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Luz y color en las montañas de Liébana
Miles de personas disfrutaron anoche del increíble espectáculo
protagonizado por La Fura Dels Baus
Todo
resultó según lo previsto. Miles de personas, que
desde primera hora de la tarde se agolpaban en las inmediaciones
de Fuente de Dé para participar de la programación
festiva de la despedida al Año Santo, fueron testigos de
que las expectativas creadas se cumplían, aunque se perdió
parte de la grandiosidad anunciada al no poderse lanzar fuegos artificiales.
No es fácil conseguir mantener tantas bocas abiertas durante
tanto tiempo. Al menos, durante un espectáculo teatral por
mucha Fura Dels Baus que sea la artífice. No faltó
nada de lo anunciado: luz, fuego, imágenes de Beatos, personajes
mitológicos de la tradición cántabra: hombres
malos y hadas buenas, la rueda del tiempo y una increíble
historia de amor que, para variar, tuvo que acabar mal.
La compañía
catalana mezcló cientos de cosas para terminar ofreciendo
aquello en lo que son expertos indiscutibles: algo magnífico;
vamos, espléndido y suntuoso, muy suntuoso.
Por
partes
Como había
que unir asuntos tan dispares como las interpretaciones del Apocalipsis
del Beato de Liébana con las leyendas populares cántabras
y con lo imponente de la naturaleza, la cosa empezó por lo
inexorable: el paso de tiempo. Una enorme rueda colgada del cielo
que no dejaba de rodar representaba lo invencible. Luego le llegó
la hora al protagonista indiscutible del año: el Beato de
Liébana. Veinte pantallas inmensas con imágenes del
autor de 'Commentarium in Apocalypsis' rindieron su particular homenaje
a las famosas miniaturas. Después, como para pasar página
o simbolizar una especie de catarsis, todo cambió. Nueva
música y nuevo escenario para mostrar más personajes.
Eso sí, sin tregua. No había posibilidad de cerrar
la boca. A partir de ese momento el protagonista ya no fue el Beato,
ni siquiera un pariente lejano. El ojáncano, un gigante de
nueve metros de altura forrado con hojas de árbol y un solo
ojo apareció entonces de la nada y, ni corto ni perezoso,
se dedicó a atacar a los pobladores de ese sorprendido mundo.
Liberados
del mal
El
ogro atacando, y cuando parecía que ninguno de los alarmados
testigos íbamos a salir con vida de aquello..., otro milagro.
De la cabina del teleférico que acababa de ponerse en marcha
fuera de horario, y que dejó estupefacto al malvado, se descolgó
el hada anjana emulando a 'Pinito del oro' durante unos instantes.
En ese momento, insisto,
sin un instante para cerrar la boca, se produjo el verdadero milagro.
El monstruo, conmocionado e hipnotizado por la belleza del fantástico
personaje, se enamora perdidamente.
Y claro, como el
amor nos hace libres, pero también frágiles y muy,
muy, muy vulnerables (es lo que hay), los pobladores de ese mundo
aprovecharon el despiste para atacar al gigante, trepar por él
y cegar su único ojo.
Liberados del mal,
la muerte del gigante dio paso al verdadero coloso, al indiscutible
protagonista de la noche: el macizo montañoso. Y como estaba
previsto, haciendo honor al título de la representación,
la luz se hizo en las montañas.
La mayor parte de
los que fueron testigos de lo sucedido anoche aún comentan
lo que vieron.
(Diario Montañés
y Alerta, 22-04-07)
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