Silla de ruedas en las pirámides, torre de El Cairo, Safari en el desierto, Mezquita de alabastro y más.

Por Claudia Ehlers - Relato de Viaje sacado de la Web de Egypt For All con su permiso.

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Ver las pirámides. Ese era mi sueño. Siempre que se lo comentaba a alguien me miraba incrédulo.  Me tomaban por loca.  Y a lo mejor tenían razón.  Pero yo perseguí mi sueño.  A pesar de las dificultades.

Reservar el vuelo no fue nada fácil.  Yo he volado a España cinco veces y nunca he tenido ningún problema.  Afortunadamente, siempre voy a la misma agencia de viajes y ya me conocen a mí y a mi silla de ruedas.  Reservé un billete con Air France desde Hamburgo a El Cairo con escala en Paris.

 Pero no conseguí una respuesta afirmativa.  Mi agencia de viajes intentó averiguar qué estaba pasando.  Después de dos semanas Air France mandó un cuestionario que mi médico debía rellenar y firmar.  Yo me decía a mí misma: está bien, es por mi seguridad (pero creo que es muy extraño que un pasajero que utiliza una silla de ruedas tenga que contestar tantas preguntas tan específicas sobre su salud.  Yo no quería ser el piloto del avión.)

Pasaron dos semanas sin recibir respuesta alguna por parte de Air France.  En la agencia de viajes estaban muy nerviosos.  Al menos la compañía aérea nos dijo que no podían transportar  mi silla de ruedas porque era demasiado alta.  Yo no salía de mi asombro:  ¿por qué he podido volar con la misma silla y sin ningún tipo de problema con líneas aéreas españolas?  De nuevo no se cuantas llamadas y faxes.  Les dije a la compañía aérea que se puede doblar el respaldo de la silla y así la altura sería menor.  Air France no parecía comprender muy bien, y entonces una amiga mía llamó a la compañía para explicarlo de nuevo. Y realmente entonces si aceptaron llevarme a mí y a mi silla de ruedas.

Mientras tanto contacté con Egipto para Todos.  Había oido hablar que estaban especializados en discapacitados que quieran viajar a Egipto( Después de mi viaje, puedo decir que están mucho más que especializados ).  Con un email reservé un hotel.  Hablé con Sherif. El contestó pacientemente a todas mis preguntas y me dio la sensación de que no me tenía que preocupar por nada.  Claro que me preocupaba puesto que ya me había llevado sorpresas negativas en otros viajes. 

Sherif  me escribió unos días antes de empezar mi viaje diciéndome que él no podría recogerme en el aeropuerto porque estaba con un grupo de discapacitados en Luxor, pero que Martin  su socio en Egipto para Todos estaría esperándome.  Entonces, ¿ya estaba todo listo?  ¡No, todavía no! Casualmente, cinco días antes de despegar, me entero de que necesito un pasaporte para entrar en Egipto y no lo tengo.  Nunca lo tuve.

Otra amiga se informó rápidamente de que con dos fotografías y el dinero necesario para pagar los impuestos, podría tener un pasaporte temporal al día siguiente.  Ahora ya si que si.  ¿O no?  Dos días antes de salir mi acompañante se puso enferma.  Mis nervios estaban a flor de piel.  Esto era el final.  Porque yo no podía viajar sin compañera.  Tendría que encontrar en 24 horas alguien que se vinieran conmigo a El Cairo.  Eso era imposible.  Envíe mensajes a todas mis amigas explicándoles la situación.  Todas reaccionaban igual.  No se lo podían creer.

Esa misma tarde,  Britta me envío un mensaje:  podría venir conmigo.  Ahora era yo la que no se lo podía creer.  Desde el verano del 2002 Britta es mi asistente personal.  Por supuesto no es sólo mi asistente sino mi amiga.

Al día siguiente fui a la agencia de viajes, devolví un billete y compré uno nuevo para Britta.  Un día más tarde, el 03.12.2002 volamos hacia el Cairo.  No me lo podía creer.

En el aeropuerto de El Cairo me sacaron del avión de una manera que nunca había visto.  Normalmente para entrar y salir del avión se hace con una silla especial de tamaño reducido.  Pero no parecía que tuvieran nada parecido.  Yo estaba muy preocupada por los hombres que me estaban transportando porque no soy precisamente ligera.  Pero por fin vi una silla en la entrada del avión.  Todos nos relajamos cuando por fin me sentaron en la silla.  El camino de salida por el aeropuerto fue rapidísmo.   Britta tuvo que bajar por unas escaleras mientras un chico del aeropuerto me bajaba por el ascensor.  Por un minuto perdí completamente a Britta porque me llevaban muy rápido.  Pensé que ojalá hubiera aprendido un poco de árabe para no estar tan en sus manos.  Unos minutos más tarde llegamos a la cinta donde debíamos recoger las maletas.  Y Britta estaba con un joven que pensé que iba a ser Martin.  Pero no hablaba alemán.  Aunque no fue ningún problema porque hablamos en inglés.  Entonces me enteré de que era Ahmed, un chico que tiene un permiso especial para entrar a ayudarnos con la visa y las maletas. Es la persona que conduce a los clientes de Martin y Sherif hasta el exterior del aeropuerto.

Nuestro equipaje y también mi silla de ruedas eléctrica fueron las últimas en salir.  Tres hombres la sacaron de la cinta y después de que Britta le colocara la batería me sentaron felizmente de nuevo en mi silla.  Martin estaba esperándonos y nos dio la bienvenida cordialmente.  Fuera un minibús Mercedes y su conductor Nagi estaban listos para recogernos.  Nagi es un chico de El Cairo que trabaja para Egipto para Todos transportando a sus clientes y sus sillas de ruedas.  Cuando Martin dijo que me tenían que levantar con la silla para meterme en el autobús le dije que estaba loco.  Además mi silla pesa unos 100 kg.  Y yo estaba sentada en ella.  Sherif me había explicado en sus emails en diversas ocasiones que no me preocupara de nada porque con Egipto para Todos,  todo es posible.  Yo no me lo podía creer.  Pero era cierto.  Antes de que me pudiera dar cuenta estaba dentro del autobus con mi silla ( a la que Martin llamaba locomotora).   Condujimos hacia la ciudad.  Brita y yo pudimos hacernos una idea de cómo es la tercera ciudad mas grande del mundo.  Era una sensación de estar en otro mundo durante una semana.  El hotel estaba al otro lado de la ciudad, cerca de las pirámides de Gizeh.  Hace tiempo Gizeh estaba en la afueras del Cairo.  Pero la capital creció tanto, que ya está integrado dentro de la ciudad.   Nuestro hotel estaba situado en una preciosa area de bungalows.  Desde la puerta de nuestra habitación se podían admirar las pirámides.  Martin se ocupó del check in en el hotel y me preguntó que quería ver exactamente en El Cairo. Con la emoción del momento, no me había parado a pensar en ello. Podríamos visitar las pirámides, le sugerí.  Recordé también que en mi guía de Egipto había leido algo sobre una torre de 187m.  Una panorámica de la ciudad desde esa altura podría ser también estupendo.

Como estabamos cansadas del viaje decidimos dejar las pirámides para el día siguiente.  Primero, queríamos relajarnos un rato.  Por la tarde Martin vino y nos invitó a dar una vuelta en su coche.  Mi “locomotora” no vino porque en un Volkswagen Golf no cabe.  Pero no fue ningún problema porque Martin trajo una silla de ruedas de sobra que guarda en la baca de su coche.  Y comenzamos por un interesante tour por la ciudad.  El tráfico se podría describir con dos palabras: loco y caótico.  Si se tiene en cuenta el millón y medio de coches que circulan por la ciudad, las bicicletas, peatones y coches tirados por burros eran inapreciables.

Sin embargo nunca tuve sensación de miedo.  Y en 8 días que pasamos en el Cairo, no vimos ningún accidente.

Martin paró en la torre del Cairo.  Quería comprobar  si estaba abierta y si era accesible para mí.  Cuando regresó empezó a bajar la silla del coche.  ¿Cómo? ¿Qué pretendía? .  

Unos minutos más tarde estabamos en frente de los 30 escalones que nos separaban de la entrada de la torre.  Fue la segunda vez que declaré que Martin estaba loco.  Pero él cogió la silla y empezó a subirme, escalón a escalón.  Inmediatamente, aparecieron dos porteros de la torre para intentar ayudarnos, agarrando la silla por las ruedas delanteras.  Martin comenzó a hablar con ellos, rechazando la ayuda.  Después me explicó que necesita mantener la silla en un ángulo muy exacto para encontrar el equilibrio perfecto y subir o bajar la silla con el mínimo esfuerzo.  En la entrada nos abrieron la puerta y nos encaminamos directos al ascensor.   Al llegar arriba, nos encontramos con un Café.  Martin me llevó hasta la ventana y fue a pedir unos refrescos.  Y en un momento el café se puso a girar.  Así, mientras disfrutas de unas bebidas puedes ver toda la ciudad, sin moverte del sitio.  Después de la ronda, llegamos otra vez al coche y de vuelta al hotel.

Al día siguiente, después de desayunar, nos dirigimos hacia las pirámides.  Nagi vino a recogernos con el minibus, así que pudimos llevarnos mi “locomotora”.   Martin traía consigo una mujer egiptóloga.  Ella nos guió por la fascinante historia de Egipto y su cultura.  Primero visitamos la pirámide escalonada, la más antigua de Egipto.  Llegar allí no fue ningún problema porque estaba asfaltado.  Pudimos admirar la Necrópolis de Sakkara.  Pero para Martin no era suficiente.  Quería que yo pudiera ver los monumentos de cerca.  Y de manera suave, subieron, bajaron, empujaron mi silla por toda la zona.  Hacía calor y el sol pegaba fuerte, pero para Martin y Nagi nada era imposible.  Así que decidí dejar de contar las veces que pensaba que Martin estaba loco.  En el camino de vuelta, nos paramos en un restaurante local “Ehse Sakkara” para coger fuerzas.

 Tras una estupenda comida continuamos nuestro camino hacia las pirámides de Gizeh. Alrededor de las tres pirámides de los faraones correteaban un montón de camellos dirigidos por sus dueños.  Martin nos preguntó si nos apetecía montar.  Yo que ya no me sorprendía por nada le dije “bueno, vale.”  Discutió un rato con el dueño del camello (incluso creo que con el propio camello también) e inmediatamente aparecieron cinco egipcios que me ayudaron a subir al camello.  Martin se sentó detrás de mí.  Y el camelló se puso de pie.  Fue una experiencia alucinante.  Después me recompensaron devolviendo a mi “locomotora”.   Algo que agradecí con gusto.

        

Una vez en la zona asfaltada, rodamos camino abajo hacia la Esfinge.  Cuando volvíamos hacia el Cairo, un grupo de gente nos miraba sorprendido al ver mi “locomotora”.  Claramente, lo que para mí es natural para otros es algo practicamente desconocido.  Nagi  nos había seguido con el bus  y nos volvimos a montar.  En el programa teníamos una visita al museo del Papiro.  Demasiadas impresiones en para un sólo día.  Y aún así los bellísimos papiros nos fascinaron.

De camino al hotel todavía hicimos una parada en el Hotel Mena House Oberoi.   En la cafetería disfrutamos de una estupenda panorámica de las pirámides y de un par de cervezas.

Al día siguiente Martin nos vino a buscar al hotel por la tarde.  Vino con su mujer y su hijo Alex de 3 años, que en algo ha salido a su padre:  le encanta empujar sillas de ruedas.  Condujimos por la ribera del Nilo con un tráfico muy denso..

Cuando llegamos, tras una breve discusión con el capitán me introdujeron en una felucca, embarcación típica con una gigantesca vela. 

Llegabamos justo a tiempo para disfrutar de una maravillosa puesta de sol.

El capitán encendió las luces y puso algo de música.  No podía ser más romántico.  Los colores de la ribera del río se encendieron y exceptuando el suave ronroneo del agua, había un silencio espectacular.  Estabamos en medio del Cairo y no escuchabamos ni un solo claxon.  Eso es muy inusual.  Creo que todos disfrutamos de ese momento de silencio.  Al llegar a la orilla, había tres hombres que ayudaron a Martin a ponerme a mí y a mi silla en tierra firme.  Nos dirigimos al Hotel Meridian y pudimos volver a disfrutar con la deliciosa gastronomía egipcia.  El “picoteo” que Martin pidió llenó no sólo toda la mesa sino también nuestros estómagos.

El sábado planeamos una ruta por la ciudad de los muertos.  Los habitantes del Cairo lo llaman cementerio pero encima de las tumbas la gente pobre ha construido su casa.  En principio para cuidar a su muertos 40 días.  Pero ahora, mucha gente vive allí, porque no pueden acceder a otra cosa.  Diariamente dos millones de personas se mueven por el Cairo, de norte a sur, de este a oeste.  Martin nos quería enseñar una tienda de un artesano en la ciudad de los muertos, donde se sopla cristal reciclado.  Para sobrevivir, la población ha creado pequeños talleres de artesanía.  Pero desafortunadamente estaba cerrado porque estabamos en el mes de Ramadán.

Ramadán estaba acabando y todos los musulmanes lo celebran.  Martin nos preguntó qué queríamos hacer y cómo nos vió indecisas se le ocurrió llevarnos en el coche al canal de Suez.  Pronto estabamos conduciendo en dirección noreste.  Era impresionante observar como la abrupta vegetación del valle del Nilo se detenía en seco al comenzar el desierto.Después de dos horas llegamos al puente ( Puente El Salam), que nos conduciría a través del canal de Suez.  Es el canal considerado más importante y peligroso del mundo. Un 13% del tráfico mundial pasa por este canal. El puente que estabamos cruzando estaba recién inaugurado tan sólo hacia cuatro meses.  Impresionante. Al otro lado está Sinaí, una región de Egipto que ya pertenece a Asia.  Desierto y montañas dan forma a Sinaí.   En sus costas se pueden encontrar numerosos complejos turísticos que se asoman al mar Rojo.  A la vuelta comimos pescado fresco en “George’s restaurant” en Ismailia, antes de regresar a el Cairo a nuestro hotel. Allí pude conocer a Sherif.  Había vuelto de Luxor y estuvimos todos charlando cómodamente en el hotel.

Después de desayunar, al día siguiente, Sherif y Nagi nos recogieron. Nos internamos directamente en el corazón de El Cairo hacia la mezquita de alabastro.  Es parte de la ciudadela, una fortaleza de torres y palacios que Saladino mandó construir en el año 1176. La mezquita está inspirada en un modelo turco y cubierta de piedras de alabastro. Entramos dentro de la mezquita y  Sherif me condujo expertamente a través de cualquier obstáculo que encontraramos en el camino.  Además nos explicó ampliamente la historia de Egipto, su cultura y la religión islámica.

Volvimos al minibus de Nagi y dirigimos nuestros pasos hacia Khan el-Khalili, el bazar más grande de Egipto.  Es un sitio atestado de gente.  Aquí puedes comprar todo lo que te puedas imaginar.  Como llevabamos todo el día sin parar, Sherif y Martin que se unió a la excursión  en este punto, sugirieron sentarnos en un Café para descansar.  Con nuestra bebida y una pipa de agua estuvimos un rato simplemente observando el ir y venir de la muchedumbre.  No era mi primera Shisha ( pipa de agua ) pero aún así me costaba sacar algo de humo.  Britta era mucho mejor y además no queríamos ser inferiores a Martin, Sherif y Nagi.  Así que lo hicimos lo mejor que pudimos.

 Al día siguiente llegaba el momento álgido de nuestras vacaciones.  Nos ibamos a un safari por el desierto. El hermano de Martin, Peter, organiza safaris personalizados al desierto.  Peter acababa de volver de hacer una ruta de varios días pero enseguida estuvo preparado para salir con nosotras.  Como ya he comentado, a esas alturas yo había olvidado la capacidad de sorpresa inicial.  Todo era posible.  Nos recogieron con un jeep.  Yo estaba sentada comfortablemente en el asiento del copilotoy la silla de ruedas en la baca.  Nos dirigimos hacia el suroeste dirección Fayoum.  Por el camino, pasamos por un control de policía y como Peter había predicho, cuando los policías vieron que Britta y yo eramos turistas, se vieron obligados a seguirnos.  Teníamos que esperarlos constantemente porque por el camino iban discutiendo con sus colegas si deberían o no añadir otro policía más.  Al final iban 6 policías dentro del coche.  Al llegar a Fayoum, nos salimos del camino y nos internamos fuera de pista hacia el desierto. De repente vimos un agujero bastante grande lleno de agua delante de nosotros.  Peter aceleró pero nos quedamos bloqueados en el medio.  Los cables del motor se habían mojado.  Peter, Martin y Sherif salieron del coche. Por la ventana para no mojarse, porque el agua llegaba a la altura de la rodilla.  Britta y yo observabamos todo desde dentro.  Como Peter conoce perfectamente su coche, un Toyota Land Cruiser, lo arregló todo enseguida. Seguimos camino.  Pero por el espejo retrovisor vimos como nuestros “protectores” se quedaban atascados.  Haciendo aspavientos los 6 policías rodeaban el coche.  Paramos.  Peter, Martin y Sherif salieron del coche.  Una larga discusión siguió.  Los policías le querían persuadir de que fuera por otro camino.  Pero Peter es cabezota. Conoce el desierto a la perfección y sabía que éste era el mejor camino.  Tras varios intentos para rellenar el agujero con piedras por parte de la policía se rindieron.  Con un coche normal no se podía atravesar ese agujero.  Así que mucho menos nos podrían seguir por el desierto.  Peter, Martin y Sherif se lo habían advertido a los policías varias veces.  Ahora ellos lo comprendían también.

Por fin, después de coger aire profundamente, empezaba nuestra aventura por el desierto.  La primera parada fue en un enorme lago.

El lago El Rayan es tan gigante que no se divisa la otra orilla.  Es de agua ligeramente salada, porque hace bastante viento (se me ocurrió que era como las playas del Mar del Norte).  Brita y yo no nos lo podíamos creer cuando Sherif y Martin empezaron a preparar el desayuno.  Aunque como digo, ya estaba curada en salud.  En la parte trasera del jeep había un montón de comida y todo lo que uno pueda necesitar para sobrevivir.  Con un camping gas calentamos agua para el te y el café.  Pan, queso, jamón, mermelada, miel, fruta y comida cruda, había de todo.  Y todo como siempre, sin ningún problema.  Antes de montar en el coche de nuevo,  comenté que quizá necesitaría algo parecido a un retrete.

Yo estaba intentando no beber mucho líquido pero hacía mucho calor y Martin se aseguraba constantemente de que bebiera para no deshidratarme.  Yo confiaba en él.  De todos modos, llevaban un baño portátil en el coche.  Y en momentito pude resolver mi “problema”.  Aliviada me senté de nuevo en el coche y todos estabamos de super buen humor. Subimos y bajamos dunas (surfeando).  Todo lo que alcanzaba nuestra vista era arena y el cielo azul.  A veces ibamos avanzando rápido por la densa arena.  Aprendí mucho de cómo funciona un jeep.  Hicimos de nuevo una parada en una colina.  Desde allí se divisaba un precioso monasterio que está construido en medio del desierto.  

Martin corría de arriba abajo haciendo muchas fotos.  Y entonces de repente comprendí.  Esto era realmente una aventura.  Nadie me creería cuando volviera a Alemania.   Pero las fotos documentarían todo.  Después de refrescarnos con unas bebidas continuamos hacia el corazón del apasionante desierto del Sahara.

Ya estaba avanzado el día cuando Peter eligió de nuevo un sitio delicioso para el final de nuestra ruta.  Extendieron alfombras y un protector para el viento en el jeep.  Todas las cosas necesarias para hacer una barbacoa estaban allí.  Hicimos una barbacoa en el desierto.  ¿Me debería sorprender?  El sol cayendo y una atmósfera de novela. Todo el día fue una experiencia tal que mi descripción no es suficiente.  No tengo palabras.  La única cosa que nos hizo sentir un poco tristes cuando regresamos por la noche al hotel fue que al día siguiente era nuestro último día en Egipto.  Queríamos emplear este día para relajarnos en el maravilloso hotel, disfrutar de la estupenda comida y desafortunadamente para hacer la maleta.  Por la noche Sherif y Martin nos recogieron para hacer un tour nocturno por el Cairo.

Nuestro vuelo de vuelta era a las 7 de la manaña el día siguiente, asi que no merecía la pena dormir.  Estuvimos todos juntos charlando hasta que llegó la hora de marchar.  A las 4 de la mañana Nagi vino a recogernos con el minibus y con el corazón triste salimos del hotel.  Se habían terminado ocho increíbles días en el Cairo.  Todo fue tan maravilloso, tan enriquecedor, tan fantástico y sobre todo sin ningún problema.  Britta y yo estabamos de acuerdo: nunca habíamos tenido una experiencia así.  Y con Egipto para Todos, todo es posible.

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