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Abstract

Resumen corto

Solapa libro

Índice

Agradecimientos

Prólogo (Máximo Sandín)

Bibliografía

Tablas y figuras

Texto de las figuras

Portada trasera

                                                                                                                                                      

ABSTRACT

 Reversal evolution  in Homo sapiens.  A new hypothesis in Human Evolution

 Several evidences that seem to  indicate a  reversal evolution in  some branches of the primate phylogeny are shown in this paper.  In  the Regresive Hypothesis a great  part of the primate and hominid fossils founded until the present  time  -maybe  the most part  of them- would be recesive groups of the  minority main  progresive line.This  hypothesis is absolutely opposite to the current  theories and it is  supported by the proofs of the molecular biology  and the principal paleontologic discoveries of the  last years, as well  as on  the  fossil  recording.  All this  evidences  tend to  separate  all the known  hominid species from the main evolutive line that leds to  the modern man. The regresive hypothesis is  in agreement  with other theories  that argue against the  basis of  the Sinthetic  Theory  of Evolution,  such as the Neutralist Theory, the  Punctuated Equilibria Theory or  some molecular drifts. A wide and  exhaustive review of  the  primate and  hominid  phylogeny is proposed.

 

 

RESUMEN

 Se muestran varios indicios que  podrían indicar una evolución inversa en varias ramas de la filogenia de los primates. Según la hipótesis regresiva gran parte de los fósiles de primates y homínidos encontrados hasta la fecha -quizás la mayoría- serían grupos recesivos a partir de una línea progresiva principal minoritaria. Esta hipótesis, totalmente contrapuesta a las actuales teorías vigentes, se apoya, no obstante, en las pruebas aportadas por la biología molecular y en los descubrimientos paleontológicos más importantes de los últimos años, así como en el mismo registro fósil, los cuales tienden, invariablemente, a apartar a todas las especies conocidas de homínidos de la línea evolutiva que conduce al hombre moderno. La hipótesis regresiva se une a otras teorías que ponen en entredicho las bases de la actual teoría sintética de la evolución, tales como la teoría neutralista, la teoría del equilibrio puntuado o ciertas derivas moleculares. Se propone, entre otras conclusiones, una amplia y exhaustiva revisión de la filogenia de los primates y de los homínidos.

 

 

 

SOLAPA ANTERIOR

 Juan Luis Doménech Quesada nació en Gijón (Asturias) en 1956. En 1979 se licenció en Biología en la Universidad de Oviedo, en la que también cursó estudios de informática entre 1982 y 1986. “Investigador libre, sin más pretensión que la simple curiosidad y el mero afán de saber”, como el mismo se califica, se dedicó primero a la biología sistemática de peces y crustáceos y a la acuicultura marina más tarde. Actualmente está desarrollando un nuevo sistema de pesca sostenible -estudios que compagina con su trabajo de informático- convencido de que la actual pesca extractiva “es aun tan primitiva como la de nuestros antepasados asturienses”. Ha publicado más de una cuarentena de artículos científicos, técnicos y divulgativos relacionados con la biología marina y fruto de sus observaciones -que ya duran más de veinte años- es este libro que lanza una nueva hipótesis sobre la evolución de las especies, tema en el que lleva trabajando “desde siempre”, y, en especial, sobre el Homo sapiens, cuyo estudio le ha llevado 8 largos años.

 

 

ÍNDICE

 AGRADECIMIENTOS

 PRÓLOGO

 I.             EL PROGRESO EN BIOLOGÍA

                El caos de la paleoantropología

                El concepto de progreso

                “Progreso absoluto”

 

 II.           ESTADO ACTUAL DE LA FILOGENIA DEL  HOMBRE

 

 III.           LA EVOLUCIÓN REGRESIVA EN LA NATURALEZA

                Planteamientos generales

                Evolución regresiva de los primates

 

 IV.           LAS PRUEBAS DE LA DISTANCIA MOLECULAR

 

 V.            LA REGRESIÓN DE Australopithecus  Y DE LOS PRIMEROS   Homo

                Indicios de regresión en Australopithecus

                Indicios de regresión en los antiguos Homo

 

 VI.          TAMAÑO, FORMA Y EVOLUCIÓN

 

 VII.         LA REGRESIÓN DE Homo erectus Y NEANDERTHAL

                Neanderthal: un caso terminal

                La regresión de Homo erectus

                                3ª segregación pliocénica

                                4ª segregación

                                5ª segregación

                                6ª segregación

 VIII      LA REGRESIÓN CULTURAL DEL Homo erectus

 IX.        POR LAS RUTAS REGRESIVAS DE LOS HOMÍNIDOS

 X.          EL PROBLEMA DE LA NEOTENIA

 XI.         INDICIOS DE REGRESIÓN EN Ramapithecus

 XII.        LA REGRESIÓN DE LOS PRIMATES SUPERIORES

                El confuso origen de los primates

                Indicios de regresión en primates superiores

 

XIII.        LA REGRESIÓN DE LOS PROSIMIOS

                Indicios de regresión en prosimios

                Por las rutas regresivas de los primates

 

XIV.        Homo sapiens: ¿LA ÚLTIMA REGRESIÓN?

                Sobre la regresión del hombre de Cromagnon

                Sobre el origen altruista del Homo sapiens

                Otros indicios de regresión en Homo sapiens

 

XV.         LA REGRESIÓN DE LA CONSCIENCIA

                Los niveles de la consciencia

                El cerebro como un computador

                Funcionamiento incorrecto de la mente

                Evolución de las funciones mentales

                Hacia un correcto aprendizaje

 

XVI.        COMPLEJIDAD, ENTROPÍA Y REGRESIÓN

                La complejidad en la frontera del caos

                Larga vida al desorden

                La macroevolución en la frontera del caos

                La filogenia en la frontera del caos

 

XVII.      MECANISMOS DE LA EVOLUCIÓN REGRESIVA

                Evolución “por saltos”

                Extinciones y explosiones de vida

                Precocidad de la complejidad

                                Precocidad en dinosaurios

                                Precocidad en peces

                                Precocidad en mamíferos

                                Precocidad en aves

                                Precocidad en invertebrados

                Especiación y regresión

                “Productividad” genética

                 Parasitismo y regresión

                 Evolución por atavismo

 

XVIII.     UN POCO DE HISTORIA SOBRE LA HIPÓTESIS REGRESIVA

 

XIX.       MÁS MECANISMOS EVOLUTIVOS “ALTERNATIVOS”

                Deriva genética

                Otras derivas moleculares

                Transferencia “horizontal” de ADN

                Deriva meiótica

 

XX.         EVOLUCIÓN EPIGENÉTICA

                Haeckel y su “recapitulación”

                Garstang y su “paedomorfosis”

                Senilidad embriológica

                La embriología recapitula de nuevo

                Genes homeóticos y macromutación

 

XXI.         NEOLAMARCKISMO MODERNO

                “Aprendizaje hereditario”

                Envejecimiento en rotíferos

                La pangénesis de Darwin

                La diferenciación modifica el núcleo

                “Pseudo-híbridos”

                Envejecimiento en paramecios

                Transducción

                “Transducción” en organismos superiores

                Nuevo renacimiento del lamarckismo

 

XXII.         MACROMUTACIONES Y PANSPERMIA

 

XXIII.         EL NUEVO ÁRBOL DE LA VIDA

 

XXIV.           CLADOGRAMA DE LOS PRIMATES SEGÚN LA HIPÓTESIS

                      REGRESIVA

 

XXV.           CONCLUSIONES

                    La inexorable decadencia de la materia

                    A vueltas con las antiguas ideas finalistas

                    El ocaso de la selección natural

                    Nuevo eclipse del darwinismo

                    Hacia una nueva “Síntesis”

                    La futura evolución del Homo sapiens

                    El “Punto Omega” en nuestras manos

                    Revisión “regresionista” de la filogenia humana

 

RELACIÓN DE TABLAS  Y FIGURAS

 BIBLIOGRAFÍA

 

 

 

AGRADECIMIENTOS

                         Agradezco la colaboración prestada por la revisión del trabajo, así como por las interesante sugerencias realizadas (hayan sido a favor o en contra de las hipótesis propuestas), a D. Gustavo Bueno, catedrático emérito de Filosofía de la Universidad de Oviedo; a D. Máximo Sandín, biólogo evolucionista del departamento de Biología (Unidad de Antropología) de la Universidad Autónoma de Madrid (uno de los principales precursores de la Nueva Biología); a D. Antonio Arnaiz, biólogo molecular de la Universidad Complutense de Madrid, adscrito al departamento de Inmunología del hospital 12 de Octubre; y a D. José Enrique Egocheaga, catedrático de Antropología Física del departamento de Biología de Organismos y Sistemas de la Universidad de Oviedo.  Y a todos cuantos han hecho posible este trabajo, en especial a Ana Alonso, a Andrés Muslera y, sobre todo, a Javier Pérez Prado y a Mina Rodríguez González, verdaderos impulsores de este libro.

 

 

PRÓLOGO  

(por Máximo Sandín)

                         Es muy posible que, como concluye Juan Luis Doménech en este tan sugerente como bien documentado libro, el paso hacia una nueva Síntesis (una nueva teoría unificadora de los procesos biológicos) haya comenzado ya. Lo que no está tan claro es cuan duro y largo será el camino.

 

                        La necesidad de un modelo alternativo a la Teoría Sintética de la Evolución no es una cuestión trivial. Ni siquiera es un problema meramente científico. Porque, aunque un número creciente de rotundos datos como los que se exponen en esta obra ponen de manifiesto que el Darwinismo está sumido en una profunda crisis científica, actualmente se encuentra en todo su esplendor social.

 

                        El edificio construido sobre la Teoría Darwinista ha trascendido el campo de la Ciencia (tal vez como un reflejo de su origen) para convertirse en una sólida estructura formada por un entramado de intereses económicos y doctrina social que ha arraigado profundamente en la llamada “cultura occidental”.

 

                        Esto no debería resultar extraño si se tiene en cuenta que son las teorías económicas y sociales de Malthus, y su “lucha por la vida”, y Spencer, con la “supervivencia del más apto”, las que constituyen el substrato básico (reconocido por el propio Darwin) de la Teoría de la Evolución de las Especies por Selección Natural. Por eso, tampoco resulta extraña la tendencia actual, señalada por Doménech, a abandonar campos de investigación básica (o fundamental) en favor de investigaciones más rentables. Una tendencia impulsada por las autoridades científicas y políticas que está transformando la vieja idea de la Ciencia, como búsqueda del conocimiento, en la de una tecnología al servicio de la industria y el comercio, y un factor más a incluir en las oscilaciones de la Bolsa (fenómeno del que las multinacionales de la Biotecnología son el máximo exponente).

           

                        La consecuencia de esta degradación del espíritu científico es la confluencia en un sendero por el que ciencia y economía caminan alegremente (sobre todo para los accionistas) hacia un callejón sin salida, añadiendo a la creciente degradación ambiental, a la extensión de la pobreza y al agotamiento de los recursos, la progresión, aparentemente imparable, de los peligros derivados de la irresponsable manipulación genética de los seres vivos.

           

                        Sólo un proceso de “regresión del psiquismo” del que nos habla Doménech, del predominio más absoluto del pensamiento reduccionista (lógico) sobre el holístico (intuitivo), puede explicar esta situación. Porque tanto el modelo económico como el modelo científico derivado de él son, en realidad, de una extremada simplicidad. Una simplicidad consecuencia del contexto temporal y cultural en que surgieron, caracterizado por una euforia económica basada en la creencia de que los recursos naturales eran inagotables, junto con el auge de la visión mecanicista y reduccionista de la Naturaleza que llevaba a convertir sucesos restringidos, tanto temporal como espacialmente, en “leyes” generales.

           

                        Sin embargo, a pesar de esta simplificación (o, tal vez, precisamente por ella) estas “leyes” basadas en el azar irresponsable como fuente de variación (oportunidades) y la competencia como motor de cambio (progreso) han pasado de teorías a firmes creencias, tanto en el campo científico como en el social. Desde luego, son fáciles de visualizar, de comprobar “objetivamente” a corto plazo (aunque sus efectos a largo plazo son, tanto en un campo como en otro, susceptibles de muy diferentes interpretaciones). Y del mismo modo que en la competencia social vence el más competitivo (término que se utiliza actualmente como sinónimo de “excelencia”), en la Naturaleza sobreviven los más aptos (es decir, los que son capaces de sobrevivir y dejar descendencia).

 

                        Aunque pueda parecer una crueldad hurgar en la herida de la definición de Selección Natural como una Tautología (Popper) ya que lo que significa en realidad es “supervivencia de los que sobreviven”, lo cierto es que resulta una muestra muy elocuente de cómo un exceso de racionalismo puede conducir a una auténtica irracionalidad.

 

                        Pero, es esta pretensión de intentar explicar todo mediante unos argumentos tan limitados la que ha conducido a confundir reduccionismo con objetividad, y describir con comprender. Y lo mismo sirven para “explicar”, desde un punto de vista darwinista, la aparición gradual y al azar del ojo (idéntico) de vertebrados y cefalópodos (“un 5% de ojo es mejor que nada y un 10% mejor que un 5%”) como resultado “del impresionante poder de la Selección Natural” (Dawkins), que para “comprender” la aparición gradual y al azar del nido del pájaro tejedor, o de un termitero, mediante la descripción de su significado adaptativo. Unas supuestas explicaciones más basadas en firmes creencias que en las observaciones (el extremo de esta actitud lo muestra la Genética de Poblaciones que, apoyada en supuestos inexistentes en la Naturaleza, pretende contradecir, mediante cálculos matemáticos, las evidencias tanto del registro fósil como de los organismos vivos), que conducen a volver la espalda, tanto en el sentido metafórico como metodológico, a la realidad.

                       

                        Y la realidad es que, como está magníficamente documentado en este libro, una y otra vez, la evolución de la vida nos muestra evidencias de fenómenos que escapan de las explicaciones reduccionistas. Desde la aparición de las bacterias en la Tierra, hasta la misteriosa entrada en escena de los primeros “homínidos”, pasando por la autoorganización de la célula eucariota, la inexplicable explosión del Cámbrico y la súbita aparición de todos los grandes tipos de organización animal y vegetal, sugieren unos “saltos” repentinos entre distintos niveles de complejidad que tienen muy poco que ver con la pretendida actuación gradual de la Selección Natural sobre cambios al azar.

           

                        Probablemente resultará muy chocante para los creyentes en el azar como configurador de la vida, la idea expuesta por Doménech del mantenimiento de una direccionalidad en medio del extraño proceso de revoluciones, extinciones y regresiones. Pero tendrán que reconocer que, incluso desde el punto de vista más racionalista, la acumulación de probabilidades, extremadamente improbables, necesarias para que se produzcan al azar todos estos fenómenos de tal complejidad (es más, para que se produzca simplemente la “primera bacteria”, y no hablemos del “primer organismo multicelular”) llevan a pensar (y aquí no tenemos más remedio que recurrir a una pequeña dosis de “acientífica” intuición) que tal vez la evolución de la vida se ha producido así porque ese era el camino.

           

                        En todo caso, y utilizando argumentos más ortodoxos, observaciones derivadas de la Física y la Ecología nos han mostrado las propiedades de los sistemas, en los que sus elementos constituyentes no pueden existir si no es en presencia de todos los otros que los forman, y que todos ellos se autoorganizan en sistemas de nivel superior con nuevas propiedades de modo que “el todo es más que la suma de sus partes”. Y esto es así, tanto en lo que respecta a un organismo vivo, como descendiendo a nivel atómico o ascendiendo hasta la organización de los ecosistemas.

 

                        Estas propiedades, por sí solas, implican la necesidad de la existencia de un mecanismo evolutivo que haga posible la aparición súbita de la complejidad. Pero que también pueda explicar, los testimonios del registro fósil, tan bien documentados en este libro. Un mecanismo de “integración de sistemas complejos” (redundancia premeditada, ya que los sistemas llevan implícita la complejidad), cuyos indicios se manifiestan desde el (reconocido) origen de la célula eucariota como resultado de una agregación de bacterias (sistemas), hasta la creciente evidencia de secuencias de origen viral en los genomas de los seres vivos y su relación (entre otras muchas funciones) con mecanismos embrionarios de diferenciación, cuyo máximo exponente son los “genes homeóticos”.

           

                        Los datos más recientes han transformado la idea reduccionista del genoma, como una combinación lineal de secuencias que se pueden tratar matemáticamente como partes independientes entre sí, en una compleja red en la que la función de cada gen depende de todos los demás genes, a su vez sometida a varios niveles de regulación, por miles de proteínas que se autorregulan entre sí y a su vez controlada por retroacción desde la fisiología del organismo y desde la relación de éste con el ambiente externo. Pero, además, muchos de estos “genes” (más bien grupos de genes) pueden realizar copias de sí mismos, desplazarse de lugar o reorganizarse. Incluso, pueden reconstruir una cápsida vírica, salir del organismo e “infectar” otros (lo que se conoce como “transferencia genética horizontal”).

 

                        Esta plasticidad del genoma podría explicar, tanto las bruscas reorganizaciones genéticas y morfológicas que se pueden deducir de la comparación entre las características de los seres vivos actuales y su aparición en el registro fósil, como “las imposibles” regresiones o las convergencias evolutivas justificadas por la teoría convencional como resultado aleatorio de la adaptación a un medio semejante (véase, como ejemplo, el caso del ojo humano y el del pulpo).

           

                        Antes o después, se habrá de reconocer que la existencia de estos fenómenos constituye una auténtica subversión de las ideas establecidas (el Paradigma de Kunh) y conduce a una nueva forma de ver la vida, la Naturaleza. Pero en esta nueva (¿o vieja?) forma de mirar, habrá que sustituir las “explicaciones” simplistas (“... en una charca, con todos los componentes necesarios...”) por una concesión a lo misterioso. ¿Qué significa el hecho de que existan “subunidades” con los componentes básicos de la vida?. ¿Cómo y dónde se produjeron?. ¿Es sólo una fantasía la panspermia de Arrhenius o la de Orgel y Crick?

 

                        Desde luego, no será fácil abrir el prepotente pensamiento científico lógico-racional-reduccionista a una forma de percibir que, en nuestra cultura (que no en todas), ha quedado limitada a los niños (hasta que son “enculturados” en terminología utilizada por Doménech) y a los poetas (Borges dice que no hay una sola cosa en este mundo que no sea misteriosa).

           

                        Seguramente, ninguna teoría elaborada por el hombre puede explicar todo (desde luego, no la teoría basada en la Selección Natural, de la que Popper decía que “pretende explicar todo y en realidad no explica nada”) pero, en todo caso, el necesario cambio en la forma de mirar la Naturaleza conlleva la obligación de sustituir las simplistas y destructivas ideas de azar y competencia por cooperación y, sobre todo, prudencia y respeto ante lo que no conocemos ni controlamos. Al menos, esta actitud sería un freno al peligroso viaje emprendido por la tecnología “científica”.

 

                        Sin duda será un camino difícil porque, dados los intereses implicados, ya requiere algo más que un cambio de mentalidad, y hay que compartir con Doménech las dudas sobre lo traumático que habrá de ser el proceso.

           

                        Pero son los libros como éste los que invitan a no perder la esperanza, porque nos demuestran que, a pesar de la aparente solidez del entramado reduccionista y de la aparente irreversibilidad del camino emprendido, la Idea de la Ciencia como búsqueda del conocimiento, al igual que la Idea de científico, no desaparecerán mientras exista un papel, un lápiz y un espíritu libre.

 

                        Porque, en palabras de Hegel, (aunque añadiéndoles un significado que él en su contexto temporal no habría podido imaginar): “cuanto más sólido, bien definido y espléndido es el edificio erigido por el entendimiento, más imperioso es el deseo de la vida por escapar de él hacia la libertad”.

                                                       Máximo Sandín (Univ. Autónoma de Madrid)

                                                      Cantoblanco, Marzo de 1999

  

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RELACIÓN DE TABLAS Y FIGURAS

                   

                                                                                            .

Tabla  1.

Distancia inmunológica de la seroalbúmina, según datos de Sarich y Wilson.

 

 

Tabla  2.

Cronología de los tiempos fanerozoicos.

 

 

Figura  1.

Filogenias de los primates y homínidos según diversos autores.

 

 

Figura  2.

Mandíbulas fósiles de homínidos y primates mostrando la regresión de la apertura de las ramas mandibulares.

 

 

Figura  3.

Filogenia de los mamíferos de Morris Goodman, de la Wayne State University, basada en la distancia inmunológica.

 

 

Figura  4.

Clasificación de los primates.

 

 

Figura  5.

Regresión del cráneo, desde un tipo sapiens a un tipo antropomorfo, en el sentido del crecimiento alométrico de sus diferentes partes.

 

 

Figura  6.

Regresión de la apertura de las ramas mandibulares de los homínidos.

 

 

Figura  7.

Regresión del cráneo desde los antiguos Homo habilis a los posteriores Homo erectus.

 

 

Figura  8.

Segregaciones de Homo.

 

 

Figura  9.

Cladograma de los homínidos según la hipótesis convencional (elaborada por Skelton et al., 1998) (A) y según la hipótesis regresiva (B).

 

 

Figura 10.

Posible dirección de las sucesivas migraciones pliocénicas de los homínidos, según la hipótesis regresiva.

 

 

Figura 11.

Supuesta neotenia del H. sapiens, según la cual el hombre mantiene, tanto en su estado fetal (D) como adulto (E), las formas fetales de su antecesor antropomorfo (A).

 

 

Figura 12.

Regresión de la apertura de las ramas mandibulares de los primates desde una forma semicircular a una forma en V, hasta llegar a la típica forma en U de los actuales antropoides vivos.

 

 

Figura 13.

Filogenia clásica de los primates.

 

 

Figura 14.

Evolución del hueso ectotimpánico de los primates, un carácter con valor taxonómico muy utilizado en paleontología.

 

 

Figura 15.

Árbol genealógico de los primates según la hipótesis regresiva.

 

 

Figura 16.

Posible ruta de las 4 principales migraciones o segregaciones pre-pliocénicas de los primates, según la hipótesis regresiva.

 

 

Figura 17.

Cráneo del hombre de Cro-Magnon.

 

 

Figura 18.

Regresión del volumen cerebral de Homo sapiens.

 

 

Figura 19.

Regresión de la estatura media del Homo sapiens (varones) desde el Paleolítico Superior.

 

 

Figura 20.

Ciclos de progreso y decadencia de Kates (1994).

 

 

Figura 21.

Evolución de varios sistemas complejos en la frontera del caos.

 

 

Figura 22.

Evolución de la complejidad mostrando que el progreso no gobierna el proceso evolutivo.

 

 

Figura 23.

Evolución gradual (A) y por saltos (B).

 

 

Figura 24.

Mecanismos de la evolución regresiva.

 

 

Figura 25.

Nueva visión del árbol de la vida.

.

 

Figura 26.

Otra representación del árbol de la vida.

 

 

Figura 27.

Cladograma de los primates según la hipótesis regresiva.

 

  

 

TEXTO DE LAS FIGURAS

 

Fig. 1.- Filogenias de los primates y homínidos según diversos autores. En la actualidad prácticamente cada paleoantropólogo tiene su propia teoría, si bien todas siguen el mismo esquema progresivo. Obsérvese que hasta hace poco la separación chimpancé-Homo se situaba en el Mioceno, mientras que ahora debe situarse en las proximidades del Plioceno lo que  hace prácticamente  inviables las teorías vigentes.

 

Fig. 2.- Mandíbulas fósiles de homínidos y primates mostrando la regresión de la apertura de las ramas mandibulares: A) Propliopithecus haeckeli de El Fayum (Egipto), de unos 33 millones de años; B) mandíbula inferior de Australopithecus anamensis, de unos 4 Ma, tal y como fue encontrada en Kanapoi (Kenia); los arcos mandibulares se van cerrando; C) mandíbula de Homo habilis de Olduvai (OH 7), con  cerca de 2 Ma de antigüedad; las ramas mandibulares ya son casi paralelas como las del chimpancé; D) mandíbula de Homo sapiens actual, muy similar a la de Propliopithecus; E) mandíbula de Dmanisi, hallada en 1991 en la ex república soviética de Georgia y datada (por 3 métodos diferentes) en 1,8 Ma. Aunque más robusta, parece prácticamente humana y parece esbozar un mentón (F), característica exclusiva del hombre moderno.

 

Fig. 3.- Filogenia de los mamíferos de Morris Goodman de la Wayne State University, basada en la distancia inmunológica. La separación entre unos y otros se indica en el eje horizontal de modo que entre los monotremas y los marsupiales existe una distancia (en unidades arbitrarias) de 1,5, mientras que entre los primeros y el chimpancé es de 17 unidades. Los hallazgos de la biología molecular ponen de relieve dos hechos que podrían avalar la hipótesis regresiva: 1) tanto el hombre moderno como los gorilas y chimpancés se encuentran en la cima del árbol evolutivo de los primates, presentando mínimas diferencias genéticas (menos de 0,5 unidades) que indican que uno derivó del otro muy recientemente; 2) se aprecia que el hombre aparece antes  que el gorila y el chimpancé, pues su distancia molecular es menor, con respecto a un antecesor común; esto sugiere que los actuales antropomorfos provienen de Homo y no al contrario como se supone.

 

Fig. 4.- Clasificación de los primates

 

Fig. 5.- Regresión del cráneo, desde un tipo sapiens a un tipo antropomorfo, en el sentido del crecimiento alométrico de sus diferentes partes: a) zona mandibular; b) protuberancia occipital; c) cresta sagital; d) arco cigomático; e) arcada orbitaria; f) caninos. A: tipo sapiens; B: tipo neandertal; C: tipo erectus (ambos se pueden agrupar en el tipo neandertal-erectus); D: tipo habilis; E: tipo australopitecus grácil; F: tipo antropomorfo (chimpancé); G: tipo australopitecus robusto (A. boisei); H: tipo antropomorfo (gorila). En cada una de las segregaciones de los homínidos mostradas en el texto, un hipotético Homo sapiens ancestral  pasaría por todos estos tipos hasta dar lugar al tipo correspondiente según la duración o la intensidad de la segregación.

 

Fig. 6.-  Regresión de la apertura de las ramas mandibulares de los homínidos. A: tipo sapiens representado por la mandíbula de Dmanisi (Georgia); B: tipo australopitecus grácil; C: tipo antropomorfo (chimpancé); D: tipo australopitecus robusto representado por la mandíbula de A. robustus (ejemplar SK 23 de Swartkrans); E: tipo antropomorfo (gorila).

 

Fig. 7.- Regresión del cráneo desde los antiguos Homo habilis a los posteriores Homo erectus. A: Homo habilis de Koobi Fora, Kenia (ejemplar KNM-ER 1470), ahora denominado Homo rudolfensis, datado inicialmente en unos 3 Ma y actualmente en 1,9 millones de años;  B: Homo erectus de Koobi Fora (ejemplar KNM-ER 3733), ahora denominado Homo ergaster, de 1,6 Ma; C: Reconstrucción del cráneo del hombre de Pekín (antes Sinanthropus pekinensis), de unos 400.000 años. El primero, con un contorno del cráneo más redondeado, resulta más moderno que los restantes, los cuales presentan una mayor protuberancia occipital, esbozo de cresta sagital y fuertes arcadas supraorbitarias.

 

Fig. 8.- Segregaciones de Homo. El retroceso de Homo hacia formas más primitivas, a partir de una hipotética especie original progresiva, se puede detectar en varios momentos de nuestro pasado más reciente, esto es (de arriba abajo): hace dos millones de años; hace un millón de años;  hace unos 400.000 años;  hace unos 200.000 años. A: Homo ergaster de Nariokotome, cerca del lago Turkana, Kenia (chico de Turkana, KNM-WT 15000), con 1,6 Ma de antigüedad; B: Homo erectus de Olduvai (OH 9), con 1,2-1,4 Ma de antigüedad; C: Homo antecessor de Atapuerca (790.000 años); el hueso frontal (superpuesto en el dibujo) es como el de un Homo sapiens moderno (dibujo de fondo); D:  Homo erectus de Atapuerca de hace unos 320.000 años; E: Hombre de Steinheim (Alemania), de unos 340.000 años; F: Hombre de Solo (Java) de unos 200.000 años; G: Omo I, Etiopía, con cerca de 100.000 años; H: Neanderthal de Monte Circeo, Italia, de unos 45.000 años.

 

Fig. 9.- Cladograma de los homínidos según la hipótesis convencional (elaborado por Skelton et al., 1998) (A), y según la hipótesis regresiva (B). Este último coincide mejor con los datos paleontológicos y de la biología molecular, y muestra las 7 segregaciones que hemos detectado a partir de una línea principal progresiva, en cada una de las cuales se pasa de formas avanzadas (n.1) a formas regresivas (n.2). 1: tipo sapiens; 2: tipo neandertal-erectus; 3: tipo habilis; 4: tipo australopitecus; 5: tipo antropomorfo. Algunos caracteres regresivos del hombre actual podrían estar indicando el comienzo de una octava segregación.

 

 

Fig. 10.- Posible dirección de las sucesivas migraciones pliocénicas de los homínidos, según la hipótesis regresiva. La mayor parte de los homínidos conocidos serían formas en retroceso (a la derecha en las tablas) a partir de una especie progresiva principal, posiblemente perteneciente al tipo sapiens. Los desplazamientos hacia zonas más cálidas (hipótesis más lógica que la inversa) propiciaría el retroceso hacia unas condiciones de vida más adaptadas al bosque. Algunos primeros indicios de estas segregaciones (aquí representamos hasta 6) serían las formas intermedias coexistentes, menos recesivas, mostradas a la izquierda en las tablas.

 

Fig. 11.- Supuesta neotenia del H. sapiens, según la cual el hombre mantiene tanto en su estado fetal (D) como adulto (E), las formas fetales de su antecesor antropomorfo (A). Esta hipótesis requiere numerosas adaptaciones y, a tenor de los datos de la biología molecular, se hace a duras penas sostenible. La hipótesis regresiva sugiere que el chimpancé es una forma degradada de Homo y en consecuencia su desarrollo ontogénico recapitula el desarrollo filogenético: A: cráneo fetal equivalente al tipo sapiens; B: cráneo juvenil a medio camino entre un tipo neandertal-erectus y un tipo australopitecus; C: cráneo adulto del tipo antropomorfo. La distorsión de las líneas muestra dónde se producen los cambios más importantes durante el crecimiento.

 

Fig. 12.- Regresión de la apertura de las ramas mandibulares de los primates desde una forma semicircular hasta la típica forma en U de los actuales antropoides vivos, pasando por una forma en V. A : morfotipo ancestral progresivo (representado por el Propliopithecus del Oligoceno); B: Ramapithecus (Mioceno); C: Dryopithecus (Mioceno); D: orangután (Pleistoceno); E: cercopitecoidea (Mioceno y Plioceno). La regresión se aprecia también en el aumento del diastema y en el tamaño de los caninos.

 

 

Fig. 13.- Filogenia clásica de los primates. Se observa la habitual concepción progresiva: prosimios, monos, antropomorfos y Homo (líneas a trazos), cuando realmente el registro fósil (líneas continuas) muestra todo lo contrario: los primeros prosimios, no plesiadapiformes, podrían ser póngidos según algunos autores; luego aparecen los hominoideos, luego los monos con cola, luego los prosimios lemuriformes y finalmente los primates más primitivos como el tarsero. Los actuales póngidos (orangután), hilobátidos (gibón) y pánidos (gorila y chimpancé) son de origen muy reciente.

 

Fig. 14.- Evolución del hueso ectotimpánico de los primates, un carácter con valor taxonómico muy utilizado en paleontología. El acortamiento regresivo del mismo puede ser comprobado -tras la correspondiente progresión- tanto en la hipótesis progresiva clásica (A) como en la regresiva (B). A.1: morfotipo primitivo teórico; A.2: Plesiadapis de Norteamérica y Europa (Paleoceno); A.3: Omomiido eocénico  de Europa (Necrolemur); A.4: Omomiido del Oligoceno Inferior de Norteamérica (Rooneya); A.5: Platirrinos (Mioceno de Sudamérica); A.6: morfotipo de los catarrinos actuales. B.1: morfotipo primitivo teórico; B.2: plesiadapiforme del Paleoceno (Plesiadapis); B.3: tarsiiforme omomiido del Eoceno europeo (Necrolemur); B.4: hominoideos oligocénicos (morfotipo catarrino); B.5: lemuriforme africano del Mioceno (Megaladapis); B.6: lemuriforme africano reciente (Galago); B.7: platirrinos actuales; B.8: catarrinos actuales.

 

Fig. 15.- Árbol genealógico de los primates según la hipótesis regresiva. A la izquierda en trazo grueso transcurriría la línea principal progresiva de la cual saldrían, a su derecha, el resto de ramas conocidas, generalmente regresivas. El trazo grueso decreciente indica la evolución de la complejidad. En el eje vertical se muestran algunas de las posibles segregaciones acaecidas.

 

Fig. 16.- Posible ruta de las 4 principales migraciones o segregaciones pre-pliocénicas de los primates, según la hipótesis regresiva. Ninguno de los continentes puede ser descartado como zona originaria de los mismos, si bien aquí mostramos un punto intermedio entre los más antiguos catarrinos del norte de África y de Birmania. Muchas de estas especies son claramente más avanzadas (zona izquierda de las tablas) que sus contemporáneos regresivos (a la derecha en las tablas) y que muchos de sus sucesores (cercopitecoideos, platirrinos o lemuriformes). Se representan los continentes de hace unos 65 millones de años según la Deriva Continental.

 

 

Fig. 17.- Cráneo del hombre de Cro-Magnon (Les Eyzies, Francia, unos 30.000 años) (A), algunos de cuyos rasgos, como la forma posterior del mismo, podrían indicar cierto retroceso con respecto a un Homo sapiens anterior completamente moderno. Es, sin embargo, más grande y más robusto que el del hombre actual (B), lo que indica también la regresión en tamaño de este último.

 

 

Fig. 18.- Regresión del volumen cerebral de Homo sapiens. La primera columna se ha compuesto a partir de los restos de tipos neandertal-erectus con mayor capacidad encefálica, los cuales, según la hipótesis regresiva, derivarían de un tipo sapiens de similar capacidad. El resto de columnas según Martín (1994).

 

 

Fig. 19.- Regresión de la estatura media del Homo sapiens (varones), desde el Paleolítico Superior. La primera columna (según González et al., 1989) corresponde a un único ejemplar de Cantabria (España). La última columna según Kelso (1978), las restantes según Kates (1994).

 

 

Fig. 20.- Ciclos de progreso y decadencia de Kates (1994). Tras una época de progreso sigue siempre una época de retroceso, representada aquí por las 3 últimas revoluciones culturales más destacadas. La fecha de 100.000 años representa la fecha de aparición de los primeros fósiles de hombres anatómicamente modernos, si bien la verdadera revolución cultural de esta época habría que fijarla en el Paleolítico Superior, con la aparición  del hombre artista, en torno a los 40.000 años.

 

Fig. 21.- Evolución de varios sistemas complejos en la frontera del caos. 1: biosfera; 2: macroevolución; 3: línea filogenética; 4: crecimiento individual. Cada sistema es siempre un susbsistema de otro de mayor jerarquía. En abscisas se representa el tiempo y en ordenadas la complejidad. El trazo ascendente de las curvas representa aumento de complejidad y de orden y el trazo descendente desorganización y desorden. La zona superior de cada curva representa un período de estabilidad al final del cual se encuentra siempre un “punto crítico” (pc) en el que  conviven el orden y el desorden, y donde se producen inestabilidades o fluctuaciones que desequilibran el sistema. Son estas las que producen los cambios de estado o “saltos” hacia nuevas situaciones: un nuevo ecosistema, un nuevo individuo, una nueva especie o un nuevo tipo. Es aquí donde se produce la divergencia hacia nuevas formas  (especies, géneros, familias, etc.) progresivas (c1, c2, d1, d2, e1, e2) o regresivas (c3, c4, b1). En la gráfica 2 (en la que no se representan los innumerables “puntos críticos” existentes entre los grupos representados)  se aprecia que solo una línea filogenética de los reptiles aumenta en complejidad, dando lugar a los mamíferos, mientras que el resto da lugar a líneas de reptiles menos complejas (más explicación en el texto).

 

Fig. 22.- Evolución de la complejidad mostrando que el progreso no gobierna el proceso evolutivo (modificado de Gould, 1994). Los organismos que mayor éxito han tenido han sido las bacterias cuyo modo de vida no cambia de posición con el tiempo, tan solo crece. Ocasionalmente surgen nuevas estructuras con mayor complejidad que las existentes extendiendo la curva hacia la derecha. La mayor parte de las mismas, sin embargo, son de igual o menor complejidad quedando absorbidas bajo la curva a su izquierda.

 

Fig. 23.- Evolución gradual (A) y por saltos (B). La primera teoría sugiere que los cambios son graduales y continuos, mientras que para la segunda son puntuales y discontinuos. Para la hipótesis regresiva la evolución es por saltos, el grupo aparece desde un principio con toda su complejidad potencial y a continuación se estabiliza, retrocede o se extingue.

 

Fig. 24.- Mecanismos de la evolución regresiva. La formación de especies tiene lugar, por especiación principalmente, durante las épocas de cambios geoclimáticos, estabilizándose o degradándose genéticamente durante las épocas de estasis. Las novedades suelen ser, por lo general, estables o regresivas (trazo fino), y sólo esporádicamente progresivas (trazo grueso a la izquierda de los puntos de divergencia) cuando las grandes convulsiones aumentan la probabilidad de las mismas y el potencial genético de la especie (variabilidad o nuevos genes, por ejemplo) lo permite.

 

Fig. 25.- Nueva visión del árbol de la vida. La tendencia a la estabilidad o regresión frente al progreso quedaría constatada si tenemos en cuenta que sólo ha habido una línea filogenética (trazo grueso) en el camino hacia la máxima complejidad alcanzada, como es la consciencia, y que el resto de las líneas son inevitablemente menos complejas que aquella. Ninguna especie de todo el árbol filogenético de los peces (rama de la derecha)  puede haber sido más compleja que la que dio lugar a los anfibios (nada menos que un pre-tetrápodo) ya en el Carbonífero. Aquí se ve claramente que  progreso no es sinónimo de adaptación, eficacia biológica, independencia del medio, aptitud para sobrevivir, etc., pues las especies más complejas (precisamente las que se han transformado en el siguiente grupo más avanzado en complejidad) ya hace mucho que se han extinguido.

 

Fig. 26. Otra representación (suponemos que antropocéntrica) del árbol de la vida de los vertebrados, mostrando el “progreso absoluto” citado por diversos autores (ver capítulo 1). Todas las ramas a izquierda y derecha del árbol representan tan solo estabilidad, generalización, simplicidad y, a lo sumo, algunos progresos secundarios. Como se puede apreciar, aun después de intensos debates, es difícil obviar la idea de dirección.....

 

Fig. 27.- Cladograma de los primates, según la hipótesis regresiva, en función de las “puntuaciones” o “puntos críticos” más destacados del Cenozoico. Los principales hitos de la evolución de éste clado habría tenido lugar durante las épocas de grandes cambios geoclimáticos (punteado), permaneciendo estable, por lo general, entre éstas. El improbable progreso (ramas a la izquierda de los puntos de divergencia) siempre va acompañado de una mayor diversidad de formas estables o regresivas y, por supuesto, de extinción (ramas a la derecha o en el centro de los puntos de divergencia)

 

 

  

PORTADA TRASERA

 

                        Algo se está moviendo en Biología” repiten muchos autores últimamente, entre los que se cuenta el biólogo Juan Luis Doménech. Son muchos los descubrimientos que se han venido haciendo en los últimos años, comprometedores para la genética y para la Evolución darwiniana, y son muchas las obras recientes que hacen prever una convulsión inminente en las ciencias de la vida.

 

                        Al neutralismo, al neosaltacionismo, al neolamarckismo moderno, a la evolución epigenética, a la evolución por atavismo, a las derivas genéticas y moleculares, y a muchos otros procesos que se citan en ésta obra, hay que añadir este nuevo regresionismo que podría ser determinante para enviar a la Teoría Sintética de la Evolución al baúl de los recuerdos. La evolución regresiva no pretende, sin embargo -como dice el autor-, sustituir a la evolución progresiva sino completarla ya que progresión y regresión, vida y muerte, expansión y contracción, éxito y decadencia, constituyen procesos lógicos -y físicamente demostrados- inherentes a toda la materia.

 

                        La idea que aquí se presenta, en un gran esfuerzo de integración disciplinar, y analizada de forma rigurosa con respecto a los homínidos y en particular al Homo sapiens (“la especie más compleja y con mayor éxito de la naturaleza, pero, a la vez, la más decadente”, como dice Doménech), abre las puertas a un nuevo mundo físico, biológico y genético que aun nos oculta muchos de sus secretos.

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