
Asturias, por su orografía y la composición de su suelo, no es lugar donde proliferen lagos o lagunas, estando los humedales circunscritos casi exclusivamente a los estuarios. Los pocos lagos que existen se encuentran fundamentalmente en zonas de montaña, con unas condiciones de profundidad y temperatura de sus aguas poco adecuadas para que las comunidades acuáticas se instalen en ellos de forma estable.
Las diversas presas construidas para el aprovechamiento hidroeléctrico y consumo humano o industrial, cubren en parte las necesidades de las comunidades acuáticas que no pueden afincarse en zonas de montaña, pero estos embalses artificiales no disponen de una de las características más importantes de un humedal natural, la estabilidad en el nivel de sus aguas, sometida únicamente a variaciones estacionales de tipo climático, por fenómenos de pluviosidad y escorrentía, que propicia la aparición de comunidades vegetales típicas de zonas húmedas de agua dulce. Estas comunidades son a su vez el soporte de otras de artrópodos, anélidos etc. que completan la cantidad de biomasa que hace posible la estancia, alimentación y reproducción de las aves.
Al contrario de los humedales naturales, los embalses sufren bruscas variaciones en el nivel de sus aguas, no solo en relación con los ciclos lluvia-sequía, sino por el uso de las aguas embalsadas. Estas grandes variaciones en el nivel del agua, hacen que la vegetación acuática sea muy escasa y en todo caso, insuficiente para sustentar comunidades estables de aves de cierta riqueza específica. El Embalse de San Andrés no es una excepción y su importancia como zona de cría de aves acuáticas, respecto al numero de especies, es escasa.
Cuando los embalses están ubicados cerca de las costas, como el caso del de La Granda, Trasona (Avilés) o el que nos ocupa, San Andrés de los Tacones, recogen parte de los flujos migratorios costeros de las aves y tienen gran importancia en los fenómenos de fuga de tempero que se producen con situaciones de fríos intensos en zonas al Norte de la Península.
El objeto del presente estudio es establecer, con criterios científicos, la importancia del Embalse de San Andrés para las aves acuáticas, como zona de cría, de descanso y alimentación en los pasos migratorios y como zona de invernada, y a la vista de los resultados proponer acciones tendentes a su conservación, mejora y adecuación como lugar idóneo para la educación medioambiental.