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La ruta comienza en el pueblo de Oneta donde
un cartel nos indica el camino que tendremos que tomar.
Salimos del pueblo y nos encontramos
con una desviación, tomamos la de la izquierda, para llegar hasta
otra, esta vez será la de la derecha 20 minutos después de salir de Oneta
llegamos hasta la Firbia, la más espectacular de todas, con una
altura de 15 metros. Enseguida notamos la fuerza con la que cae el agua
al situarnos frente a ella y
notar el viento que despide.
Atravesamos el río, por entre las piedras
que nos sirven de puente para dar a una praderia con pequeños senderos
marcados, cojeremos el que esta situado por encima de todos los demás
y siguiendolo hasta el final llegaremos a un pequeño bosque; aparentemente
no hay camino marcado y habrá que apañarselas para llegar
hasta una caleya. Ésta acaba en una praderia en pendiente donde
pastan caballos (ojo con asustarlos), bajaremos por ella y contemplamos
la segunda de las cascadas, la Firbia de más abajo.
Hay otra cascada más, pero si ya es
algo engorroso llegar hasta la segunda por culpa del poco uso de la senda,
llegar hasta la tercera es casi imposible al no haber camino marcado.
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