La vida cotidiana de Posada del año 1896, el siguiente
a la inauguración de la estatua de don José Parres Piñera,
estuvo marcada por hechos de variada significación: desde la guerra de
Cuba hasta el trazado del ferrocarril que años después llegaría
a Posada, en competencia con el trazado interior alternativo, por Peñamellera
y Cabrales; desde la evolución del mercado fundado en 1862, que de alguna
manera fue fundamental para la consolidación de la idea urbanística,
comercial y de servicios de la Vega de Santiago, hasta la situación de
sus fiestas, ferias o la vida religiosa.
La emigración de la zona oriental de Asturias, en los años finales
del siglo XIX fue predominantemente a México y Cuba, de ahí que
ante la crisis a finales de siglo en Cuba, con la iniciación de la guerra
a mediados de 1895, la repercusión económica e incluso familiar,
en nuestro Concejo y Parroquia en concreto, fue importante.
En 1896 está en plena organización el denominado Batallón
Urbano de la Habana, del que era coronel don Ramón Argüelles Alonso,
natural de Pría quien en su visita a España a mediados de de aquel
año recibía la distinción de Marques de Argüelles.
En ese mismo año el Obispo de Oviedo, Fray Ramón Martínez
Vigil, abandera la organización del Batallón de Voluntarios de
Asturias, que tuvo extraordinaria acogida en todo el Concejo de Llanes, llegando
a constituirse en Posada una Junta de Apoyo, como en otros pueblos de nuestro
Concejo.
Dicha junta estaba formada por los siguientes señores: Presidente Honorario,
don José Lorenzo (párroco); Presidente Ejecutivo, don Ángel
Buergo; Tesorero, don Carlos Inguanzo; Vocales, don Ramón Amieva Oso,
don Santos Cortina, don Felipe Amieva, don Pedro Lobo; y Secretario don Felipe
Sánchez Villar.
Aquel año se había iniciado con el nombramiento de Capitán
General de la colonia a la persona del General Weyler, que sustituyó
a Martínez Campos, y con la ampliación de la recluta voluntaria
para particulares, que en concreto de soldados desearan servir en Cuba durante
la guerra y seis meses más, siempre que tuvieran entre 19 y 40 años
y se creó con la muerte de Maceo, guerrillero notable y uno de los cabecillas
de la rebelión, celebrado con profusión precisamente en la fiesta
de Santolaya en Quintana.
En la víspera de dicho día, en concreto el 9 de diciembre cuando
después de plantada la hoguera se bailaba al son que tocaba Xuan, don
Santos Niembro, alcalde, paró la fiesta para leer el telegrama que le
comunicaba la fausta noticia de la muerte de Antonio Maceo, la gente prorrumpió
en vivas a España y a su ejercito, nonando voladores y barrenos a continuación.
El ferrocarril de vía estrecha lo tenemos en dicho año de 1896
en Infiesto por el Oeste y en Cabezón por el Este. Y es en ese año
en que la compañía que construyó la vía que venía
desde Cantabria decidió aprobar el tramo Cabezón-Posada, planificación
debida al ingeniero don León Rebol, abandonando la alternativa del trazado
interior por las actuales Peñamellera y Cabrales, que pugnaba con el
transporte de sus minerales.
El mercado que había fundado en prohombre del Bau, Quintana, no hacía
treinta años aún se celebraba en la plaza que llevaba su nombre
como las demás ferias, en su integridad. Solamente dos años después
se trasladaría el de ganado a la plaza abierta en el cueto de la Bolera,
donde aún permanece.
Dicho mercado lo encontramos ya plenamente consolidado y lucha con los existentes
en la demarcación por la primacía en el orden de transacciones,
favoreciendo este por su inestimable posición geográfica, en el
cruce de la Marina de Llanes, con el Valle del Bedón y muy próximo
al valle de San Jorge.
La Fiesta de Santiago en dicho año resultó brillante. La crónica
de la época se refiere exclusivamente a que la “romería
fue favorecida por un tiempo hermoso resultando por tanto extraordinariamente
animada y concurrida”. La función religiosa tuvo menos éxito
que la profana, la concurrencia aumentó por la tarde ya que la plaza
fue incapaz de contener tanta gente como a ella acudió. La romería
amenizada por una banda gallega y el violín de Xuan de Andrín,
a cuyos compases se bailó hasta bien entrada la noche.
Además de la citada feria, se celebraron la clásica de Santa Lucía
y la fiesta de la Candelaria. De la Primera de ellas se da la curiosa circunstancia
de que en 1896 se celebraron dos ferias en el mismo año, una en enero
y otra en diciembre ya que la correspondiente a 1895 fue trasladada, con permiso
del ayuntamiento, a los primeros días de enero como consecuencia de las
lluvias habidas en el mes de diciembre en que correspondía celebrarse
la citada feria, que data del S. XVI y que tuvo diversos lugares de celebración
desde entonces: Santa Lucía, lugar en el camino que une Bricia y San
Antolín, donde existió una venta y posteriormente una tejera;
Bricia en el barrio de la Portilla y la Vega de Santiago, cuando esta Vega en
términos de Bricia ya era Plaza de Parres Piñera.
La feria de 1895 celebrada los días 4, 5 y 6 de enero de 1896 no estuvo
animada, hubo pocas transacciones de ganado por los precios bajos, en especial
el de cerdo que se cotizo a “11 y 12 ptas. la arroba”. La de 1896
se celebró los días 13 y 14 y 15 de diciembre, estuvo bastante
concurrida y con transacciones favorecidas por los precios, aunque sólo
el primero de los tres días ya que la lluvia abundante hizo fracasar
el resto de la renombrada feria.
La Candelaria tuvo su fiesta el dos de febrero a la que acudió numerosa
concurrencia de los pueblos inmediatos, durante el baile hasta ya entrada la
noche, sin tener que lamentar el más leve desorden.
La vida religiosa tuvo su manifestación más importante con la
visita, segunda en su pontificado, que realizó el obispo fray Ramón
Martínez Vigil a nuestra parroquia. Llegó a Posada el lunes 11
de mayo de 1896, acompañado de la comisión que lo había
hecho en los pueblos del Concejo que visitó, el alcalde de Llanes, don
Egidio Gavito y varios concejales, el juez de instrucción, don Marcelino
Trapiello, el diputado don Nicolás Reguero, el senador don Federico Bernardo
de Quirós.
Fueron recibidos por el alcalde de nuestra parroquia, don Santos Niembro y una
comisión de la misma. Entre los actos que llevó a cabo están
los de la confirmación aquel mismo día y una masiva eucaristía
con sermón al día siguiente, permaneciendo en Posada hasta el
13 que salió hacia Nueva.
Durante su estancia hizo una visita a Ardisana y otra de singular interés
, el mismo día de su llegada por la tarde, al monasterio de san Antolín
de Bedón, enclavado en las propiedades de don Juan Pesquera Balmori,
quien por aquel entonces, y tras reconstruir la iglesia abacial, que había
llegado a servir de cuadra, discrepaba con el párroco de Naves sobre
el control de dicho templo, en términos de Bricia.
Dicha discrepancia tuvo su especial virulencia al no haber acuerdo en la celebración
religiosa en ese año con motivo de la feria de San Antolín, el
dos de septiembre, de dicho año.
Alegaba su párroco haber celebrado misa en Naves en honor de dicho patrono
y que si alguien quería misa y además en otro sitio que la pagara
y de contrario, el señor Pesquera alegaba el derecho de patronato de
la iglesia del monasterio por el singular hecho de haberla reparado a su costa
y ello con fundamento en la normativa jurídico canónica vigente
desde Trento.
José L. Villaverde
El Oriente de Asturias
Número Extraordinario. Julio 1997