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Evolución, religión .... y Laso Prieto
Diario "La Nueva España" (6-5-2005) Juan Luis Doménech Entre tanta monotonía noticiera descubrimos un interesante artículo de José María Laso Prieto (Nuevas concepciones del Universo; La Nueva España, 27-4-2005) que merece algunas reflexiones. Describe Laso su prolija trayectoria filosófica y existencial devanándose los sesos entre el “origen” del Big-Bang y la “eternidad” de la hipotética gravedad cuántica; entre el monismo de los filósofos materialistas y el dualismo de los filósofos “platónicos”; entre el evolucionismo y el creacionismo; entre la ciencia y la religión. Sobre las citas constantes a Dios de científicos “ateos”, como Einstein o Hawking, finaliza Laso diciendo que “quizás sus insuficiencias filosóficas les impidan superar totalmente la religión”. Cita también una frase de Gustavo Bueno que habla de la “concepción materialista del mundo que tan trabajosamente fue alcanzada...”, dejando sentado que la religión es algo que hay que superar, y que parece un logro del pensamiento moderno abandonar toda concepción sobrenatural o sobre-científica del origen del Universo. Pues
bien, me gustaría añadir que son los avances de la ciencia,
precisamente, los que no permiten zanjar tan rápidamente esta cuestión,
sino que más bien parecen avivar el fuego del eterno dilema. Un conflicto
que me gustaría comentar desde la óptica –más cercana- del
evolucionismo y del origen del hombre. El mismo Laso cita al ideario
darwinista como determinante en su proceso de conversión al materialismo
filosófico-científico. La llamada “Nueva Biología” que se viene
construyendo, imperceptible, desde hace unos años ha venido acorralando a
las viejas tesis darwinistas, sincretizadas en la actual “teoría sintética
evolutiva” y tal parece que se van a imponer a corto plazo “conforme
-como suele repetir Máximo Sandín, de la Universidad Autónoma de
Madrid- se vayan muriendo los partidarios de las viejas teorías”. Este
mismo equipo de científicos ha publicado numerosos ejemplos de evolución
“por saltos”, debido a la “integración de sistemas de genes
complejos”, y han reivindicado –incluso- la vuelta del ciertas
modalidades de lamarckismo (que nunca se fue del todo), teoría rival del
darwinismo. Casi nadie, educado en la nueva biología, duda ya de la
evolución saltacional, que ya redescubriera el prestigioso Stephen J.
Gould en los años 80, frente al famoso gradualismo. Y cada vez resulta más
patente que lo que produce ese gradualismo de nuestra famosa selección
natural es diversificación de especies, adaptación y especialización
(como ya sabemos)..... con destino en el famoso “callejón sin salida”
y consiguiente extinción (miles de ejemplos). Resulta irónico descubrir
que la selección natural tan solo produce estabilidad (barajamiento de
genes o “más de lo mismo”), complicación genética (que nada tiene
que ver con complejidad) e involución, mientras que la auténtica Evolución
consiste en la aparición de nuevas emergencias complejas por adición de
genes, paquetes de genes o genomas enteros, tal y como predican otros
prestigiosos, como L. Margulis y D. Sagan (que por cierto, también
preconizan la “herencia de los genomas adquiridos”). Recomiendo su último
libro “Captando genomas”, cuyo nombre lo dice todo y que, con las
intrincadas interrelaciones descritas de lo viviente, muestra lo lejos que
estábamos de entender uno de los aspectos de eso que algunos llaman
realidad. También resulta irónico, por cierto, que le hayan pedido a
Ernst Mayr, uno de los padres de “la síntesis” –aun vivo- prologar
este libro apóstata. Pero,
lo más sorprendente es que hasta el mismo azar está siendo acorralado
merced a las fuertes restricciones evolutivas descubiertas por los biólogos
del desarrollo, que impiden que la evolución siga cualquier camino.
Existen interesantes debates en torno a las mutaciones “dirigidas”
(equipo de Cairns), al “determinismo evolutivo” (ejemplo de “los
lagartos del Caribe”) o a las teorías de la complejidad, de la
información, de la emergencia y de la auto-organización. Lo cierto es
que aun no se ha descubierto ni explicado por qué tan solo existe una única
“linea evolutiva absoluta” o “gran dirección” (la de mayor
complejidad) -tal y como la llaman filósofos como David Hull o Michael
Ruse- en vez de multitud de ellas; ni por qué no hay otros
“productos” similares a los mamíferos; o por qué no aparecen dos
veces -o más- los vertebrados, o los invertebrados, o la célula con núcleo,
o los peces, o “cosas” parecidas a ellos. ¿Por qué las bacterias
evolucionaron una sola vez y luego ya nunca más en miles de millones de años?.
El tópico de que “somos una gran casualidad” se reafirma, hasta el
punto de que las ideas actuales tienden más a las ideas de Teilhard de
Chardin que a las de Darwin (ver www.iieh.com). Que nadie dude de que lo
que, por ahora, presenta el registro fósil es una gran ortogénesis
retrospectiva, aunque aun no la sepamos explicar. Como sabrán los amantes de los misteriosos orígenes
humanos, cada nuevo hallazgo paleoantropológico –desde hace un par de décadas-
aumenta la confusión y hoy en día ya nadie sabe qué es lo que ha pasado
con nuestra historia evolutiva, por más que se esfuercen los
organizadores de la exposición de Atapuerca, ubicada estos días en Gijón.
La última sorpresa ha sido la del liliputiense hombre de Flores, en
Indonesia, que ha añadido más leña al desconcierto generalizado. En un
reciente artículo presentado en el Congreso de Ciencia y Humanismo en
el siglo XXI, de México, presentamos la idea de que –para entender
algo- solo nos queda considerar la posibilidad de que la antigüedad del Homo
sapiens sea mucho mayor de la que se estima, y que, en consecuencia,
la mayor parte de los homínidos conocidos sean derivaciones de éste en
proceso de especialización y retorno a antiguas condiciones simiescas
(teoría nada inédita, por cierto). En una palabra, que estamos peor que al
principio. Aunque tampoco sepamos dónde comienza ese principio. Y aunque
creamos que la religión –para los unos-
o la ciencia –para los otros- deban ser superadas. Teniendo en
cuenta que aun debemos estar muy lejos del conocimiento absoluto, no sé
si Laso y Bueno estarán de acuerdo conmigo en que lo “sobrenatural”
de hoy no es más que lo “natural” de mañana. Por tanto, ante las
jugarretas de la ciencia, de la filosofía y de la historia,
personalmente, considero un gran ejercicio de modestia y de progreso
cultural dejar la mente abierta –aunque activa y atenta- sin decantarse
ni hacia el materialismo ni hacia el creacionismo, en cualquiera de sus
versiones. Con tanta mediocridad campeando a sus anchas, creo que
veteranos de la talla de Laso o Bueno, que tanto han aportado al acervo
cultural, podrían jugar un gran papel tanto en ese cometido, como ante el
larguísimo (aunque quizás inútil) camino que le queda por recorrer al
pensamiento humano. |
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