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Boletín
92 - Navidad 2003
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Portadas I
Editorial
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Breves notas biográficas y fotográficas de los hijos de Mauro Alvarez y Carmen Flórez cuyas genealogías se ofrecen en las páginas 15,16 y 17.
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Francisca y Jerónimo |
Félix y Candida |
Francisca se casó en La Vecilla con Jerónimo Alvarez, guardia civil, y vivieron en La Vecilla, Pola de Gordón, Vegamián y León
Félix y Cándida vivieron en La Mata, en la casa familiar de ella y se dedicaron a la labranza.
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| Anacleta con sus hijos Julio, Luisa y Lola. |
Simón y Paulina |
Protasio y Tomasa |
Símón se casó con Paulina Bermejo en Sahagún, y de profesión ferroviarios, vivieron en La Robla, Pola de Gordón, Paradilla, Busdongo y León.
Anacleta, que enviudó joven, vivió en Aranjuez con su esposo Manuel Cuesta, natural de Aranjuez y agricultor.
Protasio, casado en Sta. Colomba con Tomasa Robles, ejerció de pastor en esta localidad.
No se dispone de fotografías de Graciano casado con Mª Luz Llamera, se dedicaron en La Mata a las labores del campo.
María y Florinda vivieron y trabajaron en Madrid.
EN MARZO, 25 AÑOS
Hace diez años,
el Boletín "La Mata de Curueño, un Pueblo que nos Une"
celebraba la publicación del nº 50 desde su inicio en 1979.
Era momento para hacer algo extraordinario
y lo hicimos por medio de la elaboración de un
"!Especial Aniversario!"
Entonces lo conmemoramos por medio
de las opiniones de cerca de 20 personas
que plasmaron en sus páginas
la admiración, gratitud y expectativas que sentían,
con la Crónica de sus comienzos, consolidación y continuidad,
de la llamativa reproducción fotográfica de las 50 portadas
y de la elaboración de un índice temático de lo publicado.
Ahora, por muchos y con más gratitud,
cuando nuestro "La Mata de Curueño, un Pueblo que nos Une" alcanza
sus "bodas de plata" ,
estamos obligados a hacer alguna actuación extraordinaria.
El próximo número, 93 de la Primavera de 2004,
debe expresar más palabras y sentimientos
que las de quienes habitualmente colaboran.
Esperamos que esta llamada del Boletín
consiga una nueva y abundante riqueza de colaboraciones
y que le engalane de manera especial porque se celebra
una verdadera e inigualable fiesta de los Hijos del Pueblo.
HACE 20 AÑOS
En diciembre de 1983, el nº 20, un sencillo recuadro en la página segunda del Boletín deseaba Feliz Navidad a la querida y recordada Gran Familia que residía en España, Francia, Bélgica, Suiza, Estados Unidos, México y Argentina.
Adolfo Fernández López, recordaba las "navidades aquellas", mencionando, en particular, la cena de Nochebuena, el día de "los inocentes" con la petición de alguna cosa que "pagaban aquellos" y el día de Reyes, encontrando algo para todos, recibiendo el aguinaldo de familiares y las castañas cocidas del párroco D. Teodoro.
En Noticias de La Mata y de Los Hijos del Pueblo daban mucho de sí para comunicar al actividad del pueblo y de sus vecinos de manera similar a como continuamos haciéndolo: casa nuevas de Celestina Bayón y Angel Aguado, despedida de D. Anastasio como párroco, bodas de Genma Miranda y Toña Alvarez, fallecimiento de Gustavo David López Celarayn, cartas recibidas, visitas, etc. etc. Miros reseñaba cuanto se hizo por la llegada al pueblo de Goro Rodríguez después de muchos años.
Fernando iniciaba la relación de cumpleaños de nuestra gente indicando los de enero y febrero -continuaría en los siguientes números- ya que "si cada cumpleaños es una tarde en el poniente de nuestras vidas, también es presagio de otros bellos amaneceres".
Por medio de "recordatorios" se mencionaba la Restauración de la iglesia parroquial de 1943, la santa Misión de 1947 y la bendición de la imagen de la Virgen del Camino de 1948.
D. Anastasio Alonso hacía historia de la Ermita de Sta. Elena, la cual se encontraba al inicio del valle de "Roseco" de la que quedan "pocas huellas, pero suficientes para constatar y situar acontecimientos que fueron vividos y forman parte del pueblo de La Mata". Se completaba con un directorio de direcciones.
HACE 10 AÑOS
Un crisma en la primera página del nº 52, en 1993, deseaba Paz y Felicidad para el año siguiente, como se dedicaban varias páginas a la Crónica de las Fiestas del verano, resaltando el Homenaje a Francisco Martín y a José Sierra.
Se pueden hojear los datos del "análisis" del agua de nuestras fuentes -del Cubilón, de La Llamosa y del Mayoralgo-; el Diccionario Lugareño que recordaba alguno de nuestros hablares que comienzan por la letra "D"; la referencia del periódico "La Crónica 16 de León" a nuestro restaurante "Las Colineras"; se mencionan algunos apellidos de familias de La Cándana y Sopeña ya que se publicó un libro sobre esos pueblos próximos; los "Aluches" de antaño eran recordados por Adolfo Fernández y Joaquín García Gafo lo hacía con los "trabajos" para obtener miel, etc.
María Jesús nos alegraba ya con las noticias, siempre varias y entrañables, con su página Desde La Mata como, también, lo eran las numerosas que aparecían de Los Hijos del Pueblo.
RECUERDOS
DE MI VIDA EN LA MATA -
Jergones y Colchones
Adolfo Fernández López
Así como ahora en las camas tenemos un canapé o un somier y un colchón flex de muelles y acolchado de latex, en los tiempos de mi infancia teníamos un jergón de paja y sobre este un colchón de lana; unos años después se sustituyeron los jergones por bases de muelles.
EL JERGÓN
El centeno se segaba a guadaña y a hoz, y de lo mejor de
todo se cogían unos manojos.
En la era se ponía el trillo con los dientes hacia arriba sobre un banco, y uno
cogía un puñado de centeno y lo sacudía sobre el trillo para que soltara el
grano y otro arrastreaba y lo peinaba encima del trillo para que quedara bien
limpio.
Parte de estos manojos limpios se guardaban en casa y servían: uno o dos para
chamuscar a los cerdos cuando se hacía la matanza. El resto se extendía en la
era en forma de trilla en círculo. Al día siguiente, al amanecer, se uncía la
pareja al carro y se trillaba el "bálago" extendido hasta que se
hacía suave para llenar los jergones.
Estos se ponían debajo de los colchones de lana (algunos no usaban colchón y
dormían directamente encima de ellos) y hacían que la cama fuera muy alta, por
lo que había que brincar para subirse a ella, pero estaba tan
"mullida" que daba gusto dormir. Aunque al año estaba molido.
La tela del jergón tenía dos aberturas por donde se metía la mano para
remover y allanar el bálago y que quedara llano y hueco.
La abuela, cuando la matanza, también extendía el bálago en el estrado de la
cocina del horno y ponía sobre él las morcillas una vez cocidas, pero de
"la matanza del gocho" hablaré otro día.
EL COLCHÓN DE LANA
La lana era el mejor de los materiales para los colchones,
porque es cálida en invierno y fresca en verano, y además aísla y absorbe la
humedad. Por otra parte, era una materia prima que se tenía a mano porque casi
todas las familias poseían algunas ovejas. Se esquilaban por el mes de junio,
del día veinticinco en adelante, y se iban metiendo los vellones en sacos;
luego parte de esta lana, una vez bien limpia de pajas y otras impurezas, se
usaba para hacer los colchones.
Yo no sé que harían en otras casas pero en la mía anualmente, en el verano,
se procedía a la limpieza de los colchones. Los muelles eran cosa mía y la
lana de Gloria, mi mujer, que con su gran paciencia se prestaba a las faenas que
le esperaban.
Colocaba la base del colchón encima de cuatro banquetas con la parte inferior
hacia arriba, desclavaba una arpillera que tapaba los muelles. Entonces iba
reponiendo cuerdas y borra. Las cuerdas sujetaban los muelles, la borra iba
encima de estos para mullir el colchón en la parte superior. Después
vuelta a poner la arpillera y sujetarla toda con clavitos pequeños.
Lo de los colchones de lana era más complicado. Ese día, Gloria madrugaba de
lo lindo. Llevaba el colchón a la huerta. Llevaba también unas largas varas de
avellano para sacudir la lana.
Soltaba el colchón, sacaba la lana, la ponía sobre una colcha vieja, ataba la
colcha haciéndole nudos como si fuera un pañuelo. Mientras dejaba la lana en
la colcha, lavaba la funda del colchón en la presa y la tendía al sol.
Después volvía dispuesta a apalear la lana. ¡Tenía un garbo y una habilidad!
Extendía una sabana limpia en el suelo y allí iba poniendo los vellones y las
vedijas de lana ya apaleadas y esponjosas…Aún recuerdo el sonido de la vara
al golpear la lana…
Terminada la operación, regresaba a casa para ultimar la comida y comer. Por la
tarde, cuando la funda de colchón ya estaba seca, Gloria volvía a la huerta
armada con una aguja colchonera y el hiladillo correspondiente. Extendía la
funda en otra sábana limpia, y luego la enroscaba casi toda como una media,
para poder meter la lana poco a poco.
Elegía los mejores vellones dejando los pequeños trozos o "vedijas"
para las almohadas. Rellenaba el fondo de la funda, lo colocaba bien y seguía
rellenando poco a poco hasta meter toda la lana. Como había aumentado de
tamaño el colchón quedaba más hinchado que cuando lo deshizo. Cosía la
abertura, extendía bien la lana y luego enhebraba la aguja colchonera con el
hiladillo, lo metía por los agujeros que tenía el colchón, primero de arriba
abajo y luego de abajo arriba y lo ataba. Al hacerlo el colchón quedaba
abultado, a cuadros. ¡Qué bien se dormía en el colchón recién hecho!
También era importante cómo se hacían las camas con colchones de lana. Había
que mullirlos batiéndolos con los brazos por ambos lados, durante unos minutos;
y colocar bien las sabanas, sin arrugas, las mantas y las colchas con toda
perfección y todo el conjunto debía quedar bien cuadrado.
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