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UNA VUELTA A CIAÑO Monte, carbón y buenas gentes | ||||||||||||||||||||
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Como ya saben los que han tenido algún contacto con estas rutas, están diseñadas para utilizar los medios públicos en los desplazamientos. Por el tipo de recorrido circular de algunas de ellas, como la que se propone aquí, puede utilizarse el vehículo propio, aparcándolo en la estación del tren hasta su recogida al finalizar la caminata.
Salimos del apeadero que FEVE tiene en Ciaño y caminamos hacia la iglesia; tomamos allí la carretera caminando hacia la izquierda para dirigirnos hacia las instalaciones del pozo María Luisa. Casi enfrente mismo del castillete sale a la derecha la calle El Polvorín y subimos unos metros por ella. En unos pasos entramos por un camino ascendente, de cemento, que se revuelve a la izquierda. Está marcado con las señales blanco-amarillas de los senderos de pequeño recorrido, que nos acompañarán durante todo el camino. A los pocos minutos de subida un indicador nos dice que estamos en El Centenal. Desde aquí vemos ahora con detalle las instalaciones mineras que dejamos abajo, distinguiendo los dos castilletes del pozo María Luisa, y del otro lado, el antiguo pozo San Vicente, hoy convertido en escuela-taller. En poco tiempo estamos en las primeras casas de La Xuga; nuestra ruta se mete entre una casa, con señal de la ruta en una de sus esquinas, y una buena panera. A unos pasos vemos el inicio de uno de esos caminos empedrados que tanto se utilizaron antaño y que ya sólo sirven para las pocas gentes de estos contornos y para algunos caminantes. Más arriba vemos de frente un sendero que no seguimos, pues el nuestro nos lleva por la derecha y en subida. Sin darnos casi cuenta nos vamos a encontrar en un pequeño lugar llamado Cortina, “ que no viene en los mapas ”, nos dice un amable vecino, y es cierto que no lo hemos visto, y por eso lo ponemos aquí. Entramos por un camino de cemento que sale a la derecha, también, ¡cómo no!, en subida. Por él llegaremos en poco tiempo a El Navaliego, lugar algo mayor que los que hemos dejado atrás. Pasamos la parada de autobús, luego un lavadero con fuente, y continuamos nuestra ruta por la carretera. Desde aquí tenemos una magnífica vista de las antiguas minas de cielo abierto, hoy afortunadamente restauradas en lo que se puede; en algunos lugares están plantando árboles autóctonos y en otros, manzanos para la elaboración industrial de sidra.
Siguiendo la carretera, nos ponemos en poco tiempo en Cabaños. En las primeras casas se ve a la izquierda un indicador de la ruta que da entrada a un camino por el que llegaremos a Perallonga y luego al Mayau Miguel. Es otro hermoso camino, empedrado, flanqueado por lo que fueron buenas tapias de piedra; se camina bien y atraviesa un frondoso bosque donde abundan entre otros árboles, los castaños. Vemos al caminar, una antena que luego dejaremos a nuestra derecha; pasamos una cabaña ruinosa, luego una casa-vivienda abandonada y pronto se abre a nuestra izquierda una hermosa vista que nos deja contemplar un paisaje muy agradable, llegando, allá a lo lejos, hasta Peña Mayor. De repente nos encontramos con unas casas: a la derecha y arriba, bien espetada, una escuela, con ese corte típico de las escuelitas de los años setenta, con las aulas abajo y la vivienda del maestro arriba, vacía de niños ahora. Hemos llegado a Perallonga. Lo que parece un pueblo abandonado no lo es tanto, pues todas las veces que pasamos por aquí podemos conversar con un amable vecino que sube hasta aquí todos los días y nos ofrece siempre un buen rato de charla; todavía siguen sin luz: "Ya ven, robaron todo el cable del tendido eléctrico hasta allá abajo, y así estamos" . A la derecha sale una pista en ascenso por donde abandonamos el lugar. Luego llaneamos un buen tramo, pasamos la antena que llevamos viendo un buen rato a nuestra derecha y no hacemos caso de un indicador que invita a La Texera, pues nuestro camino sigue de frente. Hemos llegado a un punto en el que ofrecen a los caminantes dos alternativas: seguir de frente o entrar por la izquierda guiados por una señal que nos indica “Al Mayau Miguel”, o seguir de frente.
Para subir el Mayau Miguel, tomamos un camino de tierra marcado con un cartel en su inicio; pronto aparece una tapia a la derecha, que va a servirnos de referencia en unos metros. Veremos que sale una pista a la izquierda, pero no la seguimos pues caminamos con la tapia a nuestra mano derecha, aunque la veamos en algunos trozos casi cegada por la maleza. Llevando al lado la tapia como referencia, podremos ver señales de la ruta en algún poste de la alambrada y luego en piedras de un sendero que poco a poco se hace más marcado y que gana altura a la vez que se dirige hacia la izquierda hasta llegar casi a la cortadura del monte. Encontramos ahora señales de la ruta pintadas sobre piedras del camino hasta que entroncamos con una pista de cemento que tiene en la confluencia un poste con el número de la ruta, PRAS41. Tomamos la pista hacia la izquierda y en poco tiempo alcanzamos las construcciones de una ganadería que nos queda casi a la mano; a la derecha vemos una campera muy agradable y que forma el Mayau Miguel, adonde teníamos ganas de llegar, y que es el punto más alto de nuestro recorrido. Unas rústicas mesas invitan a un descanso y a la contemplación del paisaje que se ve en derredor. Después de este gratificante descanso desandamos el camino por donde hemos subido, pero sin entrar al monte por el sendero de llegada; dejamos el poste de intersección y continuamos bajando por el camino de cemento. Enlazaremos abajo con el camino que se traía, viendo un indicador que confirma hacia la derecha algunos lugares por los que hemos pasado.
Si se deciden los caminantes a seguir de frente no tienen más que seguir la pista-carretera sin tomar ninguna de las desviaciones que no hace mucho tiempo nos ofrecían hermosas alternativas, pero que hoy se encuentran cegadas e intransitables. Llegamos a La Texuca, hermosos lugar del que vemos la entrada hacia la izquierda. Entramos en el lugar invitados por dos señales que se ven a la entrada, dejando a ambas manos unas casas muy bien arregladas. Allí viven pocos vecinos de continuo, pero entre ellos y los que vienen, fieles a su tierra, los fines de semana, tienen su pueblo que es una joya. Pero sólo vamos a hacer un pequeño descanso y a informarnos sobre el estado de la ruta que continúa al final de la fila de casas. [Hace unos años no tenía dificultades notables, y nuestro grupo lo ha seguido en otras ocasiones pero es conveniente consultar con los vecinos] Hoy nos decidimos a caminar por la carretera pues las informaciones así lo aconsejan. Paso a paso y con la ventaja de caminar en descenso y por una carretera cómoda y sin tráfico alguno, nos dirigimos hacia unas casas que vemos allá abajo y que sabemos que pertenecen a El Corralón. Nos ponemos en la desviación que nos sale a la izquierda y, guiados por el indicador entramos en una estrecha pista-carretera que pronto deja a la izquierda un par de casas. Llegamos a una panera y un par de casas muy bien cuidadas, notando que de la izquierda baja un camino marcado con la señal de la ruta y que viene de La Texuca. Ahora comienza una pista de cemento con una buena pendiente, atravesando un bosque de castaños en donde se abren algunos prados; acá y allá aparecen bastantes viviendas que van abundando a medida que desciende la altura del terreno.
Dejamos a la izquierda un campo de fútbol; seguimos caminando un poco más adelante veremos las instalaciones del pozo San Luis, que nos indica la proximidad de La Nueva, a donde llegamos en menos que se piensa. Entramos en su plaza y nos dirigimos a la derecha, pasando las antiguas pero muy aparentes instalaciones de la mina. Cuando acaba la tapia que la cierra, sale a la derecha un sendero peatonal construido sobre lo que fue la caja del ferrocarril minero que llevaba el carbón del San Luis a Ciaño.
Quienes quieran tener más detalles, pueden echar una ojeada a la ruta "El Tendeyón", ya que estamos haciendo el recorrido en sentido contrario al allí indicado. En pocas palabras se trata de un tranquilo sendero que, con un entorno muy agradable, nos lleva hasta las instalaciones del pozo Samuño, que dejamos a nuestra izquierda. Bajamos por unas escaleras construidas en lo que fue un plano inclinado por donde se deslizaba el ferrocarril y pasamos una explanada. Tomamos otra vez el sendero, con el río Samuño que baja a nuestra derecha y que busca al río Nalón en Ciaño, para caminar en un paseo tranquilo hasta El Cadaviu. En el cruce, atravesamos la carretera para dirigirnos hacia unas escaleras que se ven a la izquierda, en las que unas señales blancas y amarillas indican que por allí sigue la ruta, aprovechando todavía la caja del antiguo ferrocarril y bordeada de viviendas y pequeños huertos. Nos hemos puesto en Ciaño siguiendo este agradable paseo; nos dirigimos al apeadero para tomar el tren que nos trajo por la mañana y dar aquí por terminada esta caminata que nos ha llevado unos dieciocho o veinte kilómetros, pero que nos ha sabido a poco de lo agradable que se nos ha hecho. |