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El futuro de una sociedad altruista
Papeles. Cuestiones Internacionales de Paz, Ecología y Desarrollo (59-60) (1996-1997): 131-136 Juan Luis Doménech
Cada vez es mayor el número de personas implicadas en trabajos
sociales no remunerados. Sin embargo, la desigualdad y el deterioro de la
situación mundial continúa en aumento y parece que ya no somos capaces
de atisbar una solución ni siquiera a largo plazo. En este artículo se
especula, desde una visión antropológica, con lo que podría ser una
planificación para la organización del voluntariado y de las
Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) -es decir del potencial humano
altruista- como una de las soluciones para frenar las actuales tendencias involutivas
del ser humano.
INTRODUCCIÓN Cada vez son más las voces que se alzan a favor de una nueva organización socio-económica que equilibre o intente equilibrar el desarrollo a escala global. Para unos es una necesidad vital, para otros una especie de cuestión de Estado y para muchos una simple razón de dignidad humana. Pero además de eso, tal aspiración parece que beneficiaría a todos pues algunos economistas, como Cándido Pañeda de la Universidad de Oviedo, opinan que la cooperación "aumenta la eficiencia de la economía mundial" por lo que se hacen necesarios "cambios institucionales que vayan en la dirección de un estado mundial". Merece la pena pues, insistir una vez más en este tema.
Pero
¿qué es eso de desarrollo?. Si bien lo primero que nos viene a la mente
cuando hablamos de desarrollo es el desarrollo económico, conviene dejar
claro desde un principio que tan importante o más, es el desarrollo
humano o cultural, es decir todo eso adquirido o aprendido que,
complementado con lo innato (personalidad, herencias, potencias...),
configuran nuestras ideas, nuestras costumbres y nuestra existencia.
¿Y qué es la cultura? vendría al caso preguntar. Para unos
cultura es sinónimo de ilustración, sabiduría o inteligencia, para
otros es defensa a ultranza de costumbres o tradiciones y para otros es
sinónimo de progreso, de avance, de historia, de buena crianza o de bien
hacer. Sin embargo, ni cultura es sinónimo de inteligencia, ni siempre es
defendible, ni la historia merece a veces ser recordada. Muchos cooperantes
saben por el contrario que, muchas veces, cultura es sinónimo de
ignorancia, desgracia, desigualdad, racismo, persecución, injusticia o
guerra. Resulta curioso observar que es en los países más avanzados
donde se está gestando una especie de involución psicológica - patologías
psíquicas en aumento, tribus urbanas, fauna urbana, fanáticos de todo
tipo- que ya pone en peligro los conceptos de cordura que hasta ahora nos
veniamos autoatribuyendo. Por eso conviene poner las cosas en su sitio y
apelar en esta ocasión a una especial división de la cultura que
intentará aproximar su definición a lo que la naturaleza nos enseña. CULTURA
EGÓICA VERSUS CULTURA ASTRUISTA
La sociobiología nos muestra que existe en el reino animal una
amplia gama de comportamientos en cuyos extremos podríamos situar, por un
lado, al comportamiento egoico y por otro al comportamiento
altruista. El primero es fácil de comprender pues es el más característico
de los seres vivos por cuanto la propia selección natural implica la
supervivencia del más fuerte, que en el hombre se traduce en la
preponderancia freudiana del "yo" y lo "mío". Por
contra, existen ciertas especies (delfines, cuervos, etc.) que encuentran
en la supervivencia del grupo una inteligente forma de conservación de la
especie (aun a costa del propio sacrificio) que transciende cualquier otro
tipo de comportamiento. El altruismo es en Biología la más evolucionada
forma de perpetuación de la especie, la más exaltada forma de
comportamiento y no cabe la menor duda de que es el comportamiento al que
debe aspirar el ser humano si es que realmente quiere progresar.
Encontrar en qué grupo se encuentra el hombre como especie animal,
en cuanto a sus características innatas, sería motivo de larga discusión
filosófica y antropológica, si bien muchos no tendrían la menor duda de
donde situarlo. Lo que está claro es que la condición de animal
reflexivo nos confiere la posibilidad de alterar esos condicionantes
innatos -cualquiera que estos sean- a través del proceso de enculturación
(ideas, creencias, etc.), para entrar a formar parte directamente del
privilegiado (¿evolucionado?) grupo de los altruistas.
Pues bien, es este fenómeno social -el del creciente altruismo- el
que nos anima a intentos tan atípicos como utópicos y es esa cultura
altruista en boga, esa sociedad altruista de la igualdad y de los derechos
humanos, la que nos inspira la osada aspiración a una reforma cultural
para alcanzar ese nuevo orden mundial al que muchos aluden sin demasiado
ánimo. EN
BUSCA DE UN PLAN GLOBAL DE DESARROLLO
Así pues, cualquier intento de planificación global e integral
del desarrollo debe incluir indiscutiblemente el desarrollo económico,
por un lado, y del desarrollo humano o cultural, por otro. Tales líneas
de actuación son obvias: la economía nada soluciona por sí sola (las
guerras nacionales, familiares o psicológicas son independientes de la
situación económica) y la cultura a nadie le interesa si el estómago
está vacío. La planificación que aquí presentamos esquemáticamente
incluiría un tercer área que sería el nexo de unión de las anteriores
y la única herramienta que hoy por hoy -gracias al avance de la técnica-
es capaz de organizar todo el proceso: nos referimos a las absorbentes e
inevitables tecnologías de la información (TI).
Toda esta planificación se desarrollaría en tres fases,
correspondiendo la primera a una etapa de preparación y de concienciación;
la segunda a una fase de desarrollo; y la tercera a una fase de
consolidación y de integración socio-económica y cultural (TABLA I) TABLA
I. ESQUEMA GENERAL DE UN "PLAN GLOBAL DE DESARROLLO"
1.
PLAN TELEMÁTICO DE DESARROLLO
En un mundo de globalización y mundialización -del que ahora
tanto se habla-las tecnologías de la información y las "autopistas
telemáticas" nos brindan la oportunidad única (inexistente
anteriormente) de avanzar en el proceso de "altruización"
por medio de su facultad para contribuir a la organización de las
actuales entidades altruistas (instituciones, voluntarios, cooperantes,
religiosos, ONGs, etc). El sagaz analista Peter Drucker augura en su libro
"La sociedad poscapitalista" (1993) una inminente
sociedad basada en la cooperación y la solidaridad: en EE.UU. -dice- uno
de cada dos adultos (90 millones en total) dedicaba en 1992 un mínimo de
3 horas por semana a trabajos voluntarios no remunerados y preveía que
esta proporción aumentaría a unos 120 millones de personas con unas 5
horas de trabajo por semana y persona para finales de siglo.
A pesar de que es probable que cada día se esté creando en algún
rincón del mundo alguna nueva ONG y a pesar del incremento de las
partidas presupuestarias oficiales dedicadas a desarrollo, resulta curioso
comprobar que las desigualdades y el hambre no solo aumentan sino que
aparecen nuevas capas de pobreza incluso entre las mismas sociedades más
avanzadas. Parece claro pues que el problema no es de falta de recursos,
sino de falta de organización. Las ONGs independientes deben superar por
tanto la actual situación, que no hace sino prolongar la dispersión de
recursos, deben abandonar los residuos que en ellas puedan quedar de
condicionantes típicamente egóicos (protagonismo, individualismo,
autosuficiencia....) y afrontar con decisión la responsabilidad que les
toca en la unificación de las decisiones que afectan al desarrollo,
entrando, de hecho y por derecho, en una nueva etapa de desarrollo global
organizado.
Tal organización debe comenzar con el adecuado registro de todas
las entidades y recursos altruistas en las correspondientes bases de
datos, continuar con la creación de una red telemática capaz de
comunicar a todos ellos (y de acceder 'on-line' a todos los proyectos de
desarrollo) y finalizar con una dirección cooperativa única, organizada
telemáticamente, capaz de planificar eficazmente todo proyecto, de llegar
a cualquier rincón del globo y de conferir a la Organización resultante
una capacidad sin precedentes. 2.
PLAN DE DESARROLLO ECONÓMICO
Uno de los exponentes más visibles del proceso de "altruización"
de nuestra sociedad son los proyectos de ayuda al desarrollo llevados a
cabo por numerosas ONGs de todo el mundo. Después de décadas de
funcionamiento, creemos llegado el momento de hacer evolucionar la
planificación y ejecución de estos proyectos hacia planteamientos más
eficaces, más modernos y técnicos, qué, dotados del adecuado prisma
empresarial, sintonicen con los tiempos que corren. El actual estado de
subvención de proyectos puntuales y a menudo descoordinados con respecto
al resto de ONGs o de otras instituciones (que bien pueden estar actuando
en el mismo área en proyectos similares), no es precisamente el modo de
actuar de una empresa bien organizada.
Cuando uno desborda su imaginación piensa en un equipo de
cualificados profesionales seleccionados entre las diferentes bases de
datos regionales o nacionales, analizando, diseñando y ejecutando
proyectos integrales de desarrollo regional o comarcal, con efectos a
largo plazo, con aprovechamiento de recursos comunes, con efectos sinérgicos
estudiados, con permanente contacto con personas o empresas occidentales,
con adecuados proyectos de I + D, con planes de formación permanentes y
con colocación -incluso- de empresarios, profesionales o especialistas
propios, en todos y cada uno de los diferentes proyectos concretos.
Diferentes grupos de apoyo (las actuales ONGs) complementarían este
desarrollo empresarial, en los aspectos educativo, cultural, sanitario o
humanitario, por lo que ningún voluntario o cooperante -por elemental que
sea su nivel de conocimientos- quedaría excluido del proyecto global.
Toda iniciativa y experiencia quedaría perfectamente registrada en
la correspondiente base de datos, pudiendo ser aplicada de inmediato (con
las modificaciones pertinentes) a proyectos similares de otras áreas, a
la vez que se perfecciona constantemente el hipotético "Programa
de desarrollo tipo" o estándar, común en toda actuación. Como
ya se dijo, cualquier miembro altruista en cualquier parte del mundo podría
acceder telemáticamente (en directo o en diferido) a cualquier proyecto a
fin de colaborar en su seguimiento, comprobar el estado actual, aportar
nuevas ideas o, sencillamente, comprobar el destino y buen uso de sus
aportaciones.
Toda esta labor se complementaría con el apoyo de las "empresas
éticas" o "empresas cooperantes" de los países
desarrollados -mediante apoyo técnico y logístico, transferencia de
tecnología, transacciones preferentes, etc.- que, en occidente, comienzan
a despuntar y que bien creemos podrían llegar a utilizar conceptos tan atípicos
en la empresa de hoy como el "lucro moderado" o el "beneficio
social". De aquí a la ansiada canalización directa de los
fondos públicos por parte de la "sociedad altruista" no
habría más que un paso, con lo que estaríamos ya ante una verdadera
ayuda al desarrollo organizada, empresarial, con sólidos efectos
duraderos y, desde luego, más propia del siglo XXI.
Evidentemente, esta visión debe comenzar por la modesta organización
de grupos de trabajo regional o comarcal que comiencen asesorando, en
cooperación, todo proyecto de desarrollo (bien local o bien en Países en
Vías de Desarrollo) y terminen con la creación de centros regionales de
estudios avanzados (Fundaciones, Centros de Investigación, etc.) para la
Cooperación y el Desarrollo. 3.
PLAN DE DESARROLLO CULTURAL
Como ya hemos señalado es quizás el principal área a cubrir en
una planificación general, pues creemos que de la capacidad del hombre
para superar sus actuales limitaciones psíquicas depende quizás su
supervivencia como especie. En contra de los actuales planes educativos
occidentales abocados a producir exclusivamente "máquinas de
trabajar" (aun así de dudosa eficacia), un programa iniciado durante
el pasado año en Asturias por la Consejería de Cultura ("Proyecto
Global") llamó poderosamente nuestra atención pues su lema era
"Aprender a vivir" y su objetivo la formación de
"ciudadanos con criterio". Resulta paradójico que existan
programas como este en una sociedad civilizada tan "avanzada"
como la nuestra donde parece ser que el hombre se ha olvidado de cómo
pensar y cómo vivir, con los comportamientos sociales involutivos a los
que antes hacíamos referencia.
Si algo debemos aprender de la Historia (= cultura acumulada) es
que los pueblos degeneran cuando se pierde el sentido de la educación
integral. En una concepción clásica, la educación (=cultura o cultivo)
del hombre debería volver a aquella
olvidada trilogía de cuerpo (salud), mente (especialidad profesional y
economía social) y espíritu (filosofía, psicología, ciencias de lo
trascendente) sin que ninguna sea más o menos importante que el resto.
El desarrollo del hombre comienza por el diseño de una especie de
"Plan de Estudios Global" que incluya su
formación como especie -sea este de oriente o de occidente, del
norte o del sur, blanco o negro, moro o cristiano-; pasa por la implantación
oficial en todas las escuelas y termina con la unificación cultural en
una especie de "aprender a vivir" general donde el hombre
aprenda a convivir con sus fantasmas del pasado y del futuro... y, por
supuesto, entre sí. CONCLUSIÓN
Con esta incipiente idea, absolutamente preliminar, no se pretende
más que incitar a los responsables de las ONGs a poner un poco de orden a
la multitud de iniciativas altruistas que cada día surgen, desperdigadas
e inconexas, pero que a su vez son precisamente las que confieren algo de
esperanza al retrasado y enrevesado proceso de enculturación universal
del ser humano; un proceso quizás aun en sus comienzos, pero que
potencialmente puede dar mucho de sí, si el hombre -como sucede en toda
ciencia- se instruye y se educa adecuadamente.
Pero de poco sirven las palabras si no se comienza a actuar. En las
manos de las ONGs y de los voluntarios altruistas está la posibilidad de
aumentar el “valor añadido” del desarrollo. Su organización y
coordinación -regional inicialmente- debe desembocar en intentos de
desarrollo económico alternativo basado en los principios de la
empresa ética y en la creación de equipos técnicos bien cualificados
capaces de complementar los instrumentos oficiales para la creación de
empleo. De mala manera podrán ejecutarse proyectos sólidos y permanentes
en países en desarrollo si no somos capaces de paliar las deficiencias
económicas de aquellas capas menos favorecidas de nuestra propia
sociedad.
Un mayor esfuerzo aun deberá realizarse para reorganizar nuestro
caduco sistema educativo de forma que se tenga en cuenta la formación
integral del individuo, pero no existe mejor comienzo que el que las
modernas tecnologías de la información y de las telecomunicaciones está
poniendo en nuestras manos. Pensamos
que toda esta “reconversión” cultural y económica no será posible
sin organizar los recursos de base, comenzando por la catalogación de
instituciones y organismos para el desarrollo, el censo de voluntarios o
el registro de proyectos y actividades ; siguiendo con la creación
de una adecuada red telemática que sea capaz de comunicar bases de datos,
cooperantes, ideas o experiencias ; y acabando con la coordinación y
la fijación de objetivos comunes entre todas las ONGs.
No es fácil convertir las utopías en realidad, pero cuando se está
en condiciones de perfilar, siquiera teóricamente, las grandes líneas
que la especie humana debería seguir para aspirar a un equilibrio global,
uno quiere pensar que no todo está perdido. Una sociedad
"paralela" en la sombra aguarda ser organizada y dirigida hacia
ese camino que las grandes Instituciones y estructuras existentes ya no
pueden o no quieren recorrer. El hombre como especie se juega su dignidad
y quizás su futuro... alentado por unos pocos que han decidido aprender
de la naturaleza, y de otros muchos que ansían aprender. Parece llegado
el momento de afirmar que de ese hombre altruista, de esa sociedad
altruista, de ese sector desligado de, o rebelado contra los instintos,
depende la solución del gran enigma de la evolución.
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