La huella ecológica empresarial: 

el caso del puerto de Gijón

 

 

VII Congreso Nacional de Medio Ambiente (VII CONAMA: Cumbre del Desarrollo Sostenible)

22-26 noviembre 2004. Madrid. CD-ROM.

Juan Luis Doménech Quesada

Autoridad Portuaria de Gijón

 jdomenech@puertogijon.es

 

Resumen

 Se calcula,  por primera vez para una empresa -la Autoridad Portuaria de Gijón (APG)- la huella ecológica, un macroindicador de sostenibilidad, aplicado hasta ahora a ciudades, regiones o países, que registra el consumo de recursos naturales transformándolo a hectáreas de “naturaleza” o terreno productivo consumido. Los parámetros analizados fueron el consumo de electricidad, de combustibles, de materiales, de papel, de madera, de agua y de terreno construido, así como las zonas verdes y los residuos generados.

 Los consumos anuales de la APG equivalen al consumo de 3.707,3 hectáreas de terreno ecológicamente productivo, mientras que la contrahuella (actuaciones que contrarrestan la huella) asciende a 485,75 hectáreas. Junto con el espacio necesario para la biodiversidad, esto arroja una huella neta de 3.279,84 hectáreas, lo que equivale al consumo que realizarían unas 200 familias en un año. A efectos comparativos de ecoeficiencia, la huella por producto total fue de 6.258 tn/ha, la huella por importe neto fue de 10.548,4 euros/ha y el índice de sostenibilidad fue 0,131 (en una escala de 0 a 1).

 Este estudio permite diseñar planes empresariales de desarrollo sostenible mediante el ahorro en el consumo, la adquisición de productos “verdes” (libres de huella) o la creación de “capital natural” (absorción de desechos), aspectos hasta ahora poco considerados en la empresa, pero totalmente imprescindibles para alcanzar una sostenibilidad real con objetivo “carbono cero”.

Consideramos que la aplicación de este indicador en las empresas, con su consiguiente plan de desarrollo sostenible, permitiría un reparto equitativo de la responsabilidad por emisiones de gases invernadero y podría ser una solución eficaz para alcanzar los objetivos del Protocolo de Kioto.

Abstract

The enterprise ecological footprint: the case of the Port of Gijón. For the first time for a company - the Port Authority of Gijón (APG) - the ecological footprint (a macro-indicator of sustainability) is calculated, applied until now to cities, regions or countries, that registers the consumption of natural resources,  transforming it to hectares of "nature" or consumed productive land. The analyzed parameters were the consumption of electricity, fuels, materials, paper, wood, water, constructed land, green zones and generated waste products.

 The annual consumptions of the APG are equivalent to the consumption of 3,707.3 hectares of ecologically productive land, whereas the counter-footprint (performances that resist the ecological footprint) ascends to 485.75 hectares. Along with the necessary space for the biodiversity, this throws a net footprint of 3,279.84 hectares, which is equivalent to the consumption which they would make 200 families in a year. To comparative effects of eco-efficiency, the footprint by total product was of 6,258 Tm/Ha, the footprint by net amount was of 10,548.4 euros/Ha and the sustainability index was 0.131 (in a scale from 0 to 1).

 This study allows to design enterprise plans of sustainable development by means of the saving in the consumption, the acquisition of "green" products (free of footprint) or the creation of "natural capital" (absorption of waste products), aspects until now little considered in the companies, but totally essential in order to reach a real sustainability with objective "zero carbon".

 We considered that the application of this indicator in the companies, with its consequent plan of sustainable development, would allow to an equitable distribution of the responsibility by greenhouse gas emissions and could be an effective solution to reach the objectives of the Protocol of Kyoto.

 

Introducción

 La huella ecológica es un indicador de sostenibilidad, del impacto de una población (desde una persona a una nación) que se define como la superficie de terreno o agua, ecológicamente productiva, necesaria para producir todos los recursos consumidos y para asimilar los desechos producidos Se calcula estimando la superficie necesaria (normalmente en hectáreas) para satisfacer los consumos asociados al gasto energético, a la ocupación directa de terreno, a la alimentación, a los productos forestales, a la superficie necesaria para actuar como sumidero del CO2 producido o al territorio necesario para mantener la biodiversidad (Rees & Wackernagel, 1996). La huella ecológica incorpora cuatro de los cinco indicadores ambientales considerados esenciales, por ser los más relevantes a nivel mundial y aplicables a todo tipo de negocio o actividad, y varios de los indicadores complementarios, que son aquellos que, pudiendo llegar a ser esenciales, son actualmente optativos según la actividad (Lehni, 1999).

 Una vez calculada la huella ecológica o huella bruta, se calcula la superficie real de la que se dispone (capacidad de carga) y la diferencia indicará si se consume más recursos de los que tenemos (huella neta). Así, por ejemplo, Navarra tiene una huella ecológica de 3,47 hectáreas/habitante (ha/cap) y una capacidad de carga de 2,15 ha/cap, por lo que su déficit ecológico es de –1,32 ha/cap. Este déficit equivale a un total de 701.944 hectáreas, 1,62 veces la disponible (Anónimo, 1992). En contraste, la huella ecológica de Chile es de 2,2 ha/cap, mientras que su capacidad de carga es de 4,4 ha/cap, es decir, posee un superavit de 2,2 ha/cap (Wackernagel, 1998).

 El éxito de este indicador radica en su carácter unificador de múltiples sub-indicadores y en la posibilidad de expresarlos en un único número de fácil comprensión, como es el número de hectáreas.  Incluye la mayor parte de los indicadores llamados esenciales (consumo de energía, consumo de materiales, consumo de agua, emisiones de gases con efecto invernadero,  y emisiones de sustancias que destruyen la capa de ozono). Además del uso del suelo, vemos muy factible que en el  futuro pueda incorporar tanto  el resto de los indicadores potencialmente esenciales (uso del suelo, emisiones acidificantes, emisiones nitrificantes, emisiones de compuestos orgánicos volátiles y persistentes –COVs y COPs-, emisiones de metales pesados y DBO/DQO en efluentes de agua), como los indicadores complementarios (los que defina cada empresa) (Lehni, 1999).

 Su aplicación ha crecido de forma imparable desde que salió a la luz hace muy pocos años, conociéndose ya la huella de más de 50 países, la cual va desde las 0,5-0,8 hectáreas por persona (ha/cap) de Bangladesh, Pakistán, India o Etiopía, a las  9-10 ha/cap de EEUU (10,3) y Australia (9 ha/cap). Muchos países septentrionales (Canadá, Islandia, Finlandia, Dinamarca, Irlanda, Noruega, Federación Rusa), más Hong Kong, Singapur  y Nueva Zelanda, poseen una elevado huella,  que oscila de 6 a 7,7 ha/cap. Los países europeos  oscilan entre las 3-4 ha/cap de España (3,8), Portugal,  Francia, Italia, Austria, Grecia o Hungría, y las 5-6 ha/cap de Suiza, Bélgica, Alemania, Holanda, Suecia o Reino Unido.  La huella media mundial es de 2,8 ha/cap.

 La huella ecológica permite múltiples análisis. Obviamente, deja claro que cuanta más huella (más consumo) más rico es el país en cuestión. Pero, teniendo en cuenta que, en la actual economía global,  los productos consumidos provienen de cualquier parte del mundo, también deja claro qué países han estado más implicados en la actual desigualdad ambiental y social (causa raíz de la gran problemática social global). Ayuda pues, a adquirir responsabilidad y determina qué países deberían implicarse más en paliar dicho panorama.

 La huella ecológica deja claro que la riqueza de un país no debe radicar en un buen nivel de consumo, sino en saber combinar dicho consumo con la producción de sus propios recursos sin expoliar los recursos ajenos o de las generaciones futuras. El objetivo deberá ser alcanzar una huella neta igual a cero. Preservar los recursos de otros y ayudarles a racionalizarlos puede ser el primer paso para el desarrollo sostenible global.

 El consumo energético es uno de los que más contribuyen a la huella ecológica, y la empresa y la industria -grandes consumidores de energía y espacio- contribuyen notablemente al incremento de la misma, motivo por el cual deben ser los principales implicados en la contención de la huella.

 Aunque los actuales estudios sobre huella han insistido mucho en el papel preponderante del consumidor final, creemos que el papel de este no es ni mayor ni menor que el de cualquier otro miembro intermedio del proceso productivo. El consumidor final tan solo es el último receptor de unos productos que, generalmente, han seguido un largo proceso y  que han pasado por numerosos intermediarios. Cualquier producto va incorporando huella (consumo de energía, consumo de materiales, consumo de suelo, etc.) en cada paso productivo, desde su extracción hasta el producto final, con las n transformaciones a que haya lugar. Cada uno de esos n intermediarios (productores o empresas), incluido el consumidor final, tiene la responsabilidad de exigir a su suministrador que le entregue un producto con poca o ninguna huella. En un proceso productivo óptimo cada intermediario debería recibir un producto libre de huella y entregarlo de la misma forma al siguiente eslabón de la cadena.

 Hasta el momento, la huella ecológica se ha calculado preferentemente para naciones, regiones o ciudades, siendo la primera vez que se calcula para una empresa, en este caso la Autoridad Portuaria de Gijón (Asturias).

 

Material y métodos

 Este estudio fue realizado por la Autoridad Portuaria de Gijón y el Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Oviedo (proyecto FUO-EM-033-03), en colaboración con la Autoridad Portuaria de Valencia y Puertos del Estado (proyecto de indicadores portuarios, INDAPORT).

Se calcularon todos los consumos que pueden afectar a la huella ecológica portuaria: 1) consumo de energía (electricidad, combustibles y materiales); 2) ocupación de suelo; 3) consumo de otros recursos naturales (comidas de empresa, papel, muebles o construcciones de madera, agua, etc.).

 La metodología empleada se basa en la citada de Rees y Wackernagel, los cuales han venido calculando los pertinentes índices de conversión de consumos a hectáreas desde hace varios años. Algunos de estos índices nos han permitido la conversión directa de varios tipos de consumo a hectáreas (electricidad, combustible, gastos de avión, comidas de empresa, etc),  mientras que otros los hemos estimado a partir de los anteriores, así como del rendimiento de los materiales y de la intensidad energética del producto considerado. Los resultados así obtenidos se multiplican por un factor de equivalencia, para pasar los diferentes tipos de superficies a “hectáreas equivalentes”.

 Posteriormente se calcula la contrahuella, que es todo aquello que nos permite reducir huella ecológica por ahorro de consumos o por creación de capital ecológico. Como en el caso de la huella económica (las empresas con pérdidas o las regiones subvencionadas), digamos que la huella ecológica equivale al “debe” ambiental, mientras que la contrahuella equivale al “haber”. Cabe resaltar que los índices de conversión a hectáreas son dinámicos, esto es, pueden mejorar conforme mejora la tecnología y las buenas prácticas (por ejemplo, menos emisiones por combustión), dando lugar así a otro modo de reducción de huella.

 Aunque la metodología de Rees y Wackernagel está bastante estandarizada, existen diferencias sustanciales en la aplicación de índices de conversión de consumos a hectáreas. Concretamente, en nuestro caso, el cálculo de la huella de materiales (oficinas, construcción, almacén, etc.) es totalmente preliminar y genérico, ya que no hemos encontrado antecedentes. Obviamente, se deberá hacer un gran esfuerzo para determinar la huella de los principales componentes por separado de cada uno de los tipos de materiales que hemos considerado, mejorando así la conversión realizada. De hecho, ya se encuentra en marcha un estudio para optimizar dichos cálculos.

 Así mismo, no hemos considerado el consumo energético que realizan los trabajadores tanto en el desplazamiento al centro de trabajo como en el desempeño del mismo. Por el momento, hemos considerado que, como el principal consumo se realiza en sus domicilios (alimentación, calefacción, etc.) y en la ocupación de espacio público (carreteras), la huella correspondiente a dicho consumo debe incorporarse en el cálculo de la huella de la ciudad o de la región, no en el de la empresa.

 

Resultados

 En la Tabla I se muestran los resultados obtenidos, destacando el gran impacto de las obras portuarias (casi 2000 hectáreas), seguido del consumo eléctrico (678 ha), el consumo de agua (236 ha), la generación de residuos (100 a 200 ha), el gasto en servicios (161 ha), la ocupación de espacio (159 ha) y el consumo de combustibles (97 ha). Las actividades que contrarrestan huella (contrahuella) son aun muy limitadas, destacando las posibilidades de los puertos para aumentar su capital natural, debido a la importante lámina de agua de su competencia, así como al “efecto arrecife” y “efecto reserva” de sus escolleras y dársenas.

  

TABLA I.  HUELLA ECOLÓGICA DEL PUERTO DE GIJÓN

 

 

Conceptos huella

Conceptos Contrahuella

(Plan Desarrollo Sostenible)

2002

Variable

Huella

(has.)

Contra-huella

(has.)

1. Energía     

 

3.206,40

7,92

1.1. Electricidad (Kw/h)

 

3.637.733

678,61

 

1.2. Combustible (litros)

 

118.728

96,90

 

1.2.3. Avión (pers*horas)

 

550

18,17

 

1.2.4. Otros  (pers*km)

 

0

0

 

1.3. Consumo materiales

 

 

 

 

1.3.1. Talleres (€)

 

311.442,57

19,22

 

1.3.2. Oficina, mobiliario (€)

 

125.024,92

7,72

 

1.3.3. Servicios (€)

 

2.943.519,78

161,09

 

1.3.4. Vestuario y textil (€)

 

47.221,22

0,66

 

1.3.5. Obras e infraestr. (€)

 

18.980.536,00

1.955,29

 

1.3.6. Maquinaria (€)

 

308.067,49

19,55

 

1.3.7. Equipos eléct-infor  (€)

 

396.615,83

10,97

 

1.3.8. Vehículos (€)

 

54.415,63

5,15

 

1.4.  Energía casillas, 3,4, 5

 

-

33,07

 

1.5. Residuos generados (m3)

 

 

100-200

 

1.6. Contaminación aérea

 

-

-

 

 

a) Ahorro, ecoeficiencia

 

 

 

 

Buenas prácticas

-

 

-

 

Energía verde (kw/h)

0

 

0

 

Energía alternativa (kw/h)

0

 

0

 

Uso biocombustibles (l.)

0

 

0

 

Proveedores certificados

-

 

-

 

Productos "verdes" (€)

0

 

0

 

Bioconstrucc./bioclimática 

0

 

0

 

Reciclado  y tres "erres" (m3)

-

 

-

 

b) Capital natural

 

 

 

 

Zonas verdes (m2)

36.747

 

7,92

 

Sumideros CO2 (m2)

0

 

0

 

Compra de cuotas carbono 

0

 

0

2. Suelo y terreno construido

 

158,81

 

2.1. Terreno construido “sobre

        tierra” (m2)

 

374.468

108,18

 

2.2. Terreno construido “sobre

        agua” (m2)

 

2.276.935

50,63

 

 

2.3. Pérdida de suelo (erosión,   contaminación....)

 

 

-

 

-

 

3. Recursos agropecuarios

 

32,26

0,36

3.1. Comidas de empresa,

   obsequios, fondo social  (€)

 

 

4.405,12

 

32,26

 

3.2. Vestuario (natural) (€)

 

0

0

 

 

a) Ahorro, ecoeficiencia

 

 

-

 

b) Capital natural

     viveros, plantones... (m2)

1.234

 

0,36

4. Recursos forestales

 

291,81

 

4.1. Papel (€)

 

61.621,28

49,98

 

4.2. Madera,  leña, muebles, 

       construcción madera (Kg)

 

 

8.000

 

5,68

 

4.3. Agua (m3)

 

320.934

236,15

 

 

a) Ahorro, ecoeficiencia   

      (papel, madera, agua)

 

 

 

-

 

b) Capital natural:   

    reforestaciones, etc.(m2)

 

0

 

 

0

5. Recursos pesqueros

 

18,02

477,47

5.1. Comidas de empresa (€)

 

1.468,37

18,02

 

5.2. Dragados y otros daños 

        temporales  (m2)

 

0

0

 

5.3. Contamin. acuática

 

-

-

 

 

a) Ahorro, ecoeficiencia (en dragados y similares)

 

 

 

 

b) Capital natural

 

 

 

 

Aguas de servicio (m2)

1.721.500

 

17,22

 

Incremento producción ("Efecto arrecife") (m2)

10.000.000

 

460,25

 

Otros: espacios marinos protegidos, arrecifes sandtainers, acuicultura, etc.

 

0

 

 

0

TOTAL

 

3.707,30

485,75

Biodiversidad (-12%) (ha)

 

- 58,29

 

427,46

BALANCE FINAL  (ha)

3.279,84

 

 

 

La huella ecológica de la Autoridad Portuaria de Gijón es de 3.707,3 hectáreas, es decir consume materiales y servicios que equivalen a lo que producen 3.707,3 hectáreas de “naturaleza”. Mediante una metodología propia, desarrollada por el Departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Oviedo (Alba et. al., 2003), se ha estimado que la huella total del puerto, incluidas todas las empresas concesionarias, podría oscilar entre 6.000 y 7.000 hectáreas, como mínimo, lo que da pie a la fijación de objetivos comunes entre la APG, los usuarios y los concesionarios.

 Dada la ausencia de datos comparativos a nivel de empresa, no podemos decir si es una pequeña o una gran huella, pero, si suponemos una media europea de 5 hectáreas por persona y año, la huella neta de la APG equivaldría al consumo anual de unas 656 personas (o unas 200 familias).

 El balance final es de 3.280 hectáreas de huella. Teniendo en cuenta que, según Markus Lehni (1999), director ejecutivo de Business for Sustainable Development, los indicadores económicos comunes en toda Europa son la unidad de producto, la cantidad de producto (20.525.083 toneladas en 2002) y el importe neto (34.598.867,10 euros), los tres indicadores de ecoeficiencia (valor producto/impacto ambiental) más interesantes, a efectos comparativos, serían: a) la huella por producto total (6.258 tn/ha); b) la huella por tonelada de mercancía movida (1,6 m2/tn); y  c) la huella por importe neto (10.548,4 euros/ha).

 A efectos comparativos también resulta interesante conocer lo que hemos denominado  índice de sostenibilidad (relación entre lo que tenemos y lo que consumimos: contrahuella/huella), con el que podemos controlar la evolución del indicador o comparar diferentes empresas (independientemente de su dimensión o volumen de actividad). En el puerto de Gijón resultó ser de 0,131. Un índice 0 significa que ni hacemos nada por la sostenibilidad de nuestra empresa ni poseemos ningún tipo de capital natural, mientras que un índice 1 significaría que somos totalmente sostenibles.

  

Discusión

 Aunque la Estrategia para el Uso Sostenible de los Recursos Naturales (COM 2003, 572 final, de 1-10-2003) nos muestra que en la Unión Europea hemos mejorado el rendimiento de los materiales en más de un 50% desde 1980, dicho consumo está estabilizado, debido a que tanto la población como la economía siguen creciendo. El problema es que nos hemos estabilizado en un consumo superior a lo que la Tierra puede producir, lo que significa que, o bien se reduce dicho consumo o bien tendremos que afrontar los pésimos pronósticos del conocido informe del Club de Roma, elaborado en 1972, “Los límites al crecimiento”   (Meadows et al., 1993), cuyo contenido se puede intuir.

 Harry Lehmann, del Wuppertal Institute, opina que debemos reducir la intensidad del uso de los materiales al menos en un factor 2 (reducir dos veces el consumo de recursos), si bien se está imponiendo la idea de que esta reducción deberá llegar, y de forma urgente, al factor 8 ó 10, si queremos una Europa sostenible. Ello no implica producir 10 veces menos, sino emplear menos cantidad de materiales (ecoeficiencia) en la producción de los mismos bienes y servicios (Lehmann, 1999; Schmidt-Bleek, 1999). Recientemente, el informe “La situación del mundo 2004”, del Worldwatch Institute, ha insistido en la misma idea al asegurar que el uso de los recursos naturales puede reducirse en un 90% sin alterar la calidad de vida. Existen cientos de ejemplos aplicables no solo a los recursos renovables, como puede ser el alquiler de maquinaria de poco uso, frente a la compra; el aislamiento de edificios; etc. Se insiste una y otra vez en que el reto del desarrollo sostenible no debe verse como un problema para la empresa sino como una oportunidad de negocio.

 Se propone aquí una fórmula para intentar alcanzar esos objetivos: la implantación de la huella ecológica en todas las empresas, como indicador único de sostenibilidad, ya que permite repartir el impacto del consumo entre todas ellas desde el mismo momento de la extracción de cualquier materia prima (es decir, durante todo su ciclo de vida). Una importante estrategia de futuro para cualquier empresa (como consumidor intermedio) será comenzar a exigir a nuestros proveedores productos “libres de huella”, ya que, en caso contrario, llegará el momento en que el consumidor final nos exija lo mismo.  En ese caso, si tenemos que reducir la huella que otros nos han trasmitido, estaremos perdiendo competitividad frente a los que no han heredado ningún tipo de huella. Es, precisamente, ese  efecto dominó el que confiere una gran eficacia a la huella ecológica empresarial.

 La fácil y rápida comprensión del indicador  por parte del cliente y consumidor final facilita la elección y las preferencias comerciales, lo que será decisivo para que las empresas aborden la mejora ambiental con más entusiasmo (mejora de la competitividad). Como en iniciativas previas (etiqueta MIP o consumo de materiales por unidad de producto o servicio), el cálculo de la huella ecológica de todo tipo de material o producto permitiría “etiquetar” los mismos, de modo que el consumidor disponga de una completa información ambiental a  la hora de decidir sus compras (Schmidt-Bleek, 1999).

 Es un indicador, por último, que permite una rápida y sencilla comparación inter-empresarial e inter-sectorial. Su cálculo en la empresa resulta más fiable y eficaz que en el caso de ciudades o naciones, ya que todos los datos están disponibles, facilita la estandarización,  existe un control directo sobre los procesos y mejora el balance ambiental frente a  Kyoto.

 Teniendo en cuenta que los índices de conversión a hectáreas son totalmente dinámicos, sería conveniente la creación de un comité de estandarización que dinamice y controle el seguimiento de dichos índices.

  

Conclusiones

 

  1. Se propone un Plan de Desarrollo Sostenible, de aplicación en cualquier empresa, basado  en el cálculo y reducción de la huella ecológica por medio de la ecoeficiencia y de la inversión en capital natural: a) ecoeficiencia: ahorro de consumos, buenas prácticas, mejora continua, proveedores y productos “verdes”, etc. Las actuales tendencias en sostenibilidad proponen una ecoeficiencia basada en 7 parámetros: reducir la intensidad en el uso de materiales; reducir la intensidad en el uso de la energía; mejorar la intensidad del servicio (por ejemplo, fomentar el alquiler frente a la venta); reducir el contenido, la producción, la dispersión y emisión de sustancias tóxicas; mejorar el reciclaje de los materiales; maximizar el uso sostenible de los recursos renovables; y extender la durabilidad del producto (Lehni, 1999); b) adquisición de capital natural: zonas verdes, espacios naturales, sumideros de CO2, compra de cuotas de carbono, proyectos de mejora de la biodiversidad, mejora de la productividad natural, etc. La implantación de un plan de sostenibilidad en las empresas es perfectamente pertinente y compatible con los planes de Evaluación Ambiental Estratégica (Dir. 2001/42/CE).

 

  1. Teniendo en cuenta la capacidad de la naturaleza para absorber y depurar emisiones y vertidos de todo tipo, creemos muy factible incluir en la huella ecológica la totalidad de los indicadores ambientales, habitualmente manejados, tales como los indicadores esenciales, los indicadores potencialmente esenciales y los indicadores complementarios. Se recomienda hacer un esfuerzo, además, en afinar y ampliar los índices de conversión de consumos a hectáreas, especialmente en lo referente al consumo de materiales.

 

  1. La aplicación de la huella ecológica a la empresa, con el objetivo último de alcanzar un balance final de “carbono cero” (huella neta igual a cero), podría ser uno de los pocos caminos eficaces para alcanzar los objetivos del Protocolo de Kyoto. Como hemos visto, existen muchos países reticentes y muchas grandes empresas que no quieren asumir toda la responsabilidad. Tal y como observa el último informe sobre los Recursos Mundiales 2004 (Rosen et al., 2004), sólo si cada empresa asume la parte de responsabilidad que le corresponde en la generación de productos “verdes”, o libres de huella, se podrá aspirar a alcanzar dicho objetivo en un plazo razonable.

 

  1. Se recomienda, muy especialmente, que la inversión de las empresas en “capital natural” se canalice a través del llamado Mecanismo de Desarrollo Limpio del Protocolo de Kyoto (artículo 12). Este eficaz mecanismo, por el que se promueve la ejecución de proyectos  en países en vías de desarrollo (sostenimiento de zonas forestales, por ejemplo), permite alcanzar tres importantes objetivos: a) obtención de derechos de emisión de CO2 y consiguiente reducción de huella ecológica (o venta de cuotas sobrantes a empresas deficitarias); b) desarrollo ecológico de la zona receptora; y c) creación de empleo local y consiguiente reducción de la “huella social”, el tercer pilar del desarrollo sostenible e inminente nuevo factor de competitividad empresarial.

 

 

Bibliografía

  

Alba,  J., Díaz, E. y Doménech, J.L. 2003 Estudio de indicadores ambientales portuarios: la huella ecológica del puerto de Gijón. Autoridad Portuaria de Gijón: 143 pp.

 Anónimo, 2002. La huella ecológica de Navarra. Gobierno de Navarra: 34 pp.

 Lehmann, H. 1999. La agenda pendiente para los nuevos escenarios. Ecoeficiencia. En Eco-eficiencia, los negocios en el próximo milenio. Fundación Entorno. Madrid: 29-33.

 Lehni, M. 1999. El medio ambiente como factor clave de competitividad. Ecoeficiencia. En Eco-eficiencia, los negocios en el próximo milenio. Fundación Entorno. Madrid: 23-28.

 Meadows, D.H., Meadows D.L. y Randers J. 1993. Más allá de los límites del crecimiento. Círculo de Lectores. Barcelona: 355 pp.

 Nerea, E. 2003. La huella ecológica de Donostia-San Sebastián. En el camino hacia el desarrollo sostenible.

 http://www.ingurumena.net/Descarga/sostlocal/donosti_huellaeco.PDF (julio/2004): 37 pp.

 Rees, W & Wackernagel, M. 1996. Our ecological footprint. Reducing human impact on Earth. New Society Publishers. Canadá

 Rosen, C. y otros. 2004. Recursos Mundiales 2004. Decisiones para la Tierra: equilibrio, voz y poder. ECOESPAÑA y Fundación Biodiversidad. Madrid:  315 pp.

 Schmidt-Bleek, F. 1999.  La necesidad de nuevos conceptos: Factor 10. En Eco-eficiencia, los negocios en el próximo milenio. Fundación Entorno. Madrid: 15-22.

 Wackernagel, M. 1998. The Ecological Footprint of Santiago de Chile. Local Environment Vol. 3 (1): 7-25

    

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