SENSACIONES

Como un mandril sarnoso y maloliente

de piños amarillos macilentos

recorro la espesura fundamental

de tus crocantes y rosendos labios.

Ay, amor, asaré tus castañones a fuego lento,

bajo un sol depilador.

¡Mirad a ese mandril de piños macilentos

-sea lo que sea lo que signifique "macilentos"-

cómo se arrastra, jubiloso,

con el hígado hecho polvo,

por la extensión procelosa del felpudo...!

¡No le culpéis, no,

de la deforestación del Sáhara,

pues él no tuvo nada que ver...!

¿Es que no véis, ingratos mascachapas,

que él no ha podido ser,

(principalmente porque el Sáhara se ha quedado calvo
a principios de los años veinte, como mínimo, y,

un mandril, como mucho,

no vive más de doce o trece años,

y eso con suerte-...?.

Ay, amor, asaré tus castañones a fuego lento,

bajo un sol depilador.

Ah... ¿Cómo decirte, amor,

que me ha dado un cólico

de seis a seis y cuarto de la tarde,

que duró, pues, quince minutos

-un cólico de hígado-

mientras pensaba en besar tu lengua

aunque me diera un poco de asquete

después de las seis raciones de garbanzos con cebolla
que sorbiste, licuadas, el martes por la noche...?

Sueño con esos alegres bujarrones

que nos animaban con sus huecas carcajadas

el día que te fracturaste el esternón

al tropezar -tontita tú...-

con la retro-excavadora que hurgaba, bulliciosa,

en la fosa séptica que se había tapado

y estaba llena de caca hasta los dientes (de la pala).

Ay, amor, asaré tus castañones a fuego lento,

bajo un sol depilador.
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Al principio Escrita en 1999, en un momento de depresión y amargura. Echado del trabajo, todo mal.
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Huevo rojo, 11 de Febrero de 1998

   
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