NAVA - PILOÑETA - CAMPANAL - NAVA

 

 
 

Puntos de referencia:  Estación de Nava – carretera de Piloñeta – Palacio de La Cogolla – bifurcación – ermita de San Antonio – entrada a la ruta – puente y molino – entrada al sendero – molino que se atraviesa – escaleras y canal -   molino en ruinas – enlace con la pista – último molino y volver para tomar sendero – ruido de la central y edificio y torres eléctricas – enlace con pista – Campanal – vuelta al punto de intersección – continuar ruta – Gradátila – Piloñeta – Vuelta a Nava por el camino de venida.

 

Arranca nuestra ruta de la estación de FEVE en Nava, desde donde salimos buscando la carretera que lleva a Piloñeta; vamos a caminar, aunque prometemos que no sea mucho, por una carretera con muy poco tráfico. Pasamos un lugar llamado La Cogolla en donde vemos un cartel que informa sobre el “palacio de La Cogolla”. Caminando un poco más encontramos una bifurcación; hacia la izquierda se va hacia Ovín, Buyeres y Fuensanta. Nuestra ruta se mete por la carretera de la derecha más estrecha y con menos tráfico que la anterior y por la que caminamos muy poco tiempo, pues nos damos de sopetón con Piloñeta. A la izquierda sale una caleya desde donde se ve la ermita de San Antonio, que es obligatorio visitar. Y queremos advertir a todo el que leyera esta página lo que nos contó una buena mujer cuando nos enseñó la ermita la primera vez que pasamos por aquí: “El viajero que pase de largo sin visitar a San Antonio, perderá alguna cosa en el camino”. Por si acaso, todos los componentes del grupo nos llegamos a cumplir con esta obligación; y debe ser la cosa verdad, porque de regreso, cuando estábamos en el tren, se hizo recuento y nadie había perdido nada.

A unos pasos de la ermita hay un bar, y también es obligatorio parar allí, porque frente a él comienza la llamada “Ruta de la Ribera del Río La Peña”, que tiene por nombre oficial  PRAS – 198. Señalizada con un poste a la entrada, un camino de cemento, curveando, y siempre en descenso, nos va a llevar al nivel del río.  Se atraviesa un hermoso paisaje con mucho arbolado y prados cerrados y muy bien cuidados; mientras caminamos por este agradable camino, podemos ver allá arriba y el frente las estribaciones de Peñamayor. Llegamos a un puente que nos deja pasar el río Fuensanta; a la izquierda vemos unos edificios abandonados y a su lado una pista ancha que en pronunciado ascenso nos llevaría, de subir por ella, a “Las Praderas” (Les Praeres). Pero nuestra vista se fija en otro punto: al frente vemos una casa con tapia de piedra en el frontal y dentro, un hermoso tejo; a su derecha baja el arroyo de Pra y todo el conjunto forma lo que desde antiguo se conoce como “molino de Pra”, hoy reconvertido en una hermosa vivienda.

Pasamos un elemental puentecillo que nos deja salvar el arroyo para tomar una pista. En muy pocos metros la abandonamos pues a la izquierda se ve un poste de la ruta que da entrada a un camino ancho que corre junto al río  casi a su altura. Vemos la antigua canalización del molino así como la presa para almacenar el agua que lo movía. Un poco más adelante se atravesarán un par de pasaderas que cruzan el camino a la vez que dejamos a la izquierda las ruinas de otro antiguo molino, éste y todos los que vienen con menos suerte que el primero. Esto se aprecia muy bien en los restos del que acabamos de pasar, comidos por la maleza, la humedad y el tiempo casi no se distinguen de las rocas que lo rodean.

Rincón del bonito pueblo de Piloñeta
Ermita de San Antonio en Piloñeta

Llegamos a otro molino, de muy buenas dimensiones y con la curiosidad de que la ruta está trazada entrando por su puerta principal y atraviesa lo que fue la estancia del propio molino, para salir por el extremo opuesto. Allí vemos restos de las piedras de moler, la de la base, de un buen tamaño, y como a cosa de  un par de metros de altura, un agujero circular hoy cegado y por donde caía el agua al molino. En la pared, arriba, se ven las huellas del piso superior que se utilizaba como vivienda de la familia, destacando los blancos azulejos que formaban parte de la cocina. Al salir, nos lleva el camino hacia una escalera construida en la piedra, con una cadena a la derecha para ayuda de quienes lo necesiten. Es un reflejo como otros muchos que vemos en la ruta, del interés que el Ayuntamiento de Nava tiene por esta ruta, muy cuidada hasta en los mínimos detalles, y que se agradece desde aquí.  Arriba nos dirigimos a otra escalera con quitamiedos de palos redondeado. Llegamos al canal que suministraba el agua al molino que dejamos abajo, y que ahora nos sirve para caminar por él. No se aprecia todavía la longitud, pero su anchura de cerca de un metro y su casi medio metro de profundo, así como las paredes de piedra perfectamente construidas, nos dan idea del esfuerzo que nuestros bisabuelos hicieron, tanto para el propio provecho, como para el desarrollo de su tierra.

Caminamos hasta la altura de la presa donde se almacenaba el agua que este canal se encargaba de llevar hasta los molinos; caminamos por un sendero de pezuña bien marcado que atraviesa un frondoso bosque de robles y castaños, entre los que abundan avellanos, alisos y monte bajo. En el camino encontramos otro molino, casi en ruinas, del que vemos el arco de desagüe en la fachada por la que llegamos. Curiosamente dentro de las paredes casi derruidas del molino abandonado a su suerte desde hace muchos años, ha crecido un árbol de un buen tamaño. En el dintel de la puerta, formado por una piedra de un buen tamaño, se ve una fecha borrosa, donde parece leerse 1818. Después de caminar un trecho enlazamos con una pista; es la misma que se iniciaba junto al molino de Pra. [Bajando por ella se regresa al punto de partida formando un cómodo paseo para personas poco acostumbradas a caminar]

Nosotros seguimos unos metros por la pista que lleva el río a la izquierda; dejamos una pasarela de cemento que lo cruza y lleva a los prados de la otra orilla, hasta llegar a un cartel con dos indicaciones: una manda hacia el frente para visitar el último molino y otra manda ir a la derecha, donde se lee: "continuación del sendero". Hacemos las dos cosas, primero visitamos el molino y luego, una vez que volvemos al punto del letrero, entramos por un sendero muy marcado sobre el suelo del frondoso bosque que atraviesa; siempre en ascenso vamos abandonando poco a poco el río que nos ha servido de compañía durante un buen rato. Después el camino se pone más pendiente y se interna cada vez más entre el bosque, pero no hay peligro de desviarse pues las señales blanco-amarillas se ven, muy de poco en poco, unas veces en las piedras del suelo y otras en los árboles. Por la izquierda, cuando se abre un claro en el bosque, se pueden distinguir allá arriba las estribaciones de Peñamayor recortadas sobre el cielo.

Molino de Pra, un rincón que tiene encanto
Hemos llegado a Campanal, hermoso pueblo de gentes encantadoras

El sendero enlaza con un camino más ancho, con ribazo a los dos lados, a la vez que el bosque se abre mucho más, dejándonos ver del otro lado del río un edificio que no tiene aspecto de vivienda y que nos extraña por sus dimensiones, y a su lado un torre de alta tensión con cables que salen o llegan allí.  Hace un buen rato venimos oyendo un ruido sordo y continuo. Más tarde nos dirían en Campanal que se trata de una central eléctrica llamada El Perancho (El Peranchu). Un poco más adelante el bosque clarea casi totalmente, terminando con una mata de eucaliptos de mucha altura y raros de ver por estos contornos. Seguimos caminando por este camino, ahora muy llano y tranquilo de andar, con unas vistas muy agradables, hasta llegar a una pista con dos letreros de la ruta: Hacia la izquierda se invita a visitar Campanal y hacia la derecha se cerrará el circuito cuando se llegue al punto de inicio.

Decidimos seguir hacia la izquierda para llegarnos a conocer el pueblo de Campanal, subiendo por una caleya-carretera hasta llegar arriba a una torreta eléctrica; a su izquierda vemos la calle de entrada. Campanal es un bonito pueblo al que estuvimos casi tentados a no llegarnos, y bien que lo habríamos sentido, tanto por lo cuidado y limpio, como por la antigüedad de sus viviendas, algunas de ellas reformadas y muy bien preparadas. Tanto que algunas se han convertido en albergues rurales y parece que a los dueños le dan muy buen resultado.

Volvemos al punto de enlace desde donde subimos a Campanal y ahora seguimos el camino por el circuito principal, caminando por un pista ancha, con un agradable paisaje a ambos lados que casi siempre en descenso, nos llevará hasta un puente que pasamos. Inmediatamente después de una ligera subida, llegamos a Gradátila. Es admirable ver cómo algunos pueblos, como los que hoy estamos recorriendo, han sabido conservar su sabor tradicional, con sus viviendas de siempre, reformadas ahora para adaptarse a las comodidades actuales. Tomamos un camino de cemento que nos lleva otra vez a Piloñeta, y como casi no habíamos visto el pueblo por la mañana nos aprovechamos para hacerlo ahora. Salimos por donde entramos y hacemos el recorrido hasta Nava de la misma manera que vinimos, para llegarnos a la estación de FEVE donde tomamos el tren.

Volver a F6