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Evolución regresiva del Homo sapiens* (Reversal evolution in Homo sapiens. A new hypothesis in Human Evolution)
Juan Luis Doménech Quesada
* Resumen realizado en el año 2000. Abstract y bibliografía |
Imprime: Noega Artes Gráficas S.L. Gijón. Depósito legal AS-1556-99. ISBN: 84-95178-53-2 |
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a)
La observación del medio natural y el análisis de los grandes errores
evolucionistas. Uno de estos grandes errores, quizás el mayor, fue, y aun es, el
concebir, aunque sea inconscientemente que el término evolución equivale
a progreso, un concepto que, por otro lado, los biólogos no admiten
públicamente (no pueden, pues la selección natural tiene un componente
aleatorio que no permite que exista un progreso continuo lo que equivaldría
a direccionalidad y, por lo tanto, podría animar a recuperar las antiguas
ideas finalistas que mantenían que el hombre es el fin último de la evolución).
Sin embargo, se ven a obligados a aceptarlo clandestinamente (pues el
progreso también se observa claramente en la naturaleza), demostrando que
casi todos ellos son, consciente o inconscientemente, progresionistas, como
quedó claro en las Jornadas sobre el Progreso en Evolución celebradas en
Barcelona en 1995 (Jordi Agustí). Este
error (o expectativas previas a la observación) falsea los resultados de
muchos estudios evolutivos. ¡La hipótesis
regresiva que se plantea sugiere que en la evolución de las especies,
predomina la tendencia a lo simple y no a lo complejo como se suele
pensar. Según esta teoría, solo unas pocas
líneas
evolutivas están progresando
realmente,
las cuales nos han transmitido la idea de progreso a la que solemos asociar
el término “evolución”! b)
El análisis de ideas antiguas: b.1)
el saltacionismo
(o, actualmente, el “equilibrio puntuado”) de los paleontólogos. La
mayor parte de los paleontólogos ya admite la evolución puntuada de
Stephen Gould y Niles Eldredge, por la cual la evolución tiene lugar a
saltos, no de forma gradual como propone la teoría sintética. Es lo mismo
que apreciaron los primeros saltacionistas a tenor de las grandes
explosiones de vida y grandes extinciones, nunca explicadas de forma
satisfactoria por la ciencia. El equilibrio puntuado da más valor a la
evolución por especiación más o menos súbita que a la evolución por
cambio gradual. b.2)
la herencia de los caracteres adquiridos de
los genetistas (virus, plasmidos, integración de secuencias de ADN por
transferencia horizontal, etc.). La adquisición de cultura es lamarckiana b.3)
las pruebas constatadas de macromutación
debida a integración de cadenas de ADN en el genoma (“explosiones de
vida”, biología del desarrollo y modificaciones en las fases tempranas
causantes de mutación, endosimbiosis, poliploidías, etc.) c)
La revisión de las teorías alternativas que tienden cada vez más a señalar mecanismos
alternativos a la selección natural (además de neo-saltacionistas, neo-lamarckistas
y neo-mutacionistas): c.1)
Neutralismo: El papel de la
selección natural es cuestionado por muchos biólogos como los neutralistas
que proponen que un alelo mutante puede difundirse en una población sin
poseer ninguna ventaja adaptatativa o selectiva (Los seleccionistas dicen
que para que un alelo mutante se difunda en una población debe poseer
alguna ventaja adaptativa o selectiva...) c.2) No adaptacionistas: como
Lewontin: “..es
probable que muchos cambios en la evolución se deban puramente al azar”. Este autor cita varios mecanismos capaces de ocasionar cambios
evolutivos, tales como la alometría, la pleiotropía, el ligamiento y
selección indirecta o el mero azar, y en consecuencia se pregunta: “si el programa adaptacionista está tan repleto de escollos y si hay
tantas explicaciones alternativas del cambio evolutivo, ¿por qué los biólogos
no abandonan de una vez ese programa?” (Lewontin, 1979). c.3) Neo-deterministas (¿neo-ortogenesis?)
Según algunos biólogos del desarrollo, como Mckinney, podría haber cierto
determinismo y dirección : “las pautas aleatorias no reflejan una ausencia de
causas. Lo que indican es que se desconocen los procesos subyacentes,
procesos que, a menudo, implican muchas interacciones complejas que
imposibilitan un conocimiento pleno de los mismos”.....” “la teoría
que aquí presento se opone a la idea de que la evolución es
predominantemente azarosa en sentido científico” (Wagensberg et al., 1998).
Para Mckinney la recapitulación (“adición terminal” en el desarrollo o cambios en las fases finales del
desarrollo embriológico) puede dar cuenta de hasta un 70 % de la evolución. d)
Por el reduccionismo al que hemos llegado.
Existe descoordinación entre todas las disciplinas que intervienen en
evolución y en evolución humana (palentologia, arqueología, antropología,
genética, biología molecular, etología, , etc.). A veces se hablan
lenguajes totalmente diferentes pues, la paleontología es una rama de la geología,
la arqueología, es una parte de la Geografía
e Historia y la genética
es una sección de la biología; la
antropología puede pertenecer a campos muy diversos como la biología, la psicología, la sociología,
etc.). Es conocida la disputa que existe entre palentólogos y biólogos
moleculares que casi nunca suelen coincidir en sus teorías e)
Por la confusión e incoherencia creciente
(sobre todo en paleoantropología).
No ha quedado más remedio, finalmente, que apartar a Neanderthal de nuestra
ascendencia; se tiende a abandonar a Australopithecus; se ha apartado
a Homo erectus, que, además se ha vuelto a dividir en multitud de
especies diferentes, etc. Además, en todas las especies se han encontrado
restos antiguos que resultan más
avanzados que los más recientes: el H. habilis del este de lago
Turkana (KNM-ER 1470) presenta muchos rasgos más modernor que los H.
habilis y H. erectus posteriores; la cara del H. antecessor
de Atapuerca presenta rasgos parecidos a los del H. sapiens,; los
neandertales más antiguos de 100.000 a 200.000 años son más modernos que
los deformes neandertales de hace 50.000 años; Los Australopithecus
más antiguos parecen más modernos que sus sucesores, tal y como parecía
indicar las huellas (totalmente humanas) de Laetoli de 3,6 millones de años
(Ma) (inicialmente atribuidas a un A. afarensis), etc., etc. Cada hueso modifica las ideas anteriores a un ritmo mucho mayor que cualquer otra ciencia (Australopithecus anamensis, Ardipithecus ramidus, Homo antecessor, Homo rudolfensis, H. ergaster, H. heidelbergensis, etc.); eso da a entender que apenas sabemos nada sobre la evolución del hombre y que aun falta por encajar muchas sorpresas. Se
ha hecho, por tanto, un estudio de
revisión, de recopilación, de observación, de
integración y de síntesis, abarcando todas las disciplinas
citadas, las cuales apuntan en la misma dirección: !! en
todas las líneas evolutivas existen claras señales de ciclos de progreso y
regresión !! 2) Ejemplos de regresión:
El
error de suponer que el término evolución
equivale a progreso, se paga con la incoherencia, pues apenas
se ha hecho caso a los innumerables y crecientes (e importantisimos) casos
de regresión constatados en la naturaleza. La evolución regresiva, sin embargo, apenas ha sido considerada, aun cuando son muchísimos los autores (como el gran morfologista evolutivo Paul Pirlot) que hablan de ella y muchos los paleontólogos que la han apreciado en muchos grupos de animales y plantas, como pueden ser: -
Mamíferos:
elefantes:
de 200 especies en el Cretácico a 2 actuales;
équidos: la relación
tibia-femur aumenta y luego
decrece; dedo
lateral en el caballo moderno; cetáceos:
retroceso de los dientes heterodontos a isodontos propios de los reptiles;
retroceso de la dentadura de focas
y otarios a formas anteriores; algunos bóvidos
recuperan la cornamenta perdida hace tiempo, etc. -
Disminución
del tamaño de casi todos los grupos de mamíferos, anfibios, reptiles, peces,
plantas e invertebrados -
Retroceso
de las patas a aletas (delfines y cetáceos; reptiles ictiosaurios ) -
Pérdida
de miembros en reptiles ofidios -
Atrofiamiento
de las alas en las aves paleognatas
(avestruces, etc.). Las aves paleognatas aparecen en el Plioceno mucho después
que las neognatas -
Los
dinosaurios
eran más avanzados que los reptiles actuales en la construcción de la
columna vertebral y en los miembros posteriores; posiblemente eran de sangre
caliente (homeotermos) -
Los
peces óseos
aparecen antes que los cartilaginosos -
Los
antiguos crosopterigios eran más complejos que los posteriores teleosteos y los actuales peces
modernos: aletas con estructura ósea previa a los actuales miembros;
pulmones funcionales, etc.; dieron lugar a los anfibios -
Pérdida
de funciones visuales en animales cavernícolas o subterráneos -
Retroceso
en muchos invertebrados (pérdida concha en cefalópodos; ciertos
caracteres en trilobites; equinodermos, crustáceos, etc.) -
Incluso
en H. sapiens suele admitirse
la
regresión del tamaño de los molares o del grosor del cráneo que pasó de
grácil a robusto -
Evidente
“precocidad de la complejidad” en todas las ramas evolutivas -
Etc. 3) Ejemplos de regresión en homínidos:
Además
de la regresión generalizada que hemos citado, existen infinidad de casos
puntuales, entre los que no podrían escapar los primates y homínidos en
los que principalmente hemos basado este estudio y entre los que hemos
constatado abundantes indicios de regresión: 3.1)
Los Homo habilis del Este del lago Turkana (antes lago Rodolfo), como KNM-ER
1470 (con 2 Ma e inicialmente datado en 3 Ma) parecen más modernos que
algunos H. habilis y H. erectus posteriores. El contorno del
cráneo es más redondeado y la arcada supraorbitaria es poco pronunciada.
Según Ardrey medía unos 30
cm. más que A. africanus, su cultura lítica era más perfeccionada
que la posterior olduwaiense y debía haber predominado durante todo el
resto del tiempo, pero desaparece rápida y extrañamente de escena (todo
ello ha hecho que se le denomine H. rudolfensis). Muchos H.
habilis posteriores son más primitivos y algunos se confunden incluso
con australopitecinos 3.2)
Según Kurtén (1993) el hombre de Neandertal era más avanzado tras su
aparición hace unos 200.000 años (más parecido al hombre actual) y fue
retrocediendo hasta extinguirse hace unos 40.000 años, época en que los
neandertales poseían gruesos huesos, un peso de unos 100 kg., eran paticortos y con
una cadera extremadamente ancha que originaba una postura patizamba poco
ventajosa desde el punto de vista mecánico. Esta regresión es más o menos admitida por todos los
especialistas 3.3)
Los Australopithecus más antiguos parecen más modernos que sus sucesores,
tal y como parecía indicar las huellas (totalmente humanas) de Laetoli de
3,6 Ma (inicialmente atribuidas a un A. afarensis) y el húmero del A.
anamensis KP-271, de unos 4 Ma, fue descrito como “prácticamente
humano”. Los nuevos Ardipithecus ramidus, de unos 4,4 Ma podría
apartar a todos los Australopithecus conocidos de la línea evolutiva
humana (pues sus dientes y la capa de esmalte se parece más al hombre
actual que la de aquellos), pero
el enorme hueco que quedaría entre estos y los primeros Homo sería
un problema insalvable para la paleontrapología, según Tim White, uno de
sus descubridores 3.4)
La regresión de los australopitecos robustos está totalmente demostrada
pues al retroceso continuo de A. robustus y A. boisei hasta su
desaparición, hay que añadir el hallazgo del A. aethiopicus, de 2.5
Ma de antiguedad, más antiguo que los anteriores pero de mayor tamaño.
Esto echó por tierra la idea de un progresivo aumento de tamaño en estos
homínidos 3.5)
Este retroceso daría lugar a los antropomorfos actuales como el gorila y el
chimpancé tal y como sugirieron algunos autores ( Gribbin et al,
1992) tal como indica la gran cresta occipital (para sujetar los fuertes músculos
de la masticación de los australopitecos robustos, similar a la del gorila.
Esto indicaría que los antropomorfos derivan de los homínidos y no al
contrario
como se cree 3.6)
Además de estas pruebas morfológicas y de la evidencia, existen pruebas
irrefutables provenientes de tanto de la paleontología, como de la biología
molecular y la embriología: a)
La biología molecular: Mientras que los paleontólogos insisten en
que la separación hombre-chimpancé tuvo que tener lugar hace más de 20 Ma,
la biología molecular (que mide diferencias entre el ADN o proteínas)
sugiere que tal separación tuvo lugar recientemente hace menos de 4 Ma.
Tales pruebas revelan además que los antropomorfos aparecen después que Homo. b)
La paleontología se negó durante años a admitir estas pruebas,
pero hoy no tienen más remedio que admitirlas pues ¡aun
no se han encontrado fósiles antiguos ni de gorilas ni de chimpancés !! c) La embriología: Debido al hecho de que el el feto y el bebé
chimpancé se parece más al hombre que el chimpancé adulto, se venía
admitiendo que el hombre proviene del bebé del chimpancé, el cual se
estanca en una fase temprana de su desarrollo embrionario (neotenia). Sin
embargo, tal argumento (sin tiempo material de por sí) es incapaz de
explicar numerosos caracteres del hombre actual como las glándulas sudoríparas,
la nariz prominente, los lóbulos de las orejas, la escasa vellosidad, la
pequeña mandíbula, la musculatura facial, el largo tiempo de crianza, la
invalidez de los bebés o la presencia de mentón (presente unicamente en el
H. sapiens). Además, los últimos estudios (como los de Mckinney)
revelan que “los humanos somos primates ‘superdesarrollados’
que hemos evolucionado a través de la ‘extensión terminal’ de
capacidades físicas, comportamentales e intelectuales” (Wagensberg et
al., 1998). Entre los autores recientes, citados por Mckinney, que
rechazan la juvenilización y apoyan la evolución humana vía
“superdesarrollo” (peramorfosis), se encuentran B. Bogin, H. Smith, B.T.
Shea, K.R. Gibson, T. Ingold, S.T. Parker, M. Konner, P.M. Greenfield y B.
Ekstig. 3.7)
No solo se han encontrado homínidos que ya sobrepasan los 5 Ma, sino que,
para algunos autores (E.L. Simons, 1977), algunos parientes de Ramapithecus,
de más de 10 Ma o de Kenyapithecus africanos de unos 14 Ma, podrían
haber sido verdaderos homínidos
bípedos. Actualmente, se considera a Ramapithecus como antecesor del
orangután, con lo que también se admite la evolución regresiva de toda
esta línea de primates. Es de destacar que el orangután tampoco posee fósiles
conocidos. 3.8)
El candidato más firme a predecesor del hombre actual es Homo
erectus, en
cualquiera de sus versiones (antecessor, heidelbergensis, ergaster, etc.),
lo cual resulta aun muy dudoso, por muchas razones: 3.8.1.
El hallazgo de restos de H. erectus de hace 40.000 años en Asia,
hace improbable (como sucedió con neandertal) que H. sapiens derive
de aquel pues ambos fueron coetáneos. De hecho, ya se ha descartado a la
variante asiática de erectus como antecesor del hombre actual 3.8.2.
Como ya señalaron grandes antropologos como Louis Leakey o Le Gros Clark, H.
erectus no está en nuestra línea evolutiva, pues no parece probable
que los huesos pasaran de gráciles (en H. habilis) a robustos (en
erectus o neandertal) para luego pasar de nuevo a gráciles. Estos hacen
derivar a H. sapiens directamente de H. habilis o de Kenyapithecus
y afines. 3.8.3.
Se han encontrado H. erectus (Árica, Georgia)de casi 2 Ma, casi de
la misma antiguedad que los H. habilis, lo que no da tiempo para una
evolución progresiva como la que se sugiere habitualmente. Para explicar el
paso brusco de H. habilis a H. erectus, Donald
Johanson, Tim White y otros no tienen reparos en admitir que esto se produjo
por evolución puntuada, es decir de forma saltacional como preconizan los
saltacionistas. 3.8.4.
Se observan numerosas formas, unas más progresivas que otras, a lo largo de
los 2 Ma de existencia de H. erectus. Quizás una de las más
notables pueda ser la de los homínidos de Atapuerca de unos 800.000 años,
los que parece ser que tenían una cara similar a la del H. sapiens
actual, más moderna por lo tanto que los posteriores homínidos de unos
350.000 años. Esto, junto con otros caracteres, ha hecho crear una nueva
especie (H. antecessor) 3.8.5.
Basta señalar que para muchos autores (Tattersal) ya han sido apartados de
nuestra línea evolutiva los H. erectus asiáticos, y los H.
erectus europeos, prevaleciendo por el momento los africanos, que por
sus peculariedades (rasgos más modernos que sus sucesores ) se llaman ahora
H. ergaster. Por ejemplo, a
excepción de algunos rasgos del cráneo, el esqueleto del chico
de Turkana es como el nuestro y su estatura aun superior, lo que, por
otro lado, supuso un nuevo contratiempo pues siempre se ha asumido que el H.
erectus era más bajo que el H.
sapiens. Para Ian Tattersall: “el
chico de Turkana es una especie
claramente como nosotros y con sus extremidades largas y delgadas se parece
más a la gente que hoy vive en climas cálidos” (Tattersall, 1997). Homo
ergaster podría estar emparentado con alguna especie realmente
progresiva de la aun desconocida línea humana 3.8.6.
Quizás la prueba más notable de regresión y de que no descendemos de
ninguna de las formas conocidas de H. erectus sea la relativa a la
pretendida evolución cultural la cual se ha demostrado que solo estaba en
la imaginación del arqueólogo. El
arqueólogo J. Díez Fernandez-Colama (1994) opina que
H. erectus ni fue el gran
cazador que se le supone, ni mantuvo campamentos base, ni fue el creador del
fuego, ni fue capaz de perfeccionar su industria lítica ni un ápice
durante sus más de 2 Ma. de existencia En África aparece el Achelense (bifaces,
etc.) hace 1,4 Ma, más de un millón de años, antes que el achelense
europeo que aparece hace unos 350.000 años. Otro arqueólogo, M. Dominguez
Rodrigo, afirma con audacia que “no
existe ningún criterio válido que demuestre que el Musteriense incorpore
mejoras a nivel funcional con respecto al Achelense que le precede; la
perfección está más en la mente del arqueólogo que en la realidad
tangible de las industrias líticas”, idea compartida por muchos otros
autores como Ardrey (1990), Constable (1993), White et al.
(1993), Fiedler ( 1998), Emiliano Aguirre (1997) y otros. En definitiva, no existe ningún rasgo de transición entre el
fascinante hombre de Cro-Magnon y sus manifestaciones culturales y los homínidos
anteriores, pudiendo afirmar que los supuestos restos de inteligencia
encontrados anteriores al Cro-Magnon no son más que reminiscencias de una
población inteligente de la que derivarían por regresión todos los homínidos
conocidos. Por
si fuera poco, se han probado numerosos casos de canibalismo entre los homínidos,
el H. erectus o, incluso, el hombre de neandertal (Krapina, Zhoukoudian,
Solo, Steinheim, Homo
antecessor y H. erectus de Atapuerca, etc.) (Lambert,
1988; Ardrey, 1990; Kurtén, 1993; White et
al., 1993; Carbonell, 1998). El carroñeo, el canibalismo y la antropofagia
dejan mucho que desear y no parece muy propio de un homínido que ya debería
tener unas costumbres conductuales y sociales lo suficientemente avanzadas,
si pretendemos considerarlo nuestro más reciente antecesor. 4. Ejemplos de regresión en primates: 4.1)
Los primeros antropoides fósiles son antropomorfos hominoideos (Pondaungia,
38 Ma.; Oligopithecus: 35 Ma; Propliopithecus y Aegyptopithecus:
33 Ma). Los monos con cola aparecen más tarde, a finales del Oligoceno
(Platirrinos 30-33 Ma) y en el Mioceno (Cercopitecoides: 25 Ma). Esto llevó
a Kurtén a decir: “Resulta muy curioso, pues parece como si los cercopitecoides hubieran
evolucionado a partir de los primeros hominoides, y no al revés como antaño
se había supuesto” (Kurtén,
1993) 4.2) Algunos de estos primeros hominoideos, como Propliopithecus
presentan ya una dentadura en forma semicircular como la del hombre actual,
motivo por el cual, algunos paleontólogos (Bjorn Kurtén) opinan que están
en la línea filogenetica del H. sapiens. Lo lógico es que exista
este tipo de mandíbula y cara corta en todo el recorrido de la línea
filogenética del hombre. Este paleontologo opina que no sería correcta
–evolutivamente hablando- la aparición de una cara y mandíbula cortas
para luego alargarse de nuevo (Australopithecus, etc.) y luego volver
a acortarse en el H. sapiens, llegando a decir que:
“los primates inferiores descienden del hombre y no viceversa” 4.3)
Algunos tipos de prosimios, como los lemuriformes, aparecen mucho después
que los monos superiores, en el Mioceno, hace unos 25 Ma. Los prosimios más
primitivos son de origen reciente y viven actualmente (como el tarsero, un
tarsiiforme, los galagos o Daubentonia, lemuriformes). 4.4)
Los lemuriformes más antiguos son más modernos que los posteriores y los
actuales, pues algunos representantes se parecen incluso a los Oligopithecus
de El Fayum (hominoideos) y, para algunos autores, adoptaban frecuentemente
la postura bípeda. Ejemplo: Hadropithecus, Archaeolemur (hipertelencefalización
y cara corta) 4.5) El resto de prosimios (Adapiformes y Tarsiiformes) también se
encuentran formas muy avanzadas entre los primeros restos fósiles,
indicando así una gran precocidad en la complejidad que, poco a
poco, se va reduciendo hasta la extinción. Entre estas formas avanzadas
estarían Hoanghonius, Amphipithecus o Lushius,
especies a las que se ha relacionado incluso con los catarrinos. A Hoanghonius,
del que solo se conocen unas pocas piezas mandibulares del Eoceno de China,
se le suele incluir entre los omomiidos, pero también se le relaciona con
los Oligopithecus de El Fayum (Aguirre, 1995), especie que, como ya
hemos visto, podría ser uno de los primeros antropomorfos. Amphipithecus, del Eoceno temprano de Birmania y con unos 50
millones de años de antigüedad, suele incluirse entre los adápidos pero,
tanto por su abierta mandíbula como por su tendencia a la pérdida del
segundo premolar y su proximidad a la fórmula dentaria 2/2-1/1-2/2-3/3,
parece más avanzado que los platirrinos e incluso que algunos catarrinos de
El Fayum, por lo que cada vez se tiende más a incluirlo entre los
antropoides. El caso de Lushius,
incluido también entre los adápidos o entre los omomiidos según el autor,
es similar a los anteriores. Todos estos géneros son propios del
mismo área geográfica (sur de Asia) lo que acentúa los indicios de
parentesco. Chairmanee et
al. (1997) han descrito recientemente un nuevo antropoide del Eoceno tardío
de Tailandia (alrededor de 38 millones de años de antigüedad), denominado Siamopithecus
eocaenus, al que también relacionan con las formas birmanas y con el Aegyptopithecus
de El Fayun, así como con otro antropoide oligocénico de Omán. Estos
autores afirman que tanto Pondaungia
cotteri como Amphipithecus
mogaungensis son verdaderos antropoides, habiendo reunido a todas estas
especies bajo un mismo grupo filogenético. Resulta curioso el hecho de que
estos nuevos hallazgos tienden a confirmar los trabajos clásicos que incluían
a estas dos especies nada menos que entre los póngidos (Buettner-Janusch,
1963). A estos géneros quizás habría que añadir los primeros omomiidos
descubiertos recientemente en África, como Algeripithecus
(Eoceno Medio de Argelia), de la que sus descubridores han dicho que es
“un verdadero simio” o Altiatlasius
(Paleoceno Medio o Superior de Marruecos) (Aguirre, 1995). Diferentes
afinidades podría tener otro género, Smilodectes,
al que algunos autores suponen descendiente de
Notharctus nunienus. Es un primate del Eoceno Inferior de Norteamérica
y Europa (unos 50 Ma), muy similar a los lemures actuales, incluido entre
los adapiformes, del que John Napier ha dicho que podría haber sido el
primer primate que caminó sobre dos patas (Napier, 1979). 4.6) Muchas especies de primates se
encuentran al borde de la extinción. 1)
Así, por ejemplo, en el caso del chimpancé o bonobo del Zaire, algunos etólogos, como Richard Wrangham, han
detectado costumbres insólitas de tipo reproductivo y social que, lejos de
conferirles algún tipo de ventaja evolutiva,
les están llevado al borde de la extinción. Su tasa de natalidad ha
descendido notablemente y el despilfarro energético que producen sus
costumbres sexuales es único en todo el reino animal (Waal, 1993, 1995).
2) Egozcue (1977)
observa que el mono araña (Ateles
geoffroyi) presenta inversiones pericéntricas en determinados
cromosomas que “probablemente le
provocará problemas reproductivos”. Este autor observa también
cromosomas supernumerarios, en la mayor parte de los platirrinos,
“que pueden ocasionarles una
disminución de la fertilidad” 3)
La degeneración de los antropomorfos y antropoides también parece clara,
de tal modo que los casos de comportamiento aparentemente cooperativo
de gorilas, chimpancés y otros
primates, citado por algunos autores, no sería más que una reminiscencia
de anteriores conductas más avanzadas (Ardrey, 1990). Por contra, muchos
autores consideran al chimpancé
-como a los machos de muchas especies de primates- una especie totalmente
egoísta, de la que no sobran casos de canibalismo y crueldad entre los
propios miembros de un clan (Ardrey, 1990). Diamond (1994) afirma que “el
chimpancé y el gorila tienen tantas posibilidades de convertirse en asesinos
como cualquier ser humano” y
observa que los gorilas machos suelen matar a las crías de sus rivales. Las
observaciones de Jane Goodall, sobre los chimpancés
de Gombe en libertad, permitieron conocer un “comportamiento
maternal extraordinariamente indiferente e ineficiente; algunas hembras
matan a las crías de las otras hembras y se las comen y cooperan entre dos
o más hembras para ello” (Gould, 1993). Las hembras de gorila cautivas presentan tan anómalo comportamiento que hasta
llegan a matar a sus crías y aunque se suele atribuir a las condiciones de
estrés, no se suele observar tal conducta en otras especies privadas de
libertad. Además de la degeneración de las costumbres sexuales del bonobo
del Zaire (que para algunos despistados primatólogos, constituyen todo un
éxito evolutivo) que ya citamos, se observan casos similares en otras
especies. La degeneración de las costumbres del gorila,
por ejemplo, parece probada con las afirmaciones de Desmond Morris sobre la
habitual costumbre de esta especie -que no parece precisamente muy avanzada-
de recrearse con sus propios excrementos, conducta que, por cierto, se suele
observar en los zoológicos: "en
el 99% de nidos abandonados de gorila en una región de África, había
excrementos dentro de ellos y en el 73 % de los casos, los animales habían
dormido sobre los mismos.... esto puede constituir un riesgo de enfermedad
al aumentar las probabilidades de infección y constituye una notable
ilustración de la básica indiferencia fecal de los primates” (Morris,
1992). La degeneración del comportamiento parece obvia en las especies
regresivas. 5. Ejemplos de regresión en el H. sapiens
actual: 5.1) El primer indicio de regresión en el hombre actual podría ser la
regresión de la estatura, como demuestran los recientes trabajos de
Kates (1994), la cual ha descendido desde los cerca de 2 metros de
los primeros auriñacenses (González et
al., 1989), a los 1,65 metros del hombre actual (Kelso, 1978). Otros
detalles apuntan en el mismo sentido: los últimos hallazgos de Atapuerca,
por ejemplo, revelan que la pelvis de los homínidos de hace unos 300.000 años
era más amplia que la actual lo que permitía
un parto más holgado y menos complejo; a esto se puede añadir el problema,
que ya de por sí, supone para el parto el excesivo -¿anómalo?-
crecimiento alométrico del cráneo cerebral en relación con el facial
(Valdés, 1981). 5.2)
Relacionada con la anterior tenemos la regresión del cerebro, estudiada
recientemente por Martín (1994), que observa cómo el volumen relativo
medio del cerebro ha venido retrocediendo desde los primeros cromañones
hasta el hombre actual (desde los 1581 cc a los 1436 cc del hombre europeo
moderno), precisamente cuando el hombre ha experimentado sus mayores avances
técnicos 5.3)
Atavismo (despertar de
genes dormidos o mutaciones de genes inhibidores de otros genes que estaban
dormidos) o retroceso hacia lo que Morín y otros autores (1983) denominan condiciones
simiescas. Citan así varias
mutaciones que producen modificaciones morfológicas, como los
pliegues palmarios en la trisomía 21, la cual recuerda a los monos; el tubérculo
de Darwin del pabellón de la oreja, el cual se encuentra presente
en la mayor parte de los cercopitécidos; la soldadura del segundo y tercer
artejo (cigodactilia), que también
se encuentra en los gibones; la disminución del psiquismo,
etc. Entre las mutaciones intramoleculares que producen modificación de los
factores sanguíneos tenemos el grupo
sanguíneo Am, con presencia de A en la saliva y ausencia de hematíes
(propio de los catarrinos cercopitecoideos);
la mutación Mc
parcialmente responsable de la síntesis del factor N al lado de M (cercopitecoideos);
la mutación cD de los negroides
que reproduce una estructura antigénica presente en los antropomorfos, etc.
Ayala (1994a) también nos hace mención de algunos caracteres atávicos
presentes en el hombre como el rudimento
de cola en el esqueleto humano, las aperturas
branquiales de los embriones o el apéndice
vermiforme, un órgano sin función, bien desarrollado en algunos herbívoros 5.4)
Retroceso del comportamiento observado ya desde los primeros Cromañones de hace unos 30.000 años. El hombre artista
aparece ¡¡ de repente !!, en
todo su esplendor creativo (ya desde el auriñaciense), en una explosión de
inteligencia que, según numerosos autores, aun resulta
misteriosa e inexplicable (Bar-Yosef et
al., 1993; Mellars, 1998). Pero esa afirmación se queda corta, pues tal
aparición es sencillamente imposible, pues, aun cuando tratemos de llevar
el origen del hombre de Cro-Magnon hasta los 150.000 ó 200.000 años, la
enorme rapidez de los cambios físicos y culturales acaecidos y el número
de coincidencias simultáneas que tienen que haberse producido para pasar de
un tipo erectus o similar a un
tipo sapiens, resulta
inadmisible. Recordemos que tanto los paleontólogos como los arqueólogos
aun están perplejos ante la dimensión de los radicales cambios que
tuvieron lugar en todos los ámbitos culturales: la tecnología de producción
de herramientas, la expresión simbólica, las pautas de obtención de
alimentos, demografía, organización social, comunicación y estructuras
cognitivas, etc. (Mellars, 1998). La regresión del hombre de Cro-Magnon posterior al Magdaleniense
resulta probada con la presencia de culturas como la Azilense, que participa de la desaparición
del arte Magdaleniense y de la “disgregación
del mundo paleolítico” (Tresguerres, 1990) o la Asturiense, cuyos
representantes volvieron hace unos 7.000 años a “una industria lítica retrograda y carente de toda expresión artística”,
así como a una subsistencia casi limitada a la recolección de moluscos (Cerdá,
1976) 5.5) Retroceso del comportamiento del hombre actual. Todos los especialistas parecen coincidir
también en que uno de los principales rasgos de la hominización tuvo que
ser la adquisición de una conducta cooperativa que, por necesidad
(incremento de la vida social y en familia, vida comunitaria en
cuevas, etc.) tuvo que alcanzar las cotas del tipo de conducta más elevado
que se encuentra en la naturaleza, como es la conducta altruista (sin este
carácter no parece probable que se hubiese creado una especie con una
conducta social tan compleja como la humana). Otros estudios, sin embargo,
sugieren que, si atendemos a los criterios impuestos por la selección
natural, los genes
tienen que ser egoístas pues la selección natural debe primar la
supervivencia de los mismos. Tal y como señala el mismo Dawkins: “si
se desea construir una sociedad en la cual los individuos cooperen
generosamente y con altruismo, al bien común, poca ayuda se puede esperar
de la naturaleza biológica. Tratemos de “enseñar” la generosidad y el
altruismo, porque hemos nacido egoístas”. Esa contradicción se debe, según nuestra hipótesis,
a que la aparición de las funciones mentales superiores, como la capacidad
de raciocinio, enmascaró un comportamiento previo de tipo altruista o
cooperativo, lo que poco a poco ha contribuido y aun contribuye (dada la
preponderancia del intelectualismo y el enculturalismo) a la decadencia del
comportamiento. Citar a los autores que están de acuerdo con esta regresión del
comportamiento, quizás la más importante prueba de regresión del hombre
actual, sería vanal pues nos remitimos a las conclusiones de casi toda la
literatura sobre evolución humana escrita en
los últimos 20 ó 30 años; quizás baste con señalar las obras de
Heinrich Erben (¿Se extinguirá la
raza humana?, 1982), Konrad
Lorenz (Decadencia de lo humano,
1985), Jared Diamond (El
tercer chimpancé, 1994), Richard Dawkins
(El gen egoísta, 1994) o Richard Leakey y Roger Lewin (La
sexta extinción, 1997). La descripción de Diamond de especie asesina,
agresiva, egoísta y evolutivamente inadaptada,
no deja al H. sapiens
precisamente muy bien parado y causan pavor con respecto a la situación de
nuestra especie. 5.6)
Regresión del psiquismo: El mismo argumento se puede citar para afirmar la
regresión del psiquismo (citado por ejemplo, por Morín et al, 1983)
en el que estamos inmersos. Muchos evolucionistas basan el progreso o
incremento de complejidad en la mayor capacidad de independizarse del medio
a través del incremento de la capacidad de observación y percepción del
mismo (Wagensberg). Esta independencia del medio se lograrían entre otras,
precisamente por el incremento de socialización o cooperación (conducta
altruista) de la especie. La capacidad de percepción u observación es una
función mental aferente o de entrada de información que tuvo que quedar
enmascarada con la aparición y desarrollo de las funciones eferentes o de
salida de información (todo filtro -razón o lógica incluida- implica pérdida de
"realidad"). La regresión del psiquismo
está avalada por todas las ciencias que actualmente estudian la consciencia,
como la psicología, la filosofía y la neurología, afirmando todas ellas
que el hombre actúa y vive de forma insconsciente o semi-consciente. Algunos autores (entre
los que se incluye al psicologo Karl Jung) afirman que el hombre es el
resultado de un error evolutivo
ocurrido más o menos durante el Neolítico, el cual podría radicar en una
la desincronización entre el neurocórtex y el hipotálamo. Arthur Koestler
sostenía que algo había ido mal en la evolución del Homo
sapiens sugiriendo que “éste
podría ser una especie biológica aberrante afectada por una imperfección
que afectó a los circuitos de nuestro sistema nervioso” y sugería la
búsqueda de “algún correctivo que reparase ese evidente error evolutivo” (Holroyd,
1993). 6. Mecanismos de la evolución regresiva: 6.1)
Física y Leyes de la Termodinámica: La tendencia a la regresión de
las especies concuerda con la segunda Ley de la Termodinámica que dice que
en un sistema aislado la entropía (que equivale a desorden) crece
constantemente hasta llegar al equilibrio termodinámico o muerte térmica.
Los sistemas no aislados (como los individuos o los ecosistemas) consiguen
estabilizarse (reducen la producción de entropía) intercambiando energía
con el ambiente, pero aun así llegan a ser sistemas complejos a medio
camino entre el orden y el desorden, lo que se conoce como “frontera del
caos”. En el estado estable siempre sobrevienen fluctuaciones o puntos críticos
que finalmente acaban produciendo desorden 6.2) Senilidad genética:
J.M Thoday, genetista de la Universidad de Sheffield, considera que, aun
cuando se mantenga la estabilidad genética, la especiación supone una pérdida
de adaptabilidad genética, ya que la división de una población en dos o más
supone pérdida de alelos y, por tanto, de variabilidad; para este
investigador “la especiación no es
necesariamente progresiva, puesto que implica alguna pérdida de
adaptabilidad genética y el progreso es más probable si la diversidad se
consigue sin especiación, es decir, por la formación de razas separadas
que en algún grado se crucen entre sí” (Thoday, 1962). Las especies
se van agotando
geneticamente (madurando),
bien por una pérdida acumulada de variabilidad, bien por una
excesiva especialización, bien por una pérdida de eficacia, bien por una
mala calidad de la carga genética
acumulada (relación estabilidad-variabilidad u otras) o bien por medio de
mecanismos evolutivos especiales como el atavismo (despertar de genes
dormidos) o la deriva meiótica (por la cual un gen destruye a su homólogo
para pasar en exclusiva a la descendencia; muchos de estos sistemas son
perjudiciales y, si ocurre en el cromosoma “Y”, la población se
extingue en dos o tres generaciones por falta de hembras). El descubrimiento de los genes homeóticos deja
clara la posibilidad de una evolución por atavismo: la evidencia reciente
“muestra que la evolución de los metazoos ha implicado en gran medida
cambios en la expresión de series de genes homeóticos -genes de
activación temprana que determinan el diseño corporal básico de estos
animales- y otros muchos genes
regulados por ellos que intervienen en el desarrollo (Michael Mckinney)
(ver también ejemplo de Drosophila en capítulo atavismo: balancines y
alas). 6.3) Senilidad embriológica. Si la
teoría del equilibrio puntuado recuerda a la interpretación de De Vries de
la teoría de la mutación, la nueva teoría de la evolución epigenética recuerda al concepto de presión de mutación invocado por algunos de los primeros
genetistas (Bowler, 1985). Los partidarios de esta teoría, entre ellos los
puntuacionistas, creen que debe existir una fuerza más poderosa que la
selección natural para mantener la rígida estabilidad de especies bien
establecidas, tal vez una compulsión impuesta en el curso del desarrollo
individual que surgiría del hecho de que la ontogenia debe seguir un modelo
viable con el cual no serían compatibles muchas de las mutaciones al azar.
Mientras que los caracteres determinados por los primeros estadios del
desarrollo serían muy rígidos (y los primerísimos, casi inmutables), los
últimos serían más flexibles y susceptibles a cambios.
Sin embargo, las mutaciones podrían producirse, incluso en los
estadios iniciales, cuando tales compulsiones desaparecen, en circunstancias
excepcionales, permitiendo un cambio rápido hacia un modelo nuevo de
desarrollo. En una palabra, la producción de caracteres nuevos durante la
especiación no ocurriría totalmente al azar como propone la selección
natural. El modelo existente de desarrollo solo puede
permitir el cambio en determinadas direcciones produciendo una predisposición
que dirige la evolución con independencia de la selección. Esta referencia
a la ontogenia como fuerza directora recuerda a la ortogénesis “y demuestra que algunos aspectos de las posiciones antidarwinistas
antiguas pueden tener alguna validez” (Bowler, 1985). La creación de
nuevos modelos viables de desarrollo puede resultar de una pequeña mutación
que afecte a las primeras etapas del crecimiento, haciendo posible la
evolución por saltos que preconizan los saltacionistas. Algunos creen que
esos cambios constituyen la única fuente de nuevos caracteres identificándose
con las olvidadas ideas de Goldschmidt y Schindewolf. Así pues, existen unas reglas físicas que canalizan
el desarrollo hasta llevar al organismo a un estado estacionario, lo que
quiere decir que no todos los caminos son válidos para la evolución. De
todo esto se sigue que el desarrollo presenta una especie de plasticidad
inicial que se va estrechando a lo largo de la filogenia, tal y como
demuestra la precocidad de la
complejidad que se observa en la naturaleza. Es, obviamente, una
senilidad embriológica similar o paralela a la senilidad genética que ya
citamos. 7. Conclusiones: 7.1)
En la naturaleza, como en todo lo existente, existen ciclos claros
de progreso y decadencia 7.2)
Parece existir un único eje a lo largo del cual aun se evidencia progreso:
el último eslabón de la complejidad sería la consciencia humana y parece
obvio que tal progreso aun podría continuar. El resto de las líneas
parecen tender hacia la simple diversificación, la estabilidad, el retroceso y la
simplicidad 7.3)
Según la hipótesis regresiva, los homínidos podrían haber aparecido ya
en el Mioceno (¡esta predicción ya se ha cumplido!) 7.4)
A pesar del éxito abrumador de la teoría de la selección natural, nunca
ha logrado imponerse por completo y de una forma clara. Crecen los
partidarios de la idea de que la Teoría Sintética de la Evolución está
incompleta y que sólo constituye una parte de la historia evolutiva. 7.5)
En la nueva teoría evolutiva, que surgirá inevitablemente en los próximos
años, la evolución tendría lugar por saltos aparentes (o graduación rápida
o súbita), en cada uno de los cuales aumentaría
la complejidad hasta un máximo, tras el cual el grupo o línea entraría en
senilidad y regresión. La selección natural y la adaptación son un filtro
posterior al cambio en sí mismo 7.6)
Se constata una regresión del psiquismo en el Homo sapiens,
manifestado en la pérdida de las funciones mentales más avanzadas como son
la capacidad de percepción y observación (de información). Esto podría
indicar un estancamiento en el avance (en complejidad) de la línea
progresiva absoluta que citamos más arriba 7.7)
La direccionalidad que aparenta la evolución y sus consecuencias, podría
servir de acicate para abrir (o mejor, reabrir) un nuevo debate filosófico
sobre el papel del hombre en el ecosistema global.... debate del que huyen
muchos científicos, pero que, dada la deplorable situación psíquica del H.
sapiens actual, quizás sea conveniente recuperar
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