DELIRIO  Arranca con mordiscos restallantes
pedazos de la carne de mis nalgas
merienda mis despojos, cerda hambrienta,
muerde hasta rayarme la osamenta
y salpimenta, cabrona, salpimenta...
Rompe a bocados espantosos
mis carnes antes tiernas y ahora frías,
arrasca con tus dedos sarmentosos
el rosa cenital de mis encías. .........................................................
|
 |
El
poema que expongo a continuación lo he escrito -¡qué
ironía...!- una semana antes de que mi mujer me dejara.
Estaba pasando por un momento malo y eso se refleja en el
poema, pues nunca utilizo insultos. Además, tenía
hepatitis. |