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En Asturias, por
aféresis, se dice madreña en lugar de almadreña. Calzado de madera de una sola pieza, y con tres
tacones, típico y adecuado para esta región por su habitual humedad, y por
determinadas faenas que requieren su uso - en la cuadra, en los prados, en
los huertos...-. Tuvo un empleo indiscriminado en cuanto a edades, sexos y
clases sociales, las madreñas, pues, cumplían en la aldea una misión <<democratizante>>,
utilizándolas igualmente el mendigo que el sacerdote, el campesino que el
médico rural. No escasean quienes se dedican a hacer madreñas,
durante el invierno, época en la que no existe la perentoriedad de otros
trabajos; y lo mismo en pueblos de la costa que del interior, aunque en
algunos, por tradición o por se zona en que existen maderas adecuadas, se
intensifica más esta labor; así, en el concejo de Caso se exportan
madreñas desde los pueblos de Soto, Bezanes,
Pendones,
La Foz y Tarna, a veces sin terminar totalmente las piezas,
debiendo ser rematadas en los lugares de destino. La madera empleada para
la confección de las madreñas es de castaño, aliso, sauce, haya, nogal,
abedul, humero y salguera -las de esta madera se estiman por su
resistencia y ligereza-.
Las partes de que
constan las madreñas son: boca -por donde se introduce el pie-,
picu, piquera, o copellete -ángulo picudo que remata por
delante la madreña-, calcañu -parte posterior-, tacones o
tazos -dos delanteros y uno posterior-, papada, papu o
barriga -parte antero inferior, a veces protegida por un trozo de
hoja delata-, casa o casina -hueco en el que se introduce el
pie-.
Estas partes, así
como las herramientas utilizadas y las fases consecutivas de esta labor
artesana, reciben distintos nombres originados por la pluralidad de
términos en cuanto a las variantes de la misma palabra, a causa de los
fenómenos lingüísticos propios de cada zona regional. Las herramientas más
empleadas son: hacha y hachu, raspador, raspón,
legra, tayón o tajo, taladraora, gubia,
barrena... El proceso normal para hacer una pieza suele consistir
en: moldear un trozo bruto de madera, conformar la madreña, insinuarla con
la azuela, hacer el hueco de la boca, agujerear y quitar madera del
interior, arreglar los bordes, alisarla por fuera y por dentro, suavizar
la parte exterior; luego se pone a secar, se talla o dibuja -en adorno
xilográfico-, se barniza -suele ser en tono negro-, y se ahuma -en fuego
sin llama, a veces usando trozos de corteza de abedul-. La labor del
profesional queda reflejada el soneto de Francisco González
Prieto.

También algunos pintores reflejaron
en sus lienzos esta profesión, destacando el cuadro titulado precisamente
<<Madreñeros>>, del asturiano José Ramón Zaragoza. Hay madreñas que
suelen usarse sólo con escarpines: son de boca más estrecha, el pie queda
en ellas más justo, por lo que se camina con más firmeza, so suelen
barnizarse y se acostumbra a meterles yerba para mullir el pie.
Otras son para usarlas con zapatillas, y tienen la boca más ancha.
Antiguamente era frecuente utilizar las madreñas con los pies descalzos,
metiendo asimismo yerba para impedir las posibles molestias. Esta
peculiaridad se conocía por ir a pures.
A veces las
madreñas reciben un adjetivo identificador, por su forma o procedencia:
redondes, casines,
quirosanes,
alleranes, o bien
se les da el nombre del madreñero famoso que las hizo. Otras veces su
denominación procede de su condición; así, cuando ya tienen gastados los
tacones, son rasines,
baxines o
patonas, y si están
mal hechas, gaxapos. La frase "Ser como unes madreñes patoxes",
equivale según Vigón a comportarse a la pata la llana. Metafóricamente,
aludía a los tres tacones de las madreñas aquel que decía: "Vi una cosa
rara, tres muyeres en un fornu y les tres cayaes...".
Para que tengan
mayor duración, pero también para que suenen más -incluso rivalizando los
mozos- se ponen clavos en los tacones agujereados a veces previamente con
un hierro candente, llamándose entonces madreñes ferraes; hay
quienes sustituyen estos clavos por suplementos de goma. Cuando en una
madreña raja su madera, al caminar se produce un ruido peculiar, son les
madreñes llueques; si tal quebradura se produce en la parte
delantera, se hace una pequeña incisión circular y se coloca en ella un
alambre -argolla o cantesa- que impide continúe la rotura, posibilitando
el uso del calzado.
Para hacer los
dibujos que es frecuente ver en la parte superior de la madreña, se
emplean una gubia estrecha o punzones; son adornos muy simples,
reiteradores, geométricos, en forma de abanico, de conchas, con ritmos
elementales. Se llevan al mercado sujetas por blimas a dos palos
-conteniendo unos diez pares- colocados a lo largo de una caballería. Es
frecuente ver todavía algún par de madreñas a la puerta de las casas
campesina a la espera de su usuario.
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