Iglesia de Salarzón

Monasterio de Santo Toribio de Liébana

 

AÑO SANTO LEBANIEGO

 

 

 

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Final del Año Santo Lebaniego

(A los peregrinos, desde Lamasón)

Quien escribe estas líneas -cura de aldea en el hermosísimo, recóndito, noble, céltico, ubérrimo, despoblado y místico Valle de Lamasón- durante este Año Jubilar Lebaniego rezó, conversó y trabó amistad con algunos peregrinos que anduvieron hacia Santo Toribio por la ruta románica de las iglesias masoniegas de Santa María y de Lafuente. Un camino medieval original que desde las bellísimas brañas y praderas de los paradisíacos pueblos de Quintanilla, Río, Sobrelapeña, Lafuente y Cires alcanza las villas lebaniegas de Bedoya o el prodigio católico mozárabe de Lebeña. Y un sendero artístico, natural, romántico y espiritual que peregrinos auténticos han hollado dialogando con Dios con la razón y la fe fundidas en lo que el genial matemático, prodigioso científico y devotísimo cristiano Pascal define en sus 'Pensamientos' como «íntimas y místicas razones del corazón». A vosotros, algunos ya en el Cielo y los demás romeros en la Tierra, dedico esta columna hoy que la Puerta del Perdón se cierra hasta el próximo Jubileo.

Para la Iglesia, que más de un millón de almas hayan cruzado la Puerta Santa y orado ante el Santísimo y el Lignum Crucis -el mayor trozo del leño de la Cruz que existe- y que la mayoría haya participado en la Santa Misa, confesado sus pecados según la fe de la Iglesia católica (nunca sacrílega absolución general que ni perdona los pecados ni otorga el Jubileo) y rezado por sus familias y amigos, por la paz, por la Iglesia y por el Papa, supone más de un millón de razones para estar feliz.

Termina este Año Jubilar en Santo Toribio de Liébana con la Santa Misa y el cierre de la Puerta del Perdón con la significativa, sabia y eclesial presencia del Nuncio del Vaticano en España, don Manuel Monteiro, quien como representante del Papa fortalece los vínculos espirituales de este Jubileo lebaniego con el de los tres lugares santos de peregrinación cristiana, Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela. Y, asimismo, con el liderazgo católico, cultural y social del Arzobispo de Asturias y Administrador Apostólico de Santander, don Carlos Osoro, quien en el gobierno de la diócesis de Santander y en su entrega apostólica al Año Santo ha alimentado la unión de los cristianos desde el amor y fidelidad a la Iglesia y, también, favorecido el diálogo, la leal cooperación democrática y el mutuo respeto con la sociedad, la cultura y las fuerzas sociales y políticas de Cantabria. Que él, como sucesor de los Apóstoles, cierre este Año Santo Lebaniego y, a su vez, abra la puerta al obispo que pronto llegará a nuestra diócesis de Santander y Mena, es un esperanzador regalo jubilar de la Iglesia a Liébana y Cantabria.

También las autoridades civiles y la sociedad de Cantabria tienen motivos no sólo religiosos sino políticos, económicos, culturales y personales para estar orgullosos y satisfechos en este final del Año Santo Lebaniego. Desde la estricta y necesaria aconfesionalidad, el Gobierno de Cantabria PRC-PSOE del presidente Miguel Ángel Revilla y de la vicepresidente Dolores Gorostiaga ha sabido cooperar, respetar y valorar el hecho religioso que es un Jubileo como expresión de la creencia mayoritaria de los españoles tutelada por nuestra Constitución al mismo tiempo que aprovechar, rentabilizar, universalizar y promover el legado cultural, histórico, artístico, espiritual y social del Año Santo Lebaniego en nuestra región, en España y en el mundo.

La labor del Consejero de Cultura, Francisco Javier López Marcano, y su equipo, entre los que destacan Justo Barreda y Eva Bartolomé, directores generales respectivamente de Cultura y de Turismo de su Consejería, vuelve a ser elogiada en esta columna semanal. Su trabajo eficaz, de buen gusto y saber hacer, con respeto y cultivo de los valores culturales, sociales, religiosos y artísticos de este Año Santo ha logrado la promoción internacional de Cantabria hasta límites nunca alcanzados por nuestra pequeña Comunidad autónoma, lo que redunda en prestigio para nuestra sociedad, beneficios económicos y turísticos para nuestra región, progreso para todos y perfecto cumplimiento democrático con los principios de nuestra Constitución de convivencia democrática desde la cooperación, la aconfesionalidad, la libertad religiosa y el respeto a la fe cristiana. La brillante conclusión civil de este Año Santo, y su presencia y participación en la ceremonia religiosa del cierre de la Puerta Santa, es sólo un detalle más de su magnífica, organizada, aconfesional, culta y educada entrega a lo que si antaño fue un hecho espiritual sin demasiada resonancia civil hoy es, además de su universalidad religiosa, una seña de identidad social, cultural y estética de Cantabria en España y en el mundo.

En la clausura de este Año Jubilar Lebaniego, el autor de estas líneas considera con alegría católica y orgullo ciudadano que tanto las metas espirituales -razón de ser de cualquier Año Santo- como las civiles y políticas, han conseguido un dechado de perfección, buen hacer y éxito material y espiritual. En el final de este Año Santo Lebaniego, felicidades para las autoridades eclesiásticas y la diócesis de Santander, para el Gobierno de Cantabria, para las instituciones civiles, para la sociedad cántabra y, en especial, para quienes caminando hacen camino santo por la mediación de la Iglesia: los peregrinos. En el momento de la clausura puede decirse que las metas del Año Jubilar Lebaniego se han conseguido plenamente, tanto las civiles y políticas como las espirituales.

(ALBERTO GATÓN LASHERAS - El Diario Montañés 22-04-07)

 

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