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        Divulgación   >    Recuerdos del pueblo I   Frutos del pueblo I

 RECUERDOS DE MI VIDA EN LA MATA.
ASI SE VIVÍA EN LA MATA MES A MES: ENERO

Adolfo Fernández López

El comienzo de ENERO coincide con el fin de las Navidades, por eso en las largas noches seguían las reuniones entre vecinos, con agradables tertulias y juegos de cartas, en las que no faltaban las nueces tostadas, manzanas asadas y el fin de las castañas y turrones.
Era un mes muy temido por su dura meteorología, siempre lo recuerdo con las calles llenas de nieve y grandes carámbanos de hielo colgando de los tejados. Las heladas eran terribles.
Aunque las labores del campo estaban suspendidas por el mal tiempo a los habitantes del pueblo no les faltaba trabajo.
Las mujeres además de las labores cotidianas, preparar los desayunos, comidas y cenas, lavar la ropa a mano, plancharla, traer el agua en grandes cubos para el gasto de la casa, amasar el pan, curar la matanza, etc., etc., aprovechaban este tiempo para tejer fuertes calcetines de lana de sus ovejas que ellas mismas hilaban, o lo mandaban a hacer a alguna si ellas mismas no sabían hacerlo.
Como tanto el ganado vacuno, como el ganado menudo (cabras y ovejas) permanencia estabulado casi todo el tiempo de invierno, los hombres lo primero que se ocupaban era de darles de comer, ordeñar, limpiar las cuadras, etc. Luego miraban de tener todas las herramientas renovadas: poner dientes a los rastros y a las bieldas, arreglar y poner mangos nuevos a los arados, etc. Lo primero dar brea a las palas para tenerlas preparadas cuando sonaran las 6 campanadas dadas por el presidente del pueblo llamando a “hacendera”. Esta solía ser para espalar las calles del pueblo para que se pudiera ir a por agua a la fuente, a misa, los niños a la escuela, etc. Cuando mandaban espalar la carretera para poder salir del pueblo era más trabajoso, se espalaba hasta el Cantón por el norte y hasta Rioseco por el sur que eran los términos del pueblo.
A primeros de año se solía nombrar a los mayordomos de la iglesia que solía ser corresponder a un matrimonio joven. Los mayordomos salientes informaban a los nuevos de sus obligaciones: el mayordomo tenía que encargarse de todas las cuestiones de la iglesia: goteras, cerraduras etc., encender los dos faroles que acompañaban al bendito Cristo cuando salía de procesión o a llevar el santo viático a algún enfermo grave. Ayudar a tapar los santos con un paño morado al comienzo de la Semana de Pasión, que es la anterior a la Semana Santa, así como destaparlos cuando se cantara el Gloria en Domingo de Pascua de Resurrección, montar el monumento para los días de Jueves y Viernes Santo y estos días estar pendiente del pabilo o mecha de las hachas y velas que lucían en el mismo. Preparar las ramas de pino, laurel o boj que una vez bendecidas se entregaban a los feligreses en Domingo de Ramos en la misa, etc.
La mayordoma era la encargada de barrer la iglesia todos los sábados de aquel año, adornar los ramos mejores, uno para el sacerdote y otro para el mayordomo, que luego lucirían en la procesión del Domingo de Ramos; Buscar flores y adornos para el Monumento, etc.
El día 17 de enero, San Antonio Abad, patrono de los animales domésticos solía bendecir algunos el sr. Párroco, y al final de la tarde salía la junta vecinal y el mayordomo a pedir por las casas. Reunían algunas docenas de patas y orejas de cerdo y algunos kilos de alubias que se subastaban y el importe se entregaba para el sustento de la iglesia.
Los últimos días de Enero, cuando “los Santos de las botas”, solían caer buenas nevadas pero alguna vez llegaba también la lluvia y venían las riadas. Creo que era el día 28 cuando se celebraba la misa solemne de San Tirso en la Ermita, a la que acudíamos desde los tres pueblos, pero muchos años no era fácil o posible asistir porque al llegar al puente para pasar a la ermita había personas que no cruzaban por miedo a marchar con el puente. Eran muchos los años que el puente de Pardesivil lo llevaban las riadas y el de La Mata no quedaba en pie. Luego los vecinos iban por los sotos a buscar las vigas con sus distintas marcas, y mientras se reparaban quedaban aislados los montes.
Yo tengo muchos recuerdos de los “eneros” pasados en la Mata siendo niño, adolescente, joven y adulto (1922-1962).

     

Empiezo evocando la situación de mi casa. La casa de mi tío Placido y la de mi tía Petronila estaban separadas por la rodera y un simple sendero que nos separaba de la rinconada. La vivienda de mi tía Petronila, más conocida como la de Don Lucas, estaba enfrente de la vivienda de Eliseo; Enfrente de la Rodera estaba la fragua del herrero que por detrás estaba la finca del tío Lisardo. Esta finca tenía una pequeña fuente que durante enero tenía sus aguas extendidas por la finca de forma que en febrero ya segaba la hierba para sus tres vacas. En esta finca de mi tía Petronila esta ahora asentado el chalet de Isabel.
Mi tía Petronila tenía un casero llamado el tío Anilo. Estos tres vecinos: mi padre Gregorio, mi tío Plácido y el tío Anilo, tenían bastantes hijos con edades parecidas.
Mi vida como niño creo que ha sido lo más feliz y mucho se debe a tener tantos hermanos mayores, pues todos te quieren tanto que cuando empiezas a andar de la mano de cualquiera de ellos te llevan a ver los animales, como son los bueyes, las vacas y sus ternerines, las cabras y ovejas con sus crías, los conejos o los cerdos a los que tenía mucho miedo, las aves, las gallinas, palomas, curros y pavos acompañados de pardales y pegaratas, o sea gorriones y urracas. Así los conocimientos se ampliaban mucho de forma que a los 5 años en compañía de Demetrio, Pepe y mi primo Luís, y mi hermana más pequeña Ángeles ya nos juntamos y jugamos a cosas de niños.
La venida de los Reyes era cosa que se imaginaba muy grande, nos acostaban muy pronto porque los Reyes -decían- si te veían despierto no entraban. En la cama, con los ojos cerrados, pensabas si vienen en caballos blancos y está nevando como entraran por la ventana…y con este pensamiento me quedo dormido. De estos primeros cinco años no puedo olvidar a mi hermana y madrina Consuelo, no se me olvidan sus consejos, y algún azote.
A los seis años empecé a ir a la escuela, muy arropado por mis hermanos Paco, Juanita y Antonio. Llevaba una cartilla con las primeras letras y una pequeña pizarra para hacer palotes. En la escuela había un cuadro en la pared con 100 bolas para empezar a contar. El señor cura me entrega un cartón con preguntas y respuestas para misa que entonces se celebraba de espaldas al pueblo. Para Antonio, por su edad, es su último año como escolar y sacristán y con muchas anécdotas como ya he contado en otras ocasiones.
Ya de más mayor recuerdo que, como los días eran tan pequeños  y siempre con heladas, nieve, nieblas o lluvias, poco se podía hacer. Te dedicabas al ganado vacuno y menudo. Si salía el rebaño te ibas hasta la carretera para hablar con otros vecinos. En casa hacer leña o en la cuadra hacer tarucos o mangos para las azadas. También se iba a la fragua para afilar las herramientas, las rejas de los arados…había que ayudar al herrero de forma que cuando el herrero metía la reja en la lumbre había que coger la cadena del fuelle grande y cuando sacaba la reja sobre el yunque había que coger una gran maza. El herrero daba con el martillo y yo tenía que dar en el mismo sitio algunas veces fuertes otras más suaves, al final solo él, de forma que la reja quedaba estupendamente bien y la metía en un bidón con agua. Al lado de la fragua estaba el potro donde se herraba a los animales de labranza.
Por las tardes nos dedicábamos a escoger todos los sacos de alubias en cribas encima de la mesa de la cocina. Nos llevaba unos días para dejarlas listas para la venta. No se podía olvidar de hacer lumbre en la cocina del horno. A últimos de este mes ya se subía para la despensa, con ventana al norte, los varales de chorizos, morcillas, lomos, etc., se salaban las piernas de los castrones y las panzas de tocino que estaban en sal. Los jamones tardaban un poco más en sacarlos y cuando se sacaban se limpiaban bien y se colgaban en la cocina del horno.

 


FRUTOS DEL PUEBLO (5): EL SAUCO Y LA UVA
                                                                                   Plácido Fernández García

 El Sauco.
 El saúco (sambucus nigra) es un arbusto de tres a diez metros de altura con una corteza rugosa de color gris. De flor amarilla y olorosa y frutos negros en racimo circular.
Se crían en los bosques frondosos, en la maleza, en los vertederos y en los alrededores de zonas habitadas.
La época de floración es entre junio y agosto. Las flores se cosechan en junio y los frutos entre agosto y septiembre.
Hay un criterio extendido de que son venenosos. No es así aunque si se toman verdes pueden ser tóxicos. Es mejor tomarlos muy maduros o cocinados.
 Propiedades:         
Muchas y buenas: En el aspecto nutritivo, aportan vitamina C y B3 y muchas grasas sanas como ácido linoléico.
Y en el aspecto medicinal tiene muchas propiedades: la infusión de flores aumenta la sudoración y expulsión de flemas en los catarros.
Es diurético. Alivia los dolores musculares (agujetas) o dolores de reuma. Aplicado a la piel. Tonifica en situaciones de estrés y de ligeros trastornos nerviosos, como los insomnios, las migrañas, los dolores de cabeza.
Una receta:
A un litro de agua hirviendo se le añade un racimo de flor de saúco bien florecido y reciente. Añade dos limones en rodajas , dos cucharadas de miel, y medio vaso de vino blanco. Deja macerar tres días removiendo dos veces al día. El líquido se filtra y se guarda en botellas de vidrio. Dejar reposar una semana. Forma una especie de almíbar de saúco.

 La uva
Las parras forman parte de cualquiera de nuestros paisajes. Aunque en la Mata se ha dejado de cultivar las viñas, siempre hay alguna parra por la huertas o en los corrales.
Es una de las frutas más antiguas, desde el origen de la humanidad. Fruta muy apreciada y de las de mayor poder energético (70 calorías cada 100 gramos). Son innumerables sus propiedades. Vitaminas A y B (potasio y hierro). De la pepita se extrae un aceite que regula el colesterol.
En el aspecto medicinal tiene propiedades antioxidantes y antiplaquetarias ( contra enfermedades cardiovasculares) Ahora sabemos que un buen vaso de vino tinto es aconsejable en las comidas ( sin pasarse) Parece que fueron los franceses quienes descubrieron esto al tomar sus buenos vinos.
Las uvas son buenas para eliminar toxinas y preparar el cuerpo para la llegada del invierno. Lo dicho que es bueno comer uvas con frecuencia por los muchos efectos buenos que tienen.
Y si te sobran, las conservas como pasas naturales.

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