Volver
al menú
Carlos
Amigo presidió la eucaristía de la misa solemne de
La Cruz en Santo Toribio
Asistió
el presidente del Gobierno, junto a numerosos alcaldes, autoridades,
vecinos y peregrinos
El cardenal de Sevilla, Carlos Amigo, presidió la solemne eucaristía que con motivo de la celebración del Día de la Cruz, se celebró a las doce del mediodía de ayer, en el monasterio de Santo Toribio de Liébana.
El presidente del Gobierno de Cantabria, Miguel Angel Revilla, asistió a la celebración religiosa en compañía de su esposa. Los alcaldes de Camaleño, Potes, Cillorigo de Liébana, Cabezón de Liébana, Pesaguero y Vega de Liébana también estuvieron presentes en la solemne ceremonia religiosa, a la que acudieron varios diputados regionales.
Una
veintena de sacerdotes concelebraron la misa, junto con el cardenal
sevillano, a la que asistieron cientos de devotos y peregrinos,
que con ocasión de la celebración del Año Jubilar
Lebaniego, pasaron por la Puerta del Perdón. Los cofrades
de la Santísima Cruz participaron de forma activa en todos
los actos.
El Día de la Cruz se celebró con gran solemnidad en
el monasterio de Santo Toribio de Liébana. Desde primeras
horas de la mañana, gran número de devotos y peregrinos,
principalmente, cofrades de la Santísima Cruz, que lucían
en sus solapas la cruz con el lazo verde, llegaban al monasterio
para poder asistir a una celebración religiosa, que siempre
ha tenido un sentido muy profundo y especial entre los lebaniegos.
El cardenal de Sevilla,
Carlos Amigo llegó al monasterio aceptando la invitación
del obispo de Santander, José Vilaplana.
También, el
presidente del Gobierno de Cantabria, Miguel Ángel Revilla,
junto con su esposa, Aurora, quiso estar presente en la celebración.
Los alcaldes de los
Ayuntamientos lebaniegos y los miembros de la Cofradía de
la Santísima Cruz, encabezados por su presidente, Manuel
Bulnes, también asistieron a la celebración del Día
de la Cruz.
A las doce del mediodía,
con la explanada del monasterio repleta de fieles, tuvo lugar la
procesión, desde el claustro del monasterio, con la Reliquia
del Lígnum Crucis bajo palio, que era llevada por el cardenal
de Sevilla.
Una veintena de sacerdotes
y franciscanos completaban la comitiva, entre los que se encontraban
el guardián del monasterio, Luis Domingo Gaya; el provincial
de los Franciscanos; los antiguos guardianes del monasterio, Juan
Ignacio Larrea y Juan Manuel Núñez; los sacerdotes
lebaniegos, Benito Velarde, Elías Hoyal y Juan José
Caldevilla, así como el antiguo párroco de Potes,
Romualdo Fernández.
En la homilía,
el cardenal de Sevilla manifestó que “lo que quiere
Jesús es que estéis llenos de vida, y esa vida comunicársela
a los demás. En esta
vida nos vamos a arrepentir de muchas cosas, pero nunca nos podremos
arrepentir de haber sido misericordiosos”.
Amigo, destacó
que “la cruz era el suplicio que se daba a los más
sangrientos criminales. No
se podía hablar de la cruz, puesto que era algo que causaba
terror, y nosotros ahora ponemos la cruz en lo más alto de
nuestras iglesias, para que se clave en el cielo como una oración;
la clavamos sobre la tumba de nuestros seres queridos, la llevamos
en nuestro pecho, y nos acordamos de la Cruz de nuestro señor
Jesucristo. Como han cambiado
las cosas, porque el amor de Cristo se abrazó a la Cruz”.
Refiriéndose
al Año Jubilar, dijo que “la peregrinación jubilar
a este monasterio convierte los corazones de las personas, pero
no hay que olvidarse que hay otra peregrinación, que es la
peregrinación al santuario del propio corazón”.
En la celebración,
un sacerdote, señaló que “el obispo de Santander,
al no poder asistir, da a todos un cordial saludo y ruega a los
lebaniegos que sigáis amando a la Cruz de Cristo”.
La ceremonia religiosa
concluyó con la bendición con la Reliquia del Lígnum
Crucis, por parte del cardenal Carlos Amigo, y la posterior adoración
por cientos de cofrades y devotos.
(Alerta 15-09-06)
|