
ÉGLOGAS Y BIOGRAFÍA
Tradicionalmente la crítica literaria coincide en señalar una correspondencia entre la sucesión de episodios que se pueden rastrear -y, en gran parte, imaginar- en la vida de Garcilaso y de Isabel Freyre, con las respectivas secuencias amorosas recogidas en los cantos de Salicio y Nemoroso a lo largo de la Égloga I. La identificación entre amores biográficos y pastoriles interesa sobremanera a los sociólogos de la literatura, empeñados siempre en demostrar las virtudes críticas que se derivan de relacionar vida y arte. A pesar de que esa correspondencia se apoya más en datos circunstanciales que en pruebas y testimonios fehacientes, las diferentes etapas por las que pasó la presunta relación entre el poeta y la dama portuguesa -amor inicial, rechazo posterior de Isabel, matrimonio con otro hombre y muerte al dar a luz a su tercer hijo- quedarían reflejadas, según ellos, en los versos de la primera de las tres composiciones pastoriles.
La primera de esas etapas, la que refiere la nostalgia del amor en el dulce lamentar de los pastores, se correspondería con el recuerdo del primer encuentro de Garcilaso con Isabel Freyre en Portugal, en la primavera o verano de 1524, cuando, disuelto el ejército que asediaba Fuenterrabía, el poeta disfruta de una licencia temporal que emplea en viajar a la corte portuguesa para visitar a su hermano mayor, Pedro Lasso, a la sazón refugiado en la corte de Joao III. Así lo atestigua una carta del embajador español, fechada el 26 de julio de 1524: Pedro "tenía consigo un hermano suyo", que bien pudo ser Garcilaso en virtud del permiso militar citado. El papel del mayor de los Lasso como dirigente en la revuelta comunera (1520-1522) le había granjeado la enemistad del emperador Carlos V, quien lo había desposeído de sus derechos de primogenitura. Desde entonces, la familia procuraba la devolución del patrimonio requisado y, en la medida de lo posible, obtener para el hermano mayor el perdón real. En la corte de Évora y en ese tiempo, Isabel Freyre de Andrade forma parte destacada de las jóvenes damas que acompañan a la infanta Isabel, que dos años más tarde se casará con el emperador en Sevilla. La biografía de Garcilaso que publicó Mariano Calvo ("Entre el verso y la espada", 1992) nos informa que Isabel nació "en Beja, en el Alentejo, hacia 1503, perteneciente a la casa de los duques de Braganza, hija de Guiomar Freire y de su tercer esposo, Bernardim de Almeida, lejana pariente de Garcilaso y prima hermana de Joao de Almeida, gentilhombre de Carlos V y compañero de armas del poeta". La predilección que la infanta portuguesa tenía por la joven Isabel queda constatada por Manuel de Faria y Sousa, quien dice que al dejar Portugal para contraer matrimonio con el emperador afirmó "que o no vendría, o la habían de dejar traer consigo a doña Isabel Freyre". La relación amorosa entre ambos está envuelta en el misterio y ha sido puesta en tela de juicio no pocas veces. Parece lógico pensar que se conocieran, ya que coincidieron en la corte de Carlos V e Isabel de Portugal en varias ocasiones; sin embargo, que esos contactos dieran pie a los amores celebrados en la égloga es ya materia opinable y, por tanto, de controversia entre eruditos y estudiosos de la obra del poeta toledano. Siguiendo con la biografía de Mariano Calvo, la tradicional interpretación autobiográfica de la Égloga I se origina ya en los primeros comentaristas de la obra de Garcilaso, hacia la segunda mitad del siglo XVI: una égloga que el poeta portugués Francisco de Sá Miranda (1481-1558), dedicó a la muerte de Garcilaso, identifica al poeta toledano bajo el nombre de Nemoroso. Fernando de Herrera, en sus Anotaciones a Garcilaso publicadas en 1580, identifica a Salicio con el poeta toledano y a Nemoroso con el marido de Isabel Freyre, don Antonio de Fonseca. El Brocense (Obras del excelente poeta Garcilaso de la Vega. Con anotaciones y enmiendas del Licenciado Francisco Sánchez de las Brozas, Salamanca, 1574 y 1577) sigue esta línea, si bien identifica a Nemoroso con Boscán. Más tarde, en 1689, Faria y Sousa, al comentar una égloga de Luis de Camoens en la que se aludía a Garcilaso, señala que éste "lo mismo es Salicio que Nemoroso", y que "Galatea y Elisa representan a doña Isabel Freyre", ya que "de sus amores fue Garcilaso muy derretido estando ella en Palacio, y a ella son los más de sus versos". Ya en 1924, el hispanista Hayward Keniston aportó una nueva clave: la Copla II, titulada Canción, aviéndose casado su dama iba encabezada en el manuscrito procedente de Pascual Gayangos con el siguiente epígrafe: "A Doña Ysabel Freyra, porque se casó con un hombre fuera de su condición".
La segunda etapa, representada por los desdenes de Galatea, de cuyo rechazo se lamenta Salicio en la Égloga I, se correspondería con el momento del reencuentro con Isabel en Sevilla, con motivo de la boda entre Carlos V y la infanta Isabel de Portugal, celebrada el 10 de marzo de 1526. En esta fecha, Garcilaso lleva ya unos seis meses casado con doña Elena de Zúñiga, dama de doña Leonor de Austria -la antigua reina de Portugal y hermana mayor del emperador-, en un matrimonio que los biógrafos tildan de pacto económico y estrategia cortesana. Por algunos documentos conservados sabemos que Elena era hija de don Íñigo de Zúñiga y de Aldonza de Salazar, vecinos de Aranda de Duero y parientes de los duques de Béjar y condes de Miranda, de quien Elena era prima, e incluso, aunque lejana, del propio Garcilaso. El matrimonio pactado por intereses económicos era en esta época una pauta común seguida por los poderosos para mejorar su hacienda y medrar en la corte, y a ello no parece ajeno el propio Garcilaso. No olvidemos que tenía un buen modelo en el pacto matrimonial del emperador con la infanta portuguesa y en la boda de doña Leonor de Austria con Francisco I, rey de Francia, en virtud de los acuerdos contenidos en el tratado firmado el 14 de enero en Madrid entre Carlos V y su prisionero francés. Los lamentos de Salicio acerca de los amores que su amada Galatea mantiene con otro hombre encontrarían su paralelismo en la realidad con la boda de Isabel Freyre con Antonio de Fonseca, y el llanto final de Nemoroso por la muerte de Elisa en la Égloga I tendría su equivalencia en la muerte por sobreparto de Isabel al dar a luz a su tercer hijo. Desde este punto de vista no parecen tener mucho sentido -hoy día- los reproches de Salicio a propósito de la deslealtad de Galatea en aras de una "fe que ser guardada eternamente solo a mi debiera" (versos 89-90), ya que Garcilaso era quien antes se había casado.
Durante la estancia de la corte imperial en Toledo entre el 15 de octubre de 1527 y el 8 de marzo de 1529, Isabel Freyre se casa con don Antonio de Fonseca, también regidor de Toledo, como el propio Garcilaso. Nada se sabe hoy día de este matrimonio más allá de la muerte de Isabel en el parto del tercer hijo, en 1533 ó 1534. Aquellos que sostenían la existencia de los amores entre la dama portuguesa y el poeta toledano vieron en la figura del de Fonseca, del que en la Corte se burlaban con el apodo de "el gordo", al rival de Garcilaso ("mi amada hiedra / de mí arrancada, en otro muro asida, / y mi parra en otro olmo entretejida") al que van dirigidas las referencias que encontramos en boca de Salicio en los versos 155 a 167 de la Égloga I: el tema de la adynata -ya tratada por Virgilio en su Égloga VIII- se encarna aquí en la imagen del ajuntamiento contra natura de la cordera paciente y el lobo hambriento. Garcilaso cierra esa estancia concluyendo "que mayor diferencia comprehendo / de ti al que has escogido". Enrique Martínez López, en un artículo titulado "El rival de Garcilaso: esse que de mi s'está reyendo" (la cita alude al verso 180 de la Égloga I) y publicado en el Boletín de la RAE, sostiene que la "diferencia" de la que habla el poeta debía referirse al hecho de que don Antonio no era cristiano viejo sino que provenía de una familia de judíos conversos. En todo caso, aprovechando que en los últimos meses de 1528 Carlos V prepara su coronación como emperador (Bolonia, 24 de febrero de 1530), Garcilaso se dispone a viajar a Italia formando parte del séquito real. El orgullo herido encontraría así, en sus deberes como caballero de la casa real, un buen antídoto para el recuerdo atormentado.
Garcilaso asiste a la coronación del emperador y permanece en Italia durante ocho meses. En agosto de 1530 es enviado por la emperatriz en misión diplomática a la corte francesa, donde permanecerá por espacio de un año. A su regreso se gana la animadversión de la casa real a causa de su intervención como testigo en la boda -sin la preceptiva autorización de la corona- de su sobrino con una dama de la emperatriz. Cuando se inician las diligencias informativas para esclarecer el asunto, Garcilaso está camino de Alemania acompañando al joven duque de Alba, don Fernando Álvarez de Toledo, para participar en la campaña militar contra los turcos de Solimán, que se aprestan a cercar Viena. El poeta toledano incluirá en la Égloga II una crónica de ese viaje con don Fernando y el posterior encuentro de éste con el emperador en Ratisbona (Alemania). El laudatorio tono épico que emplea Garcilaso es un signo de agradecimiento a la continua protección de la casa de Alba y a la intermediación de don Pedro de Toledo y el propio duque en el asunto de la boda clandestina. Sin embargo, tan buenos padrinos no conseguirán evitar que el emperador firme su destierro en una isla del Danubio, cerca de Ratisbona. Allí permanecerá durante tres largos meses. Finalmente, y gracias a la constante mediación de los de Alba, el castigo es levantado a cambio de la obligación de dirigirse a Nápoles al servicio de don Pedro de Toledo, recientemente nombrado virrey de la ciudad italiana. Ambos parten a Italia y el 4 de septiembre de 1532 llegan a Nápoles, donde es nombrado lugarteniente del virrey. Durante un corto viaje a España visitará a su familia y a su amigo Juan Boscán, que por aquel entonces se encontraba realizando la traducción al castellano de El cortesano, de Baltasar de Castiglione, y en junio de 1533 regresa a Nápoles.
En esta ciudad dará fin a la Égloga II, la primera que compuso, escrita en épocas diferentes aunque cercanas entre sí. Si bien es la única que no presenta dedicatoria expresa, todo el poema es un canto a la grandeza de la casa de Alba. Estilísticamente, para Rafael Lapesa representa la transición entre las obras anteriores a la estancia en Nápoles y las otras dos églogas. En 1534 Garcilaso viaja de nuevo a Toledo y allí tiene noticia de la muerte de Isabel Freyre. La visita a su tumba y el doloroso presente de la pérdida quedarían reflejados en el magnífico Soneto XXV. De regreso en Nápoles -mayo de 1534-, y plenamente imbuído de las formas y el espíritu italianos, Garcilaso comienza a escribir la Égloga I. Se cree que escribe la Égloga III en 1536 (Hayward Keniston supone que durante la campaña de Provenza, iniciada en el verano de ese año), poco antes de su muerte. Si bien no se sabe a ciencia cierta a qué "ilustre y hermosísima María", (v.2) está dedicada esta égloga, no faltan las interpretaciones. La más común (Keniston, Elías L. Rivers y Navarro Tomás) cree que a doña María Osorio Pimentel, esposa del virrey; Herrera opina que a doña María de la Cueva, condesa de Ureña y de Osuna; otros apuntan a la duquesa de Alba, doña María Enríquez. Sea como fuere, desengañado amargamente de las penurias de la guerra tras la campaña contra el corsario Barbarroja (Túnez, 1535), el poeta busca una vía de escape a través del tono nostálgico y la melancolía que le produce el recuerdo del bucolismo idealizado a orillas del Tajo, donde cuatro ninfas tejen y destejen, como los poetas, amores y vidas.
Agradecido por la protección benefactora del virrey de Nápoles, don Pedro de Toledo, Garcilaso le dedicará la Égloga I (véanse las tres primeras estancias que inician este poema), y a su esposa, doña María Osorio, marquesa de Villafranca, la Égloga III. Las tres composiciones que nos ocupan guardan, pues, una estrecha relación con la casa de Alba.