DECÁLOGO
SOBRE EL EVANGELIO DE LA VIDA
1. Amarás
la vida concebida y no nacida; la vida humanan en su última
fase; la vida herida y maltratada por la enfermedad o la violencia
doméstica, con todas tus fuerzas, con todo tu corazón,
con toda tu capacidad creativa, y esto de forma personal o asociada.
2. No tomarás la problemática
de la vida como un aspecto secundario de tu responsabilidad apostólica.
Apostar por la vida es un compromiso urgente en una sociedad secularizada
que defiende el aborto como un derecho y la eutanasia como una
posibilidad real en nuestro tiempo.
3. Santificarás el día a
día de tu vida cristiana con la oración, la formación
y la acción misionera. En las celebraciones litúrgicas
tendrás en cuenta la cuestión de la vida especialmente
en la “oración de los fieles”. La celebración
de la Jornada de la vida (25 de marzo) tendrá un especial
apoyo en todas las comunidades, movimientos y parroquias.
4. Honrarás a las familias abiertas
a la vida, a los profesionales de la salud que hacen objeción
de conciencia a las prácticas abortivas, a las asociaciones
que apoyan la “cultura de la vida”, a las madres gestantes
que luchan por sacar adelante al fruto de sus entrañas.
Salvar una vida es el mejor regalo para construir futuro y sembrar
esperanza.
5. No matarás ninguna iniciativa
que defienda, apoye y trabaje por promover “la cultura de
la vida” en los ámbitos educativos, en los medios
de comunicación, en el ámbito sanitario, cultural
y político. La permisividad social ente el aborto es una
de las mayores tragedias de nuestro tiempo.
6. No cometerás
la imprudencia de pensar que tú solo puedes modificar los
criterios, mentalidades y decisiones políticas que atentan
contra la vida. Buscarás con otras personas, preferentemente
de forma asociada, la mejor manera de influir en el cambio de
ruta para que las nuevas generaciones sean más sensibles
al valor fundamental de la vida humana y a su desarrollo integral.
7. No hurtarás esfuerzos, aunque
sea hasta el agotamiento, por trabajar al servicio del Evangelio
de la vida, sobre todo en la ayuda a las familias, en la búsqueda
de los medios institucionales que apoyen las situaciones dramáticas
de familias inmigrantes, separadas, rotas y que no saben cómo
ayudar a los hijos con problemas de violencia e integración
social.
8. No caerás en la tentación
de echar siempre la culpa a los demás, sin movilizarte
con toda persona de buena voluntad en la denuncia de situaciones
de injusticia ante los atentados a la vida humana, y a cualquier
vida, en la defensa de la naturaleza, anunciando y proponiendo
la “cultura de la vida” que mejora nuestra existencia
y la del planeta en el que vivimos.
9. Trabajarás en los medios de comunicación
y en todas las posibilidades de las nuevas tecnologías
para dar a conocer todas las iniciativas que hacen un servicio
a la calidad de la vida. Las catequesis y escuelas de formación
incluirán la doctrina católica sobre el valor de
la vida humana y las exigencias de la ética cristiana.
10. La civilización del amor sólo
será posible con hombres y mujeres, con familias y comunidades,
con movimientos y asociaciones que vivan el Evangelio de Jesucristo,
Verdad, Vida y Camino. De cómo vivamos nosotros este compromiso
dependerá que otros: niños, jóvenes y adultos
descubran qué significa la vida humana, qué nos
aporta la fe y cómo se puede vivir en la comunión
con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, no sólo
para este tiempo, sino para siempre, más allá de
los límites de la muerte. ¡Dios es amor y vida plena,
Dios nos hace libres para vivir como hermanos de todos los hombres!
José
Antonio González Montoto. Vicario Episcopal par la familia
Avilés 28 de febrero 2008