|
|
|
Reversal
evolution in Homo sapiens. A new
hypothesis in Human Evolution Several evidences that seem to
indicate a reversal
evolution in some branches of
the primate phylogeny are shown in this paper.
In the Regresive
Hypothesis a great part of
the primate and hominid fossils founded until the present
time -maybe
the most part of them- would be recesive groups of the
minority main progresive line.This hypothesis
is absolutely opposite to the current theories
and it is supported by the proofs of the molecular biology
and the principal paleontologic discoveries of the
last years, as well as
on the
fossil recording.
All this evidences
tend to separate
all the known hominid
species from the main evolutive line that leds to
the modern man. The regresive hypothesis is
in agreement with other
theories that argue against the
basis of the Sinthetic
Theory of Evolution, such as the Neutralist Theory, the Punctuated Equilibria Theory or
some molecular drifts. A wide and
exhaustive review of the
primate and hominid
phylogeny is proposed. Se muestran varios indicios que
podrían indicar una evolución inversa en varias ramas de la
filogenia de los primates. Según la hipótesis regresiva gran parte de los fósiles de primates y homínidos
encontrados hasta la fecha -quizás la mayoría- serían grupos recesivos a
partir de una línea progresiva principal minoritaria. Esta hipótesis,
totalmente contrapuesta a las actuales teorías vigentes, se apoya, no
obstante, en las pruebas aportadas por la biología molecular y en los
descubrimientos paleontológicos más importantes de los últimos años, así
como en el mismo registro fósil, los cuales tienden, invariablemente, a
apartar a todas las especies conocidas de homínidos de la línea evolutiva
que conduce al hombre moderno. La hipótesis regresiva se une a otras teorías
que ponen en entredicho las bases de la actual teoría sintética de la
evolución, tales como la teoría neutralista, la teoría del equilibrio
puntuado o ciertas derivas moleculares. Se propone, entre otras
conclusiones, una amplia y exhaustiva revisión de la filogenia de los
primates y de los homínidos. Juan Luis Doménech Quesada nació en
Gijón (Asturias) en 1956. En 1979 se licenció en Biología en la
Universidad de Oviedo, en la que también cursó estudios de informática
entre 1982 y 1986. “Investigador
libre, sin más pretensión que la simple curiosidad y el mero afán de
saber”, como el mismo se califica, se dedicó primero a la biología
sistemática de peces y crustáceos y a la acuicultura marina más tarde.
Actualmente está desarrollando un nuevo sistema de pesca sostenible
-estudios que compagina con su trabajo de informático- convencido de que la
actual pesca extractiva “es aun tan primitiva como la de nuestros antepasados asturienses”.
Ha publicado más de una cuarentena de artículos científicos, técnicos y
divulgativos relacionados con la biología marina y fruto de sus
observaciones -que ya duran más de veinte años- es este libro que lanza
una nueva hipótesis sobre la evolución de las especies, tema en el que
lleva trabajando “desde siempre”,
y, en especial, sobre el Homo sapiens,
cuyo estudio le ha llevado 8 largos años. AGRADECIMIENTOS PRÓLOGO I.
EL PROGRESO EN BIOLOGÍA
El caos de la paleoantropología
El concepto de progreso
“Progreso absoluto”
II.
ESTADO ACTUAL DE LA FILOGENIA DEL
HOMBRE
III.
LA EVOLUCIÓN REGRESIVA EN LA NATURALEZA
Planteamientos generales
Evolución regresiva de los primates
IV.
LAS PRUEBAS DE LA DISTANCIA MOLECULAR
V.
LA REGRESIÓN DE Australopithecus Y DE
LOS PRIMEROS Homo
Indicios de regresión en Australopithecus
Indicios de regresión en los antiguos Homo
VI.
TAMAÑO, FORMA Y EVOLUCIÓN
VII.
LA REGRESIÓN DE Homo erectus Y NEANDERTHAL
Neanderthal: un caso terminal
La regresión de Homo erectus
3ª segregación pliocénica
4ª segregación
5ª segregación
6ª segregación VIII
LA REGRESIÓN CULTURAL DEL Homo
erectus IX.
POR LAS RUTAS REGRESIVAS DE LOS HOMÍNIDOS X.
EL PROBLEMA DE LA NEOTENIA XI.
INDICIOS DE REGRESIÓN EN Ramapithecus XII.
LA REGRESIÓN DE LOS PRIMATES SUPERIORES
El confuso origen de los primates
Indicios de regresión en primates superiores XIII.
LA REGRESIÓN DE LOS PROSIMIOS
Indicios de regresión en prosimios
Por las rutas regresivas de los primates XIV.
Homo sapiens: ¿LA ÚLTIMA
REGRESIÓN?
Sobre la regresión del hombre de Cromagnon
Sobre el origen altruista del Homo
sapiens
Otros
indicios de regresión en Homo sapiens XV.
LA REGRESIÓN DE LA CONSCIENCIA
Los niveles de la consciencia
El cerebro como un computador
Funcionamiento incorrecto de la mente
Evolución de las funciones mentales
Hacia un correcto aprendizaje XVI.
COMPLEJIDAD, ENTROPÍA Y REGRESIÓN
La complejidad en la frontera del caos
Larga vida al desorden
La macroevolución en la frontera del caos
La filogenia en la frontera del caos XVII.
MECANISMOS DE LA EVOLUCIÓN REGRESIVA
Evolución “por saltos”
Extinciones y explosiones de vida
Precocidad de la complejidad
Precocidad en dinosaurios
Precocidad en peces
Precocidad en mamíferos
Precocidad en aves
Precocidad en invertebrados
Especiación y regresión
“Productividad” genética
Parasitismo y regresión
Evolución por atavismo XVIII.
UN POCO DE HISTORIA SOBRE LA HIPÓTESIS REGRESIVA XIX.
MÁS MECANISMOS EVOLUTIVOS “ALTERNATIVOS”
Deriva genética
Otras derivas moleculares
Transferencia “horizontal” de ADN
Deriva meiótica XX.
EVOLUCIÓN EPIGENÉTICA
Haeckel y su “recapitulación”
Garstang y su “paedomorfosis”
Senilidad embriológica
La embriología recapitula de nuevo
Genes homeóticos y macromutación XXI.
NEOLAMARCKISMO MODERNO
“Aprendizaje hereditario”
Envejecimiento en rotíferos
La pangénesis de Darwin
La diferenciación modifica el núcleo
“Pseudo-híbridos”
Envejecimiento en paramecios
Transducción
“Transducción” en organismos superiores
Nuevo renacimiento del lamarckismo XXII.
MACROMUTACIONES Y PANSPERMIA XXIII.
EL NUEVO ÁRBOL DE LA VIDA XXIV.
CLADOGRAMA DE LOS PRIMATES SEGÚN LA HIPÓTESIS
REGRESIVA XXV.
CONCLUSIONES
La inexorable decadencia de la materia
A vueltas con las antiguas ideas finalistas
El ocaso de la selección natural
Nuevo eclipse del darwinismo
Hacia una nueva “Síntesis”
La futura evolución del Homo
sapiens
El “Punto Omega” en nuestras manos
Revisión “regresionista” de la filogenia humana RELACIÓN
DE TABLAS Y FIGURAS BIBLIOGRAFÍA
Agradezco la colaboración prestada por la revisión del trabajo,
así como por las interesante sugerencias realizadas (hayan sido a favor o
en contra de las hipótesis propuestas), a D. Gustavo Bueno, catedrático
emérito de Filosofía de la Universidad de Oviedo; a D. Máximo Sandín,
biólogo evolucionista del departamento de Biología (Unidad de Antropología)
de la Universidad Autónoma de Madrid (uno de los principales precursores
de la Nueva Biología); a D.
Antonio Arnaiz, biólogo molecular de la Universidad Complutense de
Madrid, adscrito al departamento de Inmunología del hospital 12 de
Octubre; y a D. José Enrique Egocheaga, catedrático de Antropología Física
del departamento de Biología de Organismos y Sistemas de la Universidad
de Oviedo. Y a todos cuantos
han hecho posible este trabajo, en especial a Ana Alonso, a Andrés
Muslera y, sobre todo, a Javier Pérez Prado y a Mina Rodríguez González,
verdaderos impulsores de este libro.
Es muy posible que, como concluye Juan Luis Doménech en este tan
sugerente como bien documentado libro, el paso hacia una nueva Síntesis
(una nueva teoría unificadora de los procesos biológicos) haya comenzado
ya. Lo que no está tan claro es cuan duro y largo será el camino.
La necesidad de un modelo alternativo a la Teoría Sintética de la
Evolución no es una cuestión trivial. Ni siquiera es un problema meramente
científico. Porque, aunque un número creciente de rotundos datos como los
que se exponen en esta obra ponen de manifiesto que el Darwinismo está
sumido en una profunda crisis científica, actualmente se encuentra en todo
su esplendor social.
El edificio construido sobre la Teoría Darwinista ha trascendido el
campo de la Ciencia (tal vez como un reflejo de su origen) para convertirse
en una sólida estructura formada por un entramado de intereses económicos
y doctrina social que ha arraigado profundamente en la llamada “cultura
occidental”.
Esto no debería resultar extraño si se tiene en cuenta que son las
teorías económicas y sociales de Malthus, y su “lucha por la vida”, y
Spencer, con la “supervivencia del más apto”, las que constituyen el
substrato básico (reconocido por el propio Darwin) de la Teoría de la
Evolución de las Especies por Selección Natural. Por eso, tampoco resulta
extraña la tendencia actual, señalada por Doménech, a abandonar campos de
investigación básica (o fundamental) en favor de investigaciones más
rentables. Una tendencia impulsada por las autoridades científicas y políticas
que está transformando la vieja idea de la Ciencia, como búsqueda del
conocimiento, en la de una tecnología al servicio de la industria y el
comercio, y un factor más a incluir en las oscilaciones de la Bolsa (fenómeno
del que las multinacionales de la Biotecnología son el máximo exponente).
La consecuencia de esta degradación del espíritu científico es la
confluencia en un sendero por el que ciencia y economía caminan alegremente
(sobre todo para los accionistas) hacia un callejón sin salida, añadiendo
a la creciente degradación ambiental, a la extensión de la pobreza y al
agotamiento de los recursos, la progresión, aparentemente imparable, de los
peligros derivados de la irresponsable manipulación genética de los seres
vivos.
Sólo un proceso de “regresión del psiquismo” del que nos habla
Doménech, del predominio más absoluto del pensamiento reduccionista (lógico)
sobre el holístico (intuitivo), puede explicar esta situación. Porque
tanto el modelo económico como el modelo científico derivado de él son,
en realidad, de una extremada simplicidad. Una simplicidad consecuencia del
contexto temporal y cultural en que surgieron, caracterizado por una euforia
económica basada en la creencia de que los recursos naturales eran
inagotables, junto con el auge de la visión mecanicista y reduccionista de
la Naturaleza que llevaba a convertir sucesos restringidos, tanto temporal
como espacialmente, en “leyes” generales.
Sin embargo, a pesar de esta simplificación (o, tal vez,
precisamente por ella) estas “leyes” basadas en el azar irresponsable
como fuente de variación (oportunidades) y la competencia como motor de
cambio (progreso) han pasado de teorías a firmes creencias, tanto en el
campo científico como en el social. Desde luego, son fáciles de
visualizar, de comprobar “objetivamente” a corto plazo (aunque sus
efectos a largo plazo son, tanto en un campo como en otro, susceptibles de
muy diferentes interpretaciones). Y del mismo modo que en la competencia
social vence el más competitivo (término que se utiliza actualmente como
sinónimo de “excelencia”), en la Naturaleza sobreviven los más aptos
(es decir, los que son capaces de sobrevivir y dejar descendencia).
Aunque pueda parecer una crueldad hurgar en la herida de la definición
de Selección Natural como una Tautología (Popper) ya que lo que significa
en realidad es “supervivencia de los que sobreviven”, lo cierto es que
resulta una muestra muy elocuente de cómo un exceso de racionalismo puede
conducir a una auténtica irracionalidad.
Pero, es esta pretensión de intentar explicar todo mediante unos
argumentos tan limitados la que ha conducido a confundir reduccionismo con
objetividad, y describir con comprender. Y lo mismo sirven para
“explicar”, desde un punto de vista darwinista, la aparición gradual y
al azar del ojo (idéntico) de vertebrados y cefalópodos (“un 5% de ojo
es mejor que nada y un 10% mejor que un 5%”) como resultado “del
impresionante poder de la Selección Natural” (Dawkins), que para
“comprender” la aparición gradual y al azar del nido del pájaro
tejedor, o de un termitero, mediante la descripción de su significado
adaptativo. Unas supuestas explicaciones más basadas en firmes creencias
que en las observaciones (el extremo de esta actitud lo muestra la Genética
de Poblaciones que, apoyada en supuestos inexistentes en la Naturaleza,
pretende contradecir, mediante cálculos matemáticos, las evidencias tanto
del registro fósil como de los organismos vivos), que conducen a volver la
espalda, tanto en el sentido metafórico como metodológico, a la realidad.
Y la realidad es que, como está magníficamente documentado en este
libro, una y otra vez, la evolución de la vida nos muestra evidencias de
fenómenos que escapan de las explicaciones reduccionistas. Desde la aparición
de las bacterias en la Tierra, hasta la misteriosa entrada en escena de los
primeros “homínidos”, pasando por la autoorganización de la célula
eucariota, la inexplicable explosión del Cámbrico y la súbita aparición
de todos los grandes tipos de organización animal y vegetal, sugieren unos
“saltos” repentinos entre distintos niveles de complejidad que tienen
muy poco que ver con la pretendida actuación gradual de la Selección
Natural sobre cambios al azar.
Probablemente resultará muy chocante para los creyentes en el azar
como configurador de la vida, la idea expuesta por Doménech del
mantenimiento de una direccionalidad en medio del extraño proceso de
revoluciones, extinciones y regresiones. Pero tendrán que reconocer que,
incluso desde el punto de vista más racionalista, la acumulación de
probabilidades, extremadamente improbables, necesarias para que se produzcan
al azar todos estos fenómenos de tal complejidad (es más, para que se
produzca simplemente la “primera bacteria”, y no hablemos del “primer
organismo multicelular”) llevan a pensar (y aquí no tenemos más remedio
que recurrir a una pequeña dosis de “acientífica” intuición) que tal
vez la evolución de la vida se ha producido así porque ese era el camino.
En todo caso, y utilizando argumentos más ortodoxos, observaciones
derivadas de la Física y la Ecología nos han mostrado las propiedades de
los sistemas, en los que sus elementos constituyentes no pueden existir si
no es en presencia de todos los otros que los forman, y que todos ellos se
autoorganizan en sistemas de nivel superior con nuevas propiedades de modo
que “el todo es más que la suma de sus partes”. Y esto es así, tanto
en lo que respecta a un organismo vivo, como descendiendo a nivel atómico o
ascendiendo hasta la organización de los ecosistemas.
Estas propiedades, por sí solas, implican la necesidad de la
existencia de un mecanismo evolutivo que haga posible la aparición súbita
de la complejidad. Pero que también pueda explicar, los testimonios del
registro fósil, tan bien documentados en este libro. Un mecanismo de
“integración de sistemas complejos” (redundancia premeditada, ya que
los sistemas llevan implícita la complejidad), cuyos indicios se
manifiestan desde el (reconocido) origen de la célula eucariota como
resultado de una agregación de bacterias (sistemas), hasta la creciente
evidencia de secuencias de origen viral en los genomas de los seres vivos y
su relación (entre otras muchas funciones) con mecanismos embrionarios de
diferenciación, cuyo máximo exponente son los “genes homeóticos”.
Los datos más recientes han transformado la idea reduccionista del
genoma, como una combinación lineal de secuencias que se pueden tratar
matemáticamente como partes independientes entre sí, en una compleja red
en la que la función de cada gen depende de todos los demás genes, a su
vez sometida a varios niveles de regulación, por miles de proteínas que se
autorregulan entre sí y a su vez controlada por retroacción desde la
fisiología del organismo y desde la relación de éste con el ambiente
externo. Pero, además, muchos de estos “genes” (más bien grupos de
genes) pueden realizar copias de sí mismos, desplazarse de lugar o
reorganizarse. Incluso, pueden reconstruir una cápsida vírica, salir del
organismo e “infectar” otros (lo que se conoce como “transferencia genética
horizontal”).
Esta plasticidad del genoma podría explicar, tanto las bruscas
reorganizaciones genéticas y morfológicas que se pueden deducir de la
comparación entre las características de los seres vivos actuales y su
aparición en el registro fósil, como “las imposibles” regresiones o
las convergencias evolutivas justificadas por la teoría convencional como
resultado aleatorio de la adaptación a un medio semejante (véase, como
ejemplo, el caso del ojo humano y el del pulpo).
Antes o después, se habrá de reconocer que la existencia de estos
fenómenos constituye una auténtica subversión de las ideas establecidas
(el Paradigma de Kunh) y conduce a una nueva forma de ver la vida, la
Naturaleza. Pero en esta nueva (¿o vieja?) forma de mirar, habrá que
sustituir las “explicaciones” simplistas (“... en una charca, con
todos los componentes necesarios...”) por una concesión a lo misterioso.
¿Qué significa el hecho de que existan “subunidades” con los
componentes básicos de la vida?. ¿Cómo y dónde se produjeron?. ¿Es sólo
una fantasía la panspermia de Arrhenius o la de Orgel y Crick?
Desde luego, no será fácil abrir el prepotente pensamiento científico
lógico-racional-reduccionista a una forma de percibir que, en nuestra
cultura (que no en todas), ha quedado limitada a los niños (hasta que son
“enculturados” en terminología utilizada por Doménech) y a los poetas
(Borges dice que no hay una sola cosa en este mundo que no sea misteriosa).
Seguramente, ninguna teoría elaborada por el hombre puede explicar
todo (desde luego, no la teoría basada en la Selección Natural, de la que
Popper decía que “pretende explicar todo y en realidad no explica
nada”) pero, en todo caso, el necesario cambio en la forma de mirar la
Naturaleza conlleva la obligación de sustituir las simplistas y
destructivas ideas de azar y competencia por cooperación y, sobre todo,
prudencia y respeto ante lo que no conocemos ni controlamos. Al menos, esta
actitud sería un freno al peligroso viaje emprendido por la tecnología
“científica”.
Sin duda será un camino difícil porque, dados los intereses
implicados, ya requiere algo más que un cambio de mentalidad, y hay que
compartir con Doménech las dudas sobre lo traumático que habrá de ser el
proceso.
Pero son los libros como éste los que invitan a no perder la
esperanza, porque nos demuestran que, a pesar de la aparente solidez del
entramado reduccionista y de la aparente irreversibilidad del camino
emprendido, la Idea de la Ciencia como búsqueda del conocimiento, al igual
que la Idea de científico, no desaparecerán mientras exista un papel, un lápiz
y un espíritu libre.
Porque, en palabras de Hegel, (aunque añadiéndoles un significado
que él en su contexto temporal no habría podido imaginar): “cuanto más
sólido, bien definido y espléndido es el edificio erigido por el
entendimiento, más imperioso es el deseo de la vida por escapar de él
hacia la libertad”. Máximo Sandín (Univ. Autónoma de Madrid)
Cantoblanco, Marzo de 1999 Anónimo, 1979. Genes que violan las leyes de Mendel. Investigación
y Ciencia (32): 52-55. Aguirre Emiliano, 1995. Primates. En Paleontología 3. Volumen 2. Mamíferos 2ª parte. Bermudo Melendez.
Ed. Paraninfo. Madrid: 381-433. Aguirre
Emiliano, 1997. Crisis ambientales y evolución humana. En Registros fósiles e historia
de la Tierra. Editorial Complutense. Madrid: 407-433. Albert Z. D., 1994. Teoría alternativa
de Bohm a la mecánica cuántica.
Investigación y Ciencia (214): 20-27. Alcázar J. y Robles A., 1986. Las raíces
del hombre. Investigación y ciencia
(122): 42-43. Alcázar J. y Robles A., 1986. Homo
habilis. Investigación y ciencia (122): 44-44. Alférez F., 1990. Mamíferos. En Paleontología 3. Volumen
1. Mamíferos 1ª parte. Bermudo Melendez.
Ed. Paraninfo. Madrid 1990: 1-24. Alvargonzález David, 1996. El
darvinismo visto desde el materialismo filosófico. El
Basilisco (20): 3-46. Ardrey R., 1990. La evolución del hombre: la hipótesis del cazador. Alianza
Editorial. Madrid. 255 p. Arnaiz-Villena A., Álvarez-Tejado M.,
Ruíz-del-Valle V., García-de-la-Torre C., Varela P., Recio M.J., Ferre S.
and Martínez-Laso J., 1998. Phylogeny and rapid Northern and Southern
Hemisphere speciation of goldfinches during the Miocene and Pliocene Epochs.
Mol. Life Sci. (54): 1031-1041. Arnaiz-Villena A., Álvarez-Tejado M.,
Ruíz-del-Valle V., García-de-la-Torre C., Varela P., Recio M.J., Ferre S.
and Martínez-Laso J., 1999. Rapid Radiation of Canaries (Genus Serinus). Mol. Biol. Evol.
16(1): 2-11. Arsuaga J.L., 1998. Los fósiles humanos
de la Sima de los Huesos. En Los
primeros pobladores de Europa: últimos descubrimientos y debate actual.
Editado por Eudald Carbonell, José María Bermúdez de Castro, Juan Luis
Arsuaga y Xosé Pedro Rodríguez. Burgos: 67-74. Atkins P.W., 1992. La segunda ley. Prensa Científica S.A. Barcelona. 230 p. Ayala F.J., 1979. Mecanismos de la
evolución. En Evolución. Libros
de Investigación y Ciencia. Editorial Labor S.A. Barcelona: 13-28. Ayala F.J., 1994. La teoría de la evolución. De Darwin a los últimos avances de la
genética. Ediciones Temas de Hoy. Madrid. 237 p. Ayala F.J., 1994. La naturaleza inacabada. Ensayos en torno a la evolución. Salvat
Editores S.A. Barcelona. 270 p. Bar-Yosef O. y Vandermeersch B., 1993.
El hombre moderno de Oriente Medio. En Orígenes
del hombre moderno. Libros de Investigación y Ciencia. Prensa Científica
S.A. 1993, Barcelona: 33-40. Baer J. G., 1971. El parasitismo animal. Ediciones Guadarrama S.A. Madrid. 256 p. Barnett S.A., 1985. Un siglo después de Darwin. 1. La evolución. Alianza Editorial
S.A. Madrid. 248 p. Beaune A. S. y White R., 1993. Las lámparas
de la Edad de Hielo. Investigación y
Ciencia (200): 54-59. Beardsley T., 1996. Daniel C. Dennett: a
vueltas con la consciencia.
Investigación y Ciencia (235): 28-29. Benton M., 1991. Tras las huellas de los dinosaurios. Editorial Acanto S.A.
Barcelona. 144 p. Bermúdez de Castro J. M., 1993. El
hombre de Atapuerca. Fronteras de la
Ciencia y la Tecnología (2). CSIC: 38-41. Bermúdez de Castro J. M., 1998. Homínidos
de Atapuerca: el primer poblamiento de Europa. En Los primeros pobladores de Europa: últimos descubrimientos y debate
actual. Editado por Eudald Carbonell, José María Bermúdez de Castro,
Juan Luis Arsuaga y Xosé Pedro Rodríguez. Burgos: 45-66. Blumenschine R. J y Cavallo J.A.., 1992.
Carroñeo y evolución humana. En Orígenes
del hombre moderno. Libros de Investigación y Ciencia. Prensa Científica
S.A. 1993, Barcelona: 90-97. Boycott B. B., 1965. Aprendizaje en el
pulpo. En Oceanografía.
Selecciones de Scientific American. 1978. H. Blume Ediciones. Madrid:
268-277. Bowler Peter, 1985. El eclipse del darwinismo. Teorías evolucionistas antidarwinistas en
las décadas en torno a 1.900. Editorial
Labor S.A. Barcelona. 286 p. Bueno Gustavo, 1985. El animal divino. Ensayo de una filosofía materialista de la religión.
Pentalfa Ediciones. Oviedo. 309 p. Bueno Gustavo, 1996. El mito de la cultura. Editorial Prensa Ibérica S.A. Barcelona. 259
p. Buettner-Janusch J., 1963. Evolutionary
and genetic biology of primates. Academic Press INC. New York. 327 p. Buffetaut E., 1992. Fósiles y hombres. Plaza & Janés Editores. Barcelona. 356 p. Carbonell Eudald, 1998. ¿Cómo ocupaban
la Sierra de Atapuerca los homínidos del Pleistoceno?. En Los primeros pobladores de Europa: últimos descubrimientos y debate
actual. Editado por Eudald Carbonell, José María Bermúdez de Castro,
Juan Luis Arsuaga y Xosé Pedro Rodríguez. Burgos: 11 - 43. Calvin W.H., 1994. Aparición de la
inteligencia. Investigación y Ciencia
(219): 78-85. Campillo A. et Deroux G., 1974.
Parasitologie des invertébrés. Un nouveau mode de parasitisme externe, aux
dépens des arthropodes, chez les Ciliés: l’utilisation trophique directe,
par Ascophrys rodor, n.g., n.sp.,
des strates cuticulaires du test. C.R.
Acad. Sc. Paris (279): 1447-1450. Campillo Doménec y Gibert Josep, 1996.
El hombre de Orce. Investigación y
Ciencia (234): 64-69. Canto Díaz P., 1996. Evolución: ¿mito o fraude?. Lidergraf. Gijón. 368 p. Chalmers David, 1996. El problema de la
consciencia. Investigación y Ciencia
(233): 60-67. Chairmanee Y., Suteethom V., Jaeger J.J. and Ducrocq S., 1997. A new
Late Eocene anthropoid primate from Thailand. Nature, vol 385 (6615): 429-431. Ciochon Russell L. & Brunetto A.
Chiarelli, 1980. Evolutionary biology
of the new world monkeys and continental drift. Plenum Publishing
Corporation. New York. 528 p. Ciochon Russell L. & Corruccini R.S.,
1983. New interpretations of ape and human ancestry. Plenum Press. New
York. 888 p. Ciochon Russell L, Dolores R. and Robert G. Thompson,
1990. Opal phytoliths found on the teeth of the extinct ape, Gigantopithecus
blacki: Implications for paleodietary studies. Proceedings
of the National Academy of Science (87): 8120-8124. Claiborne R., 1993. Los primeros Americanos (I). Orígenes del hombre 11. Ediciones
Folio S.A. Barcelona. 87 p. Constable G., 1993. El hombre de Neanderthal (I). Orígenes del Hombre 7. Ediciones
Folio. Barcelona. 87 p. Crick Francis y Koch Christof, 1992. El
problema de la consciencia. Investigación
y Ciencia (194): 114-122. Damasio A. R. y Damasio H., 1992.
Cerebro y lenguaje. Investigación y
Ciencia (194): 59-66. D'Ancona H., 1972. Tratado de zoología. Tomo II.
Editorial Labor S.A. Barcelona: 432-1054 p. Darwin Charles, 1859. El origen de las especies. Ediciones Akal S.A. Madrid. 1994. 573 p. Dawkins Richard, 1994. El gen egoísta. Las bases biológicas de nuestra conducta. Salvat
Editores S.A. Barcelona. 407 p. De Beer, 1962. Darwin y la embriología.
En Un siglo después de Darwin. 1. La
evolución. S.A. Barnett.
Alianza Editorial S.A. Madrid. 1985: 119-142. De Bonis L., 1994. Paleoantropología
europea. Raíz georgiana. Investigación
y Ciencia (216): 30-31. Delay J. y Pinchot P., 1991. Manual
de psicología. Massón S.A. Barcelona. 500 p. Dennell Robin, 1998. El nivel TD6 de
Atapuerca y la primera colonización de Europa: una perspectiva euroasiática.
En Los primeros pobladores de Europa:
últimos descubrimientos y debate actual. Editado por Eudald Carbonell,
José María Bermúdez de Castro, Juan Luis Arsuaga y Xosé Pedro Rodríguez.
Burgos: 75-93. De Renzi Miquel, 1997. La forma: sus
reglas y evolución, y los datos del registro fósil. En Registros fósiles e historia de la Tierra. Editorial Complutense.
Madrid: 57-77. Diamond Jared, 1994. El tercer chimpancé. Espasa Calpe S.A. Madrid. 508 p. Dickerson R.E., 1979. La evolución química
y el origen de la vida. En Evolución.
Libros de Investigación y Ciencia. Editorial Labor S.A. Barcelona: 29-48. Díez Férnandez-Lomana J.C., 1994. Homo
erectus y arqueología. Revista de
Arqueología (164): 6-11 Dobzhansky T., Ayala F., Stebbins G. y
Valentine J., 1980. Evolución.
Ediciones Omega S.A. Barcelona. 558 p. Doménech J.L., 1996. El futuro de una
sociedad altruista. Papeles
(59/60): 131-136. Doménech J.L., De la Hoz M.M. y Ortea
J.A., 1980. Captura de Tripterygion
delaisi y consideraciones sobre su evolución. Bol.
Cien. Nat. I.D.E.A. (26): 147-172. Doménech J.L. y León S., 1997. Patologías
asociadas al cultivo intensivo de la quisquilla, Palaemon serratus (Pennant).
Bol. Cien. Nat. R.I.D.E.A. (44): 217-252. Dominguez-Rodrigo M., 1995. Arqueología del Homo
erectus. Su papel y su significado en el proceso de hominización. Revista
de Arqueología (167): 6-11. Douglas T. y Brinch E., 1987. Un
campamento mesolítico en Dinamarca. En
Orígenes del hombre moderno. Libros de Investigación y Ciencia. Prensa
Científica S.A. Barcelona: 106-115. Edey Maitland, 1993. El eslabón perdido (I y II). Orígenes del hombre 1 y 2. Ediciones
Folio S.A. Barcelona: 77 p. y 159 p. Egozcue J., 1977. Evolución cromosómica
de los primates. Investigación y
Ciencia (9): 72-81. Eldredge Niles, 1997. Síntesis inacabada. Fondo de Cultura Económica de España S.L.
Madrid. 284 p. Erben Heinrich, 1982. ¿Se extinguirá la raza humana?. Editorial Planeta S.A.. Barcelona.
249 p. Erickson Jon, 1992. La extinción de las especies. McGraw-Hill-Interamericana de España.
Madrid. 212 p. Erickson Jon, 1992. La vida en la Tierra. Origen y evolución. McGraw-Hill-Interamericana
de España. Madrid. 302 p. Erwin H.D., 1996. La mayor extinción
biológica conocida. Investigación y
Ciencia (240): 62-69. Esteva F. Claudio, 1981. Antropología
psicológica. En Las razas humanas.
Tomo I. Compañía Internacional Editora S.A. Barcelona:
241-266. Fiedler Lutz, 1998. La concepción de
los instrumentos del Achelense Inferior. En
Los primeros pobladores de Europa: últimos descubrimientos y debate actual.
Editado por Eudald Carbonell, José María Bermúdez de Castro, Juan Luis
Arsuaga y Xosé Pedro Rodríguez. Burgos: 117-136. Fischbach Gerald, 1992. Mente y cerebro.
Investigación y Ciencia (194):
6-15. Font Amparo, 1981. Antropología física.
En Las razas humanas. Tomo I.
Compañía Internacional Editora S.A. Barcelona: 19-44. Fontdevila A., 1979. El mantenimiento de
la variabilidad genética de las poblaciones. En Evolución. Libros de Investigación y Ciencia. Editorial Labor S.A.
Barcelona: 153-163. Gallay A., 1991. El hombre neolítico y
la muerte. En Orígenes del hombre
moderno. Libros de Investigación y Ciencia. Prensa Científica S.A.
1993, Barcelona: 124-133. Gambra Rafael, 1977. Historia sencilla de la filosofía. Ediciones Rialp S.A. Madrid. 304
p. García-Alcalde Jenaro, 1997. Evolución
biótica y geográfica en el Paleozoico inferior y medio. En Registros fósiles e historia de la Tierra. Editorial Complutense.
Madrid: 120-142. García Rodríguez F., 1992. El
sistema humano y su mente. Ediciones Díaz de Santos S.A. Madrid. 391 p. Gibert J., Palmqvist P. y Martínez B.,
1994. Los primeros europeos. Investigación
y Ciencia (219): 28-29. Goldman-Rakic P. S., 1992. La memoria
funcional y la mente. Investigación y
Ciencia (194): 69-75. González L.G. y Freeman, 1989. El hombre de Morín. Un enterramiento
de hace 29.000 años. Revista de
Historia, 16, 4. Gould S. Jay, 1984. La falsa medida del hombre. Antoni Bosch Editor S.A. Barcelona. 376
p. Gould S. Jay, 1993. Brontosaurus y la nalga del ministro. Crítica (Grijalbo Comercial
S.A.). Barcelona. 485 p. Gould S. Jay, 1994. La evolución de la
vida en la tierra. Investigación y
Ciencia (219): 54-61. Grassé P. P., Poisson R. A. y Tuzet O., 1976. Zoología. 1. Invertebrados. Toray-Masson S.A. Barcelona. 938 p. Gribbin J. y Gribbin M., 1992. Hijos
del hielo. Clima y orígenes del hombre. Ediciones Pirámide S.A.
Madrid. 215 p. Grinberg-Zilberbaum Jacobo, 1990. La
creación de la experiencia. Ed. Los libros
del comienzo. Madrid. 215 p. Goodall J., Schaller G.B. y Smith M.G.,
1993. Grandes simios. Ediciones
Folio S.A. Barcelona. 200 p. Hallam A., 1978. La deriva continental y
el registro fósil. . En Ecología,
Evolución y Biología de poblaciones. Libros de Scientific American.
Ediciones Omega S.A. Barcelona: 81-90 Hay R. y Leakey M., 1982. Las pisadas fósiles de
Laetoli. Investigación y Ciencia
(67): 16-25 Hinton G. E., 1992. Redes neuronales que
aprenden de la experiencia.
Investigación y Ciencia (194): 105-112. Holroyd Stuart, 1993. Krishnamurti. El hombre, el misterio y el mensaje. Ediciones Temas
de Hoy S.A. Madrid. 285 p. Horgan John, 1994. ¿Puede explicarse la
conciencia?. Investigación y Ciencia
(216): 70-77. Jordá Cerdá F., 1976. Guía de las cuevas prehistóricas asturianas. Ayalga Ediciones. Gijón.
167 p. Jordá Cerdá F. 1992. La cultura del
Paleolítico Superior. En El
nacimiento del arte en Europa. Coord. Balande E. y otros. Unión Latina.
París: 62-65. Kandel E. R. y Hawkins R. D.,
1992. Bases biológicas del aprendizaje y de la individualidad.
Investigación y Ciencia (194): 49-57. Kay F. Richard and Frailey D. Carl.,
1993. Large fossil platyrrhines from the Río Acre local fauna, late Miocene,
western Amazonia. Journal of Human
Evolution (25): 319-327. Kates R.W., 1994. El mantenimiento de la
vida sobre la tierra. Investigación y
Ciencia (219): 94-101. Kelso A. J., 1978. Antropología física. Ediciones Bellaterra S.A. Barcelona. 362 p. Kimbel
W.H., 1996. Late Pliocene Homo and
Oldowan Tools from the Hadar Formation. Journal
of Human Evolution (31): 549-561 Kimura Motoo, 1980. Teoría neutralista
de la evolución molecular.
Investigación y Ciencia (40): 46-55. Kolfschoten Van Thijs, 1998. Evidencia
bioestratigráfica de la primera ocupación de Europa. En Los primeros pobladores de Europa: últimos descubrimientos y debate
actual. Editado por Eudald Carbonell, José María Bermúdez de Castro,
Juan Luis Arsuaga y Xosé Pedro Rodríguez. Burgos: 99-115. Kunzig R., 1998. ¿Nuestro antepasado?.
Revelador hallazgo en Atapuerca. Discover:
42-55. Kurtén Björn, 1978. La evolución y la
deriva continental. En Ecología,
Evolución y Biología de poblaciones. Libros de Scientific American.
Ediciones Omega S.A. Barcelona: 91-100 Kurtén Björn, 1993. Nuestros antepasados más remotos. Alianza Editorial. Madrid. 169 p.
Landman E. O., 1993. Pero, ¿existe la
herencia lamarckiana?. Investigación
y Ciencia (202): 96-96. Lambert David, 1988. Guía de Cambridge del
hombre prehistórico. Editorial EDAF. Madrid. 257 p. Leakey R. y Lewin R, 1997. La
sexta extinción. Tusquets Editores S.A. Barcelona. 296 p. Levinton S. J., 1993. La edad de oro de
la evolución animal. Investigación y
Ciencia (196): 44-52. Lewontin R.C., 1979. La adaptación. En Evolución.
Libros de Investigación y Ciencia. Editorial Labor S.A. Barcelona: 139-151. Ligon J.D. y Ligon S.H., 1982. La
reproducción cooperativa de la abubilla arbórea. Investigación y Ciencia: 84-93 Lobo Fernando, 1973. Los océanos. Salvat Editores S.A. Barcelona. 144 p. López M. Nieves, 1997. Cambios
paleobiogeográficos en las cuencas mediterráneas durante el Terciario: ¿un
proceso en equilibrio?. En Registros fósiles
e historia de la Tierra. Editorial Complutense. Madrid: 236-263. López M. N. y Truyols S. J., 1994.
Paleontología. Conceptos y métodos. Editorial Síntesis S.A. Madrid.
334 p. Lorenz Konrad, 1985. Decadencia de lo humano. Plaza & Janes Editores S.A. Barcelona.
239 p. Lovejoy C.O., 1989. Evolución de la
marcha humana. Investigación y
Ciencia (148): 72-80. Lubenow Marvin, 1992.
Bones of Contention. A
creationist assessment of human fossils. Baker Books. Grand Rapids,
Michigan. USA. 295 p. Mania Dietrich, 1998.
El Paleolítico Inferior en la región de Elbe-Saale. El yacimiento
de Bilzingsleben. En Los primeros pobladores de Europa: últimos descubrimientos y debate actual.
Editado por Eudald Carbonell, José María Bermúdez de Castro, Juan Luis
Arsuaga y Xosé Pedro Rodríguez. Burgos: 137-149. Mania Ursula, 1998. Un aspecto concreto
de la evolución cultural: las herramientas de material orgánico de Homo
erectus del Pleistoceno Medio. En
Los primeros pobladores de Europa: últimos descubrimientos y debate actual.
Editado por Eudald Carbonell, José María Bermúdez de Castro, Juan Luis
Arsuaga y Xosé Pedro Rodríguez. Burgos: 151-167. Martín R.D., 1994. Capacidad cerebral y
evolución humana. Investigación y
Ciencia (219): 71-77 Martini F. H., 1998. Secretos de las
mixinas. Investigación y Ciencia
(267): 54-59 May R. M., 1979. La evolución de los
sistemas ecológicos. En Evolución.
Libros de Investigación y Ciencia. Editorial Labor S.A.
Barcelona: 101-114. Maynard Smith., 1979. La evolución del
comportamiento. En Evolución.
Libros de Investigación y Ciencia. Editorial Labor S.A. Barcelona: 115-126. Mayr Ernst, 1979. Evolución. En Evolución.
Libros de Investigación y Ciencia. Editorial Labor S.A. Barcelona: 1-12. Melendez Bermudo, 1986. Paleontología. Tomo 2. Vertebrados (peces, anfibios, reptiles y aves).
Ed. Paraninfo S.A. Madrid. 571 p. Melendez Bermudo, 1990.
Paleontología 3. Volumen 1. Mamíferos 1ª parte. Ed. Paraninfo S.A. Madrid. 383 p. Melendez Bermudo, 1995. Paleontología
3. Voumen 2. Mamíferos 2ª parte. Ed. Paraninfo S.A. Madrid. 451 p. Mellars Paul, 1998. La revolución humana: la arqueología y los
orígenes de los humanos modernos en Europa. En
Los primeros pobladores de Europa: últimos descubrimientos y debate actual.
Editado por Eudald Carbonell, José María Bermúdez de Castro, Juan Luis
Arsuaga y Xosé Pedro Rodríguez. Burgos: 195-215. Michie Donald, 1962. La tercera fase de la genética. En
Un siglo después de Darwin. 1. La
evolución. S.A. Barnett.
Alianza Editorial S.A. Madrid. 1985: 83-117. Millot Jacques, 1955. El celacanto. En Oceanografía. Selecciones de Scientific American. 1978. H. Blume
Ediciones. Madrid: 310-316. Milton Katharine, 1993. Dieta y evolución de los primates. Investigación
y Ciencia (205): 56-63. Modell W., 1979. Cuernas y cornamentas. En Vertebrados,
Estructura y Función. Selecciones de Scientific American. H. Blume
Ediciones. Madrid: 75-83. Mohen J.P., 1992. Todos tenemos 400.000 años. Editorial Planeta S.A. Barcelona. 263
p. Morales J. y Nieto M., 1997. El registro
terciario y cuaternario de los mamíferos de España. En
Registros fósiles e historia de la Tierra. Editorial Complutense.
Madrid: 297-321. Morin E. y Piatelli-Palmarini M., 1983. El
primate y el hombre. Ed. Argos Vergara S.A. Barcelona. 240 p. Morris Desmond, 1992. El mono desnudo. Plaza & Janes Editores. Barcelona. 269 p. Moure Romanillo Alfonso. 1992. La cueva de Tito Bustillo. El arte y los cazadores del Paleolítico.
Ediciones Trea S. L. Gijón.
61 p. Moyá-Solá S. y Köhler M., 1993. Dryopithecus y el origen de los grandes monos actuales. Investigación
y Ciencia (207): 30-31. Moyá-Solá S. y Köhler M., 1997. El
yacimiento de Can Llobateres y los nuevos restos de Dryopithecus.
En Registros fósiles e historia de la
Tierra. Editorial Complutense. Madrid: 323-343. Napier John, 1979. La historia del
caminar humano. En Vertebrados,
estructura y función. Selecciones de Scientific American. H. Blume
Ediciones. Madrid: 52-62. Norton J., 1993. La
revolución del Neolítico (I). Orígenes del hombre 13. Ediciones Folio
S.A. Barcelona: 73 p. Novas E. F., 1994. Origen de los
dinosaurios. Investigación y Ciencia
(217): 52-59. Nowak A. Martin, May M. Robert y Sigmund
Karl, 1995. La aritmética de la ayuda mutua. Investigación y Ciencia (227): 42-48. Palomeque Rico J., 1997. Hombre. Idea Books S.A. Barcelona. 96 p. Pickford Martin, 1997. Hominoid
Evolution in African Neogene Environments. En
Registros fósiles e historia de la Tierra. Editorial Complutense.
Madrid: 367-382 Pilbeam David, 1984. Origen de
hominoideos y homínidos. Investigación
y Ciencia (92): 48-58. Pippenger Nicholas, 1978. Teoría de la
complejidad. Investigación y Ciencia
(23). Pirlot Paul, 1976. Morfología evolutiva de los cordados. Ediciones Omega S.A.,
Barcelona. 966 p. Popper Karl R., 1992. Conocimiento objetivo. Editorial Tecnos S.A. Madrid. 342 p. Prevosti A., 1979. Polimorfismo cromosómico
y evolución. En Evolución.
Libros de Investigación y Ciencia. Editorial Labor S.A. Barcelona: 85-100. Prideaux T., 1993. El hombre de Cro-Magnon (I y II). Orígenes del hombre 9 y 10.
Ediciones Folio S.A. Barcelona. 87 y 159 p. Raichle E. M., 1994. Representación visual de las operaciones mentales.
Investigación y Ciencia (213): 22-29. Reichholf J.H.,
1994. La aparición del hombre.
Grijalbo Comercial S.A. Barcelona: 257 p. Rennie John, 1993. Los nuevos giros del ADN. Investigación
y Ciencia (200): 68-75. Ridley M., 1987. La evolución y sus problemas. Ediciones Pirámide S.A. Madrid. 191
p. Ripoll E. y Rovira J., 1981. El mundo
del hombre prehistórico. En Las razas
humanas. Tomo I. Compañía Internacional Editora S.A. Barcelona: 59-88. Robine Jean-Marie, 1998. Terapia Gestalt. Gaia
Ediciones. Madrid. 91 p. Rukang Wu y Shenglong Lin, 1983. El
hombre de Pekín. Investigación y
Ciencia (83): 48-57. Russell Dale, 1982. Extinciones en masa
del Mesozoico tardío. Investigación
y Ciencia (66): 26-34. Salomone M., 1998. La cuna africana del
hombre. Conocer (175) : 32-58. Sandín Máximo, 1995. Lamarck y los mensajeros. La función de los virus en la evolución.
Ediciones Istmo. Madrid. 165 p. Sandín Máximo, 1997. Teoría sintética:
crisis y revolución. Arbor
(623-624): 269-303. Sandín Máximo, 1998. La función de
los virus en la evolución. Bol. R.
Soc. Esp. Hist. Nat. (Actas)
(95): 17-22. Sanz J. L., 1997. Historia macroevolutiva de las aves
mesozoicas. En Registros fósiles e
historia de la Tierra. Editorial Complutense. Madrid: 207-233. Schopf
J.W., 1979. La evolución de las células primitivas. En Evolución.
Libros de Investigación y Ciencia. Editorial Labor S.A. Barcelona: 49-68. Senut Brigitte, 1997. Des hominoïdes aux hominidés:
défis et succès adaptatifs. En
Registros fósiles e historia de la Tierra. Editorial Complutense.
Madrid: 345-366. Semaw S., 1997. 2.5.million-year-old Stone Tools from
Gona, Ethiopia. Nature (385):
333-336. Sept Jeanne, 1998. Shadows on a changing
landscape: comparing nesting patterns of hominids and chimpanzees since
their last common ancestor. American
Journal of Primatology (46): 85-101. Sheldrake Rupert, 1994. El renacimiento de la naturaleza. Ediciones Paidós. Barcelona. 264
p. Simons E. L., 1977. Ramapithecus. Investigación y
Ciencia (10): 12-20. Skelton Randall R. & McHenry Henry M., 1998.
Trait list bias and a reappraisal of early hominid phylogeny.
Journal of Human Evolution (34):
109-113. Solé V. R., Bascompte J., Delgado J.,
Luque B. y Manrubia C. S., 1996. Complejidad en la frontera del caos. Investigación
y Ciencia (236): 14-21. Stacey P. y Koening W., 1984. Reproducción
cooperativa del picamaderos de las bellotas. Investigación y Ciencia (72): 96-104. Stebbins G.L y Ayala F., 1985. La
evolución del darwinismo. Investigación
y Ciencia (108): 42-53. Strait David S. & Grine F.E., 1998.
Trait list bias? A reply to Skelton and McHenry. Journal
of Human Evolution (34): 115-118. Stringer C.B., 1993. ¿Está en África
nuestro origen?. En Orígenes del
hombre moderno. Libros de Investigación y Ciencia. Prensa Científica
S.A. 1993, Barcelona: 12-19. Tattersall Ian, 1993. Lemures de
Madagascar. Investigación y Ciencia
(198): 48-55. Tattersall Ian, 1997. De Africa ¿una...
y otra vez?. Investigación y Ciencia (249): 20-28 Thieme Hartmut, 1998. Las lanzas más
antiguas del mundo: armas de caza del Paleolítico Inferior de Schöningen,
Alemania. En Los primeros pobladores
de Europa: últimos descubrimientos y debate actual. Editado por Eudald
Carbonell, José María Bermúdez de Castro, Juan Luis Arsuaga y Xosé Pedro
Rodríguez. Burgos: 169-193. Thoday J.M., 1962. La selección natural
y el progreso biológico. En Un siglo
después de Darwin. 1. La evolución.
S.A. Barnett. Alianza Editorial S.A. Madrid. 1985: 183-208. Thorne A.G. y Wolpoff M. H., 1992. Evolución multirregional de los humanos. En Orígenes
del hombre moderno. Libros de Investigación y Ciencia. Prensa Científica
S.A. 1993, Barcelona: 26-32. Tovar Antonio, 1997. Un libro sobre Platón. Círculo de Lectores S.A. Barcelona. 191 p. Tresguerres F. J., 1990. Yacimientos arqueológicos asturianos. Patrimonio Artístico
Asturiano. Oviedo. Trinkaus Erik y Howells William, 1980.
Neandertales. Investigación y Ciencia
(41): 60-72. Turner C. G., 1989. Dientes y prehistoria en Asia y
América. En Orígenes del hombre
moderno. Libros de Investigación y Ciencia. Prensa Científica S.A.
1993, Barcelona: 41-48. Ursua Nicanor, 1993. Cerebro y conocimiento: un enfoque evolucionista. Editorial
Anthropos. Barcelona. 377 p. Valdés Ramón, 1981. El concepto de
cultura. En Las razas humanas.
Tomo I. Compañía Internacional Editora S.A. Barcelona: 45-58. Valentine J.W., 1979. La evolución de
las plantas y los animales pluricelulares. En Evolución.
Libros de Investigación y Ciencia. Editorial Labor S.A.. Barcelona: 69-83. Vallejo-Nágera J.A., 1996. Guía
práctica de psicología. Ediciones Temas de Hoy S.A. Madrid. 777 p. Waal F., 1993. El bonobo del Zaire. Geo
(83). Waal F., 1995. Vida social de los bonobos.
Investigación y Ciencia: 52-59. Wagensberg J., Agustí J., Alberch P.,
Goodwin B., Hull D., Margalef R., McKinney M. y Ruse M., 1998. El progreso. ¿Un
concepto acabado o emergente?. Tusquets Editores S.A. Barcelona. 339 p. Walker Alan y Leakey Richard, 1978. Los
homínidos de Turkana Oriental.
Investigación y Ciencia (25): 26-39. Walker Alan y Teaford Mark, 1989. La
caza de Proconsul. Investigación y Ciencia (150): 66-73. Washburn Sherwood L., 1979. La evolución
de la especie humana. En Evolución.
Libros de Investigación y Ciencia. Editorial Labor S.A. Barcelona: 127-137 Washburn Sherwood L., 1979. Del
mono al hombre. Alianza Editorial S.A. Madrid. 234 p. Wernick R., 1994. Los constructores de megalitos. Orígenes del hombre 15. Ediciones
Folio S.A. Barcelona. 79 p. White R., 1989. El pensamiento visual en
la Edad de Hielo. En Orígenes del
hombre moderno. Libros de Investigación y Ciencia. Prensa Científica
S.A. 1993, Barcelona: 98-105. White E. y Brown D., 1993. El
primer hombre (I) y (II). Orígenes del Hombre 5 y 6. Ediciones Folio.
Barcelona. 86 p. Wilber Ken, 1991. Los tres ojos del conocimiento. Editorial Kairós. Barcelona. 315
p. Wilson A. y Cann R.L., 1992. Origen
africano reciente de los humanos. En
Orígenes del hombre moderno. Libros de Investigación y Ciencia. Prensa
Científica S.A. 1993, Barcelona: 20-25 Wood P., Vaczek L., Hamblin D.J. y
Leonard J.N., 1993. La vida antes del
hombre (I). Orígenes del Hombre 3. Ediciones Folio S.A. Barcelona. 86
p. RELACIÓN DE TABLAS Y
FIGURAS
.
Fig. 1.- Filogenias de los primates y homínidos
según diversos autores. En la actualidad prácticamente cada paleoantropólogo
tiene su propia teoría, si bien todas siguen el mismo esquema progresivo.
Obsérvese que hasta hace poco la separación chimpancé-Homo
se situaba en el Mioceno, mientras que ahora debe situarse en las
proximidades del Plioceno lo que hace
prácticamente inviables las teorías vigentes. Fig. 2.- Mandíbulas fósiles de homínidos y
primates mostrando la regresión de la apertura de las ramas mandibulares:
A) Propliopithecus haeckeli de El
Fayum (Egipto), de unos 33 millones de años; B) mandíbula inferior de Australopithecus
anamensis, de unos 4 Ma, tal y como fue encontrada en Kanapoi (Kenia);
los arcos mandibulares se van cerrando; C) mandíbula de Homo
habilis de Olduvai (OH 7), con cerca
de 2 Ma de antigüedad; las ramas mandibulares ya son casi paralelas como
las del chimpancé; D) mandíbula de
Homo sapiens actual, muy similar a la de Propliopithecus;
E) mandíbula de Dmanisi, hallada en 1991 en la ex república soviética de
Georgia y datada (por 3 métodos diferentes) en 1,8 Ma. Aunque más robusta,
parece prácticamente humana y parece esbozar un mentón (F), característica
exclusiva del hombre moderno. Fig. 3.- Filogenia de los mamíferos de Morris
Goodman de la Wayne State University, basada en la distancia inmunológica.
La separación entre unos y otros se indica en el eje horizontal de modo que
entre los monotremas y los marsupiales existe una distancia (en unidades
arbitrarias) de 1,5, mientras que entre los primeros y el chimpancé es de
17 unidades. Los hallazgos de la biología molecular ponen de relieve dos
hechos que podrían avalar la hipótesis regresiva: 1) tanto el hombre
moderno como los gorilas y chimpancés se encuentran en la cima del árbol
evolutivo de los primates, presentando mínimas diferencias genéticas
(menos de 0,5 unidades) que indican que uno derivó del otro muy
recientemente; 2) se aprecia que el hombre aparece antes
que el gorila y el chimpancé, pues su distancia molecular es menor,
con respecto a un antecesor común; esto sugiere que los actuales
antropomorfos provienen de Homo y no al contrario como se supone. Fig. 4.- Clasificación de los primates Fig. 5.- Regresión del cráneo, desde un tipo
sapiens a un tipo antropomorfo, en el sentido del crecimiento alométrico de sus
diferentes partes: a) zona mandibular; b) protuberancia occipital; c) cresta
sagital; d) arco cigomático; e) arcada orbitaria; f) caninos. A: tipo
sapiens; B: tipo neandertal; C: tipo
erectus (ambos se pueden agrupar en el
tipo neandertal-erectus); D:
tipo habilis; E: tipo
australopitecus grácil; F: tipo antropomorfo (chimpancé); G: tipo australopitecus robusto (A.
boisei); H: tipo antropomorfo
(gorila). En cada una de las segregaciones de los homínidos mostradas en el
texto, un hipotético Homo sapiens
ancestral pasaría por todos
estos tipos hasta dar lugar al tipo correspondiente según la duración o la
intensidad de la segregación. Fig. 6.-
Regresión de la apertura de las ramas mandibulares de los homínidos.
A: tipo sapiens representado por
la mandíbula de Dmanisi (Georgia); B: tipo
australopitecus grácil; C: tipo
antropomorfo (chimpancé); D: tipo
australopitecus robusto representado por la mandíbula de A.
robustus (ejemplar SK 23 de Swartkrans); E:
tipo antropomorfo (gorila). Fig. 7.- Regresión del cráneo desde los
antiguos Homo habilis a los
posteriores Homo erectus. A: Homo
habilis de Koobi Fora, Kenia (ejemplar KNM-ER 1470), ahora denominado Homo
rudolfensis, datado inicialmente en unos 3 Ma y actualmente en 1,9
millones de años; B: Homo erectus de Koobi Fora (ejemplar KNM-ER 3733), ahora denominado Homo
ergaster, de 1,6 Ma; C: Reconstrucción del cráneo del hombre
de Pekín (antes Sinanthropus
pekinensis), de unos 400.000 años. El primero, con un contorno del cráneo
más redondeado, resulta más moderno que los restantes, los cuales
presentan una mayor protuberancia occipital, esbozo de cresta sagital y
fuertes arcadas supraorbitarias. Fig. 8.- Segregaciones de Homo.
El retroceso de Homo hacia formas
más primitivas, a partir de una hipotética especie original progresiva, se
puede detectar en varios momentos de nuestro pasado más reciente, esto es
(de arriba abajo): hace dos millones de años; hace un millón de años;
hace unos 400.000 años; hace
unos 200.000 años. A: Homo ergaster
de Nariokotome, cerca del lago Turkana, Kenia (chico de Turkana, KNM-WT 15000), con 1,6 Ma de antigüedad; B: Homo
erectus de Olduvai (OH 9), con 1,2-1,4 Ma de antigüedad; C: Homo
antecessor de Atapuerca (790.000 años); el hueso frontal (superpuesto
en el dibujo) es como el de un Homo
sapiens moderno (dibujo de fondo); D:
Homo erectus de Atapuerca
de hace unos 320.000 años; E: Hombre de Steinheim (Alemania), de unos
340.000 años; F: Hombre de Solo (Java) de unos 200.000 años; G: Omo I,
Etiopía, con cerca de 100.000 años; H: Neanderthal de Monte Circeo,
Italia, de unos 45.000 años. Fig. 9.- Cladograma de los homínidos según
la hipótesis convencional (elaborado por Skelton et al., 1998) (A), y según la hipótesis regresiva (B). Este último
coincide mejor con los datos paleontológicos y de la biología molecular, y
muestra las 7 segregaciones que hemos detectado a partir de una línea
principal progresiva, en cada una de las cuales se pasa de formas avanzadas
(n.1) a formas regresivas (n.2). 1: tipo
sapiens; 2: tipo neandertal-erectus; 3: tipo
habilis; 4: tipo australopitecus; 5: tipo
antropomorfo. Algunos caracteres regresivos del hombre actual podrían
estar indicando el comienzo de una octava segregación. Fig. 10.- Posible dirección de las sucesivas
migraciones pliocénicas de los homínidos, según la hipótesis regresiva.
La mayor parte de los homínidos conocidos serían formas en retroceso (a la
derecha en las tablas) a partir de una especie progresiva principal,
posiblemente perteneciente al tipo
sapiens. Los desplazamientos hacia zonas más cálidas (hipótesis más
lógica que la inversa) propiciaría el retroceso hacia unas condiciones de
vida más adaptadas al bosque. Algunos primeros indicios de estas
segregaciones (aquí representamos hasta 6) serían las formas intermedias
coexistentes, menos recesivas, mostradas a la izquierda en las tablas. Fig. 11.- Supuesta neotenia del H. sapiens, según la cual el hombre mantiene tanto en su estado
fetal (D) como adulto (E), las formas fetales de su antecesor antropomorfo
(A). Esta hipótesis requiere numerosas adaptaciones y, a tenor de los datos
de la biología molecular, se hace a duras penas sostenible. La hipótesis
regresiva sugiere que el chimpancé es una forma degradada de Homo y en consecuencia su desarrollo ontogénico recapitula el
desarrollo filogenético: A: cráneo fetal equivalente al tipo
sapiens; B: cráneo juvenil a medio camino entre un tipo
neandertal-erectus y un tipo australopitecus;
C: cráneo adulto del tipo
antropomorfo. La distorsión de las líneas muestra dónde se producen
los cambios más importantes durante el crecimiento. Fig. 12.- Regresión de la apertura de las ramas
mandibulares de los primates desde una forma semicircular hasta la típica
forma en U de los actuales antropoides vivos, pasando por una forma en V. A
: morfotipo ancestral progresivo (representado por el Propliopithecus del Oligoceno); B: Ramapithecus (Mioceno); C: Dryopithecus
(Mioceno); D: orangután (Pleistoceno); E: cercopitecoidea (Mioceno y
Plioceno). La regresión se aprecia también en el aumento del diastema y en
el tamaño de los caninos. Fig. 13.- Filogenia clásica de los primates. Se
observa la habitual concepción progresiva: prosimios, monos, antropomorfos
y Homo (líneas a trazos), cuando
realmente el registro fósil (líneas continuas) muestra todo lo contrario:
los primeros prosimios, no plesiadapiformes, podrían ser póngidos según
algunos autores; luego aparecen los hominoideos, luego los monos con cola,
luego los prosimios lemuriformes y finalmente los primates más primitivos
como el tarsero. Los actuales póngidos (orangután), hilobátidos (gibón)
y pánidos (gorila y chimpancé) son de origen muy reciente. Fig. 14.- Evolución del hueso ectotimpánico de los
primates, un carácter con valor taxonómico muy utilizado en paleontología.
El acortamiento regresivo del mismo puede ser comprobado -tras la
correspondiente progresión- tanto en la hipótesis progresiva clásica (A)
como en la regresiva (B). A.1: morfotipo primitivo teórico; A.2: Plesiadapis
de Norteamérica y Europa (Paleoceno); A.3: Omomiido eocénico
de Europa (Necrolemur); A.4: Omomiido del Oligoceno Inferior de Norteamérica (Rooneya);
A.5: Platirrinos (Mioceno de Sudamérica); A.6: morfotipo de los catarrinos
actuales. B.1: morfotipo primitivo teórico; B.2: plesiadapiforme del
Paleoceno (Plesiadapis); B.3: tarsiiforme omomiido del Eoceno europeo (Necrolemur);
B.4: hominoideos oligocénicos (morfotipo
catarrino); B.5: lemuriforme africano del Mioceno (Megaladapis);
B.6: lemuriforme africano reciente (Galago);
B.7: platirrinos actuales; B.8: catarrinos actuales. Fig. 15.- Árbol genealógico de los primates según
la hipótesis regresiva. A la izquierda en trazo grueso transcurriría la línea
principal progresiva de la cual saldrían, a su derecha, el resto de ramas
conocidas, generalmente regresivas. El trazo grueso decreciente indica la
evolución de la complejidad. En el eje vertical se muestran algunas de las
posibles segregaciones acaecidas. Fig. 16.- Posible ruta de las 4 principales
migraciones o segregaciones pre-pliocénicas de los primates, según la hipótesis
regresiva. Ninguno de los continentes puede ser descartado como zona
originaria de los mismos, si bien aquí mostramos un punto intermedio entre
los más antiguos catarrinos del norte de África y de Birmania. Muchas de
estas especies son claramente más avanzadas (zona izquierda de las tablas)
que sus contemporáneos regresivos (a la derecha en las tablas) y que muchos
de sus sucesores (cercopitecoideos, platirrinos o lemuriformes). Se
representan los continentes de hace unos 65 millones de años según la
Deriva Continental. Fig. 17.- Cráneo del hombre de Cro-Magnon
(Les Eyzies, Francia, unos 30.000 años) (A), algunos de cuyos rasgos, como
la forma posterior del mismo, podrían indicar cierto retroceso con respecto
a un Homo sapiens anterior
completamente moderno. Es, sin embargo, más grande y más robusto que el
del hombre actual (B), lo que indica también la regresión en tamaño de
este último. Fig. 18.- Regresión del volumen cerebral de Homo
sapiens. La primera columna se ha compuesto a partir de los restos de
tipos neandertal-erectus con mayor
capacidad encefálica, los cuales, según la hipótesis regresiva, derivarían
de un tipo
sapiens de similar capacidad. El resto de columnas según Martín
(1994). Fig. 19.- Regresión de la estatura media del Homo
sapiens (varones), desde el Paleolítico Superior. La primera columna
(según González et al., 1989) corresponde a un único ejemplar de Cantabria (España).
La última columna según Kelso (1978), las restantes según Kates (1994). Fig. 20.- Ciclos de progreso y decadencia de
Kates (1994). Tras una época de progreso sigue siempre una época de
retroceso, representada aquí por las 3 últimas revoluciones culturales más
destacadas. La fecha de 100.000 años representa la fecha de aparición de
los primeros fósiles de hombres anatómicamente modernos, si bien la
verdadera revolución cultural de esta época habría que fijarla en el
Paleolítico Superior, con la aparición
del hombre artista, en
torno a los 40.000 años. Fig. 21.- Evolución de varios sistemas
complejos en la frontera del caos. 1: biosfera; 2: macroevolución; 3: línea
filogenética; 4: crecimiento individual. Cada sistema es siempre un
susbsistema de otro de mayor jerarquía. En abscisas se representa el tiempo
y en ordenadas la complejidad. El trazo ascendente de las curvas representa
aumento de complejidad y de orden y el trazo descendente desorganización y
desorden. La zona superior de cada curva representa un período de
estabilidad al final del cual se encuentra siempre un “punto crítico” (pc)
en el que conviven el orden y
el desorden, y donde se producen inestabilidades o fluctuaciones que
desequilibran el sistema. Son estas las que producen los cambios de estado o
“saltos” hacia nuevas situaciones: un nuevo ecosistema, un nuevo
individuo, una nueva especie o un nuevo tipo. Es aquí donde se produce la
divergencia hacia nuevas formas (especies,
géneros, familias, etc.) progresivas (c1, c2, d1, d2, e1, e2) o regresivas
(c3, c4, b1). En la gráfica 2 (en la que no se representan los innumerables
“puntos críticos” existentes entre los grupos representados)
se aprecia que solo una línea filogenética de los reptiles aumenta
en complejidad, dando lugar a los mamíferos, mientras que el resto da lugar
a líneas de reptiles menos complejas (más explicación en el texto). Fig. 22.- Evolución de la complejidad
mostrando que el progreso no gobierna el proceso evolutivo (modificado de
Gould, 1994). Los organismos que mayor éxito han tenido han sido las
bacterias cuyo modo de vida no cambia de posición con el tiempo, tan solo
crece. Ocasionalmente surgen nuevas estructuras con mayor complejidad que
las existentes extendiendo la curva hacia la derecha. La mayor parte de las
mismas, sin embargo, son de igual o menor complejidad quedando absorbidas
bajo la curva a su izquierda. Fig. 23.- Evolución gradual (A) y por saltos
(B). La primera teoría sugiere que los cambios son graduales y continuos,
mientras que para la segunda son puntuales y discontinuos. Para la hipótesis
regresiva la evolución es por saltos, el grupo aparece desde un principio
con toda su complejidad potencial y a continuación se estabiliza, retrocede
o se extingue. Fig. 24.- Mecanismos de la evolución
regresiva. La formación de especies tiene lugar, por especiación
principalmente, durante las épocas de cambios geoclimáticos, estabilizándose
o degradándose genéticamente durante las épocas de estasis. Las novedades
suelen ser, por lo general, estables o regresivas (trazo fino), y sólo
esporádicamente progresivas (trazo grueso a la izquierda de los puntos de
divergencia) cuando las grandes convulsiones aumentan la probabilidad de las
mismas y el potencial genético de la especie (variabilidad o nuevos genes,
por ejemplo) lo permite. Fig. 25.- Nueva visión del árbol de la vida.
La tendencia a la estabilidad o regresión frente al progreso quedaría
constatada si tenemos en cuenta que sólo ha habido una línea filogenética
(trazo grueso) en el camino hacia la máxima complejidad alcanzada, como es
la consciencia, y que el resto de las líneas son inevitablemente menos
complejas que aquella. Ninguna especie de todo el árbol filogenético de
los peces (rama de la derecha) puede
haber sido más compleja que la que dio lugar a los anfibios (nada menos que
un pre-tetrápodo) ya en el Carbonífero. Aquí se ve claramente que progreso no es sinónimo de adaptación, eficacia biológica,
independencia del medio, aptitud para sobrevivir, etc., pues las especies más
complejas (precisamente las que se han transformado en el siguiente grupo más
avanzado en complejidad) ya hace mucho que se han extinguido. Fig. 26. Otra representación (suponemos que
antropocéntrica) del árbol de la vida de los vertebrados, mostrando el
“progreso absoluto” citado por diversos autores (ver capítulo 1). Todas
las ramas a izquierda y derecha del árbol representan tan solo estabilidad,
generalización, simplicidad y, a lo sumo, algunos progresos secundarios.
Como se puede apreciar, aun después de intensos debates, es difícil obviar
la idea de dirección..... Fig. 27.- Cladograma de los primates, según
la hipótesis regresiva, en función de las “puntuaciones” o “puntos
críticos” más destacados del Cenozoico. Los principales hitos de la
evolución de éste clado habría tenido lugar durante las épocas de
grandes cambios geoclimáticos (punteado), permaneciendo estable, por lo
general, entre éstas. El improbable progreso (ramas a la izquierda de los
puntos de divergencia) siempre va acompañado de una mayor diversidad de
formas estables o regresivas y, por supuesto, de extinción (ramas a la
derecha o en el centro de los puntos de divergencia)
“Algo se está moviendo en
Biología” repiten muchos autores últimamente, entre los que se
cuenta el biólogo Juan Luis Doménech. Son muchos los descubrimientos que
se han venido haciendo en los últimos años, comprometedores para la genética
y para la Evolución darwiniana, y son muchas las obras recientes que hacen
prever una convulsión inminente en las ciencias de la vida.
Al neutralismo, al neosaltacionismo, al neolamarckismo moderno, a la
evolución epigenética, a la evolución por atavismo, a las derivas genéticas
y moleculares, y a muchos otros procesos que se citan en ésta obra, hay que
añadir este nuevo regresionismo que podría ser determinante para enviar a la Teoría
Sintética de la Evolución al baúl de los recuerdos. La evolución
regresiva no pretende, sin embargo -como dice el autor-, sustituir a la
evolución progresiva sino completarla ya que progresión y regresión, vida
y muerte, expansión y contracción, éxito y decadencia, constituyen
procesos lógicos -y físicamente demostrados- inherentes a toda la materia.
La idea que aquí se presenta, en un gran esfuerzo de integración
disciplinar, y analizada de forma rigurosa con respecto a los homínidos y
en particular al Homo sapiens (“la
especie más compleja y con mayor éxito de la naturaleza, pero, a la vez,
la más decadente”, como dice Doménech), abre las puertas a un nuevo
mundo físico, biológico y genético que aun nos oculta muchos de sus
secretos. |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Links de interés | Legislación | Noticias | Foros | Sugerencias | Contacto APG |