ESTA EPOPEYA QUE TENEMOS DELANTE Pablo Batalla Cueto, 11 de octubre de 2005 (A Manolo Maquieira) Habrá gentes que digan que no arreglamos nada: que la voz, eterna y gruesa como la lejanía de un barco, de la miseria, lo extiende y lo envuelve todo inconmesurablemente. Y sin embargo, a mí que soy un pobre vagabundo de un lugar recogido de la Tierra, aún me sorprende y alegra la calidez tranquila, la maravillosa sencillez de la sonrisa de un niño, o las agradecidas lágrimas de las madres y las niñas cuando, en medio del dolor de su existencia condenada, surcadas sus costillas de flagrantes cicatrices, algo, algo con nombre de mínima simpleza, algo que aquí son minucias burguesas, allí hace sonreír a un corazón sediento. Aquí en el mundo excelso que Dios ha abandonado, aquí que las gaviotas son más libres que los hombres, hay que empujar, hendir la magna barbarie, y para ello hay hombres, pocos hombres, que piden lo imposible: son realistas. Son los mejores de entre los mejores. Un hombre en Guatemala multiplica, por divina obra y gracia del sudor de la frente, la paz y las sonrisas entre los arrabales.