Francesco Borromini

Francesco Borromini fue uno de los arquitectos italianos más importantes del siglo XVII. Su auténtico apellido era Castelli, que cambió luego por el de su madre, Borromini. Nació el 25 de septiembre de 1599 en Bissone, junto al lago Lugano. Su padre era cantero, heredando él este oficio, y trabajando en Milán como tallista de mármol entre 1608 y 1614. En este último año se traslada a Roma, donde empieza a trabajar al amparo de Carlo Maderno, pariente de su madre.

Borromini fue un arquitecto profesional que conocía todos los secretos de la misma por propia práctica. Su vida se encuentra marcada por el constante conflicto con Bernini, al cual asiste hasta 1633, realizando sus grandes obras desde esta fecha hasta su muerte. Era de carácter huraño y solitario, contando con escasos amigos, como el marqués de Castel Rodrigo, el cardenal Spada y el pintor Poussin. Su vida fue bastante atormentada, suicidándose en 1667 como describió Plutarco que lo había hecho Catón el Joven, filósofo estoico. Esta filosofía es en la que habría que inscribir la personalidad de este artista, influida por un pensamiento muy rigorista.

La arquitectura de Borromini fue considerada despectivamente por sus contemporáneos más afectos al clasicismo como gótica, de mal gusto y falta de respeto al lenguaje canónico de los ordenes; es bizarra y anticlásica, antinormativa. Esta fama peyorativa se extenderá casi hasta nuestro siglo.

San Carlo alle Quatro Fontane (1634-1641)

El primer trabajo importante de Bernini es San Carlo alle Quatro Fontane, realizado entre 1634 y 1641. Esta obra es encargo de la orden de los Trinitarios Descalzos de San Juan de Mata, orden española dedicada a la redención de cautivos, la cual habían adquirido un pequeño solar en la colina del Quirinal romano donde han de erigirse la residencia, el templo, la portería y el jardín. La obra es financiada por un amigo de Borromini, el marqués de Castel Rodrigo.

El convento es lo primero en ser construido, realizándose entre 1634 y 1637. Los materiales usados son pobres, como el ladrillo estucado y pintado, materiales en los que Borromini se encuentra muy cómodo, siendo un perfecto conocedor de la técnica del agramilado. Las ventanas se encuentran distribuidos mediante mesenas que reticulan el muro. En esta fachada se muestra su sentido anticlásico al no utilizarse columnas, pilastras ni ordenes.

La puerta se halla guarnecida por pilastras cajeadas dispuestas al bies, perpendiculares al muro, coronadas por un frontón curvado. Esto se encuentra basado en experiencias propias realizadas en San Pedro del Vaticano y el palacio Barberini. También las formas escultóricas se encuentran sometidas a las formas arquitectónicas, como el querubín cuyas seis alas se adaptan a servir de base.

El claustro es oblongo, usando esquinas achaflanadas convexas. Las columnas se encuentran pareadas alternando tramos largos con cortos y arcos con entablamentos, generando una variedad visual y un ritmo que evita la sensación de agobio creada por la estrechez del patio y la escasa iluminación. El ritmo se hace más diáfano en el piso superior adintelado y con una balaustrada. Aquí vemos el uso de una tipología de origen lombardo.

La iglesia es su siguiente trabajo tras el convento y el claustro, realizándose entre 1638 y 1641. Esta es la segunda iglesia barroca de planta centralizada tras San Martino e Luca, siendo sus plantas bastante similares y constituyendo San Carlo casi una variación oblonga, adaptada a la reducida superficie. Esta se trata de un rombo equilátero, figura sobre la que se genera todo el espacio del templo, y sobre esta figura se generan una serie de espacios que no son rectilíneos sino curvos. En ella se plantea un modelo geométrico modular frente al modular aritmético de los ordenes clásicos, recurriendo Borromini a figuras a partir de las cuales se generan espacios. Este sistema se encuentra inspirado en la tradición de los canteros medievales, asimilada por Borromini a través de su formación en los talleres milaneses y quizá de aquí derive el juicio peyorativo de los adeptos al clasicismo.

El muro se articula por medio de columnas, usando ritmos de diferente intercolumnado. Todos los pies derechos tienen continuidad en las cubiertas. De mano también de Borromini vemos el uso de casetonamientos procedentes de la antigüedad, usando criterios de perspectiva ilusionista para crear una sensación de bóveda de cañón más profunda, decreciendo su tamaño hacia su vértice. Los casetones de la cúpula repiten cruces griegas, emblema de la orden de los Trinitarios, y octógonos, que también reducen su tamaño hacia su cenit, pareciendo la cúpula más alta para el espectador. Otro factor que contribuye a esta sensación es la luz procedente de unos tragaluces situados en el tambor de la cúpula, ocultos a la vista por una crestería o angrelado formado por pomos y hojas de acanto, privativas estas de la corona de marqués.

Convento de los Oratorianos (1637-1643)

El siguiente trabajo que aborda por influencia del cardenal Virgilio Spada es la fachada y convento de los Oratorianos en Roma, trabajo que comienza en el año 1637 y concluye en el 1643. Los Oratorianos son una orden nacida durante la Contrarreforma, fundada por San Filipo Neri, y que considera que la música es una manera de mover a la piedad. La iglesia aneja al convento es Santa Maria en Vallicella, ejemplo de la tipología contrarreformista.

La fachada cubre todo el frente del convento y da acceso al oratorio, enmascarando una serie de diferentes edificios. La fachada se encuentra curvada, siendo cóncava, dando una sensación de dinamismo. También se introducen otras novedades como los caprichos en los remates de las ventanas. Sin embargo también utiliza los ordenes, como las pilastras gigantes. El orden usado en el piso inferior es caprichoso y borrominiano, mientras que el utilizado en el superior es más clásico. Estos dan cierta variedad al muro. En el piso inferior una convexidad destaca en la parte central, sosteniendo un balcón cóncavo en el piso superior. Los tres tramos centrales se encuentran destacados por un frontón miscilíneo.

La obra se encuentra construida en ladrillo estucado y visto, lo cual nos muestra la modestia de las ordenes que encargaban sus trabajos a Borromini. En la parte principal del convento se repiten los motivos decorativos vistos en Cortona, como la doble voluta y la utilización de merlones descontextualizados.

El interior del oratorio es un espacio oblongo en el que se trata de evitar las esquinas, achaflanadas de manera cóncava, transmitiendo una sensación de continuidad mural. La cubierta es una bóveda de artesa cruzada por una serie de tirantes que no son más que la continuación en la cubierta de las pilastras del muro. Estos tirantes van a comunicar los diferentes paños de pared, creando en el techo una especie de diagrama geométrico formado por rombos. El acabado se encuentra realizado en estuco blanco, con la excepción de algunos toques dorados para destacar algunos detalles de la estatuaria, completamente integrada en la arquitectura. En el interior el muro juega con la alternancia de lados cortos y largos.

El diseño de Borromini se aprecia también en las dependencias. La chimenea francesa tiene una planta encurvada que recuerda a una tienda de campaña y en ella aparecen detalles decorativos simbólicos como las flores, símbolo de la castidad. El uso de las guardamalletas es similar al que vemos en el baldaquino de San Pedro, en el cual colaboró.

 
Santa Maria dei Sette Dolori (1642-1643)

Entre las dos obras anteriores Borromini realizó entre 1642 y 1643 la iglesia de Santa Maria de los Siete Dolores, una pequeña capilla.

Esta puede ser considerada como una simplificación de San Carlos. Borromini vuelve a jugar aquí con la creación de espacios plásticos que se agrandan. La figura geométrica a partir de la que se genera es un rectángulo, matando los ángulos con concavidades.

Borromini realizaba modelos de sus obras en cera y barro, lo cual nos acerca a la plasticidad y morbidez de las que hacen gala sus obras.

Sant’Ivo della Sapienza (1642-1660)

El otro trabajo que acomete Borromini es Sant’Ivo della Sapienza, capilla de la universidad de Roma, construida a finales del siglo XVI por Ligorio y Della Porta. Borromini realizara la capilla entre 1642 y 1660, encargo éste fue obtenido por Borromini gracias a la influencia de su amigo el cardenal Spada.

Esta capilla tiene una planta centralizada generada a partir la intersección de dos triángulos equiláteros que crean un hexágono, una celdilla de abeja que alude el escudo del papa Barberini. A este hexágono se le intersectan también una serie de círculos que generaran una serie de formas espaciales, alternando espacios cóncavos y convexos.

La cúpula es muy caprichosa, encontrándose concebida para el interior y enmascarada al exterior. Esta cubre el cuerpo de la iglesia sin un rasgo estructural de transición, continuando la forma de estrella del plano, abriéndose en la base de cada segmento una gran ventana. Las líneas verticales de las pilastras se continúan en las molduras doradas de la cúpula que repiten y acentúan la división tripartita en vanos de abajo. A pesar de la fuerte barrera horizontal del entablamento, las tendencias verticales tienen una fuerza tremenda. Al ir elevándose los sectores de diversas formas de la cúpula, los contrastes disminuyen gradualmente hasta que el movimiento descansa bajo la linterna en la forma pura del círculo, decorada con doce grandes estrellas.

La entrada principal de Sant’Ivo se abre al final del patio construido por Della Porta. Al exterior la estructura abovedada se compone de cuatro partes diferentes. Primero un tambor alto, hexagonal de enorme peso que neutraliza por su proyección convexa el retroceso cóncavo de la fachada de la iglesia en el cortile, dividiéndose cada uno de los lados en dos vanos pequeños y uno grande. En los puntos donde los dos sectores convexos se encuentran, el orden está reforzado aumentando la sensación de vitalidad y tensión. Sobre este tambor se asienta una pirámide escalonada, dividida por vigas como contrafuertes que se apoyan en los puntos reforzados. La pirámide esta coronada por una linterna con dobles columnas entrantes cóncavos entre ellas. Todo el conjunto se remata con una escultura espiral monolítica que nos recuerda a los zigurat mesopotámicos. En el exterior también vemos motivos decorativos de montañas y estrellas que hacen referencia al escudo de Alejandro Chigi.

Sant’Agnese (1653-1655)

El siguiente trabajo de Borromini es la intervención, también frustrada, en la iglesia de Sant’Agnese. Esta se encontraba en la Piazza Navona, situada en el antiguo circo de Domiciano, donde los Pamphili tenían su palacio, siendo la capilla de esta familia. Los Pamphili pretendían mostrar a través de esta y otras obras el poder e influencia de la familia. La obra fue iniciada por Girolamo y Carlo Rainaldi en 1652, que serían apartadas de ella en 1653, haciéndose cargo de ella Borromini hasta 1657, año en la que la retoma Carlo Rainaldi.

Éste es un edificio centralizado que trata de reproducir en parte el concepto original de San Pedro del Vaticano. La planta se encuentra generada a partir de un cuadrado al que se abren cuatro brazos, creando una cruz inscrita.

En su plan original, Borromini pretendía hacer una obra más bizarra e ingeniosa, complementando la fachada de la iglesia con intervenciones en el palacio anejo de los Pamphili, con frontones huecos y caprichos en los cuerpos de las ventanas.

La parte inferior de la fachada es la atribuida a Borromini, que aquí se esfuerza en crear una fachada en la que se integren la cúpula, la fachada oblonga y las torres, buscando resolver los problemas planteados en el Vaticano. La fachada encurvada crea una sensación de dinamismo adelantando las torres y retrotrayendo la fachada, lo cual permite la percepción de la cúpula que se enmarca entre las dos torres. Así mismo, las pilastras de la cúpula encuentran su continuación en los soportes de la parte inferior, dando una sensación de unidad y continuidad al conjunto del edificio.

San Juan de Letrán (1646-1649)

Inocencio X financia grandes obras en San Juan de Letrán, encargándose estas a Borromini. Esta es una construcción bajorromana, de planta basilical con un transepto bastante marcado y una capilla principal poco profunda.

Esta reforma busca es un reforzamiento de la estructura de la basílica y una puesta al día de la decoración, siendo llevada a cabo por Borromini entre 1646 y1649 de una manera muy caprichosa, teniendo como única imposición la de no modificar el artesonado de madera del techo, de Danelle de Volterra, el cual en un principio pretendía abovedar. Borromini hizo macizo uno de cada dos intercolumnios con el fin de crear un ritmo más movido, utilizando pilastras de orden gigante y creando nichos. El capricho y la invención se pueden apreciar en detalles decorativos como las ventanas ovaladas. Los materiales utilizados son humildes, como ladrillos y estuco.

 
Cúpula y campanile de Sant’Andrea delle Frate (1653-1665)

Esta era una iglesia clasicista manierista que se encontraba sin rematar en su cúpula y campanario, obra de la cual se ocupa Borromini. El campanario es muy caprichoso y heterodoxo, con cornapuntas, movimientos del entablamento, cariátides... en una concepción enteramente orgánica de la arquitectura.

 
Colegio de Propaganda Fide (1654-1664)

El Colegio de Propaganda Fide era el seminario de los jesuitas en Romas, lugar donde se formaban los misioneros destinados a propagar la fe católica. Éste fue construido por Borromini entre 1654 y 1664, constituyendo una obra tardía dentro de su producción. La importancia esta obra es grande al ser un encargo de la orden de los jesuitas y también al encontrase en ella la Capilla de los Tres Reyes Magos.

En esta capilla había intervenido anteriormente Bernini, pero es modificada de acuerdo con los criterios borrominescos. El interior se nos muestra como muy similar a Santa Maria de los Siete Dolores y otras obras. Un detalle muy anticlásico son las ventanas que rompen el paño del muro y aportan diafanidad a éste, llegando a cortar el entablamento hasta llegar a la cornisa. Éste será un gran avance para la experimentación espacial posterior.

La bóveda se articula por medio de nervaduras que sirven para coordinar las pilastras de un muro con el de enfrente, creando una unidad coordinada del conjunto constructivo. La bóveda de artesa se articula mediante triángulos y rombos que se multiplican y subdividen, dándole un aspecto gótico.

La fachada es de una enorme personalidad y juega con los mismos elementos perspectivos que el Oratorio, utilizando el movimiento de planos a través de la curvatura. El piso superior es un añadido de principios del siglo XVIII, acabándose originalmente con una reja en el piso superior. La fachada se organiza, al igual que el interior, mediante pilastras sin capiteles, recibidas directamente a la cornisa. Los motivos decorativos de las ventanas juegan con las encurvaturas y adornos manieristas, contrastando las ventanas con la estaticidad de las pilastras. En la parte principal se utilizan estípites apilastradas con remates de molduras muy vistosos.

 
Fachada de San Carlos alle Quatro Fontane (1665-1667)

El último trabajo de Borromini es la fachada de San Carlos alle Quatro Fontane, dejada inacabada a su muerte y finalizada por su sobrino.

La fachada es de clara tradición toscana, relacionándose con la de los Santi Martina e Luca. La fachada se compone por tres calles con una convexidad central flanqueada por dos cóncavas y con columnas adosadas al muro.

En el piso inferior se encuentra la estatua de San Carlos Borromeo flanqueado por otras dos estatuas, encontrándose estas subordinadas a la arquitectura y claramente confinadas en el espacio reservado a ellas. En esta fachada se hace uso de los ordenes gigantes y complementarios.

Borromini pretendía originalmente rematar el conjunto con un frontón, pero queda finalmente con un remate más simple.