DELIRIO Al principio

Arranca con mordiscos restallantes

pedazos de la carne de mis nalgas

merienda mis despojos, cerda hambrienta,

muerde hasta rayarme la osamenta

y salpimenta, cabrona, salpimenta...

Rompe a bocados espantosos

mis carnes antes tiernas y ahora frías,

arrasca con tus dedos sarmentosos

el rosa cenital de mis encías.
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El poema que expongo a continuación lo he escrito -¡qué ironía...!- una semana antes de que mi mujer me dejara. Estaba pasando por un momento malo y eso se refleja en el poema, pues nunca utilizo insultos. Además, tenía hepatitis.
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Huevo rojo, 16 de Febrero de 1999

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