En el año 2019, la ciudad de Los Ángeles se ha convertido en un monstruo demográfico. Una lluvia sucia cae persistente sobre sus calles ruidosas, llenas de humos presunta mente hediondos, recorridas por haces luminosos y sobrevoladas por los vigilantes «spinners» policiales, en las que convive una muchedumbre multiracial. Una de las empresas más poderosas de Los Ángeles es la Tyrell Corpo ration, que se dedica a la creación de unos robots virtual-mente idénticos a los seres humanos, a los que han dado el nombre de replicantes.
La generación de replicantes más perfecta creada por la Tyrell es la llamada Nexus 6, cuyos componentes son utilizados como esclavos por los humanos, que les hacen desempeñar los trabajos más duros en las colo nias espaciales.
Seis modelos Nexus 6 se han rebelado en una de esas colonias y tras asesinar a veintitrés personas han regresado, fugitivos, a la Tierra , donde los replicantes han sido declara dos ilegales. Para hacer frente a este tipo de eventualidades, los humanos han creado una brigada especial compuesta por hombres conocidos con el nombre de blade runner, cuya misión es acabar con los replicantes. Una actividad a la que no se denomina ejecución sino «retiro». Rick Deckard (Harri- son Ford) ha sido uno de esos hombres: «ex-policía, ex-blade runner, ex-asesino», como dice él de sí mismo, pero también <<ex-marido>> explica también que su ex-esposa le llamaba pescado fri to»), ahora es un solitario que deambula desocu- ])s bares susbi que hay en las apretadas calles de seis replicantes rebeldes, tres mujeres y tres hombres de q uienes se sospecha que tratan de introducirse en la Tyrel Corporation , sólo quedan cuatro con vida. Uno de ellos, Leon ( Brion James), asesina a un experto blade runner,Holden (Mor gan Paull), cuando éste le está sometiendo a un test de verificación de identidad cuyo objetivo es detectar a los posibles infiltrados en la empresa. Tras el asesinato de Holden y ante la dificultad y el peligro que presenta el caso jro Nexus 6 que andan sueltos por la ciudad, Bryan (M. E mmet Walsh), el antiguo jefe de Rick Deckard, dá órdenes a su subordinado Gaff (Edward James Olmos) de que lo lleve ante supresencia con el propósito de admitirle de nuevo como blade runner p y encargarle del «retiro» de los cuatro replicantes proscritos (o «pellejudos » como suele lla-despec tivamente). Rick se ve obligado a aceptar el caso, pero se hace una pregunta desde el primer momento: ¿por qué los replicantes rebeldes se han arriesgado a volver a la Tierra , donde sin duda van a ser «retirados»? Bryant le muestra en pantalla los rostros de los cuatro proscritos vivos, Zhora (Joanna Cassidy), León (Brion James), Batty (Rutger Hauer) y Pris (Daryl Hannah), y le explica que la vida de éstos ha sido programada sólo para cuatro años para impedir que, siendo como son un modelo altamente perfeccionado, lleguen a tener sus propias emociones. 
Los primeros pasos de Deckard en su nueva misión como blade runner reincorporado le llevan hasta el edificio piramidal donde está enclavada la Tyrell Corporation. Allí conoce a una bella mujer, Rachael (Sean Young), a la que por encargo del propio Tyrell (Joe Turkell) somete al test de veri ficación de identidad después de que ella le haya preguntado si nunca, en su oficio, ha retirado a un humano por error. El cuestionario arroja un resultado sorprendente para Rick: Rachael no es un ser humano. No sin satisfacción por su logro, Tyrell le explica al perplejo Deckard que Rachael es el resultado de un nuevo experimento y que ella ignora que en realidad es una replicante. El nuevo modelo todavía es más perfecto que los anteriores, puesto que se ha conseguido crear en él la ilusión de los recuerdos.
Rick Deckard acude a la casa donde vivía el replicante León y descubre en la bañera una especie de escama, que guarda cuidadosamente en un sobre de plástico, así como varias fotografías que estaban escondidas en un cajón. Mien tras tanto, León se ha reunido con Batty —quien parece ser el jefe de los replicantes fugitivos—, y le comunica que la policía ha estado en su casa. Luego, ambos recorren las abi garradas calles hasta llegar al almacén frigorífico donde un anciano oriental se encarga de diseñar y elaborar para la Tyrell los ojos de los replicantes. Batty está obsesionado con la idea de que es un ser perecedero y quiere saber los datos relativos a su morfología y a su longevidad, así como su fecha de emisión; unas respuestas que sólo puede darle el gran jefe, Tyrell, el hombre que diseñó su cerebro. León des garra el traje protector del oriental —condenándole así a una muerte segura: la atmósfera del interior es glacial—, y Batty mira amenazadoramente los ojos del hombre que diseñara los suyos. Antes de morir, el oriental le dice a Batty que la