DESDE  EL PARADOR HASTA PEÑAULLÁN

Con el canal a la mano

 
 

 

Puntos de referencia: Apeadero de FEVE – Calle del Moral – El Pico, antenas – Ponte – tablillas indicadoras de rutas – pasaje bajo la autopista – canal – primer acueducto – vieja caseta y entrada a otro acueducto – tercer acueducto – intersección con carretera, curva y fuente – cementerio de Riberas y señal con sendero – Ociella – caleya con fuente y tapias – roca grande y riachuelo – cipreses, camino y fuente – Monterrey – La Quintanona – Cotollano – Carrocedo y puente – camino pendiente e intersección con carretera – Doña Palla - Peñaullán

 

Nos bajamos del tren de FEVE en el apeadero de El Parador. Se pasa la rotonda y, bajando en dirección a la estación, entramos por la primera calle a la izquierda que tiene  más adelante una pendiente apreciable; cuando estamos casi arriba, llegamos a un lugar llamado El Pico, y doblamos a la izquierda para subir por un camino también  pendiente. Terminan las casas y el camino se hace de tierra y de hierba. Quedamos a la izquierda una panera muy curiosa convertida en vivienda, y a la derecha unas escaleras que suben a unas antenas.

En una intersección que encontraremos pronto, seguimos hacia la izquierda, caminando en busca de unas casas que vemos abajo y por entre las que pasa el camino. Hemos llegado a las primeras casas de Puente, en donde se contempla nada más entrar, a la derecha, un antiguo hórreo con una curiosa decoración de grabado. Abajo, en la intersección, giramos a la derecha y caminamos hasta alcanzar un grupo de edificaciones; se pasa entre una panera forrada y una casa blanca e inmediatamente entramos por un camino de herradura, de hierba, que desciende dejando a la derecha la casería.

Estamos ya en la carretera y entramos en ella caminando hacia el frente y dejando una pista a la izquierda y otra carretera hacia la derecha; vemos en una torre de transformación  que pone CT  Ponte, por lo que sabemos que nos encontramos en este lugar. Caminamos ahora hacia la izquierda, curveando y en ligero descenso hasta otra intersección; si camináramos a la derecha llegaríamos a unas casas y a la antigua escuela, hoy sin uso para esos menesteres. Pero nuestro camino sigue por la izquierda, pasando entre una vieja panera y una cuadra de piedra, y llegando en muy poco hasta la intersección con otra carretera. Allí  vemos a la derecha una casa de piedra restaurada con mucho gusto, y a su lado un mojón de piedra, con el símbolo de la “Ruta del Agua”, y en el que se ve que estamos en el Km 20 de esta ruta. Vemos también allí unas tablillas con las indicaciones del PRAS 49, a La Ferrería, a Riberas y a Soto del Barco.

Nuestro camino continúa por el lateral de la casa que tiene un ventanal panorámico, y nos dirigimos hacia la autopista, buscando un amplio pasadizo por el que la traspasamos.  A la salida giraremos a la derecha en busca de una casa con hórreo que se ve de frente. Sale un camino que sube hacia ella y entramos por él, dejándola a la izquierda en nuestro caminar; pronto curvea el camino hacia la derecha y en la subida nos topamos de repente con el “canal del Narcea” y un cartel que nos indica otra vez la “Ruta del Agua”. Este canal nos acompañará durante una buena parte de nuestra ruta de hoy, siempre con el agua en sentido contrario al de nuestra marcha.  Sirve este canal para la conducción de agua hasta la antigua siderurgia de ENSIDESA en Avilés. Se nutre en el río Narcea, que confluye con el Nalón no muy lejos del lugar donde terminaremos nuestra ruta de hoy. Aunque tiene algunas partes soterradas, lo llevaremos siempre a la mano, salvando con él unos buenos desniveles por medio de acueductos de una altura considerable.

Nuestro camino y el canal corren paralelos
Por el estrecho camino de la izquierda pasamos este acueducto

Continuamos ahora la marcha en su compañía, dejando muy pronto a la izquierda una pequeña casita blanca de una planta a la que se llega atravesando el canal por un puentecillo, y viendo a los pocos pasos un mojón que nos indica el Km 21. No abandonaremos la senda paralela al canal por ninguna de las desviaciones que salen de vez en vez  a las dos manos. En algunos lugares, la vegetación desaparece en parte y nos deja ver la autopista en construcción. Pasamos un caserío que nos queda a la derecha, con uno de los tejados al nivel de la pista que caminamos. Un poco más adelante encontramos una bajada a la derecha que no seguimos, pues continuamos con el canal a nuestra mano. Poco más y encontramos el primer acueducto por el que entramos. Tiene una parte adecuada para el paso de peatones, con barandilla a la derecha que sirve de elemento de seguridad y no presenta el menor peligro; sin embargo no está de más recordar que han de extremarse al máximo las precauciones.

A la salida seguimos la marcha, siempre con el canal a nuestro lado y densa vegetación de eucaliptos que nos acompañan por un camino generalmente ancho, que se camina bien, aunque en algunos lugares se estreche algo, comido por la vegetación que crece por aquí muy frondosa. Viene ahora un punto de atención: veremos una vieja caseta y, nada más rebasada, hay que desechar el sugerente camino que nos sale al frente para entrar hacia la derecha por un sendero que nos lleva hasta otro acueducto de las características del anterior y un poco más largo. Tomen precauciones como antes los miedosos, que han de agarrarse a la barandilla. A la salida hay un trozo del canal algo invadido por la vegetación y ha de caminarse justamente por el borde del cemento.

Se continúa el camino, dejando a la derecha otra caseta vieja y luego una pista que sale a la derecha y hacia atrás. Unos pasos más adelante atravesamos el tercer y último de los acueductos. A la salida de él, un sendero estrecho y en ligera bajada nos va alejando del canal, dejándolo a la izquierda en un lugar llamado La Uz, como se adivina más que se lee en unos azulejos que se ven en la pared del canal. Llegamos a la intersección con una pista-carretera en la que caminamos hacia la derecha y en descenso.  En unos metros se llega a una curva y allí mismo, a la derecha, se ve la entrada de un camino y, a unos pasos, podemos disfrutar de una fuente con abundante agua muy buena de beber.

Seguimos nuestra ruta por la carretera que traíamos, dejando a la derecha una desviación que lleva a La Barrera, alcanzando en poco más de caminar, las tapias del cementerio de Riberas. A unos pasos, al terminar un murete de piedra que corre con la carretera a la izquierda, hay un poste con una señal amarilla y a su lado sale un sendero de pezuña que lleva hacia un barrio llamado Ociella.  Aquí hemos de volver dentro de unos instantes, pero antes queremos hacer una visita al pueblo de Riberas que tiene hermosos rincones y además,  para contemplar su magnífica iglesia. Riberas tiene apeadero de FEVE por si alguien se viera obligado a acortar la ruta. Volvemos al punto que se dejó atrás y entramos por él; es un camino estrecho que atraviesa pronto un regato y que se alarga dejando Riberas del otro lado y a la derecha. Pasamos una casita solitaria en el camino y entramos en una pequeña carreterita junto a unas viviendas y un hórreo. La atravesamos, entrando en una caleya que baja entre una tapia y una casa cuadrada y blanca. A la entrada hay una señal que dice “PRAS49 El Castro”, y, a la izquierda, se ve una fuente de grifo. Caminamos flanqueados por dos antiguas tapias de piedra que nos llevan en poco hacia una gran roca que vemos al frente, y a una hermosa casa llamada “Villa Capricho”. Nos encontramos con un riachuelo, lo pasamos y giramos hacia la derecha, para bajar con él unos metros por la carretera. Junto a una fila de cipreses, a la izquierda, veremos salir un camino con una buena subida; en su inicio hay otra fuente con agua que invita a refrescar. Es una curiosa fuente con un triángulo de estilo clásico coronándola, con moldura, y en cuyo interior se lee:

Esbelta torre de la iglesia de Riberas

En

1865

la mandó hacer

a su costo

D. José E. Corujedo

y dedicada a sus vecinos

 

[Para “quien se dé por enterado”: Esta hermosa fuente se encuentra de año en año cada vez más deteriorada. Aunque sólo fuera en memoria del desconocido para nosotros D. José, y de la misma hermosura de la fuente, alguna autoridad debiera interesarse por ella]

Subimos por este camino llevando una buena tapia de piedra a la derecha, entrando al llegar arriba en un lugar llamado Monterrey; lo pasamos y alcanzamos una carretera en la que caminamos hacia la izquierda mandados por una señal que dice como otras veces “a El Castro”. Dejamos a la derecha un hórreo y una enorme tapia de tres o cuatro metros de altura, que llega hasta una casa grande y muy hermosa de tres pisos, conocida con el característico aumentativo de ”La casa de la Quintanona”. Junto a ella puede leerse el letrero que invita a seguir la ruta de Santa Eulalia, cosa que hoy desechamos. Pasamos esta casona y siguiendo el camino, en no mucho tiempo estaremos en un lugar llamado Cotollano; lo pasamos y caminamos ahora por una estrecha carretera. En pocos metros, y cuando empieza a ascender, se ve a la derecha una señal de la ruta que nos manda entrar por un camino de tierra que pronto comienza a ascender entre los eucaliptos, con profundas roderas producidas por los tractores que se emplean en esta zona maderera. No dejaremos la pista principal y debemos andar con ojo, pues, para la saca de madera, suelen abrirse caminos que pueden despistarnos. El camino deja de ascender, y cuando se corona y desciende, llegamos a una intersección. Hay que abandonar la que sigue de frente y en ascenso, para entrar por la que sale a la derecha y que desciende suavemente. Si los eucaliptos nos dejaran vista a nuestra derecha, veríamos prados, el valle y caseríos diseminados por allí. Caminando por esa pista, abajo encontraremos a la derecha una cabaña de piedra y, si el caminante se fija en una esquina, verá una señal de la ruta que nos invita a doblar la esquina y a bajar por allí. Se atraviesa el prado por un sendero marcado, en dirección primero hacia tres o cuatro árboles dispersos, un buen cerezo el primero, y luego a una casería, con hórreo y unas cuadras, que forman parte de lo que se conoce como Carrocedo (Carrocero).

Hermoso rincón en Riberas
La "Quintanona"

 Llegamos a la carretera; a la izquierda vemos una señal que indica la dirección para ir hacia Riberas, de donde venimos pateando senderos más aparentes para caminantes que la carretera. Nuestro camino se dirige ahora hacia la derecha, pero caminaremos hacia allí unos metros nada más, pues en cuanto pasemos un caserío, unas señales de la ruta nos invitan a subir hacia la izquierda por una pista ancha. Tiene bastante pendiente y ha de tomarse con la debida tranquilidad, mientras se atraviesa un bosque de eucaliptos, entremezclados con algunos castaños. Coronamos y se alcanza una pista de cemento en la que caminamos hacia la izquierda. Estamos llegando a la casería de nuestro buen amigo, el señor Arturo con el que conversamos siempre que pasamos por aquí. Además de otras cosas, tiene en su finca unos magníficos árboles frutales. Recordamos los nisos con que nos obsequió la última vez.  Hoy los hermosos cerezos revientan de rojo y parece que van a romper las ramas por la carga de cerezas que sujetan. En la carretera, caminamos hacia la derecha contemplando, mientras bajamos hacia Doña Palla, las casas y fincas hermosas muy bien cuidadas, y la gran cantidad y variedad de frutales que se ven a los dos lados. Es una magnífica vega que siempre ha gozado de muy fama por el cuidado y el mimo con que la trabajan estas laboriosas gentes. Abajo, dejamos a la derecha, medio escondida, la fuente de Doña Palla, hoy con el fastidioso letrero de “agua no potable”. Caminando, caminando, llaneamos entre casitas de una planta, en poco más, nos encontramos entre los primeros hórreos de Peñaullán, para ponernos en el apeadero de FEVE donde tomaremos el tren y donde damos por terminada esta caminata de unos catorce o quince kilómetros, no sabemos si bien o mal contados, pero muy agradables de caminar. 

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