Me habéis confiado el pregón de la Semana Santa
Ovetense. Me he dejado convencer fácilmente ante vuestro deseo y os
doy las gracias. Comienzo por afirmar que no me cabe la menor duda de
que, siglos atrás, si el franciscanismo dejó su huella secular con
este estilo de procesiones de Semana Santa en villas como Villaviciosa
y Avilés, donde se asentaban sus conventos de frailes menores, con
mayor motivo sucedería lo mismo en Oviedo, donde primero tuvo su
asiento y con más prestigio la orden mendicante del pobrecito de Asís.
Tal vez, la diferencia se haya manifestado después
de la desamortización, porque mientras las iglesias franciscanas de
Villaviciosa y Avilés se salvaron de la gran hecatombe
desamortizadora, la de Oviedo, a pesar de ser la mejor de ellas, será
demolida a fines del siglo pasado para construir en su lugar el
palacio de la Diputación, con lo que algunas cofradías se quedan sin
marco propio, sin asiento seguro, aunque las imágenes hayan ido a
parar a otros templos como San Juan el Real de Oviedo y Congostinas de
Pola de Lena por citar dos de ellos.
LA SEMANA SANTA OVETENSE, en cuanto a su
manifestación externa procesional, estaba más que dormida, muerta, y
ha revivido porque la habéis resucitado Se había perdido y la habéis
encontrado después de un cuarto de siglo.
Nació con entusiasmo prolífico a principios del los
años cincuenta. Tal vez le faltaban raíces profundas, y cuando
vinieron los vientos de la comodidad, traídos en alas del desarrollo
económico de los años sesenta, con la facilidad del coche utilitario
para huir de vacaciones, también en Semana Santa, el techo espiritual
de aquellos años se vino abajo fácilmente, cuando el "aggiornamento"
posconciliar olvidó también que quitar y no poner es descomponer.
También, cuando las facilidades de un Estado
Confesional han sido grandes apareció fácilmente el cansancio de los
buenos, ante la oportunidad de decir que lo hagan otros. Así las
cosas, sin cofrades, las Cofradías desaparecieron. Pero, ahora, un
tanto de vuelta del rodaje posconciliar, a pesar de que el Vaticano II
nunca dejó de poner su confianza en la religiosidad popular, pasado un
cuarto de siglo, rebrota el entusiasmo. ¿Por qué? PORQUE LA VUELTA DEL
LAICISMO ACONFESIONAL, promovido por la Constitución, no entraña en
teoría hostilidad, pero los que no nos hemos tragado semejante
anzuelo, por experiencia de la vida, constatamos que ese laicismo se
ha convertido en oposición con burla abundante de cuanto significa el
fervor religioso procesional de Semana Santa. Con ese fin, han surgido
los carnavales con virulencia anticlerical y máscaras para reírse
impunemente de lo más sagrado, con actitudes y escenas sacrílegas,
promocionados con el dinero del pueblo creyente, lo que la ley no
toleraba en los tiempos de laicismo duro de la segunda República.
Hacer burla de lo divino y de lo humano; reírse de
Cristo en persona a quien azotan públicamente profiriendo blasfemias
por la calle; simular repartir la Eucaristía en plena juerga
carnavaliega; invitar al pecado, revestidos unos con casullas, otros
de obispos y también reírse del Vicario de Cristo. Tal degradación en
una Asturias tan desmantelada de todo, después de haber gozado de una
promoción en todo, ha provocado una reacción espontánea en distintos
lugares de tomar en serio el misterio de la Pasión y Muerte del
Redentor.
Y, así como la trapería enarbolada durante casi un
año en la torre de la Catedral despertó el enojo de la ciudad que
padeció semejante vergüenza, de la misma manera, aunque no se
programaran las procesiones de Semana Santa, no por eso dejaba de ir
“la procesión por dentro” la procesión del alma ovetense o saco los
colores a la cara.
HABÉIS VUELTO A VUESTROS PASOS TRADICIONALES de N.
PADRE JESÚS NAZARENO, con sede de la hermandad en Santo Domingo desde
el siglo pasado, con novena tradicional muy concurrida que culmina en
el Viernes del Nazareno. Procesión recuperada el año 1.995 después de
26 años de decadencia. Al atardecer del Miércoles Santo, 250 cofrades
entre hombres y mujeres visten el hábito penitencial morado y desfilan
portante el paso cuajado de claveles rojos del dolor sangrante,
llegando tras largo recorrido a la Plaza de la Catedral, donde se reza
el Viacrucis, siguiendo las estaciones representadas en catorce
estandartes. Después retorna a su sede de Santo Domingo por las
estrechas calles del casco antiguo de esta bella ciudad.
En 1.996 se funda la HERMANDAD DE JESÚS CAUTIVO,
con sede en la parroquia de San Juan el Real, donde se venera su
imagen. Dice relación con la extinta Cofradía de la Merced, fundada en
1952, cuando yo era coadjutor en dicha parroquia. Fue la que inició la
procesión del Jesús Cautivo en la noche del Jueves Santo, llegando a
la Plaza Porlier, ante la Audiencia, donde la Justicia soltaba un
preso, no sin antes leer desde el balcón de la Audiencia el relato
evangélico del prendimiento de Cristo en Getsemaní como si se tratase
de un vulgar ladrón.
Me consta que este año incorporáis un nuevo paso de
Nuestra Señora de la Merced, copatrona de la Hermandad, cuya talla del
escultor asturiano José Luís Iglesias ha sido bendecida el pasado 28
de marzo. Adornada con claveles blancos mustios de sol y de pena,
seguirá a su hijo cautivo bajo palio, para que no la vean llorar las
estrellas. El, primero en el dolor y la ejemplaridad. Ella detrás
llorando por El. El delante, ganando la gracia con su sangre y su
mérito de Dios, pidiendo al Padre nuestra libertad, rompiendo nuestras
cadenas. Y Ella detrás distribuyendo esa gracia con sus manos de
Mediadora Universal, la Virgen de la Merced.
A Cristo le acompañáis dándole valor porque es
hombre. Pero a Ella la consoláis por el doble motivo de mujer y Madre.
Y la procesión del SANTO ENTIERRO Y DE NUESTRA
SEÑORA DE LOS DOLORES.
Cristo muerto. Sin vida el que la Vida. Sin vida,
porque nos ha dado su vida para que tengamos vida en abundancia. Sin
vida para poder dar muerte a la muerte, garantía de nuestra vida
eterna.
Y detrás, Nuestra Señora de los Dolores, la que
llora en todas las iglesias del mundo, atravesada por siete espadas.
Amor de mujer traspasado por un puñal, adorada por la piedad y la fe.
Si triste es la mirada de Cristo en pena...qué
hermosa es la mirada de María de gracia plena.
Al Cristo Yacente le acompaña el lúgubre redoble
del tambor imponiendo el paso del silencio.
Y a María, mujer que llora, se la consuela con
música suave y arrulladora de la Banda Municipal.
Todo tiene un sentido teológico: la clase de flores
y la música; el valor del Cordero camino del suplicio y el mimo de
ternura a la Madre sin consuelo, cuyo rostro es un joyero de lágrimas.
Así marcha vuestra Semana Santa: Frente a los que
miran de reojo a la Iglesia intentando encerrarla en la Sacristía para
que no se vea ni se oiga, vosotros sacáis la Pasión y Muerte de Cristo
a la calle ante el martirio de la indiferencia, cuando no el desdén,
de algunos, pero en base al sentido fervor religioso, convencidos que
Cristo paso haciendo el Bien.
Cristo no fracasa si nosotros no queremos; si
nosotros queremos ser testigos que aceptan, viven y predican su
Evangelio.
Cristo hace siempre el milagro si nosotros llenamos
siempre las tinajas del agua de nuestra auténtica voluntad para que la
convierta en vino de la mejor calidad.
Cristo lleva siempre la luz a todos los ciegos que
creyendo en El quieren ver, porque no hay peor ciego que el que no
quiere ver.
Cristo se sirve de vuestros pies descalzos
penitenciales para acompañarle en el camino del Calvario.
Cristo se sirve de vuestros hábitos morados para
ocultar en la humildad y en el silencio el sacrificio que reconocéis
en el Redentor.
Cristo se sirve hasta de los costaleros, donde los
haya, cuando arriman el hombro para cargar con el paso como cirineos
que aman a quien primero les amó.
Así marcháis en procesión de silencio y fervor,
llevando la procesión por dentro, en el ama de quien siente necesidad
de amar al Amor. Así predicáis invitando a entrar en Cristo a cuantos
viendo los pasos procesionales, catequesis pública, vayan al
Hecho culminante de la Historia que se conmemora y que en todo tiempo
nos acompaña.
Eso es y debe ser nuestra Semana Santa procesional:
una religiosidad popular externa, reflejo de la conmemoración de los
misterios litúrgicos de nuestros templos y de nuestros corazones, que
enciende actitudes y sentimientos como no se dan en el recordatorio de
ningún otro hecho histórico: veneración admirativa, gratitud
emocionada, deseo de purificación y conversión, y esperanza que no
decepciona.
En un mundo desesperanzado, LOS NAZARENOS vivís en
la alegría de la esperanza, llevando a Cristo que da sentido a la
historia humana como camino de cruz y resurrección.
Paso del Nazareno con el encanto de todo el suelo
sembrado de claveles rojos que evocan la amargura de la sangre viva.
Porque el Nazareno es la víctima que lleva sobre sí los pecados de
todos, todos le llevamos en silencio respetando su dolor.
LOS QUE LLEVÁIS A JESÚS CAUTIVO regaláis el
consuelo de la libertad a tantos prisioneros esclavos de sus pasiones,
creyéndose que son libres, que no entienden de libertad cuando el
libertinaje les somete a esclavitud de una segunda naturaleza, la del
vicio.
¡Cuánta drogadicción de cerebros descerebrados que
hace un cuarto de siglo no padecía nuestra sociedad! ¡Cuánto enfermo
del sida, porque el vicio de la lujuria les priva de la alegría más
bella, la de la castidad! ¡Cuánta miseria Señor, cuando el hombre se
aparta de tí conculcando tu ley!
Y LOS QUE PORTÁIS EL PASO DE CRISTO MUERTO EN EL
SANTO ENTIERRO, vais rumiando el grito del centurión
romano:"Verdaderamente este es el Hijo de Dios". Vais paladeando las
últimas palabras de Dios:"Padre, perdónales... " "Hoy estarás conmigo
en el paraíso", "Tengo sed", Dios mío, Dios mío, por qué me has
abandonado?”Hijo, ahí tienes a tu Madre..." "A tus manos encomiendo mi
espíritu", "Todo se ha consumado" e "inclinando su cabeza, expiró".
ENHORABUENA COFRADES OVETENSES que vivís la Semana
Santa por el cauce de la tradición cristiana, de suerte que contribuya
a suscitar en los corazones la atención expectante hacia el misterio
luminoso que esclarece los enigmas del hombre.
A ello contribuyen los pasos procesionales que
representan hechos históricos que irradian ideas e iluminan la vida
histórica de los hombres con actitudes y sentimientos que se reiteran
con fidelidad ritual cada año.
Vivid con veneración admirativa la belleza de
vuestros pasos; con gratitud emocionada el hálito del espíritu
cristiano, que circula hecho amor en vuestra mente, en vuestra alma, y
en todo vuestro ser, y que ello nos obligue a todos a un deseo
profundo de purificación y conversión, y que sintáis el privilegio de
la alegría de sentiros acompañados de Jesucristo Cautivo por nuestros
pecados; de un Cristo oprimido por el peso de la Cruz que le hace caer
para que nosotros nos levantemos con El; y de un Cristo yacente que
con su muerte nos da la vida, que con su resurrección da muerte a la
muerte, y que con la buena noticia del Evangelio nos invita esta noche
a ser pregoneros de la alegría de la fe. Es un hecho que SIN VOSOTROS
NO HABRÍA SEMANA SANTA OVETENSE, no saldría a la calle la Pasión y
Muerte del Señor. Celebrad religiosamente en vuestras
procesiones el hecho salvador. No perdáis nunca este norte. Para ello,
rechazad por principio rivalidades deplorables, antagonismos
estériles, vanaglorias petulantes y protagonismos ridículos. Aquí no
se trata de un espectáculo de ver quién gana o quien lo hace mejor.
Aquí no hay más protagonista que Cristo. No olvidéis que os estáis
jugando el valor de la vida si no procuráis que esta sirva para
iluminar el último acto del vivir sensible que es morir en los brazos
de Cristo No olvidéis nunca que las tres Hermandades de cofrades, con
sus correspondientes pasos procesionales dicen referencia al Hijo de
Dios que con su revelación sale al encuentro del hombre.
No olvidéis que la fe cristiana se funda en el
hecho iluminador incorporado a nuestra historia, que se llama
Jesucristo, y que esta fe no es simple proyección de deseos, sino
celebración de una historia. De ahí, la alegría que tiene que alentar
vuestro espíritu, porque Dios sale al encuentro del hombre que busca.
En las demás religiones el hombre busca a Dios; en
la nuestra, además, es Dios quien viene en Persona a hablar de sí
mismo al hombre y a mostrarle el camino por el cual es posible
alcanzarlo diciéndonos "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida" SOIS
UNOS PRIVILEGIADOS. Cuando lleváis en procesión al Nazareno, al Jesús
Cautivo o Yacente, es Cristo el que os busca a vosotros y espera la
respuesta de vuestra fe, como una antorcha que ilumina el camino
de los demás hermanos. Sois representantes no de lo invisible, sino de
lo que se hizo visible: Jesucristo.
Id buscando siempre a Cristo en vuestra vida, pues,
para eso dice San Agustín a Dios: "Por Cristo nos has buscado a los
que no te buscábamos, y nos has buscado para que te buscásemos" Salís
en procesión porque no os avergonzáis del Evangelio, como dice S.
Pablo a los Romanos. Y llevadlo siempre a la sombra de su Madre y
Madre nuestra: la Virgen de la Merced y la Virgen de los Dolores. Con
ello valoráis el mérito de María arropada por un grupúsculo de fieles
acompañando a Jesús hacia el calvario, en medio de una masa de
indiferencia, odio, cobardía y traición, eso que tanto abunda hoy. AL
NAZARENO LE HA LLEGADO LA HORA.
El enemigo le odiaba, pero le temía. No había
llegado su hora hasta que apareció un traidor. Nunca falta un traidor.
El miedo del enemigo se disipa cuando el traidor, ciego por el dinero
"no se puede servir a dos señores", contrata su entrega: "yo os lo
entregaré" pero, cuánto me dais? Judas, "uno de los Doce" está loco de
atar, pero atarán a Jesús cautivo antes que a él, y él, luego, se
atará la soga al cuello.
Verdaderamente, "entró Satanás en Judas". Bien lo
sabía Jesús que dijo: "en medio de vosotros hay uno que me va a
entregar"! Es uno de los Doce escogidos por El.
“¿Acaso soy yo?" Y poseído de Satanás comulga
sacrilegamente, no se arrepiente de su traición."Salió fuera, y era de
noche" De noche todos los traidores son negros. Cuando el alma se hace
negra como una noche de boca de lobo.
"Llegó la hora" no de desenvainar la espada, sino
de beber el cáliz que me ha dado el Padre. "La hora" de defender a los
suyos y de que estos le abandonen despavoridos. "La Hora" de callar
ante las Fuerzas que llaman Justicia. "La Hora" de la bofetada del
alguacil dé turno y de las que te esperan por responder así al
Pontífice.
Sí, es la hora del burladero de la justicia humana
y de los golpes a cara cubierta, para que adivines en la oscuridad de
nuestras tinieblas "quién te pegó." Es la hora de decirle, "mucho más
insultándole", y! qué insultos! Es la hora de sentarse ante el
tribunal de las tinieblas, antes de sentarse con pleno derecho a la
derecha del Padre.
Y Cristo se sienta ante el tribunal del Sanedrín.
Es la hora de los grandes sacerdotes y los sabios
sabihondos, frente al Sumo y Eterno Sacerdote de sabiduría infinita.
Es la hora de buscar testigos aunque sean falsos. Se les paga y… a
otra cosa.
Es la hora de que nos digas con toda claridad si
"tú eres el hijo de Dios" Es la hora de rasgarse las vestiduras del
Pontífice Caifas, cuando Cristo se atreve a blasfemar, afirmando que
sí es el Hijo de Dios. Es la hora del grito ¡Crucifícale!
Señores, "reo es de muerte". Se levanta la sesión.
Y aquí no ha pasado nada, porque mientras el Pueblo soberano duerme,
como de costumbre, nosotros hemos jugado la gran baza ganando la
partida.
Y Cristo, como predijo Isaías, marcha como un
cordero manso al matadero, Y junto a El marcháis en silencio religioso
los cofrades al paso del lúgubre tambor porque la fe no os permite
avergonzaros de El.
ÁNGEL GARRALDA GARCÍA
Párroco de San Nicolás de Bari (Avilés)