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Año
jubilar lebaniego: Fe, cultura y política
El
veintitrés de abril del año pasado empezó el
actual Año Santo en Santo Toribio de Liébana, y el
día veintidós de abril de este año se cerrará
la Puerta del Perdón hasta el siguiente Jubileo. Cantabria,
España y Europa gozan la oportunidad de recorrer milenarias
rutas que llevan al corazón de Liébana desde cualquier
rincón del mundo. Muchos peregrinos han vivido los pasos
de la Historia en nuestra tierra, y ésta ha escrito en su
libro los azares y emociones de quienes han sabido ser peregrinos
entregando voluntad, inteligencia, sentidos y espíritu a
la mística, cultura, naturaleza, gentes y ritos del Jubileo.
Ser peregrino no es una meta deportiva o social sino una interpretación de la persona abierta a la trascendencia, al misterio de la vida y de la muerte, al interrogante esencial al ser humano del dónde venimos y a dónde vamos, a la entrega afectiva y mental a Dios y al ser humano. Así lo sintieron desde la Alta Edad Media los primeros peregrinos llegados de Europa para venerar el "Lignum Crucis" y recibir la indulgencia plenaria de la Iglesia. Una arcana guía de fe, cultura, tradición y aventura en la que, hoy como ayer, el ansia infinita de amor e inmortalidad del ser humano se funde con la trascendencia divina en la Gracia y en la Naturaleza, también manifestada en las vicisitudes políticas y sociales de los reinos y poblaciones que los romeros cruzaban y surcan en su andadura mística y existencial.
Nuestro país
posee el privilegio, como Italia, Alemania y gran parte de la Europa
católica, de un maravilloso acervo de tradiciones, monumentos,
arte, devociones, folclore, costumbres y liturgia cristianas en
su historia y cultura. Un patrimonio de belleza y ciencia inspirado
desde la fe y, asimismo, desde la cultura, la estética y
el humanismo, que forja el motivo y el porqué de España
como la conocemos. El Año Santo lebaniego, sumado al conjunto
de colegiatas, iglesias rupestres, esculturas, ermitas, tallas,
cuadros, arte, fiestas, cánticos y celebraciones de la religiosidad
popular de sus villas y pueblos hace (para quien tenga la mínima
educación estética y sensibilidad intelectual) de
Cantabria un paraíso de fe, saber y hermosura, y contribuye
a la historia, identidad y ser de España y Cantabria.
Una importancia histórica,
cultural, política y social del hecho religioso en España
que nuestra Carta Magna de 1978 reconoce, entre otros, en los principios
constitucionales de libertad religiosa, cooperación, igualdad
y aconfesionalidad. Principios entre el Estado español y
la Iglesia católica consagrados en nuestro Texto Fundamental
y que, combinados con el conjunto artístico, histórico
y sapiencial del legado cristiano presente en Cantabria y en España,
entrañan una herencia impagable de la historia y de nuestra
identidad como españoles y europeos, tejida con los ideales
y memoria de nuestros antepasados. Coordinar desde el poder civil
las relaciones entre la fe católica y la sociedad aconfesional
(nunca laicista, actitud opuesta a nuestra Constitución y,
por tanto, enemiga de nuestra Democracia) es una meta para cualquier
buen gobernante, lo mismo que armonizar desde la jerarquía
eclesiástica las inferencias entre la Iglesia y el Estado
exige inteligencia, diplomacia y prudencia para los obispos en su
diálogo con la autoridad estatal. De la colaboración
y mutuo respeto entre el poder civil y el eclesiástico, al
amparo de nuestra Constitución, sólo nacerán
buenos frutos en la convivencia democrática de los españoles.
Un buen gobernante
en lugar de buscar el choque ideológico o confesional trabajará
en cualquier instancia civil y política por el bien común,
el cual cobra especial significado social en manifestaciones y ritos
como el Año Santo lebaniego o el compostelano. Así
ha acontecido este Año Jubilar lebaniego, donde las autoridades
de Cantabria, en especial la Consejería de Cultura dirigida
por Francisco Javier López Marcano y su equipo, han sabido
coordinar, armonizar y potenciar lo mejor del poder civil en su
relación con el sentido espiritual, cultural, artístico
e histórico del Año Santo lebaniego.
Desde la aconfesionalidad,
su gestión política en este Año Santo lebaniego
-regida por los principios constitucionales de aconfesionalidad
y cooperación- es un ejemplo de eficacia, buen hacer y respeto
hacia el hecho religioso sin menoscabo del rendimiento turístico,
administrativo y social. Su aportación cultural y artística,
gestión turística, organización civil, publicidad
administrativa y respeto estricto desde la aconfesionalidad a los
ideales y símbolos espirituales, culturales, artísticos
y humanistas del Jubileo lebaniego han demostrado tanto su valía
profesional como su formación académica y política.
Una meritoria, inteligente
y acertada labor de la Consejería de Cultura del Gobierno
de Cantabria que ha cultivado en su responsabilidad política
los mejores frutos del encuentro humanista entre la fe y la cultura
este -y restan todavía dos meses para su fin- Año
Santo lebaniego. Un buen gobernante en lugar de buscar el choque
ideológico trabaja por el bien común, el cual cobra
especial significado en manifestaciones y ritos como el Año
Santo Lebaniego. Así ha acontecido este Año jubilar,
donde las autoridades de Cantabria han sabido hacer bien las cosas.
ALBERTO GATÓN LASHERAS
(Diario Montañés
17-02-07)
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