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La
campana del Año Santo Lebaniego
El 15 de setiembre de 1584, Pedro
de Villanueva, maestro campanero natural de Güemes, fundía
la campana 'María' de la Catedral de Pamplona, de unos 13.000
kilos que durante siglo y medio fue la mayor de España. El
24 de julio de 1729, Pedro de Güemes, natural de Arnuero, fundía
la que sería la segunda campana de nuestro país, la
destinada a la Torre del Reloj llamada de Berenguela, de la Catedral
de Santiago de Compostela, de unos 11.000 kilos. Pero estas dos
campanas fueron superadas el 22 de diciembre de 1753, cuando Alejandro
de Gargollo Foncueba, natural de Arnuero, fundía la campana
llamada 'la Grande' o 'la Gorda', con destino a la Catedral Primada
de Toledo, de unos 18.000 kilos, que es la segunda en tamaño
del orbe católico y la primera de España desde entonces.
No es casualidad
que estas tres hermosas campanas, que hoy se conservan, fueran fundidas
por maestros salidos de nuestras Siete Villas, en el extremo norte
de la Merindad de Trasmiera y de Cantabria. Desde la Edad Media
hay testimonios de la existencia de ferrerías en Meruelo
y en la cuenca del Asón. Por otra parte, en Santander existía
a finales del siglo XIV una dinastía de fundidores de artillería
para el Rey de apellido Simón, apellido que todavía
pervivía hasta hace poco en Siete Villas; es sabido que los
fundidores de campanas también lo eran de artillería.
Desde aquella lejana
Edad Media, los maestros de Siete Villas se desparraman por todo
el Imperio Hispano, fundiendo campanas para las hermosas catedrales,
iglesias, conventos, santuarios, humildes ermitas, ayuntamientos
y navíos, y extendieron su arte al sur de Francia y a todo
el territorio de Portugal. Tal es así, que hoy tenemos documentados
a más de mil fundidores salidos de Cantabria hasta el siglo
XIX, caso único en Europa, cuyo estudio tenemos muy avanzado,
sólo a falta de que alguna Institución tenga voluntad
de publicarlo.
En el transcurso
de la Edad Moderna, las campanas comienzan a ser decoradas con profusión
de relieves de santos, cruces, cenefas decorativas, y de inscripciones.
Las grandes campanas destinadas al culto, llevaban numerosas inscripciones
con salmos, estrofas de cánticos litúrgicos, versículos
evangélicos, los nombres del cardenal, arzobispo u obispo
en la fecha de la fundición, el nombre del fundidor y la
fecha.
Sin embargo, las
campanas destinadas a usos civiles llevaban otro tipo de inscripciones.
Cuando Jacinto de San Juan, nacido en Ajo a la sombra del viejo
convento de dominicos, fundió en 1703 la gran campana del
Ayuntamiento de Cádiz, hoy existente, colocó en ella
el nombre del Rey Felipe V, del Gobernador de Cádiz, Conde
de Branccacio, del obispo Alonso de Talavera, del Procurador Mayor,
Conde de la Marquina, y su propio nombre, que han quedado perpetuados
en el bronce de dicha campana desde hace más de tres siglos.
Las campanas están
de actualidad. El año 2004, el Gobierno de Cantabria regaló
a los Príncipes de Asturias una preciosa campana con motivo
de su unión matrimonial, noticia que tuvo carácter
más que nacional. El maestro fundidor Abel Portilla, artífice
de dicha campana, con relieves del escultor José Antonio
Barquín, ha sido llamado por diversas localidades de Cataluña,
Valencia, y La Rioja, para fundir campanas a pie de torre, como
en la Edad Media, que es un espectáculo multitudinario, pues
toda la obra de moldeo y fundición, y la fabricación
del horno de fundir el metal, operaciones en las que emplea bastantes
días, es el asombro de los que la contemplan; no en vano
ha sido nombrado el pasado mes por un numerosos grupo de fundidores
europeos, el mejor fundidor de Europa por el sistema tradicional,
en la localidad leridana de Os de Balaguer, donde fue el único
que fundió dos campanas a cielo abierto, asistido de numerosísimo
público y medios de comunicación nacionales y extranjeros.
Ahora, cuando comenzamos
el tercer milenio, entiendo que dentro de las conmemoraciones del
Año Jubilar Lebaniego, sería conveniente para Cantabria
hacer una gran campana para ser colocada en el monasterio de Santo
Toribio, quizá en la explanada de acceso, en lugar cercano
a los peregrinos, y fundida allí mismo, a la vista del público,
para que pudiera asistir multitud de personas al proceso. Estamos
a tiempo, no tendremos otra oportunidad semejante hasta dentro de
once años.
La campana, lógicamente
dedicada a Santo Toribio, llevaría inscripciones alusivas
al Año Santo Lebaniego, la efigie del santo y el Lignum Crucis;
los nombres de las más altas magistraturas del Estado, del
Gobierno Regional, del Papa Julio II, que el año 1512 dio
una bula por la que creaba oficialmente el Año Santo lebaniego,
aunque de hecho se celebraba desde la más lejana Edad Media,
de Beato de Liébana, del Papa actual, del Arzobispo y del
Obispo de la diócesis de Santander, y los de algunas personas
eminentes de Cantabria desde el siglo VIII.
Entiendo que el Gobierno
de Cantabria debe poner inmediatamente manos a la obra, y dentro
de los eventos del Año Santo Lebaniego incluir la fundición
de esta gran campana; que sería en el futuro, junto con el
Lignum Crucis y el propio monasterio de Santo Toribio, una seña
indiscutible de identidad, y un homenaje a los maestros fundidores
de campanas que llevaron el nombre de Cantabria por más de
medio mundo; la tecnología para llevarlo a efecto no nos
falta, somos prácticamente los únicos de Europa y
América que contamos con ella.
LUIS DE ESCALLADA GONZÁLEZ/MIEMBRO
DEL CENTRO DE ESTUDIOS MONTAÑESES. PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN
CULTURAL DE CAMPANAS DE MERUELO Y SIETE VILLAS
(Diario
Montañés 02-06-06)
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