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La huella ecológica empresarial:
el caso del puerto de Gijón
VII Congreso Nacional de Medio Ambiente (VII CONAMA: Cumbre del Desarrollo Sostenible) 22-26 noviembre 2004. Madrid. CD-ROM. Juan Luis Doménech Quesada Autoridad Portuaria de Gijón
Resumen
Se calcula,
por primera vez para una empresa -la Autoridad Portuaria de Gijón
(APG)- la huella ecológica, un macroindicador de sostenibilidad,
aplicado hasta ahora a ciudades, regiones o países, que registra el
consumo de recursos naturales transformándolo a hectáreas de
“naturaleza” o terreno productivo consumido. Los parámetros
analizados fueron el consumo de electricidad, de combustibles, de
materiales, de papel, de madera, de agua y de terreno construido, así
como las zonas verdes y los residuos generados. Los consumos anuales de la
APG equivalen al consumo de 3.707,3 hectáreas de terreno ecológicamente
productivo, mientras que la contrahuella (actuaciones que
contrarrestan la huella) asciende a 485,75 hectáreas. Junto con el
espacio necesario para la biodiversidad, esto arroja una huella neta de
3.279,84 hectáreas, lo que equivale al consumo que realizarían unas 200
familias en un año. A efectos comparativos de ecoeficiencia, la huella
por producto total fue de 6.258 tn/ha, la huella por importe neto fue de
10.548,4 euros/ha y el índice de sostenibilidad fue 0,131 (en una escala
de 0 a 1). Este estudio permite diseñar planes empresariales de desarrollo sostenible mediante el ahorro en el consumo, la adquisición de productos “verdes” (libres de huella) o la creación de “capital natural” (absorción de desechos), aspectos hasta ahora poco considerados en la empresa, pero totalmente imprescindibles para alcanzar una sostenibilidad real con objetivo “carbono cero”. Consideramos que la aplicación de este indicador en las empresas, con su consiguiente plan de desarrollo sostenible, permitiría un reparto equitativo de la responsabilidad por emisiones de gases invernadero y podría ser una solución eficaz para alcanzar los objetivos del Protocolo de Kioto. Abstract
The enterprise ecological footprint:
the case of the Port of Gijón. For the first time for a company - the Port Authority of Gijón (APG) -
the ecological footprint (a macro-indicator of sustainability) is
calculated, applied until now to cities, regions or countries, that
registers the consumption of natural resources,
transforming it to hectares of "nature" or consumed
productive land. The analyzed parameters were the consumption of
electricity, fuels, materials, paper, wood, water, constructed land, green
zones and generated waste products.
The
annual consumptions of the APG are equivalent to the consumption of
3,707.3 hectares of ecologically productive land, whereas the counter-footprint
(performances that resist the ecological footprint) ascends to 485.75
hectares. Along with the necessary space for the biodiversity, this throws
a net footprint of 3,279.84 hectares, which is equivalent to the
consumption which they would make 200 families in a year. To comparative
effects of eco-efficiency, the footprint by total product was of 6,258 Tm/Ha,
the footprint by net amount was of 10,548.4 euros/Ha and the
sustainability index was 0.131 (in a scale from 0 to 1). This
study allows to design enterprise plans of sustainable development by
means of the saving in the consumption, the acquisition of "green"
products (free of footprint) or the creation of "natural
capital" (absorption of waste products), aspects until now little
considered in the companies, but totally essential in order to reach a
real sustainability with objective "zero carbon". We
considered that the application of this indicator in the companies, with
its consequent plan of sustainable development, would allow to an
equitable distribution of the responsibility by greenhouse gas emissions
and could be an effective solution to reach the objectives of the Protocol
of Kyoto. Introducción
La huella ecológica es un indicador de sostenibilidad, del
impacto de una población (desde una persona a una nación) que se define
como la superficie de terreno o agua, ecológicamente productiva,
necesaria para producir todos los recursos consumidos y para asimilar los
desechos producidos Se calcula estimando la superficie necesaria
(normalmente en hectáreas) para satisfacer los consumos asociados al
gasto energético, a la ocupación directa de terreno, a la alimentación,
a los productos forestales, a la superficie necesaria para actuar como
sumidero del CO2 producido o al territorio necesario para mantener la
biodiversidad (Rees & Wackernagel, 1996). La huella ecológica
incorpora cuatro de los cinco indicadores ambientales considerados esenciales,
por ser los más relevantes a nivel mundial y aplicables a todo tipo de
negocio o actividad, y varios de los indicadores complementarios,
que son aquellos que, pudiendo llegar a ser esenciales, son actualmente
optativos según la actividad (Lehni, 1999). Una vez calculada la huella
ecológica o huella bruta, se calcula la superficie real de la que
se dispone (capacidad de carga) y la diferencia indicará si se consume más
recursos de los que tenemos (huella neta). Así, por ejemplo,
Navarra tiene una huella ecológica de 3,47 hectáreas/habitante (ha/cap)
y una capacidad de carga de 2,15 ha/cap, por lo que su déficit ecológico
es de –1,32 ha/cap. Este déficit equivale a un total de 701.944 hectáreas,
1,62 veces la disponible (Anónimo, 1992). En contraste, la huella ecológica
de Chile es de 2,2 ha/cap, mientras que su capacidad de carga es de 4,4
ha/cap, es decir, posee un superavit de 2,2 ha/cap (Wackernagel, 1998). El éxito de este indicador
radica en su carácter unificador de múltiples sub-indicadores y en la
posibilidad de expresarlos en un único número de fácil comprensión,
como es el número de hectáreas. Incluye
la mayor parte de los indicadores llamados esenciales (consumo de
energía, consumo de materiales, consumo de agua, emisiones de gases con
efecto invernadero, y
emisiones de sustancias que destruyen la capa de ozono). Además del uso
del suelo, vemos muy factible que en el
futuro pueda incorporar tanto
el resto de los indicadores potencialmente esenciales (uso
del suelo, emisiones acidificantes, emisiones nitrificantes, emisiones de
compuestos orgánicos volátiles y persistentes –COVs y COPs-, emisiones
de metales pesados y DBO/DQO en efluentes de agua), como los indicadores complementarios
(los que defina cada empresa) (Lehni, 1999). Su aplicación ha crecido de
forma imparable desde que salió a la luz hace muy pocos años, conociéndose
ya la huella de más de 50 países, la cual va desde las 0,5-0,8 hectáreas
por persona (ha/cap) de Bangladesh, Pakistán, India o Etiopía, a las
9-10 ha/cap de EEUU (10,3) y Australia (9 ha/cap). Muchos países
septentrionales (Canadá, Islandia, Finlandia, Dinamarca, Irlanda,
Noruega, Federación Rusa), más Hong Kong, Singapur
y Nueva Zelanda, poseen una elevado huella,
que oscila de 6 a 7,7 ha/cap. Los países europeos
oscilan entre las 3-4 ha/cap de España (3,8), Portugal,
Francia, Italia, Austria, Grecia o Hungría, y las 5-6 ha/cap de
Suiza, Bélgica, Alemania, Holanda, Suecia o Reino Unido. La huella media mundial es de 2,8 ha/cap. La huella ecológica permite
múltiples análisis. Obviamente, deja claro que cuanta más huella (más
consumo) más rico es el país en cuestión. Pero, teniendo en cuenta que,
en la actual economía global, los
productos consumidos provienen de cualquier parte del mundo, también deja
claro qué países han estado más implicados en la actual desigualdad
ambiental y social (causa raíz de la gran problemática social global).
Ayuda pues, a adquirir responsabilidad y determina qué países deberían
implicarse más en paliar dicho panorama. La huella ecológica deja
claro que la riqueza de un país no debe radicar en un buen nivel de
consumo, sino en saber combinar dicho consumo con la producción de sus
propios recursos sin expoliar los recursos ajenos o de las generaciones
futuras. El objetivo deberá ser alcanzar una huella neta igual a cero.
Preservar los recursos de otros y ayudarles a racionalizarlos puede ser el
primer paso para el desarrollo sostenible global. El consumo energético es uno
de los que más contribuyen a la huella ecológica, y la empresa y la
industria -grandes consumidores de energía y espacio- contribuyen
notablemente al incremento de la misma, motivo por el cual deben ser los
principales implicados en la contención de la huella. Aunque los actuales estudios
sobre huella han insistido mucho en el papel preponderante del consumidor
final, creemos que el papel de este no es ni mayor ni menor que el de
cualquier otro miembro intermedio del proceso productivo. El consumidor
final tan solo es el último receptor de unos productos que, generalmente,
han seguido un largo proceso y que
han pasado por numerosos intermediarios. Cualquier producto va
incorporando huella (consumo de energía, consumo de materiales, consumo
de suelo, etc.) en cada paso productivo, desde su extracción hasta el
producto final, con las n transformaciones a que haya lugar. Cada uno de
esos n intermediarios (productores o empresas), incluido el consumidor
final, tiene la responsabilidad de exigir a su suministrador que le
entregue un producto con poca o ninguna huella. En un proceso productivo
óptimo cada intermediario debería recibir un producto libre de huella y
entregarlo de la misma forma al siguiente eslabón de la cadena. Hasta el momento, la huella
ecológica se ha calculado preferentemente para naciones, regiones o
ciudades, siendo la primera vez que se calcula para una empresa, en este
caso la Autoridad Portuaria de Gijón (Asturias). Material y métodos
Este estudio fue realizado por la Autoridad Portuaria de Gijón y el Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Oviedo (proyecto FUO-EM-033-03), en colaboración con la Autoridad Portuaria de Valencia y Puertos del Estado (proyecto de indicadores portuarios, INDAPORT). Se
calcularon todos los consumos que pueden afectar a la huella ecológica
portuaria: 1) consumo de energía (electricidad, combustibles y
materiales); 2) ocupación de suelo; 3) consumo de otros recursos
naturales (comidas de empresa, papel, muebles o construcciones de madera,
agua, etc.). La metodología empleada se
basa en la citada de Rees y Wackernagel, los cuales han venido calculando
los pertinentes índices de conversión de consumos a hectáreas desde
hace varios años. Algunos de estos índices nos han permitido la conversión
directa de varios tipos de consumo a hectáreas (electricidad,
combustible, gastos de avión, comidas de empresa, etc),
mientras que otros los hemos estimado a partir de los anteriores,
así como del rendimiento de los materiales y de la intensidad energética
del producto considerado. Los resultados así obtenidos se multiplican por
un factor de equivalencia, para pasar los diferentes tipos de superficies
a “hectáreas equivalentes”. Posteriormente se calcula la
contrahuella, que es todo aquello que nos permite reducir huella ecológica
por ahorro de consumos o por creación de capital ecológico. Como en el
caso de la huella económica (las empresas con pérdidas o las
regiones subvencionadas), digamos que la huella ecológica equivale
al “debe” ambiental, mientras que la contrahuella equivale al
“haber”. Cabe resaltar que los índices de conversión a hectáreas
son dinámicos, esto es, pueden mejorar conforme mejora la tecnología y
las buenas prácticas (por ejemplo, menos emisiones por combustión),
dando lugar así a otro modo de reducción de huella. Aunque la metodología de
Rees y Wackernagel está bastante estandarizada, existen diferencias
sustanciales en la aplicación de índices de conversión de consumos a
hectáreas. Concretamente, en nuestro caso, el cálculo de la huella de
materiales (oficinas, construcción, almacén, etc.) es totalmente
preliminar y genérico, ya que no hemos encontrado antecedentes.
Obviamente, se deberá hacer un gran esfuerzo para determinar la huella de
los principales componentes por separado de cada uno de los tipos de
materiales que hemos considerado, mejorando así la conversión realizada.
De hecho, ya se encuentra en marcha un estudio para optimizar dichos cálculos. Así mismo, no hemos
considerado el consumo energético que realizan los trabajadores tanto en
el desplazamiento al centro de trabajo como en el desempeño del mismo.
Por el momento, hemos considerado que, como el principal consumo se
realiza en sus domicilios (alimentación, calefacción, etc.) y en la
ocupación de espacio público (carreteras), la huella correspondiente a
dicho consumo debe incorporarse en el cálculo de la huella de la ciudad o
de la región, no en el de la empresa. Resultados
En la Tabla I se muestran los
resultados obtenidos, destacando el gran impacto de las obras portuarias
(casi 2000 hectáreas), seguido del consumo eléctrico (678 ha), el
consumo de agua (236 ha), la generación de residuos (100 a 200 ha), el
gasto en servicios (161 ha), la ocupación de espacio (159 ha) y el
consumo de combustibles (97 ha). Las actividades que contrarrestan huella
(contrahuella) son aun muy limitadas, destacando las posibilidades de los
puertos para aumentar su capital natural, debido a la importante lámina
de agua de su competencia, así como al “efecto arrecife” y “efecto
reserva” de sus escolleras y dársenas.
La huella ecológica de la
Autoridad Portuaria de Gijón es de 3.707,3 hectáreas, es decir consume
materiales y servicios que equivalen a lo que producen 3.707,3 hectáreas
de “naturaleza”. Mediante una metodología propia, desarrollada por el
Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Oviedo (Alba et. al., 2003), se ha estimado que la huella total del puerto,
incluidas todas las empresas concesionarias, podría oscilar entre 6.000 y
7.000 hectáreas, como mínimo, lo que da pie a la fijación de objetivos
comunes entre la APG, los usuarios y los concesionarios. Dada la ausencia de datos
comparativos a nivel de empresa, no podemos decir si es una pequeña o una
gran huella, pero, si suponemos una media europea de 5 hectáreas por
persona y año, la huella neta
de la APG equivaldría al consumo anual de unas 656 personas (o unas 200
familias). El balance final es de 3.280
hectáreas de huella. Teniendo en cuenta que, según Markus Lehni (1999),
director ejecutivo de Business for Sustainable Development, los
indicadores económicos comunes en toda Europa son la unidad de producto,
la cantidad de producto (20.525.083 toneladas en 2002) y el importe neto
(34.598.867,10 euros), los tres indicadores de ecoeficiencia (valor
producto/impacto ambiental) más interesantes, a efectos comparativos, serían:
a) la huella por producto total (6.258 tn/ha); b) la huella por tonelada
de mercancía movida (1,6 m2/tn); y
c) la huella por importe neto (10.548,4 euros/ha). A efectos comparativos también
resulta interesante conocer lo que hemos denominado índice de sostenibilidad (relación entre lo que
tenemos y lo que consumimos: contrahuella/huella), con el que podemos
controlar la evolución del indicador o comparar diferentes empresas
(independientemente de su dimensión o volumen de actividad). En el puerto
de Gijón resultó ser de 0,131. Un índice 0 significa que ni hacemos
nada por la sostenibilidad de nuestra empresa ni poseemos ningún tipo de
capital natural, mientras que un índice 1 significaría que somos
totalmente sostenibles. Discusión
Aunque la Estrategia para
el Uso Sostenible de los Recursos Naturales (COM 2003, 572 final, de
1-10-2003) nos muestra que en la Unión Europea hemos mejorado el
rendimiento de los materiales en más de un 50% desde 1980, dicho consumo
está estabilizado, debido a que tanto la población como la economía
siguen creciendo. El problema es que nos hemos estabilizado en un consumo
superior a lo que la Tierra puede producir, lo que significa que, o bien
se reduce dicho consumo o bien tendremos que afrontar los pésimos pronósticos
del conocido informe del Club de Roma, elaborado en 1972, “Los límites
al crecimiento” (Meadows
et al., 1993), cuyo contenido se puede intuir. Harry Lehmann, del Wuppertal
Institute, opina que debemos reducir la intensidad del uso de los
materiales al menos en un factor 2 (reducir dos veces el consumo de
recursos), si bien se está imponiendo la idea de que esta reducción
deberá llegar, y de forma urgente, al factor 8 ó 10, si queremos una
Europa sostenible. Ello no implica producir 10 veces menos, sino emplear
menos cantidad de materiales (ecoeficiencia) en la producción de los
mismos bienes y servicios (Lehmann, 1999; Schmidt-Bleek, 1999).
Recientemente, el informe “La situación del mundo 2004”, del
Worldwatch Institute, ha insistido en la misma idea al asegurar que el uso
de los recursos naturales puede reducirse en un 90% sin alterar la calidad
de vida. Existen cientos de ejemplos aplicables no solo a los recursos
renovables, como puede ser el alquiler de maquinaria de poco uso, frente a
la compra; el aislamiento de edificios; etc. Se insiste una y otra vez en
que el reto del desarrollo sostenible no debe verse como un problema para
la empresa sino como una oportunidad de negocio. Se propone aquí una fórmula
para intentar alcanzar esos objetivos: la implantación de la huella ecológica
en todas las empresas, como indicador único de sostenibilidad, ya que
permite repartir el impacto del consumo entre todas ellas desde el mismo
momento de la extracción de cualquier materia prima (es decir, durante
todo su ciclo de vida). Una importante estrategia de futuro para cualquier
empresa (como consumidor intermedio) será comenzar a exigir a nuestros
proveedores productos “libres de huella”, ya que, en caso contrario,
llegará el momento en que el consumidor final nos exija lo mismo.
En ese caso, si tenemos que reducir la huella que otros nos han
trasmitido, estaremos perdiendo competitividad frente a los que no han
heredado ningún tipo de huella. Es, precisamente, ese
efecto dominó el que confiere una gran eficacia a la huella
ecológica empresarial. La fácil y rápida comprensión del indicador por parte del cliente y consumidor final facilita la elección y las preferencias comerciales, lo que será decisivo para que las empresas aborden la mejora ambiental con más entusiasmo (mejora de la competitividad). Como en iniciativas previas (etiqueta MIP o consumo de materiales por unidad de producto o servicio), el cálculo de la huella ecológica de todo tipo de material o producto permitiría “etiquetar” los mismos, de modo que el consumidor disponga de una completa información ambiental a la hora de decidir sus compras (Schmidt-Bleek, 1999). Es un indicador, por último,
que permite una rápida y sencilla comparación inter-empresarial e inter-sectorial.
Su cálculo en la empresa resulta más fiable y eficaz que en el caso de
ciudades o naciones, ya que todos los datos están disponibles, facilita
la estandarización, existe
un control directo sobre los procesos y mejora el balance ambiental frente
a Kyoto. Teniendo en cuenta que los índices
de conversión a hectáreas son totalmente dinámicos, sería conveniente
la creación de un comité de estandarización que dinamice y controle el
seguimiento de dichos índices. Conclusiones
Bibliografía
Alba, J., Díaz, E. y Doménech, J.L. 2003 Estudio de
indicadores ambientales portuarios: la huella ecológica del puerto de Gijón.
Autoridad Portuaria de Gijón: 143 pp. Anónimo, 2002. La huella
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los negocios en el próximo milenio. Fundación Entorno. Madrid:
29-33. Lehni, M. 1999. El medio ambiente
como factor clave de competitividad. Ecoeficiencia. En Eco-eficiencia,
los negocios en el próximo milenio. Fundación Entorno. Madrid: 23-28. Meadows, D.H., Meadows D.L. y Randers J. 1993. Más allá de los límites del crecimiento. Círculo de Lectores. Barcelona: 355 pp. Nerea, E. 2003. La huella ecológica de Donostia-San Sebastián.
En el camino hacia el desarrollo sostenible. http://www.ingurumena.net/Descarga/sostlocal/donosti_huellaeco.PDF
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Decisiones para la Tierra: equilibrio, voz y poder. ECOESPAÑA y
Fundación Biodiversidad. Madrid: 315
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necesidad de nuevos conceptos: Factor 10. En Eco-eficiencia, los
negocios en el próximo milenio. Fundación Entorno. Madrid: 15-22. Wackernagel, M. 1998. The Ecological Footprint of Santiago de Chile. Local
Environment Vol. 3 (1): 7-25
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