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Boletín 98 - Verano 2005
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BOLETIN 98 - VERANO 2005 - PRIMERA Y ÚLTIMA PÁGINAS
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Más de una vez estas páginas de nuestro Boletín han dado fe de algún acontecimiento que implican a la vecindad y a cuantos nos acompañan, especialmente, durante los meses de verano. Cumplimos nuestro lema de hacer Historia.
Estamos ante uno de ellos que tiene, además, un señalado carácter extraordinario, tanto por su novedad como por lo importante de su permanencia en el tiempo.
Un día del verano de hace veinte años el pueblo presenció la llegada, en tres turnos, de un numeroso grupo de niños, adolescentes y jóvenes acompañados por sacerdotes paúles, religiosas Hijas de la Caridad y monitores.
Se instalaron, como acampada, en el terreno del solar conocido desde hacía pocos años como Rancho Chico que estaba situado al comienzo del camino de La Rodera. Desde entonces, ya es "Arca de Jumavi": un campamento de verano de las Juventudes Marianas Vicencianas.
Era el inicio de una convivencia entre este tipo de visitantes, reiteradamente renovados cada año, y los vecinos de La Mata. Ellos manifestaban, abierta y clamorosamente, su deseo de vivir "en" y "con" la naturaleza por medio de su plan formativo humano y religioso y nosotros, el pueblo, ofrecíamos hospitalidad y un bendito entorno rural laborado durante siglos por nuestros antepasados, conservado como gran tesoro y con esperanza de seguir vivo.
Durante estas dos últimas décadas, los mayores del pueblo han presenciado formas nuevas y esperanzadas de vivir el tiempo libre, los jóvenes han observado cómo sus colegas llenaban sus jornadas con modos y maneras pletóricas de alegría y de ocupaciones diversas y los niños han crecido observando una continuidad de presencias que permanecía fiel a sueños e ilusiones.
Ha sido buena esta connivencia entre los vecinos y los visitantes del campamento de las Juventudes Marianas Vicencianas. El nombre de La Mata y de sus gentes ha sido llevado, seguramente con afecto, a otros lugares próximos y alejados; en nosotros permanecen los testimonios de sana vitalidad que han ofrecido generosamente.
Mantened la promesa de hace 20 años: Volved una y otra vez al pueblín.
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| Portada: Entrada al Campamento JUMAVI |
2
Editorial
3
Desde la Mata
5
Hace
20/10 años
6
Línea de alta tensión
7
"Fincas" de La Mata
8
"Cabaña" en 1922
9
Campamento
JUMAVI: 20 años
12
Antier-Ayer-Hoy
13
Frutos:
Los Escaramujos
14 El
guante de Eladino
15
Familias de La Mata: Bayón (4)
16
Los Hijos del Pueblo.
Noticias.
18
Difuntos: Teresa y Mercedes
16
Nº
100 del Boletín
20
Referencia:
El curso del tiempo
Redacción
Plácido Fernández García.
Miguel Fuertes González.
Mª
Jesús Álvarez. Mª Engracia Llamera. Carmina Robles.
Edita
ASI
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La
financiación de este Boletín, con un presupuesto de 700 euros por cada
número, se realiza por medio de las cuotas de los socios de la Asociación
Cultural “La Mata de Curueño, un pueblo que nos une”, como donaciones
voluntarias.
Se pueden entregar a cualquiera de los responsables
de la Junta Directiva y en Caja España, Sucursal San Marcelo, Plaza de S. Marcelo, 5. 24002. León.
Titular: “Boletín trimestral La Mata de Curueño. Pueblo que nos une”.
Libreta de Ahorro, nº 2096.0001.23.2021302800
Nuestras gentes
tenían al sol como fiel aliado en el discurrir de su tiempo:
Saliente y Poniente abarcaban sus horas al paciente ritmo de su jornada;
el Norte y el Mediodía alineaban sus caminos hacia el horizonte prevenido.
A las primordiales realidades de sus vidas las señales cardinales asociaban.
El Norte era el
frío con las nieves y las nubes inquietantes alojadas en las Peñas,
era el aire, fresco y cortante, que biencuraba la matanza o malhelaba el
aliento,
y era, cuando los riscos estaban limpios, avanzada de estrellada noche cierta.
Signo del campo,
abierto y abundante, era el Mediodía, a sol pleno y necesaria siesta,
las doce horas solares repicaban a oración y al almuerzo que la labor se hiciera
larga;
con su viento de “abajo” revolvía el tiempo, acercaba lluvia y a los campos vida
daba.
A la amanecida,
el sol se aupaba por el Saliente a lo cimero de Gustifel y Valdefuentes,
llamaba a madrugones como inicio de labores y afanes que a raudales esperaban,
humeaban las primeras chimeneas, ajetreo había en las cuadras y entre los
aperos.
Soleada al fin la
Cota, acompasaba los atardeceres por Poniente dando cierre al día,
que era hora de arrear el ganado para casa y de guiar el último carro en
recogida,
estaba la cena por el ama preparada y había momentos para tertulias y plegarias.
Sabían que los
cuatro puntos cardinales enlazaban destinos de la común existencia
que, cruzándolos, se abrían familiares rutas para fatigas, cosechas y
promesas:
Norte, para ir al tren de La Vecilla, a Boñar para la feria, a Bilbao con
esperanza;
Mediodía, hacia Santa Colomba para los cumplimientos y a León por cosas serias;
Saliente, camino de Las Solanas para hacer carbón de leña como industria no
ajena;
Poniente, con las viñas a tiro de piedra y las vallinas de pastos, fuentes y
leña.
Realizaron el
curso de sus vidas bien orientados pues la trayectoria solar hacían suya
y les acompañaba en los afanes de sus días como bienhechora noria de la vida
misma.
Pronunciaban los nombres cardinales y el empeñado quehacer cotidiano descubrían.
Miguel Fuertes González
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