grande y llevando a la mano izquierda un seto de árboles y arbustos; llegamos con precaución a un cercado que encierra un hato de cabras; con bastante precaución y mucho respeto, se podría decir, pues a la duda de ser o no bien recibidos por los dueños, se unían la presencia y los ladridos de un imponente perro lobo que nos aguardaba al lado de la vivienda. De inmediato salieron los dueños que hicieron callar al perro y nos acogieron con mucha amabilidad, dándonos toda clase de explicaciones sobre el lugar y la manera de continuar nuestro camino, tanto el padre como el hijo, un mozo que resultó también compañero de rutas en un grupo conocido. El lugar, que recibe el nombre de “Los Payarones”, tiene una buena casa de piedra, sólida y de buena armadura, con sus cuadras y otros añadidos  y una panera muy antigua frente a ella.

Nos despedimos de la familia de Los Payarones y salimos por la pista que divisamos desde arriba, ancha llana y muy buena de caminar. Cuando llevamos andado un trecho sale a la izquierda una desviación que se dobla bruscamente y que no seguimos, para continuar de frente y en descenso. Atravesamos un frondoso bosque de castaños y matorral; a la izquierda oímos los ruidos que indican que por allí pasa la carretera que cruzaremos más tarde. Tenemos que ir con precaución pues los amigos que dejamos antes, nos indicaron un punto interesante: tenemos que encontrar a la derecha una salida que se dirige a una portilla de palos que está a unos pasos de la pista y de donde saldrá un camino de pezuña que habremos de seguir. Caminamos con la vista pendiente de esta señal hasta que damos con ella. En efecto, de la misma portilla sale hacia la izquierda un sendero de pezuña que corre de momento paralelo con la pista, pero que pronto tuerce a la derecha para evitar la carretera adonde va a desembocar la pista que llevábamos antes.

Arriba distinguimos la Peña Bobia

Es un camino estrecho y se anda bien, entre arbolado, fundamentalmente de castaños y muchos matorrales que asilvestran estos montes. Luego el camino comienza a descender para llevarnos hasta la base de un viaducto, por entre cuyas grandes columnas pasamos, caminando hacia la izquierda por la pista en que se ha convertido el sendero. Dejamos a la izquierda otra pista muy empinada, posiblemente de las obras del viaducto y se nos une un arroyo que corre con nosotros, a la derecha, en busca de unas casas que vemos allá abajo. Estamos en El Rual, y eso lo sabemos muy bien porque vemos a la izquierda una pequeña caseta de bombeo de aguas que dice: “Bombeo de aguas potables El Rual”. Un poco más adelante vemos, también a la izquierda, una casa que nos habían comentado que fue en tiempos un molino. Como no vemos canal, ni río ni trazas de ello, la habríamos pasado si alguien no se hubiera dado cuenta de un arco semienterrado que pudiera ser la entrada de aguas del canal. Intentamos preguntar, pero no nos contesta nadie en esta casa ni en la siguiente, por lo que nos quedamos con la duda. Sacamos una fotografía para que quienes lean lo que decimos en esta ruta opinen lo que les parezca, y si pasan algún día por aquí y se aseguran de ello, nos saquen de dudas.

La pista se ensancha más y continúa en ligero ascenso atravesando un lugar muy poblado de arbolado; a la derecha hay abundancia de árboles y arbustos de ribera, porque por allí corre un arroyo que parece ser el arroyo de Las Calles; a la izquierda, con más altura, se ve un bosque de castaños y maleza. Llegamos a una bifurcación; arriba se distinguen la iglesia de Santa Marina. Dejamos la pista ancha que sube por la izquierda y  entramos por la derecha en ligera bajada hacia unas casas muy bien arregladas que se ven a unos pasos. Cruzamos un pequeño arroyo que baja de la izquierda y pudiera ser el Somberón.

Molino en El Rual

[Esto citar los nombres de los sitios por donde se pasa, parece que da un tinte de seguridad a lo que se escribe. Yo los pongo tal y como me dice uno de los compañeros que siempre anda liado con mapas, brújula, cuentapasos y cosas así en la mano. Si algo no está en su sitio, ya pueden disculparnos, aunque sólo sea por el interés que nuestro amigo pone en ello]

Lo cierto es que hemos llegado a un lugar realmente hermoso: el conjunto de las casas que hemos pasado, el arroyo, la vegetación que se ve por todos los lados, los dientes de león amarilleando el prado, y por si fuera poco, una finca que vemos a nuestra derecha y hacia donde corre el arroyo. Está cerrada por una verja con un nombre que dice: El Molino, y entre y los árboles, medio distinguimos un edificio que pudiera haber tenido tal uso. Es una pena que desde Los Payarones no hemos vuelto a ver ni un alma en el camino ni en las casas que vamos pasando, para charlar un rato y enterarnos de las cosas que nos gustaría conocer y contar.

Seguimos por la pista, ahora en ligera subida, dejando, al llegar arriba, un muro de piedra a la izquierda de buena dimensión y sólida estructura. Se llanea ahora y pronto alcanzamos una bifurcación; allí, si los lectores que se animen a recorrer este camino nos hicieran caso, seguirían por la izquierda hasta Santa Marina, lugar que merece la pena visitar, pero además, donde puede darse al estómago lo que viene pidiendo hace un buen rato. Pero, con poca fortuna para los nuestros, seguimos por la derecha tomando un camino que desciende y dejando luego unas casas de buen tamaño y presencia. Llegamos a una parada de autobús y un stop; a la izquierda, del otro lado de la carretera, hay una bonita panera, pero nosotros vamos hacia la derecha. No tenemos más remedio que advertir a los lectores que hemos disfrutado suficiente de caminos muy hermosos durante todo el recorrido, por lo que, aunque se caminen unos kilómetros por carretera, puede darse por bien empleado. Llegamos otro stop; a la derecha se va a Pumarín y por allí queda también el palacio de Hevia, pero nosotros vamos hacia la izquierda, pasamos un puente y, a la salida, caminamos hacia la derecha para llegar a la estación de FEVE de El Berrón, donde damos por terminada esta caminata de unos quince kilómetros, o así. 

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