ABELARDO (El padre)
Abelardo era un hombre guapo, parecía un artista de cine. Era maestro. Trabajaba en una recopilación de disparates que tenía pensado publicar y todos los días incorporaba alguno nuevo, de sus clases o recibido por correo, que tenía establecida una retícula por toda la provincia.

CAROLA (La bisabuela)
A Carola le quemaba ser servil. Para evitar conflictos, su madre le buscó colocación fuera y entró con una modista como recadera. Con los años fue ascendiendo, primero aprendiza, después costurera. Pero estar todo el día doblada y acabar con joroba, como todas las modistas, no constituía su objetivo...

CELESTO (El bisabuelo)
Celesto había emigrado a lejanas tierras de joven y vuelto a Salitre con cincuenta y cuatro años. Traía un pequeño capital en el bolsillo, y en la cabeza la idea de casarse pronto y fundar una familia.

COCÓ (El salvador)
Cocó era de Palais, Cocó con acento en la ó, como la Chanel. Muy pocos conocían su verdadero nombre. Siempre estaba afeitado y llevaba peinado con gomina su escaso cabello. Tenía el pelo blanco y usaba unas camisetas de rayas -azules, rojas, verdes- que junto con las gafas doradas le daban cierto aire a Mr. Smee. Parecía frágil y delicado, siempre tan atildado, tan limpio, a pesar de trabajar en la cocina y cortar el pelo a la tripulación. A Cocó, sin duda, le gustaban los peter panes.

ERIK (Amigo, amante y proveedor habitual)
Le llamaban el Holandés Errante, regentaba un coffe-shop con ese nombre en Canales. Le venía de cuando retornó a su ciudad natal después de una azarosa vida como periodista de guerra. Su larga melena y sus extravagantes pendientes y tatuajes llegaron a convertirle en un personaje. Pacifista consumado, amante de la vida, era narrador, cuentacuentos, cuentista. Exageraba como un cosaco, pero resultaba aleccionador.

FLORA VALTUEÑA (Dueña de la Maisón Platée, lupanar de toda la vida)
Se llamaba Flora, como la diosa de las flores, que en vida había sido la meretriz más famosa de Roma. Desde el siglo XIV, cada Valtueña tenía una hija de soltera y en tiempos de crisis dos o tres, por si se moría alguna asegurar la permanencia del negocio familiar.

HELENA (Una tía abuela. Hermana de Lola y Manola)
Helena era anarquista y libertaria, poeta y soñadora. En aquellos años de bombas y atentados, ella quería cambiar el mundo con la fuerza de la palabra, que reivindicaba como arma de los sin voz. Tenía una pluma ácida y prolija, producía toneladas de versos satíricos al día, no dejaba títere con cabeza.

LIBERTAD (La madre)
Libertad, en honor a su nombre, parecía estar siempre ausente. Desplegaba una frenética y constante actividad, pero no articulaba palabra. No hacía falta. Parecía que no fuera libre para hablar por sí misma, pero lo que ocurría en realidad era que había elegido el silencio.

LOLA (La abuela. Hermana de Manola y Helena)
Lola era cristiana pero sólo ocasionalmente pisaba la iglesia: decía que los curas eran confidentes de la policía y enemigos de los pobres. Llevaba sobre sus hombros el peso de la economía familiar. Era una mujer seria, concienciada, preocupada, con una gran fuerza de voluntad que la salvó de quemarse en las muchas hogueras a las que echó leña.

MANFREDO (El lince)
Manfredo era alto y fuerte, muy moreno y musculoso, con una mata de rizos negros que contrastaba con sus ojos azules, llamaba la atención donde quiera. Por definición era un "culo inquieto", no paraba de probar fortuna en toda suerte de negocios. Era el mayor de siete hermanos, provenía de una familia pobre. Hacerse rico era su sueño. Muy rico.

MANOLA (Otra tía abuela. Hermana de Lola y Helena)
A Manola la llamaban Manolón a sus espaldas, con claras intenciones. Había subido en globo, plantado árboles, descargado cajas en el muelle, escalado los Cuatro Picos de la Montaña Eterna, organizado un coro de viudas y huérfanos y un grupo de teatro de madres solteras, además de partidos, torneos y competiciones anuales para recaudar fondos en causas diversas. No había quien le parara los pies a aquella inmensa fuente de energía...

MANUEL (El abuelo)
Manuel había estudiado para cura. El monasterio donde había estado recluido se encontraba hecho una ruina y los monjes pasaban el día a Dios rogando y con el mazo dando. Para él fue una verdadera escuela taller donde aprendió cantería, forja, fontanería, albañilería, jardinería, pintura, restauración de muebles, reparación de desperfectos y bricolaje en general y, en fin, adquirió las habilidades para desarrollar el mayor de los dones que tenía: el ingenio.

MARCIAL (El enemigo)
Marcial era una bestia: violento, insensible, misógino... La cara en este caso era fiel reflejo del alma. No la habían surcado cien cuchillos, como en las novelas de piratas, le había caído encima de la cabeza la carga de una grúa. Milagrosamente, o más bien debido a que era tan dura como vacía, había sobrevivido a lo que a otros mata en el acto, pero él llevaba grabado el recuerdo de cada arista que le quiso trocear.

MARTA (La bibliotecaria)
Marta es una persona fascinante, desprendida, capaz de darlo todo a cambio de nada, preocupada siempre por el bienestar de los demás, conocidos o no, que se cruzan en su camino. Marta resultó ser locuaz y divertida, y, sobre todo, una fuente de información inagotable. Tiene una peculiar fisonomía, con esa nariz tan prominente y esa anatomía desbordante, pero tratándose de una persona como ella es lo menos importante.

PERLA VALTUEÑA (Compañera y amiga del alma)
Perla es pelirroja, con una melena leonina, bajita y delgada, con la piel de arena, dorada y llena de pecas y un tipo por el que no pasan los años; extrovertida, ocurrente, siempre alegre, cascabeles, campanillas, terremoto, volcán.. Siempre fue como un bollito, un bollo suizo recién horneado, dulce, caliente, blando, oloroso, tierno... De pequeña tenía muy claro que quería ser puta, como su madre.

REYNA (La protagonista)
Conocida como la Reyna de los Mares. Morena y fuerte, con el pelo y la tez como ala de cuervo, 1, 80 de estatura y 90 kilos de peso. Jefa de máquinas de la marina mercante, dio varias veces la vuelta al mundo huyendo de sí misma. Visiblemente vulnerada y difícilmente vulnerable, febril y taciturna, imponía con su sola presencia en un reino de hombres y metal, de grasa y hierro. Una sombra curtida y silenciosa, con ojos como tizones, capaz de arder de pasión, capaz de helar las pasiones más ígneas. Volver se ha convertido en su única obsesión.

REYNA VALTUEÑA (La heredera)
Era una teenager alta y proporcionada, con esa exagerada delgadez que estaba de moda embutir en prendas minimalistas. Una mata ondulada de color zanahoria enmarcaba el rostro más sugestivo que un publicista pudiera soñar. Ovalo perfecto, ojos grandes, boca grande, labios gruesos, dientes blancos, nariz pequeña, pómulos altos, ojos grises, enormes pestañas, piel blanca y ese aire de lánguida candidez que provocaba furor. Resultó ser más inocente de lo que ella creía.