Volver
al menú
La
Santuca pasó por la Puerta del Perdón
La procesión de la
Santuca reunió a miles de personas en el valle de Liébana
Ayer, martes, día 2 de mayo,
fue grande en Liébana, y así lo atestiguaron los miles
de devotos que acompañaron y veneraron a la Santuca en una
procesión que no en vano está considerada como la
más larga de España. La virgen de la Primavera comenzó
la jornada con la misa que tuvo lugar en la iglesia de Aniezo a
las 7 de la mañana. A continuación emprendió
su procesión que discurre por territorios de cuatro municipios,
comenzó en Cabezón de Liébana, Cillorigo de
Liébana, Potes y, por último, el valle de Camaleño.
Los cuatro alcaldes, en cada uno de los límites municipales,
hicieron chocar sus bastones de mando, en señal de relevo.
Este es un acto de gran transcendencia como también lo es
el hecho de que, a continuación, tomaran las andas de la
virgen y pasaran a encabezar el cortejo hasta el siguiente traspaso.
Muy emotiva fue la
tradicional parada de la Santuca frente a la Residencia de Ancianos
'Félix de las Cuevas'. Todos pudieron comprobar sobrecogidos
por la emoción cómo los lebaniegos de más edad
mostraban su fervor a su Señora.
Alrededor de las
12 del mediodía, la virgen de la Luz, proclamada Patrona
de Liébana en 1960 por el Papa Juan XXIII, llegó a
Santo Toribio. Muchos eran los fieles que la acompañaban
y muchos los que la estaban esperando.
En ese momento, la
Santísima Cruz salió a su encuentro, y este acto,
que ocurre una vez al año, ayer fue más especial que
nunca. Los dos símbolos se tocaron por un instante y en pleno
Año Jubilar. Ambos estaban de gala. La Madre, la Luz que
representa el cielo y la Cruz, símbolo precristiano que representa
la tierra, entraron al interior del lugar de culto y lo hicieron
por la Puerta del Perdón, acto que no se repetirá
hasta el año 2017. En ese instante, la multitud acalló
su rumor y el silencio se apoderó de la explanada del monasterio.
Absolutamente todos pudieron percibir el tintineo de las campanillas
que la virgen lleva en su trono.
La misa solemne llegó
a su fin y los fervorosos lebaniegos, uno por uno, veneraron a su
Patrona. Luego, junto a ella acometieron el descenso que los llevaría
a la iglesia de San Vicente de Potes desde donde, tras el rosario,
emprendió su regreso a Aniezo, llegando a última hora
de la tarde. Una vez allí, terminará su novena y el
jueves, día 4, emprenderá su vuelta al santuario de
Peña Sagra, donde permanecerá hasta el próximo
año.
Un
manto restaurado
Como si hubieran
querido engalanarla más todavía, la Santuca lucía
su habitual manto verde recién restaurado, más reluciente
que nunca y en su sitial no faltaron las primeras cerezas de la
temporada.
Entre los congregados
a esta multitudinaria procesión, que se antojaba a los ojos
del visitante como un río de gente fluyendo por toda la comarca,
se encontraban el presidente del Gobierno de Cantabria, Miguel Ángel
Revilla, quien sin dudarlo un instante tomó las andas en
Potes,durante un tramo de la procesión y el consejero de
Cultura, Turismo y Deporte, Francisco Javier Marcano, quien en mangas
de camisa la acompañó desde Potes. También
lo hicieron el secretario ejecutivo de Organización del Partido
Popular, Santiago Recio y el expresidente del Gobierno de Cantabria,
José Joaquín Martínez Sieso, ambos asiduos
de la comarca y sus celebraciones.
El obispo de Santander,
José Vilaplana, estuvo acompañado de los párrocos
de la comarca y como no podía ser de otra manera, los cofrades
y los alcaldes de Cabezón de Liébana y Camaleño,
Manuel Heras y Juan Manuel Guerra, respectivamente. La ausencia
de los alcaldes de Potes y Cillorigo de Liébana se hizo notar,
ambos municipios estuvieron representados por miembros de la Junta
de Gobierno.
Custodios
muy fieles
Cada año los
lebaniegos se entregan a su Virgen con fervor, pero no están
solos, junto a ellos, un año más, flanqueando el sitial,
la virgen de la Luz contó con unos custodios de excepción,
los miembros de la Benemérita que ataviados con sus uniformes
de gala, la acompañaron a lo largo de los 28 kilómetros
de recorrido.El 2 de mayo está marcado en las agendas de
todos los hijos de Liébana que aún en la distancia
llevan a la Santuca en el corazón y sintiéndola suya
la añoran. Su virgen les recuerda la niñez, la raigambre
de su tierra, sus raíces y lo especial de su condición
de lebaniegos.
(Diario
Montañés 03-05-06)
|