Un
alto en el camino es una pousa o posa, del latín PAUSAM ‘pausa’,
lo mismo que una posada se genera en PAUSATAM, participio del verbo PAUSARE
‘cesar’, ‘reposar’ responsable del asturiano posar.
La formación de este núcleo urbano en terrenos de Bricia se produjo a partir de la segunda mitad del S. XIX a consecuencia de que los terrenos rurales de la Vega de Santiago Valdellera, fueran elegidos para sede del mercado semanal que comenzó a celebrarse los viernes. Más tarde se convirtieron en la de Plaza de Parres Piñera, configurando un espacio pronto densificado, la "Nueva Posada".
La presión de las entidades de población que formaban la antigua parroquia de Posada, la tenacidad de los vecinos y el apoyo de los indianos de sucesivas generaciones estuvieron complementadas con las constantes gestiones de apoyo realizas por D. José de Parres Piñera y también de Posada Herrera.
El mercado actuó como factor dinamizador que obligó primero a trazar caminos alrededor del solar que se configuró con forma de triángulo. Los caminos serán luego calles, que a su vez fueron ocupando casas y tiendas. Luego la calle se convertirá en la carretera a Robellada y Meré y a sus márgenes las casas comenzarán a bajar hasta la otra carretera, la nueva de Llanes a Ribadesella.
Ya en 1867 se habían realizado algunas obras para que pudieran pasar carros y algún coche por la carretera que une Posada con la Robellada de Onís. El contrato se firmará en 1877 para arreglarla como carretera de tercer orden. El estudio previo se le encargó al ayudante de obras públicas, Mariano Colubi; Ramón y José Pellico Labra, Ramón Rojo, Antonio Vega y José Parres Piñera depositaron un fondo de 6.000 reales y se hizo el contrato en julio de 1877
La expansión reciente de Posada, también ha ido por estos dos ejes que prácticamente se siguen extendiendo en la actualidad. A lo largo del último tercio del XIX se va configurando una entidad urbana plena con la instalación de una botica, estafeta de correos y varios comercios que se fueron asentando a lo largo de los años siguientes.
Se configura primero una zona comercial que se hace cada vez más estable, y aunque el mercado se limitaba a un día a la semana, el resto de los servicios y transacciones eran permanentes
La notaría
(R.D. 31 de diciembre 1866), estanco, tiendas de comestibles, de bebidas,
fondas, hornos de pan, zapatería, sastrerías y cerrajerías
fueron rodeando la futura plaza y las calles inmediatas que se formaron entre
1870 y 1895.
Por acuerdo del Ayto. de Llanes se había aprobado en 1862 la creación del mercado semanal en Posada celebrándose el primero de ellos el viernes 19 de diciembre de ese mismo año.
Los vecinos de los pueblos que integraban el valle (Quintana, Bricia, Turanzas, Piedra y Lledías) habían luchado por este beneficio exponiendo además sus dificultades de abastecimiento por la distancia que les separaba de Llanes. Aportaron para empezar la construcción de seis barracones a sus expensas para albergar a los vendedores.
Se eligió como lugar del mercado un sitio que careciera de tradición, un sitio nuevo, equidistante de los cinco pueblos anteriores y donde fuera fácil a los vecinos acudir con ganados y manufacturas, siendo obligatoria al principio la concurrencia y el compromiso de todos, para lograr un despegue y fama del mercado que era la base del éxito y la continuidad. A este mismo sitio se trasladaron las ferias de Santiago y Sta. Lucía desde 1863.
La
plaza se urbaniza definitivamente, con un proyecto de Fermín Coste,
en 1915. Veinte años antes, el 26 de julio de 1895 se había
inaugurado en este lugar el monumento a Parres Piñera que había
sido el primer paso para dar una calidad al espacio. La estatua y el pedestal
costaron más de 90,15€ (15.000 ptas. de la época) y fue
realizada por el asturiano Cipriano Folgeras.
De nuevo los emigrantes habían participado sufragando los gastos. Se creó una comisión encabezada por Francisco Gavito Peláez en la que colaboraron otros indianos de la zona: Santos Cortina, Ángel Buergo y Francisco Amieva. También colaboró en el evento el hijo del homenajeado, José Parres sobrino, que en recuerdo había pagado la fuente y el pedestal, consolidando el conjunto homogéneo, y había pagado la traída de aguas de Posada con "algunos miles de duros". Se encargó también de conseguir el título de Villa para Posada y otras obras en la zona. Pero ... ¿qué ocurría en aquella época?.
Si nos detenemos a contemplar la fuente con detenimiento podremos observar que tanto padre como hijo son recordados por sendas placas que, si no se conoce la historia, pueden dar la sensación de que se trata de una confusión pues en en una se menciona a Parres Sobrino y en la otra a Parres Piñera siendo ambos (padre e hijo) grandes benefactores del pueblo.
Dice José
Ignacio Gracia Noriega que Posada
y Nueva son las dos poblaciones mayores del Concejo de Llanes. La parroquia
de Posada es grande, como corresponde a
pueblo de tal envergadura: una vez pasado Balmorí, ya estamos en sus
límites, que comprende los pueblos
de
Quintana y Piedra al este, Lledias al sur, Bricia al norte y Turanzas al suroeste:
por Bricia, Posada se asoma a la mar de Niembro: «que dentro de los
términos de dicho lugar hay parte de la cuesta de Niembro, como corta
de la riega de el Cor a la fuente de Salgaredo, que es donde se dividen los
términos de los dos lugares de Niembro y Bricia», según
leemos en el «Real Apeo del Concejo de Llanes», publicado en la
«Historia de Llanes y su concejo», de Fermín Canella.
Posada, según Madoz, es de terreno «llano, fértil y ameno, y por consiguiente la situación de esta parroquia es de las más deliciosas de la provincia. Sus principales productos son maíz, manzanas, liabas, castañas y patatas; también se cosecha buen trigo y toda clase de frutas; hay ganado vacuno, de cerda y lanar, y pesca de truchas y angulas en el río Bedón». El río más importante de la parroquia es el Calabres, que desemboca en Niembro, después de ir algunos tramos por debajo de tierra, como otro Guadiana, y que daba considerables disgustos a los vecinos de Posada a causa de las inundaciones que provocaba, a poca lluvia que caía.
Pero
Posada, dominada por su iglesia, es población grande e industriosa,
de aspecto urbano, con su plaza principal, en la cual la estatua del patricio
Parres Piñera parece vigilar los precios del mercado que se celebra
allí a sus pies, todos los viernes; y hacia Posada la Vieja hay buenos
palacios y huertas amenas. La feria de Santa Lucía gozó de fama
en toda la provincia, y la describe con detalles coloristas Antonio Fernández
Martínez, en 1892: «La iglesia de Posada, en lo alto del pequeño
cerro cuya falda roza el camino, parece presidir el ferial. Más abajo
del templo y a la izquierda, la casa-escuela
está rodeada de ganado; a la derecha, otro respetable ganado sembrado
de cabezas humanas y, entre los dos, la carretera seguía recta
para
elevarse un poco más allá, como si quisiera preparar el salto
del río San Antolín a favor de la pendiente rápida. La
luz del sol, velada por una cortina de nubes, caía pálidamente
sobre la escena, a la cual prestaban animación los rumores de mil conversaciones
en alta voz, los mugidos de las vacas, el cascabeleo producido por el ir y
venir de los coches, el relincho de los caballos, las voces de algún
aldeano para tranquilizar a su res, que, aburrida de tantas horas de quietud,
corneaba a la vecina por entretenerse en algo... Ruidos y notas que se mezclaban
formando un murmullo confuso y propagándose con intensidad, gracias
a la calma de la tarde y al inmenso tornavoz de las nubes que ocultaban el
azulado espacio».
Posada abarca la Vega y Posada
la Vieja, y aunque hay cierta actividad industrial (serrerías y alguna
tejera:
aquí empieza propiamente la zona de los Tejeros
o «tamargos»), es sobre todo una localidad dedicada al comercio.
«La importancia de esta demarcación radica en los mercados que
se celebran los viernes –escribe Emilio Pola–. En él se
dan cita los vecinos de numerosos poblados que acuden para hacer sus transacciones
comerciales en la próspera Posada, donde, por otra parte, hay múltiples
comercios de diversos ramos y excelentemente surtidos». Asimismo, Posada
está bien comunicada por carretera y por ferrocarril, aunque el lamentable
estado de la carretera no sea el adecuado para lugar de esta importancia.
Con suscripciones de la colonia indiana de Posada en Mexico se realizaron reformas en la iglesia parroquial. La ampliación de la iglesia consistió en la construcción de la torre-campanario con el reloj y, en 1887, varios emigrantes donaron fondos para equipar la iglesia y construir la capilla lateral del Santo Cristo del Camino y completar el crucero con otra capilla dedicada a la Virgen de las Candelas.
Indudablemente, la presencia indiana vuelve a dejarse notar en la actividad constructiva de Posada, levantando edificios de cierta importancia en los margenes de la carretera principal. las edificaciones que se van a construir difieren en cierta medida de otras iniciativas indianas en el concejo. No se trata de viviendas unifamiliares (aunque también hubo) aisladas sino de edificios urbanos destinados a viviendas de alquiler con bajos comerciales.
El cementerio Se inició su construcción en el año 1814, utilizando la piedra labrada de la capilla de Santa Eulalia de Quintana. Al terminarse en el año 1863 las obras de la iglesia, ronda y torre, llamaba mucho la atención el estado deplorable del cementerio, que era muy reducido y con tapias bajas, hallándose en tal estado por incuria del sacristán, que allí vegetaba la hortiga en tal abundancia que dificultaba la entrada en ocasiones.
El año 1863 se proyectó el ensanche del cementerio, levantamiento de sus tapias y edificación de una capilla para celebrar el sacrificio de la misa y depósito de cadáveres en caso necesario, y por último para construcción de una galería de cincuenta y un nichos o panteones, tres filas de diecisiete cada una a la izquierda de su entrada.
Se formó un croquis con un presupuesto de 18.248 reales y se levantó acta parroquial en la cual constaba haberse invitado al vecindario para que pudieran interesarse como socios fundadores a razón de 500 reales por acción por derecho de un nido perpetuo, acordando después elevar más las cuotas a los demás compradores cuando se creyera conveniente.
Se acudió al diocesano en 18 de mayo de 1864 como remisión de expediente y en solicitud de su aprobación, que recayó en 2 de julio siguiente.
Ana María García, La Llobera
La siguiente crónica dio comienzo en la sierra del Cuera, en el concejo de Llanes. Fue en aquellos parajes donde nació Ana María García, hija de Juan García y de Toribia González, oriundos de Posada y labradores de sus campos. En el año 1623 vino al mundo la que sería conocida popularmente como la Llobera de Llanes.
Los primeros años de su vida fueron duros. Al poco tiempo de su nacimiento quedó huérfana y su vida se transformó en un calvario. Sus hermanos (seis mujeres más) y resto de familiares veían en la joven una carga. Fue así como emprendió un peregrinar por diferentes clanes. Hasta los 3 años permaneció en el hogar de Catalina Juárez y Juan García. Posteriormente pasó al cuidado de Diego Soga, hermano de este último, con el que convivió hasta cumplir los 7 años de edad, para, más tarde, recalar en el hogar de Juan Gutiérrez de Ardisana, donde residió hasta los 14 años. Luego se queda embarazada de Francisco Soga, otro familiar, y huye hasta Llanes, concretamente a la aldea donde residía Toribia Sánchez, posiblemente, otra pariente.
Contaba con 20 años cuando entabla una estrecha relación con una vieja bruja, conocida en toda la comarca, y, más concretamente, en el pueblo de Bricia, de nombre Catalina González. Aquella hechicera desempeñaría un papel fundamental en los designios de la Llobera de Llanes. Ella fue su mentora en las viejas y oscuras artes de la magia. Catalina González desempeñaba una función especial dentro de la sociedad de brujas asturianas. Esta sacerdotisa del mal captaba seguidoras entre las adolescentes para que formaran parte de sus «reuniones de brujas», de las que prácticamente no hay información alguna en archivos o bibliotecas.
La huesuda mujer, de rostro cadavérico, enseñó los saberes de la naturaleza, los cultos al bien y al mal, su mágica conexión con los animales y, más concretamente, con los lobos. El aterrador poder de convocar a los demonios en forma de fieras de siete colores. Los conjuros para llamar al maligno y no ser presa de sus garras. La invocación de seres del inframundo que la obedecerían con sólo una orden. Rituales extendidos por todos los países europeos dentro del mundo brujeril fueron día a día perfeccionados por Ana María.
Aprendió la clásica y extendida por media Europa invocación de lobos, tal como afirma el escritor e investigador Alberto Álvarez Peña, por medio de círculos sagrados grabados en la tierra y la oración de palabras mágicas. Empezó de esta forma una relación trascendental que se prolongaría hasta la muerte. Catalina no solamente fue su mentora en la comunicación con el más allá -como dejó testimoniado la mujer lobo-, sino que la instruyó en el arte de la preparación de ungüentos con todo tipo de vísceras animales y pócimas con plantas. Remedios arcaicos perdidos en la noche de los tiempos que conformaron una iniciación que concluyó el día que la vieja bruja falleció. La entrega «in articulo mortis» de un objeto -como así lo consideran los estudiosos de la brujería medieval- crea el vínculo entre el aprendiz y el maligno. La transmisión del «don» de bruja a bruja. Catalina -en las postrimerías de su óbito- transmitió su «poder» a la novel hechicera.
¿La Bruja de los Vaqueiros?
La muerte de su quimérica compañera hizo que el rumbo de Ana María -cansada de recorrer los pueblos- pusiera sus miras y destino en las altas montañas. Allí, entre los escarpados montes y espesos bosques, se mezcló con las gentes de las brañas que peregrinaban con el ganado en busca de buenos pastos para sus vaquerías.
Según queda reflejado en los legajos que componen el sumario inquisitorial, se trasladó hasta los pastizales de Llanes y allí se unió a dos vaqueiros de los Argüellos. Junto a ellos viajó hasta Covadonga para, posteriormente, penetrar en los Picos de Europa, y llegar hasta la Cañada Real por el Pajares. Esta cañada era el camino por donde los pastores desplazaban su ganado en función de la estación para el mejor alimento de las reses. Los repudiados vaqueiros pudieron ser testigos de las supuestas facultades diabólicas y mágicas de Ana María.
Por esta vía su leyenda creció sin cesar. Sus relaciones con los lobos, animal que personificaba en aquellos tiempos el mayor de los terrores para el hombre, se hicieron populares. No en vano, las brujas sabían cómo negociar con las fieras y que acataran sus órdenes. Como bien le enseñó Catalina, desde épocas remotas se creía en el inquietante poder de la mirada del lobo. Si la bestia fijaba la mirada en los ojos de un humano, las consecuencias serían nefastas. «Puede servir de ejemplo la vista infecta lobina, que viendo primero al hombre le hace perder la voz. Esto hace sin duda por lo venenoso de su vista», explicaba el marqués de Villena en sus tratados para brujas.
Su leyenda negra se extendió velozmente por los campos y serranías. Guardaba el ganado de enfermedades, accidentes y embrujamientos con sus supuestos dones, y se vengaba de aquellos ganaderos con los que se cruzaban por los caminos y tenía cualquier tipo de discusión. Cuidaba de los pastores preparando brebajes arcaicos de cuerno de ciervo, grasa de oso, dientes de lobo y jabalí, así como de culebras, sapos, babosas o sanguijuelas. Era especialista en la fabricación de remedios con la farmacopea que se hallaba en la flora y fauna de la serranía. Fue implacable con los hombres y mujeres que se interponían en su camino.
Durante tres años anduvo sin problema alguno practicando sus mancias por las vías de arrieros y pastores de la cordillera del norte de España. Un tiempo en el que llegó a escapar de las garras del Santo Oficio. Asturias era una tierra inhóspita. Los responsables de la curia «hacían la vista gorda» en estos parajes debido a la mala comunicación de sus pueblos, la inseguridad de sus caminos, repletos de fieras y bandoleros, y el convencimiento de que los habitantes asturianos tenían un origen limpio de sangre.
El juicio del Santo Oficio
Ana María, mujer de espíritu inquieto y aventurero, cambió de vida y aires. El amor fue en esta ocasión la razón de que su vida se ligase a un vaqueiro que trabajaba para una de las familias ilustres toledanas. El 25 de mayo de 1648 llegó a Toledo, a las tierras pertenecientes a don Gabriel Niño de Guzmán, y allí dio comienzo el principio del fin.
Doña María del Cerro, mujer del mayoral Alonso Millán, indagó sobre el pasado de Ana María y, poco a poco, fue descubriendo el oscuro y turbio mundo que la rodeaba. Había que cortar de raíz el problema y optó por cursar denuncia ante los responsables del Santo Oficio tras el conocimiento del mundo heterodoxo y pagano que defendía la asturiana. El fiscal del Santo Oficio, don Juan de la Vega y Dávila, no tuvo duda alguna en rubricar la denuncia religiosa con fecha 21 de junio de 1648.
La lista de acusaciones que recayeron sobre la Llobera de Llanes fue clasificada en once apartados.
«Acuso criminalmente a Ana María García, por otro nombre la Llobera, natural del lugar de Posada, en el concejo de Llanes, Principado de Asturias, presa en cárceles secretas. Y digo que siendo la susodicha cristiana bautizada y en al común opinión y estimación tenida y reputada por tal, gozando de las gracias y privilegios, inmunidades, prerrogativas y excepciones que los demás fieles católicos cristianos suelen y deben gozar, olvidando sus obligaciones, ingrata y desconocida a tantos y tan singulares beneficios, en ofensa de Dios nuestro señor y contra su santa fe...».
El fiscal detalló todos los hechos malévolos de los que se le acusaba, como, por ejemplo:
«1. Que (...) en un lugar de dicho concejo de Llanes cierta persona de vida tan relaxada y nefanda que aconsejó y dixo a la rea si quería andar con los lobos y encantarlos, había de dar el brazo derecho al diablo, y que haciendo con las manos un cerco en la tierra y dando un silbido vendrían a su mandado, y los encantaría: y que si también quería hacer mal con ellos lo podría hacer, y que si no, podría guardar el ganado dellos, y hacer que no hiciesen mal a los ganados, ni a persona alguna. En lo cual vino la rea (...) ofreció el brazo derecho al Demonio, diciéndole: yo te ofrezco este brazo derecho.
»2. (...) que habiendo muerto la dicha persona y dexado a la rea una saya como tan su amiga, estando ésta a solas hilando (...) se le apareció un bulto negro de hombre, con cuernos a los lados de la frente (...) asiéndole del mismo brazo el bulto dixo si le ofrecía aquel brazo; y la rea respondió que se lo ofrecía; y él la volvió a decir que bien sabía que aquel brazo era suyo (...) Con lo cual se fue el bulto, y aunque entonces no lo dixo quién era, bien entendió la rea que era el Demonio, y como a tal le ofreció el brazo derecho.
»3 y 4. Que siguiendo el consejo que en capítulo primero ha referido la dio la dicha persona, y continuando la rea el crédito que la dio y al Demonio (siendo padre de la mentira y el mayor enemigo de las almas) en confirmación de la amistad y pacto que hizo con él, ofreciéndole su brazo derecho para que la favoreciese y asistiese, habiéndose ido con unos pastores, con quienes ha tratado deshonestamente y andado tres años, ha llamado a los lobos haciendo el cerco en la tierra y metiéndose dentro, y dando un silbo venían siete lobos de diferentes colores, que eran demonios, y se iban tras ella por donde quiera que iba, y cuando estaba dentro del cerco andaban ellos alrededor sin entrar en él, y la rea los repartía, tres por una parte, dos en otra y dos en otra, y venían unas veces sin llamarlos y otras porque los llamaba para que estuvieran con ella.
»5. (...) que era tal la familiaridad que tenía con los demonios (...) en forma de lobos (...) que no podía hallar sin su compañía. Y sabiéndolo los pastores la instaron, y ella se los prometió no hacer mal con los demonios a sus ganados ni a los de otros ni a personas algunas, si bien no siempre lo cumplía, antes echaba los lobos al ganado que le aprecia y a la parte que le hacía mal pasaje.
»6. (...) que en las dehesas de Alcudia, habiendo la rea llegado a un cazador que llevaba una carga de conejos y perdices a vender, le pidió un conejo, y no se lo quiso dar y dentro de tres días comieron los lobos a una bestia de carga de dicho cazador. Y todos lo atribuyeron a que la Lobera lo quería así, teniéndola también por bruja hechicera.
»7. (...) que en dichas dehesas llegó otra vez la rea a una majada de un pastor y, no habiéndola dado lo que ella le había pedido, le comieron a segunda noche los lobos tres cabras.
»8. (...) que para llamar a los demonios decía la rea ciertas palabras, que afirmó no podía decir porque la vendría mucho daño (...) Lo cual no es de creer, sino que maliciosamente las calla. Y así pido la declare».
Ana María dio contestación a cada punto de la acusación. Se reafirmó en cada una de las primeras respuestas que dio a los miembros del Santo Oficio. Y zanjó su defensa con una solicitud al tribunal eclesiástico: «(...) que el tribunal use con ella de misericordia atento ha confesado y dicho la verdad como consta en sus confesiones y que es una pobre mujer que ha sido engañada y promete no volver a más a ofender a Dios y procurar ser muy buena cristiana y que si acordare de otra cosa lo dirá y todo lo que lleva dicho es la verdad so cargo del juramento que tiene fecho (...)».
El 3 de agosto de 1648 el tribunal inquisitorial toledano disponían que la rea, bajo la abjuración de levi, podría ser puesta en libertad (en otros documentos aparece esta fecha como la de su ejecución a manos de la inquisición).
Un desenlace incierto
¿Cómo pudo escapar a la tortura y la hoguera? Nadie sabe cómo la Llobera de Llanes logró eludir las garras del Santo Oficio. Tanto historiadores como cronistas -como Caro Baroja- coinciden en señalar que eludió el rollo o las llamas de la hoguera debido a la poca información que guardaba la curia religiosa.
Lo único que parece cierto es que retornó a la Asturias que un día había abandonado. Aquella mujer de gran belleza, parecida «a ese tipo céltico de moza -rubricaba Juan Luis Rodríguez-Vigil, el que fuera consejero de Sanidad y presidente del Principiado de Asturias, en su obra «Bruxas, lobos e Inquisición»- que aún es frecuente ver por las aldeas de los concejos altos de Asturias: estatura pequeña o mediana, de piernas y nalgas rotundas y fuertes, pecho generoso y torso amplio, con cabellos arrubiados y rizados y la faz definida por ojos de intenso color azul, en todo caso con pómulos altos, nariz pequeña y tez clara o abundante de pecas, que la Llobera tendría, no obstante muy atezada por la continua exposición a la intemperie».
Perpetuó ese conocimiento sincrético que se pierde en la noche de los tiempos. Un espíritu que hoy, cuando recorremos los escarpados caminos de las montañas del Principado, entre sus fondos bosques o solitarias y verdes praderas, por sus caminos impracticables y puentes de piedra derruidos por el paso del tiempo, parece por unos instantes vive aún.
"Llanes
y América".
Mª
Cruz Morales Saro
Una Arquitectura de Distinción
Marta LLavona Campo
José
Ignacio Gracia Noriega, ex-cronista Oficial de Llanes
Entre el mar y las montañas, recorridos por la comarca oriental de
Asturias
Económicos-Easa, Oviedo 1988, páginas 148-152
Francisco Contreras Gil
L a Nueva España 10 de Abril de 2007
Capillas y Oratorios públicos y ermitas existentes en la parroquia de Posada en el año de 1800
Pueblo de Posada
Oratorio de Nuestra Señora de la Concepción
Fundado en 1653 por
don Pedro de Posada Argüelles,
sucesor de las vinculaciones del
reverendo obispo Junco, dotándole
con una fanega de pan anual y
garantía del prado de Entrecina en
Turanzas para sostener decentemente el culto.
El patrono actual es el licenciado
don Sebastián de Soto Cortés, sucesor
en la mitad, reservable de los vínculos
de don Juan Dionisio de
Posada Argüelles, que murió en Llanes
el 4 de Febrero de 1872, e hijo del
ilustrado, generoso, honrado y cumplido
caballero don Felipe de Soto
Posada, muerto en Labra el 28 de
Noviembre de 1864.
Capilla de San José
Patronato de la casa vinculada por don Pedro de Posada, arcediano de Tineo, fueron fundadores, a mediados del siglo XVII, en 1679, don Juan y don José Arena Pariente, canónigo de Oviedo y cura de Caldueño, respectivamente. En 16 de Agosto de 1693 falleció don Juan Pérez Pariente, que disfrutaba entonces de la capellanía. Allí se decía la misa llamada de postre en todos los días festivos, que empezaba cuando la campana mayor parroquial anunciaba que en la iglesia se estaba diciendo el evangelio de la misa conventual Dejaron de celebrarse las misas en los primeros años del siglo presente por insuficiencia de las rentas para la dotación de un capellán, quedando reducidas a dieciséis las misas, y es su patrono don Juan María Junco.
Capilla de San Sebastián.
Fundada en 1679 y perteneciente al vínculo, del cual fué digno poseedor don Antonio Arnero; se halla en mal estado por incuria de la familia, que la tiene a su cargo, y particularmente por estar en Méjico su patrono actual don Ángel Arnero Balmori, sucesor de la mitad reservable del vínculo de su padre.
Pueblo de Bricia
Capilla del Santo Cristo de la Salud:
La fundó el presbítero y licenciado don Juan Simón Posada, muerto en 4 de Febrero de 1702, y pertenece hoy al vínculo, cuya mitad reservable tiene don José del Campo Posada. Tenía cargo de veintitrés misas con estipendio de cuatro reales una. En cuesta de Santa Lucía o Redonda y camino real de oriente a San Antolín, y muy próximo al Aspra, existió una capilla bajo la advocación de Santa Eulalia, de la que apenas quedaron vestigios; y su imagen se trasladó a la iglesia parroquial a principio de este siglo, teniéndola gran devoción los enfermos de ojos. Sobre sus ruinas se ha fundado una casita en los últimos años o (tiempos). En el mismo sitio se celebraba la feria de Santa Lucía, ya renombrada en el siglo XVII, pasando después al centro del pueblo, y en el año 1863 a la plaza del mercado de Santiago de Baldellera. El punto era muy solitario y debiera estar más acompañado. El camino hasta Celorio cuando los Reyes Católicos en 8 de Febrero de 1490 concedieron a Gutiérrez de Niembro el privilegio de poder fundar fundar una casa–venta en el territorio de aquel pueblo, dispensándole varias franquicias y esenciones en gracia de los viajeros.
Pueblo de Quintana
Capilla de Santa Eulalia.
Estaba en la
ería de Quintana, sitio de Santa
Olaya y arenal inmediato al río de
Calabres, en el barrio de El Bao. No
quedan más vestigios que un corto
lienzo de pared en la cerca de una
pomarada de don Pedro Peláez
Junco. Perteneció al pueblo y don
Ramón Sánchez, de Turanzas, por
medio de subasta recogió parte de
los materiales de la ruinosa capilla
en los primeros años de este siglo.
Aquí se celebraba una gran romería
en otro tiempo.
La capilla de San Emeterio y San Celedonio
Situada al Norte de la
carretera, iba unida al vínculo que
posee don José de la Fuente Cantero,
habiéndose hecho algunas mejoras
en el año de 1877 por su hijo don
Ramón de la Fuente Pardo, domiciliado
en Veracruz, para poder abrirla
nuevamente al culto.
Capilla de Nuestra Señora del Carmen.
Al Sur de la carretera fué fundada con la misa de alba en la iglesia parroquial en el año de 1695 por don Juan Cabrales Díaz de la Vega, renovada aquélla por el presbítero don Francisco Cabrales Pesquera, su nieto, que falleció en Quintana en 1º de Febrero de 1827, ha sido el último capellán cumplidor de dicha misa de alba, que dejó de celebrarse por falta de rentas, convirtiéndose después en legado pío con reducción de la mitad a la carga de misas. El patrono es don Pedro Cabrales Peláez, como poseedor del vínculo de su primer apellido.
Pueblo de Piedra
Capilla de San Antonio.
Pertenece al pueblo, que celebra solemnemente su festividad religiosa. Se halla situada al Norte del antiguo camino real de Llanes a Cangas.
Capilla de Santa Bárbara
En la ería de la Tejera, sobre cuyo solar se levantó recientemente una casa por su dueño don Diego Junco Calleja.Oratorio público de la Ardina, fundado por el presbítero don Juan de Posada Valdés, que falleció en 12 de Mayo de 1778, y posee don Juan Ossorio Posada, se halla situado al Sur del antiguo camino real de Llanes a Cangas.
Pueblo de Turanzas
Oratorio público de la Huera.
Bajo la
advocación de Jesús, María y José fué
fundado en 1706 por don Diego de
Posada Valdés, capellán de Reyes
nuevos de Toledo, grabando el prado
del Jobo en el monte de Llabres para
atender a su culto. Es patrón don
Sebastián Soto Cortés, como sucesor
de la casa solariega de Posada.
Corresponde a don lndalecio
Reguero.
La Capilla del Pico o de San Pantaleón
se halla en mediano estado y
pertenece a don Joaquín Argüelles
Sánchez.
Capilla de Santo Toribio de Liébana,
De la pertenencia del señor
Díaz, no se halla decentemente
arreglada para el culto. Aquí se celebra
una romería el 16 de Abril, y se
administraban antiguamente buenas
palizas después de hechas las
roblas de los contratos de soldadas
de tejera por la temporada de de los contratos de soldadas de tejera por la temporada de
verano.
Antes del año de 1774, el camino
real de Llanes a Cangas se dirigía
desde El Collado de Las Cerezales a
Quintana por Merandina, callejas de
Bao, de la Ardina, San Francisco a
Llagas, Colio y Santo Toribio, por
donde se bajaba al río Bedón En los últimos años del siglo pasado se
abrió el camino de Cagiga, quedando
abandonado el anterior y se conservan
vestigios de la calzada.
Las sencillas pastoras de Porrúa llevaban manojos de varetas de avellano que pasaban por la cara de Santo Toribio en el día de su festividad, haciendo la señal de la cruz con ellas y después las destinaban para castigo de los corderos, teniendo fe en que no les resultara perjuicio aunque fuese grande el golpe recibido.